Título (Cine formativo en eso; El cine en el aula; Hacia una pedagogía activa del cine)


Marco teórico: El cine y la educación



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Marco teórico: El cine y la educación


Al gran número de medios de información y comunicación de carácter social que hoy en día proliferan los hemos denominado en su conjunto mass media. No cabe duda de que la tendencia a considerar estos medios es cada vez mayor, más aún si tenemos en cuenta la cantidad de información que nos proporcionan dentro de las más variadas tendencias ideológicas. Desde este punto de vista nos encontramos ante el reto, desde el mundo educativo de saber, con espíritu crítico, analizar tanto el “qué se dice” como el “cómo se dice”. Así entendido, no cabe duda que hoy en día la importancia de la imagen en el mundo adolescente es algo que a nadie se le escapa.

Así el cine como instrumento de comunicación se nos presenta en el ámbito educativo como una herramienta fascinante de trabajo pedagógico con los alumnos. Un medio audiovisual como puede ser el cine, entendido éste, como aquella forma de instrucción ene el que se utilizan los oídos, los ojos, o ambos sentidos al mismo tiempo, proporcionan a la educación el método intuitivo adecuado para afianzar contenidos nuevos a la vez que se desarrollan capacidades y habilidades importantes para el individuo.

La confianza que han depositado las actuales tendencias de renovación pedagógica en el poder formativo del cine hace que su presencia en la escuela vaya adquiriendo paulatinamente nuevas dimensiones. Si retrocedemos en el tiempo, comprobamos que el cine es el único arte que han visto nacer las generaciones presentes; surgió entre el interés de unos pocos y la indiferencia o desprecio de la mayoría. Primero, se constituyó como una curiosidad de la física recreativa y posteriormente pasó a espectáculo de barraca de feria (Gubern, 1995).

Durante muchos años el cine buscó solución a sus problemas de estética y narrativa, intentando crear un lenguaje propio, así como a través de la perfección técnica. Su rápida evolución permitió juzgarle y valorarle con cierta moderación, hasta que en el año 1911 Ricciotto Canudo lo catalogó como el séptimo arte situándolo junto a la literatura, pintura, música, danza, escultura y arquitectura (Jeanne y Ford, 1988; De la Torre, 1996; Espelt, 2001). Como consecuencia, el cine deja de considerarse la vía de entretenimiento típico de fiesta, como antaño, para constituirse en lenguaje universal. Como tal, el sistema educativo aprovecha las propiedades del cine formativo para impregnar las áreas del currículum de educación primaria y secundaria1. Por todo ello, el actual alumnado necesita convertirse en “...alguien capaz de afrontar, desde el conocimiento y la experiencia, el tremendo aluvión audiovisual que cada vez de forma más agresiva lo ataca más insistentemente desde todas las esquinas que deberá sortear en su trayecto….” (González Martel, 1996, 23).

Si uno de los principios básicos con más fuerza en la actualidad es la vinculación entre comunidad educativa y sociedad, la escuela no puede mantenerse ajena a esta realidad, es más, debe acortar distancias entre la vida de los escolares y el sistema educativo. Para eso, el cine no sólo ha de estar presente en la escuela, sino que además demanda conocimientos en continua actualización para su adecuada comprensión y utilización. Esto significa no considerarlo como un parche alternativo dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje del alumnado, sino como una porción integrante de todo el currículo (Coll, Selva y Solá, 1995). Es más,

“Si apostamos por un currículum donde el cine forma parte de un sistema coherente multidisciplinar, transversalizado e integrado en el que se articulan: objetivos, procesos de aprendizaje, contenidos explícitos y latentes, desarrollo de evaluación, así como su organización, secuencialización y temporalización, es porque creemos que aprender con, por y desde el cine implica introducir contenidos y estrategias de aprendizaje que se deben ir desarrollando, según los sucesivos niveles de profundización, no sólo hasta el final de la enseñanza secundaria, sino a lo largo de toda la vida” (Alonso y Pereira, 2000, 132).

Ante lo expuesto, abogamos por la idea de concebir el cine no sólo como un medio de comunicación sin más, sino como una herramienta pedagógica permanente en los procesos de aprendizaje del alumnado que promueve el desarrollo de habilidades sociales, además de predisponer a la reflexión, al análisis y al juicio crítico, así como también a crear y a transmitir actitudes y valores sociales y culturales (Vázquez Gómez, 1994; Platas, 1994; Dios, 2001). Su potencialidad como elemento transmisor de conceptos, valores y pautas de conducta se ha hecho patente desde sus orígenes (Coppen, 1991; Lumet, 1999). El cine posee una innegable influencia en los valores de la sociedad. Se convierte en cierto modo en altavoz de valores, de creencias y comportamientos de masas que se encuentran poco habituadas a recrear el pensamiento crítico. De ahí que nuestra función como educadores consista en marcar caminos idóneos para que cultura y sujeto caminen juntos para establecer formas de conocer y enfocar la realidad hacia la línea epistemológica organizada que no sólo permita la reproducción del orden cultural sino también la reconstrucción reflexiva y crítica.

