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(4) EL LIBRE ALBEDRÍO



Se ha señalado ya que en algunas discusiones filosóficas referentes al carácter voluntario de las acciones, las palabras "voluntario", "in­voluntario" y "responsable", no son usadas con la restricción ordinaria a errores o errores visibles, sino con un sentido más amplio que incluye toda acción que ha de ser valorada favorable o desfavorablemente de acuerdo con criterios de excelencia o admisibilidad. En ese uso filosófico se dice que alguien hace voluntariamente lo que corresponde y también lo que no corresponde; también se lo hace responsable no solamente de aquellas acciones por las que está sujeto a acusación sino también por las que le otorgan renombre. Dichas palabras se usan co­mo un sinónimo de "intencional".
Los filósofos que recurren a este significado más amplio han tenido una fuerte razón intelectual para hacerlo. Han experimentado la ne­cesidad de poseer un conjunto de términos mediante los cuales pu­dieran separar aquellas cosas o acontecimientos que son o plausibles o criticables, de aquellos otros respecto de los cuales no es adecuado hacer ni una ni otra cosa. Sintieron que, si carecieran de tal conjunto de términos, sería imposible enunciar cuáles son las condiciones de pertenencia al ámbito espiritual, dado que su carencia implicaría re­legarlos al ámbito de la naturaleza.
La razón principal de esta preocupación por descubrir algún ele­mento peculiar presente toda vez que el espíritu está presente y ausen­te, cuando está ausente, fue el temor al espectro del Mecanicismo. Se pensó que las ciencias físicas habían establecido o estaban en vías de establecer que las cosas o sucesos del mundo físico se encuentran go­bernados rígidamente por leyes cuya formulación no incluye términos valorativos. Se pensó que todos los acontecimientos externos estaban sujetos a los carriles de hierro de la causación mecánica. Su génesis, propiedades y desarrollo se explicaban o podrían explicarse en térmi­nos de fuerzas mensurables que, según se suponía, carecían de fina­lidad.
Para salvar la posibilidad de emplear conceptos de valoración, se debe mostrar que su campo propio de aplicación se encuentra más allá del mundo externo y, por tal razón, un mundo interno de fuerzas no mensurables y con finalidad parece ofrecer la solución. Al sostener que las "voliciones" son el resultado de fuerzas internas, fue natural suponer que la voluntariedad, definida en términos de la externalización de las voliciones, era el elemento común y específico que hace que los acontecimientos sean espirituales. Concordantemente, se dis­tinguió a las proposiciones científicas de las proposiciones valorativas como describiendo, respectivamente, lo que acaece en el mundo ex­terno y en el mundo interno —por lo menos hasta que los psicólogos proclamaron que sus aserciones eran descripciones científicas de lo que acaece en el mundo interno.
De esta manera, el problema de si los seres humanos son mere­cedores de alabanza o de reproche, fue entendido como el problema de si las voliciones son efectos de algo.




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