Título del origina]



Descargar 2.99 Mb.
Página54/64
Fecha de conversión18.08.2020
Tamaño2.99 Mb.
1   ...   50   51   52   53   54   55   56   57   ...   64

(5) FINGIR



Comencemos por considerar la noción de fingir, que constituye, en parte, nociones tales como engañar, actuar, jugar a que se es algo, hacerse el enfermo y ser hipocondríaco. Debe observarse que en ciertos casos de fingimiento, el sujeto simula o disimula algo deliberadamente; en otros casos, no está seguro hasta qué punto está simulando o disi­mulando algo; y en otros aun, es completamente absorbido por su propia acción. Esto puede ilustrarse, en pequeña escala, con el caso del niño que juega a que es un oso y que sabe —mientras se encuen­tra en una habitación iluminada— que sólo realiza un juego divertido; sentirá leve ansiedad si lo dejan solo, y no podrá ser persuadido de que está seguro si se lo deja a oscuras. Fingir es compatible con todos los grados posibles de escepticismo y de credulidad, hecho relevante para el supuesto problema que se expresa en la pregunta "¿cómo puede ser que una persona imagine ver algo sin darse cuenta que no lo está viendo?" Si nos planteamos las preguntas paralelas "¿cómo puede ser que un niño juegue a que es un oso sin tener en todo momento la seguridad de que se trata de un juego?", o "¿cómo puede ser que una persona que se haga la enferma y pueda llegar a no estar segura de que los síntomas son imaginarios?", vemos que las mismas, igual que sus similares, no son genuinas. El hecho de que podamos imaginar que vemos cosas, o que somos perseguidos por un oso, o que nos duele el apéndice, sin darnos cuenta que se trata nada más que de algo imaginario, forma parte del hecho general —y nada sorprendente— de que la gente no se comporta todo lo juiciosa o críticamente que sería dable esperar, a cualquier edad y en cualquier estado.
Decir que alguien está fingiendo es decir que está representando un papel, y representar un papel es representar el papel de alguien que no está representando un papel, sino haciendo algo con ingenio o con naturalidad. Un cadáver está rígido, y de esa manera está la persona que finge ser un cadáver. Pero la persona que finge ser un cadáver está tratando de estar rígida y, a diferencia del cadáver, está rígida porque pretende parecerse a él. Está rígida, quizá, deliberadamente, hábilmente o convincentemente, mientras que el cadáver está —simple­mente— rígido. Los cadáveres no tienen que estar vivos, como los que fingen ser un cadáver. Éstos, además, tienen que estar despiertos y atentos al papel que representan.
Hablar acerca de una persona que finge ser un oso o un cadáver, implica hablar indirectamente de la manera en que se comportan los osos y los cadáveres, o en la que se supone que se comportan. La persona representa esos papeles gruñendo tal como gruñen los osos o yaciendo como yacen los cadáveres. Nadie puede representar un papel sin saber cómo se lleva a cabo, naturalmente, lo que se representa. Nadie puede encontrar que una representación es convincente o no, calificarla de hábil o ineficaz, si no sabe cómo se ejecuta lo que se representa. Fingir que se gruñe como un oso o que se yace como un cadáver es un comportamiento elaborado, mientras que el gruñido del oso o la rigidez del cadáver es simple.
La diferencia es similar a la que existe entre hacer una afirmación y ponerla entre comillas. Si cito lo que otro ha afirmado, lo que digo es lo que el otro ha dicho. Puedo emplear, aun, el mismo tono de voz. Sin embargo, la descripción completa de mi acción no es similar a la de la otra persona. La de ésta puede ser, quizá, el resultado de cierta aptitud, la mía es mera mímica; aquélla es un original, la mía una réplica; la persona dijo lo que creía, yo digo lo que no creo. Las palabras que empleo son expresadas —por así decirlo— como si fueran escritas: dentro de comillas. La persona habló en oratio recta; yo puedo tener la intención de que se tome lo que digo como si estuviera en oratio obliqua. De la misma manera, mientras que el oso gruñe, el gruñido del niño está —por así decirlo— entre comillas. A diferencia de la del oso, su acción directa es de representación y su acción oblicua supone gruñir. Sin embargo, el niño no hace dos cosas a la vez, del mismo modo que citar a otro no supone decir dos cosas a la vez. El comportamiento del que representa a otro, no difiere del comporta­miento representado por ser un complejo de comportamientos, sino por ser un comportamiento susceptible de una descripción compleja. La mención del comportamiento original es un elemento de la des­cripción del comportamiento fingido. Los ruidos que emite el niño pueden ser todo lo parecido que se quiera a los ruidos que emite un oso, así como los ruidos que emito pueden ser todo lo parecido que se quiera a los que emitió la otra persona, pero el concepto de representación de un comportamiento fingido es, lógicamente, muy distinto al del comportamiento original. Al describir a sus autores, utilizamos un conjunto de predicados diferentes.