Merece destacarse la tesis de Ying cuando confirmaba que “el cine es un reflejo de la realidad social en la que vivimos” (1987, 13). En esta misma línea, también Bodgan y Biklen subrayan que “desde una perspectiva psicosocial y antropológica, puede afirmarse que los estereotipos llevan, muy frecuentemente, incluidos valores y conceptos ideales anclados en lo que podría llamarse la mente colectiva” (1982, 5). Por ello, se considera que los valores latentes en la realidad actual se reflejan en los filmes y se pueden leer a través de los diálogos y de las imágenes. Desde el lenguaje cinematográfico, el director puede expresar una manifestación sobre qué son los planteamientos éticos y las concepciones ideológicas que se encuentran arraigadas dentro de lo que constituye la conciencia social.

El cine merece ser un espacio formativo, conviene pues aprovechar su potencialidad formativa y adoptar una actitud positiva frente a la idea mayoritariamente entendida hoy día sobre él, es decir, como inductor de acción, violencia y sexo (Rodríguez Neira, 1999; Loscertales y Núñez, 2001). Por la frescura que aún conserva, nos parece notorio citar en este espacio algunas ideas de las conclusiones extraídas en el Primer Congreso Democrático del Cine Español, celebrado en 1979, donde se resaltaba que “El cine debe ocupar en los centros docentes el lugar que le corresponde como hecho cultural de primera magnitud, tratando de hacer que desaparezca el carácter que se le ha dado de mero entretenimiento y resaltando sus valores educativos y culturales” (Fernández Sebastián, 1989, 5). Años más tarde, es frecuente descubrir el cine además de elemento de aprendizaje, como una alternativa de ocio y recreación personal (Lamet, 1991).

Creemos que el concepto cine formativo es más que una expresión de moda. Refleja una nueva forma de percibirlo desde una vertiente educativa. Consiste en la emisión y recepción intencional de películas con cierto reconocimiento cinematográfico y que pueden ser analizadas desde una óptica pedagógica en orden a promover valores (Escámez y Ortega, 1989; Buxarrais, Martínez, Puig y Trilla, 1995; Varios, 1997; Ortega, Gil y Mínguez, 1997; Vázquez Freire, 1999). Por consiguiente, consideramos de interés adoptar el enunciado que sobre este concepto defiende Saturnino de la Torre,

“… cine formativo es la emisión y recepción intencional de películas portadoras de valores culturales, humanos, técnico-científicos o artísticos, con la finalidad de mejorar el conocimiento, las estrategias o las actitudes y opiniones de los espectadores. En primer lugar, ha de poseer determinados valores o méritos humanos; en segundo lugar, dichos valores han de estar codificados de forma que sean interpretables y en tercer lugar que exista una intención de utilizar dicho medio como recurso formativo, es decir, con voluntad de producir algún tipo de aprendizaje, que no tiene por qué estar vinculado necesariamente al mensaje de la película…” ( 1996, 17).

En definitiva, se trata de películas que ayuden al crecimiento personal y profesional de los ciudadanos. Además, si se estima el cine como una obra artística, se piensa de modo inmediato que éste provoca motivación, incitación y sensibilización hacia los valores sociales y culturales que conlleva (Urpí, 2000). Aunque en la actualidad el cine se entremezcla con los acontecimientos de la vida cotidiana, no implica que conozcamos toda su estructura básica de funcionamiento. Además el hecho de contemplar películas no supone aprovechar todas sus posibilidades, aunque también es cierto que la comprensión del cine requiere su aproximación continua, especialmente si se intenta lograr el entendimiento del mundo cinematográfico. Dada la existencia de este desconocimiento generalizado, se precisa adiestramiento y sobre todo, formación en la reflexión, en el conocimiento y en el juicio crítico, porque “…leer un film significa conocer lo que éste dice, o, si se prefiere, entrar en comunicación con la mentalidad del autor a través de su obra. Un film es un producto de un hombre que pretende comunicar, decir algo a los demás y descubrirlo, es un paso ineludible y previo a cualquier cuestión artística, histórica, social, cultural o política sobre el cine” (Alcover y Úrbez, 1976, 23). Y avanzando un poco más, diríamos que no sólo consiste en entender el mensaje del film, sino también criticar, reaccionar, transformar todo lo que reporta.

Por todo ello, podemos afirmar que el cine se vincula a la educación y además es formativo porque, en esencia, es un lenguaje icónico que a lo largo de toda la humanidad ha conseguido una trascendencia capital. De ahí que hoy en día, este medio alcance gran repercusión científica y social. En este sentido, necesita de la educación ya que es en parte lenguaje y en parte comunicación y, desde luego, capacitación para la comprensión de toda la riqueza comunicativa que tiene el cine.

Motivados por la cuestión concreta de este medio, nos pareció oportuno iniciar una investigación2, cuya temática se centró en constatar el conocimiento, tratamiento y utilización del cine por parte de los profesores que impartían docencia en el primer ciclo de la educación secundaria obligatoria (ESO), en los centros escolares de la ciudad de Ourense. Precisamente, se trató de indagar, entre otros aspectos, la comprensión y el uso que el profesorado hacía de los medios audiovisuales, y en especial, del cine dentro de sus tareas educativas. Además, se pretendió detectar las razones por las cuales se utiliza o no el cine en las aulas, así como averiguar la actitud de los docentes con respecto al tema, y también comprobar el conocimiento, desarrollo, uso y predisposición ante la técnica del cine forum, como estrategia de intervención pedagógica.





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