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(3) PROPENSIONES VERSUS CONMOCIONES



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(3) PROPENSIONES VERSUS CONMOCIONES



Muy diferentes de las propensiones son los estados mentales o anímicos de las personas que decimos se encuentran agitadas, molestas, confun­didas, trastornadas. Estar ansioso, sobresaltado, impactado, excitado, convulsionado, estupefacto, en suspenso, agitado e irritado, son tipos de conmoción. Son conmociones cuyo grado de intensidad se mide en términos de mayor o menor violencia. Para cada una de ellas tiene sentido decir que alguien está demasiado molesto como para pensar o actuar con coherencia; demasiado sobresaltado como para articular palabra; o demasiado excitado como para concentrarse. Cuando se dice que alguien está mudo de sorpresa o paralizado por él miedo, se está describiendo la conmoción correspondiente, como extremadamente vio­lenta.
Esta observación pone de manifiesto un aspecto de la diferencia existente entre propensiones y conmociones. Sería absurdo decir que una persona estaba tan violentamente interesada en lógica simbólica que no podía llegar a concentrarse para estudiarla o que alguien sentía tanto patriotismo que no podía hacer nada en favor de su país. Las propensiones no son turbaciones y, por lo tanto, no pueden ser vio­lentas o leves. Si alguien es filántropo o vanidoso, no puede decirse que esté confundido o trastornado por la filantropía o la vanidad, por­que de ninguna manera se encuentra trastornado o confundido. Lo que ocurre es que es un ser unilateral. La filantropía y la vanidad no son temporales ni tormentas.
Como las palabras "confusión" y "conmoción" indican, los que se encuentran en tales condiciones están sujetos, para usar una metá­fora aventurada, a fuerzas opuestas, estos dos tipos de conflicto se dan cuando una propensión choca con otra, y cuando una propensión se ve frustrada por la dura realidad. Quien desea vivir en el campo y al mismo tiempo trabajar en un empleo que sólo puede conseguirse en la ciudad, se ve frente a situaciones opuestas. A quien desea vivir y se está muriendo, los hechos le impiden hacer lo que quiere. Estos ejemplos muestran una faceta importante de las conmociones, esto es, que presuponen la existencia de propensiones que no son en sí mismas conmociones; del mismo modo que los remolinos presuponen la co­rriente de agua que no es, en sí misma, remolino. Un remolino es algo que requiere que se den, digamos, dos corrientes de agua, o una co­rriente de agua y una roca; una conmoción requiere que existan dos propensiones o una propensión y un impedimento fáctico.) Un dolor de cierto tipo, es sufrimiento interrumpido por la muerte; ti suspenso de cierto tipo, es esperanza mezclada con temor. Para poder sentirse aguijoneado por el patriotismo y la ambición, la víctima debe ser, al mismo tiempo, patriota y ambiciosa.
Siguiendo a Hutcheson, Hume ponía de manifiesto —en parte— esta distinción entre propensiones y conmociones, cuando se dio cuenta de que algunas "pasiones" son intrínsecamente calmas, mientras que otras son violentas; también observó que una pasión del primer tipo podría transformarse en una pasión violenta. Esta antítesis entre "cal­ma" y "violenta" sugiere una mera diferencia de grado entre dos cosas del mismo tipo. De hecho, las propensiones y las conmociones son cosas de diferente tipo. (Las conmociones pueden ser violentas o leves, las propensiones no pueden ser ninguna de estas dos cosas. Pueden ser relativamente fuertes o relativamente débiles, pero esta diferencia no reside en el grado en que se ve afectado el sujeto, sino que hace refe­rencia al grado de operatividad, que es una cosa distinta.) La palabra "pasión" fue usada por Hume para hacer referencia a cosas de dos tipos distintos.
Cuando decimos de alguien que es a la vez muy avaro y algo amante de la jardinería, parte de lo que decimos es que la primera motivación es más fuerte que la segunda, en el sentido de que su comportamiento interno y externo tenderá al enriquecimiento más que a la horticultura. Cuando surjan situaciones en que pérdidas finan­cieras no muy fuertes sean acompañadas de un mejoramiento de su jardín, es muy probable que deje de lado las orquídeas y se dedique a cuidar su dinero. Pero también se dice más que esto. Para que alguien sea susceptible de ser descrito como un avaro, esta propen­sión debe dominar de manera similar todas o casi todas sus otras propensiones. La fuerza de las motivaciones está dada por sus fuerzas relativas enfrentadas con alguna otra motivación, con cualquier otra, o con la mayoría de ellas. En parte, están determinadas por la manera en que la gente da preeminencia a sus actividades internas y externas y —lo que es únicamente un paso particular— por el resultado de la :pugna existente entre sus propensiones, cuando las circunstancias lo determinan, esto, es, cuando no se pueden hacer dos cosas a las cuales se es propenso) Decir que sus motivaciones tienen tal o cual fuerza, es decir que sé inclina a dar preeminencia a una u otra de sus acti­vidades.