¿Es una firma falsificada el mismo tipo de cosa que una firma auténtica, o es una cosa diferente? Si la falsificación es perfecta, no puede distinguirse la una de la otra y, en este sentido, son exacta­mente el mismo tipo de cosa. Pero imitar una firma es distinto a firmar. Lo primero requiere lo que firmar no requiere: el deseo y la habilidad de producir marcas que no se puedan distinguir de las de la firma original. El falsificador empeña toda su habilidad para tratar de conseguir que su cheque sea una réplica perfecta del cheque autén­tico, cuya firma no exigió habilidad alguna. Lo que pretende debe ser descrito en términos de la similitud existente entre distintas escrituras, así como lo que el niño pretendía debió ser descrito en términos de la similitud entre sus ruidos y los del oso. La verosimi­litud deliberada es una parte del concepto de imitar algo. El parecido entre la imitación y el original es lo que hace que las actividades en que consiste imitar algo, sean diferentes de las actividades imitadas.
Hay tipos diferentes de fingimientos, distintos motivos para fingir Y distintos criterios para juzgar la aptitud con que se finge. El niño finge para divertirse, el hipócrita para beneficiarse, el hipocondríaco por un egotismo enfermizo, el espía —a veces— por patriotismo, el actor —a veces— por amor al arte, y la profesora de arte culinario para realizar demostraciones. Consideremos el caso del boxeador que prac­tica con su instructor. Ambos realizan todos los movimientos de la pelea, aunque no pelean "en serio". Fingen atacar, retroceder, cas­tigar y desquitarse, aunque no pretenden ganar ni temen ser derro­tados. El pupilo aprende los movimientos ejecutándolos y el instructor se los enseña de la misma manera. Aunque solamente fingen pelear, no necesitan desarrollar dos actividades paralelas. No necesitan dar puñetazos y detenerlos; seguir una táctica y abandonarla. Aunque ejecutan un único conjunto de movimientos, lo hacen de manera hipotética y no categórica. La noción de lastimarse sólo entra indirec­tamente en la descripción de lo que están tratando de hacer. No tratan de lastimar o de evitar ser lastimados, sino practicar la manera en que podrían lastimar o evitarían ser lastimados si llevaran a cabo una pelea. Al practicar box, la cuestión fundamental es abstenerse de dar golpes que castiguen al otro, cuando se produzca la situación ade­cuada, esto es, cuando se produzca una situación en la que podrían aplicarse tales golpes si la pelea fuera "en serio". La práctica del box es una serie de omisiones calculadas de pelear.
El argumento central que ilustran estos ejemplos es que un com­portamiento fingido puede ser una unidad, como acción, aunque exista una dualidad en su descripción. Sólo se hace una cosa, pero decir qué es lo que se hace requiere una oración que contenga, como mínimo, una cláusula principal y una subordinada. Reconocer esto es ver por qué no hay nada más que la apariencia verbal de una contra­dicción cuando se dice del actor que representa el papel de idiota que gesticula como un idiota de una manera muy inteligente; o del clown, que es hábil en sus torpezas y de brillante ingenuidad. El adjetivo peyorativo se aplica a la conducta mencionada en la cláusula subordinada de la descripción, mientras que el adjetivo o adverbio de elogio se aplica a la actividad que menciona su cláusula principal, aunque se ejecute un solo conjunto de movimientos. De manera pare­cida, si cito un enunciado, podría calificarse lo que digo de "exacto" e "inexacto". Podría ser una cita exacta de un enunciado que da cifras inexactas sobre el monto de la deuda pública, o viceversa. Sin em­bargo, he expresado un único enunciado.
Este dualismo entre lo directo y lo oblicuo no solamente es exhibi­do por las descripciones de los actos de fingimiento. Si obedezco una orden, hago la cosa que me dicen que haga y cumplo con la orden. Pero como cumplo con la orden al realizar el comportamiento ordenado, ejecuto una sola acción. Sin embargo, la descripción de lo que hago es compleja, de manera tal que —a menudo— sería correcto caracterizar mi conducta con dos predicados aparentemente opuestos. Hago lo que se me dice, por fuerza del hábito, aunque lo que se me ordena hacer es algo que no tengo el hábito de realizar. Obedezco como un buen solda­do, aunque lo que se me ordenó hacer es algo propio de un mal solda­do. De manera parecida, puedo comportarme prudentemente al estar siguiendo el consejo de hacer algo imprudente. En el capítulo vi (sec­ción 6), fue conveniente distinguir, verbalmente, entre tareas de nivel superior y comportamientos de nivel inferior. Por "tarea de nivel su­perior" entendimos una tarea tal que su descripción incorpora la men­ción a una tarea de descripción menos compleja. Debe observarse que el hecho de que los movimientos realizados para ejecutar una tarea sean enteramente similares a los realizados para ejecutar otra, es com­patible con descripciones que no sólo sean diferentes, sino diferentes en cuanto a su tipo.
