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(6) GOZAR, Y QUERER



Las palabras "placer" y "deseo" tienen un papel importante dentro de la terminología de los filósofos de la moral y de algunas escuelas psicológicas. Es importante señalar, de paso, algunas de las diferencias existentes entre la lógica de su uso efectivo y la supuesta lógica que se les atribuye.
En primer lugar, parece suponerse, en general, que "placer" y "deseo" se usan siempre para significar sentimientos. Por cierto que hay sentimientos que pueden describirse como de placer y deseo. Estre­mecimientos, impactos, ardores y cosquilleos son sentimientos de deleite, sorpresa, alivio y diversión. Anhelos, deseos, torturas y nostalgias son signos de que algo es a la vez querido y perdido. Pero la sorpresa, alivio o congoja de las que esos sentimientos son considerados signos, no son —en sí mismos— sentimientos. Son conmociones o estados de ánimo, tal como lo son la sorpresa o la congoja que el niño traiciona con sus gestos y gimoteos. La nostalgia es una conmoción que puede considerarse, en cierto sentido, un "deseo", pero no es —meramente— un sentimiento o una serie de sentimientos. Además de experimentar­los, la persona que echa de menos su casa, no puede evitar pensar y soñar con su hogar, rechazar sugerencias sobre la prolongación de su ausencia y no encontrar distracción en los juegos que, habitualmente, la divierten. Si éstas u otras tendencias no se dieran, no diríamos que extraña su casa, por más que nos informara acerca de sus sentimientos.
En consecuencia, "placer" se usa a veces para denotar tipos espe­ciales de estados de ánimo, tales como gozo, alegría y diversión. Como tal, se emplea para completar las descripción de ciertos sentimientos: estremecimientos, vuelcos y anhelos. Pero hay otro sentido de "placer" que se usa cuando decimos de alguien, tan absorbido por una actividad —como jugar al golf o discutir— que es renuente a detenerla o a pensar en otra cosa, que "encuentra placer" o que "goza" en llevarla a cabo, pese a que no se encuentra conmovido o fuera de sí ni expe­rimenta, en consecuencia, ningún sentimiento particular.
Sin duda que el jugador de golf experimenta, a lo largo del juego, raptos de excitación o de autoaprobación. Pero si se le pregun­tara si ha gozado del juego entre el acaecimiento de dichos sentimien­tos, respondería —obviamente— que ha gozado a lo largo de todo el juego. En ningún instante del mismo habría aceptado una interrup­ción, ni tampoco volver su pensamiento o su conversación a otras cosas. No tuvo que concentrarse en el juego, porque lo hizo sin pro­ponérselo. En realidad habría tenido que hacer un esfuerzo para con­centrarse en otra cosa.
En este sentido, gozar al hacer algo, querer hacerlo y no querer hacer otra cosa, son maneras diferentes de decir lo mismo. Y este hecho lingüístico ilustra un aspecto importante. Un anhelo no es lo mismo, o no es exactamente lo mismo, que un vuelco o un cosquilleo. Pero el hecho de que alguien tenga inclinación por hacer algo y que no tenga inclinación por no hacerlo, puede significarse diciendo "goza haciéndolo" o "hace lo que quiere hacer", o "no quiere que lo in­terrumpan". Es una propensión a actuar o a reaccionar en casos en que se presta atención a tales acciones y reacciones.
Vemos, pues, que "placer" puede usarse para significar, por lo menos, dos cosas muy diferentes.
1) En un sentido, puede reemplazarse por los verbos "gozar" y "gustar". Decir que una persona ha estado gozando el estudio, no es decir que ha estado a la vez estudiando y teniendo experiencia
simultánea de algo que es efecto de estudiar. Es decir que estudió "con toda su alma", esto es, que estudió, que quería estudiar y que no quería hacer otra cosa. El estudio era la realización de una propensión.
El estudio era un placer y no un instrumento para alcanzarlo.
2) En otro sentido, "placer" puede ser reemplazado por palabras como "deleite", "transporte", "rapto", "regocijo", y "júbilo". Estas palabras son nombres de estados anímicos que significan conmociones.

"Demasiado regocijado (por la noticia) como para hablar coherente­mente" y "loco de júbilo" son expresiones legítimas. Conectados con estos estados anímicos existen ciertos sentimientos que se describen como "estremecimientos de placer", "palpitaciones de placer", etc. Debe observarse que aunque hablamos de los estremecimientos de placer que nos sacuden, o de que nuestro corazón palpita de placer, no es común que hablemos de placeres o del placer que nos sacude ni del
que hace palpitar el corazón. Solamente los teóricos están lo suficien­temente descaminados como para clasificar el deleite o el júbilo como sentimientos. Que tal clasificación es errónea se muestra porque 1)
gozar el estudio no es, a la vez, estudiar y tener sentimiento (placen­tero) ; y 2) deleite, diversión, etc., son estados de ánimos y los estados de ánimo no son sentimientos. Su carácter erróneo se muestra, tam­bién, en base a las siguientes consideraciones. Siempre tiene sentido preguntar, respecto de una sensación o sentimiento, si el sujeto que la ha experimentado la ha gozado o no, o si le ha interesado o no tal circunstancia. La mayoría de las sensaciones y sentimientos ni se gozan ni se rechazan, y sólo con carácter de excepción les prestamos atención. Esto vale para los estremecimientos, palpitaciones, raptos, etc. De manera que, aunque sea correcto describir lo que ha experi­mentado una persona, como un estremecimiento de placer o un acceso de júbilo, es adecuado preguntar si sólo gozó el espectáculo o, tam­bién, el acceso de júbilo que le causó. Y no nos sorprendería oír como respuesta que estaba tan admirado por lo que veía, que su acceso de júbilo no le resultaba confortable, así como tampoco nos sorprendería oír decir a alguien, que ha estado llorando de dolor, que el llanto le resultó agradable. En la sección (4) de este capítulo analizo las dos razones principales que llevan a clasificar erróneamente los estados de ánimo como sentimientos. Las razones que mueven a clasificar "gozar" como una palabra que hace referencia a sentimientos, son paralelas aunque no idénticas, debido a que gozar no es un estado de ánimo. Podemos encontrarnos o no en el estado de ánimo de gozar algo.
Consideraciones similares, que no es preciso que las desarrollemos en detalle, mostrarían que "aversión", "querer" y "deseo" no denotan estremecimientos, cosquilleos o remordimientos (debe tenerse presente que "dolor", en el sentido en que tengo dolor de estómago, no es el opuesto de "placer". En este sentido, un dolor es una sensación de tipo especial que, comúnmente, no nos agrada experimentar).
Agrado y desagrado, júbilo y pena, deseo y aversión, no son —en consecuencia— episodios "internos" de los que es testigo su titular y no lo es el resto de las personas. No son episodios y, por lo tanto, no son el tipo de cosas de las que se puede ser testigo. Por cierto que una persona puede, aunque no siempre, decir, sin necesidad de investigación alguna, si goza o no algo y en que estado anímico se encuentra. Pero también lo pueden hacer los demás, suponiendo que no use una máscara y sea franca en su conversación con ellos. Si no es franca con ellos ni consigo misma, deberán tratar de determinar esas circunstancias y es posible que los demás tengan más éxito que ella.




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