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VII - SENSACIÓN Y OBSERVACIÓN (1) INTRODUCCIÓN



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VII - SENSACIÓN Y OBSERVACIÓN




(1) INTRODUCCIÓN



una de las motivaciones negativas de este libro ha sido mostrar que "mental" no denota un estado o condición tal que podamos preguntar con sentido de una cosa o evento dados, si es mental o físico, si está "en la mente" o "en el mundo externo". Hablar de la mente de una persona no es hablar de un depósito en el que se pueden aflojar ob­jetos que nos está prohibido alojar en otro depósito llamado "mundo físico". Es, más bien, hablar de las aptitudes, debilidades y propen­siones de esa persona para hacer y padecer determinados tipos de cosas en el mundo de todos los días. No tiene sentido hablar como si existieran dos u once mundos. Sólo confusión se obtiene de rotular mundos obtenidos por invocación. La solemne frase "mundo físico" tiene tan poca relevancia filosófica como las frases "mundo numismá­tico", "mundo mercantil" o "mundo botánico".
Se puede argüir, en defensa de la doctrina de que "mental" denota un estado o condición especial, que es necesario brindar a las sensa­ciones, sentimientos e imágenes una base sui generis. Las ciencias que se practican en laboratorios ofrecen descripciones y correlaciones de tipos variados de cosas y procesos, pero nuestras sensaciones e ideas no se mencionan, siquiera, en tales descripciones. Deben pertenecer, por lo tanto, a otro campo. Y como es obvio que el acaecimiento de una sensación es un hecho acerca de la persona que, por ejemplo, siente un dolor o se encandila, la sensación debe estar en la persona. Pero este es un uso especial de "en", porque un cirujano no podría encon­trarla debajo de su piel. Por lo tanto, debe estar en su mente.
Además, las sensaciones, sentimientos e imágenes son cosas de las que la persona que las experimenta, tiene que ser consciente, porque forman parte de la corriente de su conciencia. Sensaciones, senti­mientos e imágenes ayudan a formar, aunque no del todo, el elemento del que está compuesta la mente.
Los defensores de este argumento se inclinan a usar, con confianza, metáforas tales como "lo veo con los ojos de mi mente" y "me está dando vueltas en la cabeza". Tienen, también, ciertas reservas en sugerir una separación demasiado extrema entre las sensaciones y las condiciones del cuerpo. El dolor cíe estómago, la picazón y el zumbido de los oídos, tienen una base fisiológica que amenaza mancillar la pureza de la corriente de experiencias mentales. Sin embargo, tanto el panorama que veo, aun cuando mis ojos están cerrados, como la música y las voces que oigo, cuando todo está en silencio, poseen condiciones admi­rables para ser adscritos al reino de la mente. Dentro de ciertos límites puedo provocarlas, desecharlas y modificarlas a voluntad, y su acaecimiento y propiedades no parecen tener relación alguna con la posición y condiciones del cuerpo.
La creencia en el carácter mental de las imágenes trae consigo un sabroso corolario. Cuando una persona ha estado pensando para sí, Ja retrospección muestra —comúnmente— que al menos parte de lo que ha ocurrido es una secuencia de palabras oídas "en su cabeza", como si hubieran sido dichas para sí. De esta manera, la venerable teoría de que monologar en silencio es una tarea exclusiva de la mente, sirve para reforzar, y se ve reforzada por la teoría de que los componentes del pensamiento puro no pertenecen al grosero mundo de los ruidos físicos, sino que están formados por el mismo elemento etéreo que compone a los sueños.
Sin embargo, antes de que podamos analizar las imágenes, debe­mos decir muchas cosas acerca de las sensaciones. Este capítulo está dedicado enteramente a ellas y a Ja observación. El concepto de ima­ginación será discutido en el próximo capítulo.
Por los motivos que expongo en su última sección, no me encuen­tro satisfecho de este capítulo. He "caído" en la doctrina oficial que afirma que percibir presupone tener sensaciones. Pero éste es un uso muy extraño de "sensación". No corresponde a la manera en que usamos, comúnmente, el sustantivo "sensación" o el verbo "sentir". Estas palabras son usadas, ordinariamente, para hacer referencia a familias especiales de percepciones, táctiles y kinestésicas, de tempe­raturas, dolores localizables y malestares. Ver, oír, gustar y oler no presuponen sensaciones —en este sentido de la palabra—, de la misma manera que ver no presupone oír, o sentir una ráfaga de aire frío no presupone gustar algo. En aquel uso extraño, "sensación" parece ser un término semifisiológico o semipsicológico, cuyo empleo está conectado con teorías cartesianas pseudocientíficas. Este concepto no aparece en lo que los novelistas, biógrafos y niñeras dicen acerca de los demás, ni lo que los médicos, dentistas y oculistas dicen a sus pacientes.
En su uso corriente, "sensación" no hace referencia a un compo­nente de las percepciones, sino a un tipo de percepción. Pero, ni siquiera en su uso extraño significa una noción comprendida en la noción de percepción. La gente podía hablar acerca de ver, oír y sentir cosas, antes de tener conocimiento de hipótesis fisiológicas o psicológicas, o de haber escuchado hablar de las dificultades teóricas que plantea la comunicación entre la mente y el cuerpo.
No sé cuál será el lenguaje correcto para discutir estos problemas, pero espero que el análisis que he efectuado utilizando el lenguaje oficial tenga, por lo menos, la eficacia de una quinta columna.




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