A veces una motivación particular es tan fuerte que siempre, o casi siempre, domina a cualquier otra. El avaro o el santo sacrifica­rían todo, hasta la propia vida, antes que perder lo que más valoran. Si el mundo fuera apacible, tales seres nunca se verían seriamente perturbados, puesto que no existiría ninguna otra propensión lo sufi­cientemente fuerte como para competir o entrar en conflicto con los deseos de sus corazones. Nunca podrían estar en desacuerdo consigo mismos.
Ahora bien, uno de los usos más corrientes de "emoción", "emo­tivo", "movido a...", etc., es el de describir las perturbaciones u otras situaciones anímicas a las que están sujetas las personas de tiempo en tiempo. "Persona muy emotiva" se usa comúnmente para designar a alguien que se desespera, se entusiasma, o se conmociona frecuen­te o violentamente. Si, por alguna razón, se elige a este sentido de "emoción" como el significado propio o corriente, entonces las motivaciones o propensiones no son, de ninguna manera, emociones. La vanidad no sería una emoción y, en cambio, lo sería el estar mortifica­do; estar interesado en la lógica simbólica no sería una emoción, y sí lo sería el sentirse aburrido por otros temas. En realidad, no tiene importancia tratar de eliminar ambigüedades de la palabra "emoción", de manera que es mejor decir que las motivaciones son, si se desea, emociones, aunque no en el sentido en que lo son las conmociones.
Debemos distinguir dos maneras diferentes de usar palabras tales como "preocupado", "entusiasmado" y "turbado". A veces las usamos para significar estados de ánimo pasajeros, como cuando decimos que alguien se sintió turbado durante algunos minutos o ^preocupado du­rante una hora. A veces las usamos para expresar que se es susceptible a tener ciertos estados de ánimo, como cuando decimos que alguien se turba ante el halago, esto es, que toda vez que se lo halaga no deja de turbarse. De manera similar, "reumático" significa a veces "tener un ataque de reumatismo". "Irlanda es un país lluvioso" puede querer decir que está lloviendo a cántaros en Irlanda en ese momento, o que, comúnmente, allí llueve mucho. Claramente, las suceptibilidades a tener determinados estados de ánimo están en el mismo plano que las propensiones. Ninguna de las dos es un acaecimiento. La an­siedad por la posibilidad de una guerra o el dolor por la muerte de un amigo, pueden signar a una persona por meses o por años. Du­rante ese lapso mantendrá su ansiedad o su dolor.
Decir que alguien ha estado enojado durante varios días o se­manas debido a las críticas que otro le ha hecho, no significa decir que en cada instante de ese lapso ha estado anímicamente dispuesto a hacer actos mezquinos, a tener ideas perversas o a experimentar sensación de cólera, porque, cada tanto, ha estado dispuesto aními­camente a comer, a dedicarse a sus tareas habituales, y a practicar sus deportes favoritos. Lo que significa es que es propenso a sentir enojo, a mantenerse en un estado tal que no pueda evitar insistir en la injusticia de que ha sido objeto, que, intermitentemente, sueñe con venganzas, que trate de atribuir a su crítica determinados motivos o que reconozca alguna veracidad a las críticas que se le formularon. Decir que se mantiene en ese estado es describirlo en términos disposicionales. Cuando las susceptibilidades a tener ciertos estados de ánimo son crónicas se convierten en rasgos del carácter de una per­sona.
Pero, ¿qué tipo de descripción estamos formulando cuando deci­mos que alguien se encuentra en cierto estado de ánimo en un mo­mento dado, y por un período más o menos prolongado? Parte de la respuesta a esta pregunta se dará en, la sección 4 de este capí­tulo. Por ahora es suficiente mostrar que aunque los estados de ánimo, lo mismo que las enfermedades y los estados del tiempo, son condi­ciones relativamente breves, no constituyen episodios determinados, aunque ciertos episodios resulten de ellos. Del hecho de que alguien haya estado indigesto durante una hora no se sigue que durante ese lapso haya sufrido un dolor constante o una serie de dolores breves. Quizá no ha tenido ningún dolor. Tampoco se sigue que se haya sen­tido mal, que haya evitado comer o que se haya puesto pálido. Es suficiente que uno u otro de estos acaecimientos relevantes se haya dado. No existe un único episodio cuyo acaecimiento sea la solución necesaria y suficiente de "estar indigestado". "Indigestión" no hace referencia, en consecuencia, a tal episodio único. De la misma manera, una persona huraña o jocosa puede o no decir ciertas cosas, hablar con cierto tono de voz, gesticular de determinada manera, tener ciertas expectativas o determinados sentimientos. Ser huraño o jocoso requiere la realización de alguna de éstas u otras acciones y reacciones rele­vantes, pero ninguna de ellas es una condición necesaria y suficiente para serlo. "Hurañía" y "jocosidad" no hacen referencia, en conse­cuencia, a ninguna acción o reacción específicas.
