Filosofia enciclopedica universal



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FILOSOFIA ENCICLOPEDICA UNIVERSAL

VOZ DEL ESPIRITISMO”


TOMO SEGUNDO
Al lector:
Hemos puesto en tus manos los 12 libros anteriores que componen nuestra Máxima Escuela; y aun cuando por sus axiomas son el terrible rodillo de la ley que aplasta todo el error de las humanidades, religiones y dioses, no hemos temblado, aun sabiendo que la perversidad esgrimió sus viejas armas contra nosotros; la vil calumnia que ha rebasado (para desgracia de ellos) todas las medidas de todos los códigos penales.
Mas al entregaros este tomo segundo de la “Filosofía Enciclopédica Universal”, sí temblamos. ¡Quién no tiembla ante la justicia!... Mas el temblor, ¿es por nosotros? ¡Oh no!... Hemos sido jueces representantes; hemos sostenido con valor y estoicismo las furias de los criminales más empedernidos y sin temblar hemos sentenciado en absoluta justicia y nada nos conmovió que nos hiciera vacilar. ¿Por qué pues, temblamos al entregar a los hombres este libro?... Temblamos, porque los aberrados están (como nosotros) sentenciados, no han de someterse a la inflexible justicia. Si la sentencia fuera del hombre, poco importaría la no sumisión: Aún les quedaría tiempo de otras pruebas y eso, en nuestro amor y desinterés, nos quitaría el temblor. Pero no es así. La sentencia la dio el hombre en representación del universal juez supremo y la sola duda del hombre aberrado, pone a su espíritu en manos del ejecutor. Conocemos lo terrible de ese justo destierro, porque como dijo el profeta por el padre: “Llegará el día de mi justicia y será el rechinar de dientes”. Jesús y Juan hablaron todos sus días de este juicio y aun, Jesús, con toda claridad dijo: “Se separará el trigo de la cizaña” y anunció “otras moradas”. Conocemos esas moradas que el Dante, en espíritu recorrió y describió del modo que en su tiempo podía y que en este libro se describen en todo su horror. ¿Cómo no hemos de temblar al saber dónde van esos aberrados? ¿Cómo no hemos de temblar al dar este libro de juicios y sentencias inapelables?... Y temblamos también, por el temblor de los lectores que harán conciencia y mas temblamos por los que no la querrán hacer. Pero, prevenimos a los que harán conciencia, que esa es la garantía de que su espíritu acató el juicio. Con cumplir su deber como hombres, saben que quedan en la tierra hasta su máxima perfección, para entonces pasar a empezar otro grado superior en el mundo de maravillas que también se describe en este libro. Más los que no harán conciencia, no temblarán hasta que desencarnarán y entonces será el “rechinar de dientes” y temblarán por millares de siglos. Por éstos, sí temblamos. Pero no podemos ser débiles y a pesar del temblor le entregamos al hombre estos juicios, diciéndole en toda Autoridad y Verdad. Cree: no creas. Acepta: no aceptes. Maldice o bendice; ama u odia; calumnia o critica; sé vil o noble; no podrás hacer que no sea, lo que ya fue tu juicio. En él, fue abierta y vista tu conciencia: asentó tu propio espíritu, ante el juez, tu debe y haber exacto y oyó la sentencia dada por el valor de las obras y no se tuvo en cuenta la fe, sino las obras, como había dejado sentado Santiago Apóstol de España. “Muéstrame tus obras por tu fe y yo te mostraré mi fe por mis obras”: porque sólo las obras hacen fe”. Y añade: “La fe sin obras es muerta, como es muerto el cuerpo sin el espíritu”.
El juez tuvo presentes esos principios y todo otro argumento no tenía valor alguno, fuese emperador, pontífice o mendigo, el exponente.
El lector, pues, de este libro, no puede poner dudas a la recta justicia ejercida y más bien deberá ver, que sin quitar rigor a la ley, se han dado los medios de amor que la misma justicia aconsejaba.
Alguno nos dice ahora: ¿Por qué no dieron a la publicidad estos juicios de inmediato y muchos habrían enmendado sus yerros?... “Al mal pagador, nunca le falta excusas”, dice el proverbio. Poca y ninguna sabiduría habrían demostrado el juez ni el Espíritu de Verdad, llevando al hombre a este conocimiento, estando sus espíritus tan excitados con el conocimiento de la sentencia inapelable. Aun así, los furibundos espíritus perversos encarnados, encendieron la guerra, vergüenza que no ha terminado, por sus propósitos de destrozar el mundo, antes de su irremediable destierro al desencarnar, cuyos jefes y promotores casi todos han pasado ya y alguno que queda, está deshecho. Era al espíritu al que la justicia sentenció y éstos, todos presenciaron el acto terrible del juicio y la sentencia.
Desde esa fecha, sólo encarnan espíritus juramentados en el cumplimiento de sus promesas y acatamiento de la justicia, que ya empiezan a ser hombres y componen ya parte de la sociedad humana y, es ahora, la hora de poner en sus manos sus propios juramentos. Entre tanto, a los encarnados acatantes de la justicia, la “Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal” en sus 12 libros anteriores de entera sabiduría, los ha puesto en grado suficiente para comprender estos juicios. Sin los libros anteriores, éste, no puede ser comprendido, aunque sí creído: pero nosotros no queremos que se crea porque lo digamos nosotros, sino por la prueba razonada; es decir, filosófica, que en toda la obra enseña nuestra Escuela del Espiritismo Luz y Verdad.
El Juez cumple el deber de esta advertencia y con ella el maestro os invita en el “Año de quiebra”, a que meditéis en estos juicios, para que os libréis de la lista de los quebrados, cuyos procesos, en estos juicios están.
5 de abril de 1930. Día 17 del mes 7 del año 19. N. E.
Joaquín Trincado.

