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(2) VISUALIZAR Y VER



Ver, es una cosa; representar (picture) o visualizar, otra. Una per­sona puede ver cosas únicamente cuando sus ojos están abiertos y el ambiente que la circunda está iluminado; pero puede tener represen­taciones en los ojos de su mente cuando sus ojos están cerrados o el mundo está a oscuras. De manera similar, puede escuchar música solamente en situaciones en que otras personas también podrían oírla; pero puede sentir en su cabeza una canción que sus vecinos no pue­den oír. Más aún. (Puede ver únicamente lo que puede ser visto v oír lo que puede ser oído, y, a menudo, no puede evitar ver y oír lo que puede ser visto y oído; pero en algunas ocasiones puede elegir las representaciones que aparecerán, ante los ojos de su mente y las canciones que sonarán en su cabeza.
Una manera en que la gente tiende a expresar esta diferencia es que, mientras los árboles se ven y la música se oye, únicamente se "ven" —entre comillas— y "oyen" los objetos de la memoria y de la imaginación. Otros, no describen a una víctima del delirium tremens como viendo serpientes, sino como "viendo" serpientes. Algunos acen­túan esta diferencia idiomática. La persona que dice que "ve" su casa natal, está dispuesta a describir su visión como "vivida", "fiel", o "natural", aunque nunca aplicaría estos adjetivos a la visión de lo que tiene delante de su nariz, mientras que puede decirse que una muñeca parece "natural", no puede decirse eso de un niño. Mientras que un retrato puede ser fiel, la cara no puede serlo. En otras palabras, y cuando una persona dice que "ve" algo que no está viendo, sabe que lo que hace es completamente distinto de ver, debido a que el verbo está entre comillas y la visión puede ser descrita como más o menos fiel o vívida. El hecho de que en determinadas condiciones no pueda darse cuenta de que no está viendo, sino "viendo", como cuan­do sueña, delira, está extremadamente sedienta, está hipnotizada o en trance, no borra la distinción entre el concepto de "ver" y el de ver; de la misma manera que el hecho de que a menudo sea difícil dis­tinguir una firma auténtica de una falsificada, no borra la distinción entre el concepto de firmar y el ele falsificar una firma. La falsifica­ción puede ser descrita como una buena o mala imitación del objeto real; una firma auténtica no podría ser calificada de imitación, dado que es el objeto real sin el cual la falsificación no podría imitar nada.
Así como la observación visual tiene preeminencia sobre la obser­vación efectuada por mediación de los otros sentidos, para mucha gente la imaginación visual es más fuerte que la imaginación audi­tiva, táctil, kinestésica, olfativa y gustativa. En consecuencia, el len­guaje que utilizamos para discutir estos temas se extrae —en gran parte— del lenguaje que se refiere a la visión. La gente habla, por ejemplo, de "representar" o "visualizar" cosas, pero carece de los ver­bos genéricos correspondientes a las imágenes de otros tipos.
Se sigue de esto un resultado desafortunado. Entre los objetos comunes susceptibles de observación visual, existen tanto cosas visi­bles como réplicas visibles de ellas. Hay caras y retratos, firmas y firmas falsificadas, montañas y fotografías de montañas, criaturas y muñecos. Esto hace que sea natural interpretar de manera análoga el lenguaje que usamos para describir las imágenes.
Si una persona dice que se está representando el cuarto que ha­bitaba cuando era niño, nos vemos tentados a interpretar su afirmación como significando que, de alguna manera, contempla un objeto visi­ble que no es su cuarto sino una representación de él; que no es una fotografía ni un cuadro al óleo, sino una contrapartida de una fotografía hecha de un elemento peculiar. Más aún. Este cuadro sin tela, que suponemos que la persona contempla, no puede ser visto por nosotros, porque no está enmarcado ni colgado de una pared delante de nuestra nariz, sino que se expone en una galería que sólo ella puede visitar. Entonces, nos vemos tentados a decir que la re­presentación del cuarto debe estar en su mente y que los "ojos" con que lo contempla no son los ojos de su cuerpo —que es posible que veamos cerrados— sino los ojos de su mente. Sin advertirlo, apoyamos la teoría de que "ver" es, después de todo, ver y que lo que se "ve" es una réplica genuina que es vista tan genuinamente como el cuadro al óleo que puede ver cualquiera. Es cierto que es un cuadro de vida efímera, pero también lo son las películas cinematográficas. Es cierto que está reservado al espectador a quien pertenece, pero —en la vida real— los monopolios son comunes.
Deseo probar que el concepto de representar, visualizar o "ver" es útil y adecuado, pero que su uso no implica la existencia de cua­dros que contemplamos, o la de una galería en la que tales cuadros están efímeramente expuestos. En pocas palabras: imaginamos cosas, pero no vemos imágenes. Una canción me da vueltas en la cabeza, pero en tal circunstancia no escucho ninguna canción. La persona que se representa el cuarto que habita de niño es, en cierta manera, como la persona que ve el cuarto que habitaba de niño, pero la simi­litud no consiste en que está mirando realmente una réplica real de su cuarto, sino en que pareciera verlo realmente cuando, en realidad, no lo ve. La persona no es espectadora de algo que se parece a su cuarto, sino que parece un espectador de él.




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