Ser huraño es estar dispuesto a actuar o a reaccionar de maneras que, aunque fácilmente reconocibles, sólo pueden describirse con vaguedad toda vez que se dan situaciones de determinado tipo. Esto muestra que palabras como "tranquilo" y "jovial" o palabras como "problematizado" y "nostálgico" hacen referencia a tendencias. Escan­dalizarse o asustarse, aunque más no sea por unos segundos, es —en ese momento— estar propenso a hacer cosas tales como ponerse rígido o gritar, o ser incapaz de concluir una frase o de recordar dónde se encuentra la salida para caso de incendio.
Por cierto que no vamos a decir que alguien se encuentra en un estado de ánimo particular a menos que acaezca un número deter­minado de episodios relevantes. "Está agresivo", tanto como "está nervioso" no significan, meramente, "él haría...", o "él no podría...", sino que hacen referencia a comportamientos efectivos, tanto como a disposiciones. Mejor dicho: hacen referencia a comportamientos efec­tivos que actualizan dichas disposiciones. Explican lo que está ocurrien­do y permiten predecir "lo que ocurrirá si..." o "lo que habría ocu­rrido si..." Es como decir "el vidrio era lo suficientemente frágil como para quebrarse cuando la piedra lo golpeó".
Pero aunque las conmociones, como otros estados de ánimo, cons­tituyen inclinaciones, no son propensiones a actuar intencionalmente de determinadas maneras. Una mujer angustiada se retuerce las ma­nos, pero no decimos que la angustia sea la razón que la determine a retorcérselas intencionadamente. Tampoco preguntamos con qué fin una persona que se encuentra en una situación embarazosa, se ruboriza, tartamudea, se incomoda o se inquieta. Quien gusta hacer caminatas, camina porque quiere hacerlo, pero cuando alguien se asombra, no frunce el ceño porque quiera, aunque un actor o un ser hipócrita puede fruncir su ceño queriendo aparentar asombro. La razón de estas diferencias es simple. Estar confundido no es como estar sediento frente a un vaso de agua, sino más bien estar sediento y no encontrar agua o encontrar agua salobre. Es querer hacer algo y al mismo tiempo no poderlo realizar, o querer hacer algo y al mismo tiempo no quererlo. Es la conjunción de una tendencia a comportarse de cierta ma­nera con la inhibición de poder hacerlo. El sujeto conmocionado por algo no puede pensar qué debe hacer o qué tiene que pensar. El comportamiento sin finalidad precisa, o vacilante, lo mismo que una parálisis de movimientos, no es un síntoma de conmoción, de la misma manera que hacer una broma no es un síntoma del sentido del humor, sino una actualización de él.
En consecuencia, las motivaciones no son conmociones, ni siquiera conmociones leves. Tampoco las conmociones son motivaciones. Aqué­llas presuponen motivos o, mejor, presuponen inclinaciones de nuestro comportamiento, de las cuales los motivos constituyen el tipo más interesante. También son estados conflictuales el choque de hábitos con otros hábitos, con situaciones poco propicias o con motivaciones. Ésta sería la situación en que se vería el fumador inveterado al des­filar, al no poder conseguir fuego, o en un teatro. Sin embargo, hay una cuestión lingüística que es origen de alguna confusión. Hay algunas palabras que significan, a la vez, propensiones y conmocio­nes; además, hay otras que significan únicamente conmociones y otras que sólo significan propensiones. Palabras como "inquieto", "ansioso", "angustiado", "excitado", "asustado", siempre hacen refe­rencia a conmociones. Frases como "amante de la pesca", "amante de la jardinería", "amante de la figuración", nunca hacen referencia a ellas. Pero palabras como "amor", nostalgia", "deseo", "orgullo", "an­helo", y muchas otras, hacen referencia a veces a propensiones simples y a veces a conmociones, que son el resultado de aquellas propensiones y las interferencias que se producen en ocasión de su ejercicio. Así, "hambriento", en el sentido de "tener apetito", significa, aproxima­damente, "está comiendo o comería a dos carrillos", etc., pero este sentido es diferente que cuando decimos que una persona está "dema­siado hambrienta para poder concentrarse en lo que está haciendo". El hambre, en este segundo sentido, es una aflicción que requiere para su existencia, la conjunción de apetito con la imposibilidad de comer. De manera similar, el sentido en que un niño teme a su dentista es diferente del sentido en que decimos que está mudo de miedo al te­ner que extraerse, inesperadamente, una muela.
Con ánimo de evitar posibles reservas, debo señalar que no todas las conmociones son desagradables. La gente se expone, voluntaria­mente, al suspenso, a la fatiga, a la incertidumbre, a la perplejidad, al temor y a la sorpresa, cuando pesca, rema, viaja, resuelve palabras cruzadas o adivinanzas, practica alpinismo o hace bromas. Que las pasiones, raptos, sorpresas y alegrías son conmociones, lo muestra el hecho de que podemos decir que alguien está demasiado apasionado, o alegre como para actuar, pensar o hablar con coherencia. En este caso, hablamos de él como motivado en el sentido de "conmovido" y no en el de "ser afecto a hacer o a obtener algo".




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