Un escuchimizado bajo la lluvia



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El rey y el monstruo

Si os hubieseis encontrado ese día delante de Luis el Grande, os prometo que vuestro corazón habría latido muy fuerte. Ya que, para los franceses grandes y pequeños, el solo nombre de rey es, entonces, literalmente mágico. Ver pasar al rey representa para millones de personas un sueño casi inaccesible. ¡Ahora bien, aquel día delante de Luis el Grande, el rey va a pararse¡

Todos los alumnos del colegio lo saben: el joven Luis XVI ( no tiene más que veinte años y reina desde hace un año) llega de la ciudad de Reims donde, en la catedral, ha sido extendido sobre su cabeza y su cuerpo este aceite llamado óleo sacro. Volviendo de esta ceremonia que se reserva a cada soberano al comienzo de su reinado y que hace de él representante de Dios en la Tierra ( se dice que es rey por derecho divino) Luis XVI ha hecho su entrada en París la misma mañana. Bajo la lluvia, que cae desde el alba y no se ha parado desde entonces, ha ido a Notre Dame a saludar al clero. Ha montado en el carruaje y por la calle de San Jacques se ha dirigido hacia la iglesia de Santa Genoveva, en lo alto de la colina del mismo nombre.

A la carroza real le cuesta avanzar por esta calle San Jacques. La lluvia hace resbalar a los caballos sobre los adoquines. A cada lado de la carroza la masa grita: Viva el rey, Viva la reina. De este joven rey se entrevé, detrás del cristal manchado de barro, la cara redonda y un poco regordeta del rey. A su lado se adivina la silueta fina y altiva de su joven esposa: la reina Maria Antonieta, de dieciocho años.

Como se había anunciado, la carroza real se para. ¿Luis XVI va a descender? No. Llueve demasiado. EL adolescente se arrodilla junto a la carroza, en el barro. Se pone a leer. Su voz es un poco aguda. Lee un discurso sobre las virtudes del joven rey y de la reina. Señala a ambos les espera un reinado de felicidad.

Bajo la lluvia que cae con fuerza sobre el techo de la carroza real ¿ Ha podido oír algo el joven rey del discurso del muchacho? EL director del colegio contará años más tarde en sus memorias después de la Revolución, que el rey antes de dar la señal de partir se digna a bajar una mirada de bondad al joven monstruo que un día le daría la puñalada… ¿ EL joven monstruo? ¿ Por qué este calificativo? He aquí la explicación, este alumno delgaducho se llama Robespierre. Un día será elegido diputado por los habitantes de Arras, se lanzará a la Revolución y será de los que pidan la cabeza del rey y la obtendrá. Un Robespierre de diecisiete años de rodillas delante de un Luis XVI de veinte años….





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