Volvamos al análisis de fingir. El estado anímico de la persona que finge estar enojada es diferente del de la persona que lo está, aunque no solamente por el hecho de no estar enojada. La persona que finge, no esta enojada, aunque actúa como si lo estuviera, y esta simulación supone —de alguna manera— pensar en el enojo. La persona no sólo debe poseer, sino también estar usando, el conocimiento de qué signi­fica para alguien estar enojado. Con intención, modela su acción a la forma de actuar de una persona enojada. Pero al decir que simular el comportamiento de alguien enojado supone pensar en el enojo, co­rremos el riesgo de sugerir que fingir es un proceso compuesto que consiste en la operación de meditar acerca del enojo y en la operación secundaria de ejecutar las acciones de fingir enojo. Tal sugerencia se­ría errónea. Sea o no que fingir algo se vea precedido o mezclado con casos de descripción o de planificación, no es ésa la manera en que fin­gir supone el pensamiento de lo que se simula. La tarea de tratar de comportarse en la misma forma en que se comportaría una persona enojada es, en parte, el pensamiento de cómo se comportaría; la repre­sentación muscular, mas o menos fiel, de sus gestos es el empleo activo del conocimiento de como se comportaría. Aceptamos que una persona sabe cuál es el temperamento de un cantinero cuando puede actuar adecuadamente, aunque no sea capaz de darse ni darnos la más breve descripción verbal. Si se comporta adecuadamente, no admitire­mos que nos diga que no puede pensar cómo se comporta el cantinero cuando está enojado. Imitarlo es pensar cómo se comporta. Si le pre­guntamos cómo piensa que se ha comportado el cantinero, no rechaza­remos la respuesta que consiste en imitarlo, exigiendo —en cambio— una respuesta en prosa. Por cierto que la elucidación del concepto de fingir estar enojado, no requiere un relato de tipo causal acerca de operacio­nes de planificación seguidas por operaciones de actuar como si se es­tuviera enojado, sino que lo contrario parece ser el caso. Para explicar el sentido en que la planificación de una línea de conducta lleva a su realización, es necesario mostrar que ejecutar un plan no es hacer dos cosas sino una sola. Pero el acto realizado es de nivel superior, dado que su descripción tiene complejidad lógica, como la que caracteriza a las descripciones de fingir y obedecer. Tanto hacer lo que se ha pla­neado como gruñir como un oso, son ocupaciones relativamente comple­jas. Al describirlas, tenemos que mencionar oblicuamente acciones cuya descripción no contiene menciones oblicuas. Del mismo tipo son los actos de arrepentirse de lo que se ha hecho, de mantener una reso­lución, de mofarse del comportamiento de otra persona y de obrar de acuerdo a reglas. En todos estos casos, así como en muchos otros, hacer el acto de nivel superior supone pensar en actos de nivel inferior. Sin embargo, la frase "supone pensar en" no connota el acaecimiento cola­teral de otro acto de naturaleza cogitativa.
Es digna de mención, en este punto, una cierta manera de fingir. Una persona ocupada en planear algo o en teorizar, puede encontrar útil o divertido pensar cosas que todavía no ha pensado, o no está dis­puesta a pensar, rigurosamente. Suponer, considerar, jugar con ideas y tener en cuenta sugerencias, son maneras de fingir que se adoptan esquemas o teorías. Las oraciones en las que se 'expresan las proposicio­nes consideradas no son usadas con rigor, sino imitativamente. Puede decirse, metafóricamente, que llevan comillas. El que las usa, guarda para sí su forma intelectual de hablar. No las expresa en un estado anímico categórico, sino hipotético. Es posible que advierta el hecho de que usa las oraciones de esa manera, apelando a determinados signos como "si", "supongamos", "admitamos que", "digamos", etc. También puede hablar, en voz alta o a sí mismo, con un tono de voz como si estuviera practicando y no peleando. Pero es posible que no se lo com­prenda y se considere que, realmente, afirma lo que dice. En tal caso tendrá que explicar que no 52 ha comprometido con lo que estaba diciendo, sino que sólo estaba considerando a lo que tenía que compro­meterse, si lo hacía. Ha estado ensayando con su pensamiento para te­ner, quizá, más práctica en él. Es decir: suponer, es una operación más compleja que el pensamiento estricto. Tenemos que aprender a dar veredictos antes de aprender a trabajar con juicios provisorios.
Vale la pena formular esta observación, en parte por estar íntima­mente conectada con el concepto de imaginación, y en parte porque los lógicos y los epistemólogos suponen, a veces, lo que yo he supuesto du­rante un largo tiempo: que considerar una proposición es un compor­tamiento más elemental y sencillo que afirmar que algo es el caso, y que aprender, por ejemplo, el uso de "en consecuencia" requiere haber aprendido a usar con anterioridad la palabra "si". Esto es erróneo. El concepto de creencia imitativa es de un nivel superior al del concepto de creencia.





Compartir con tus amigos:
1   ...   50   51   52   53   54   55   56   57   ...   64


La base de datos está protegida por derechos de autor ©odont.info 2019
enviar mensaje

    Página principal