Noviembre 26 de 1911 (hora 20). Portillo.


Buenas noches, Paz entre nosotros, amor os una.
Heme aquí a vuestro lado. Habéis conmemorado un día (1) que aunque como espíritu y haber pasado 19 siglos, yo no he olvidado tampoco; tiene este día eternos recuerdos de ventura y es una buena página de mi archivo.
Aunque me encuentro en mi luz tenue comparada con la de los grandes Maestros y en especial con la del Jefe Superior, el gran Xavier, no soy de los más ignorados; bastara que de mi procediera un nombre , para ser llamado el Patriarca de la humanidad; mas quedan varios nombres de mis hijos y de mi esposa María y de la primera Débora y aun entre ellos, está el que hará la unidad de la humanidad, que será la verdadera Redención, primero planteada por Jesús y más tarde por otro que fue mi hijo, el mundo es llevado al progreso; por esto soy menos ignorado que algunos de mis hermanos.
Sin embargo, no fui en aquellos tiempos el que más luz hiciera; pero dentro de las leyes que nos regían, cumplí mis deberes y adelanté el progreso lo que me fue posible, porque el tiempo no era a propósito para hacer hechos de historia; pero sí para embellecer el arte y dar brillo a las obras, a la ley mosaica, la de los ocho mandamientos divididos en diez, que era buena ley, si no estuviera adicionado el egoísmo de los hombres; ley que comprendían bien y por eso se llevaba la atención toda de mi hijo primero de mi esposa María, causa por la cual, no encuadraba con mi carácter.

Yo, que era varón fuerte y comprendía mis deberes en el mantenimiento de mi numerosa familia, no podía avenirme con aquel niño irreductible e inútil para el trabajo, porque se necesitaba para cubrir con decencia las necesidades de la casa; yo quería demasiado a mi joven esposa María y del trabajo solo esperaba para que nada faltara; gracias a su amor y buen criterio, María, cortaba mis abrumadoras miradas hacia aquel hijo; ella sabía y comprendía en su amor de madre y esposa, la debilidad del uno y los deberes del otro y con sabiduría se imponía.


Dispuse y lo mandé a Jerusalén, encomendándolo a mi hermano en creencia y amigo José de Arimatea, con el encargo de educarlo para ennoblecer el taller del obrero; porque, según mis conocimientos, la ley del trabajo era primero; en mi sencillez de hombre entonces, no podía conocer otra ley y no estaba equivocado; pero no penetraba en la misión de mis hijos.
Hoy comprendo y comprendí tan pronto mi espíritu pasó a la patria de los espíritus, que el trabajo se divide en puntos; vi que yo fui el obrero de un pueblo y que Jesús era el obrero universal y quería trabajar en la libertad de su espíritu; vi que al mandarlo y encomendarlo a mis hermanos de Jerusalén, había cumplido una imposición de la ley divina, por cuya ley, también tenía afines que estudiaban el secreto de las cosas que la religión prohibía y esos afines, sirvieron al espíritu de Jesús llevándolo a la Cábala y allí rememorarían los espíritus su misión.
A mi hermano le escribí una carta cuyos términos conocéis; y fue sí llevada por Jesús; fue al templo, llegó a sus oídos la discusión de los doctores, los cuales no podían descifrar el problema del perdón entre hermanos; problemas pasables hoy por los conocimientos de los obreros; Jesús se empinó sobre sus pies y contestó a una pregunta que le fue dirigida, quedando los doctores conformes con su contestación; el niño, dio con el lugar que buscaba; dio con el germen que él traía y la luz apagada por la niñez, empezó tomar fuerza y brillo y a reflejarse en la mente revolucionaria del mesías de la libertad; pero saliendo de las leyes que rigen la materia, el sentimiento de la familia, no hacía efecto en él. Por eso, el niño, no oía los consejos familiares; principiaba la emancipación de la familia y sólo oía la voz de su misión; y como descifraba lo que ninguno en igual edad podía descifrar, no le entendían, ni yo tampoco; unos lo tenían por loco, otros por iluminado y epiléptico y a mí me tenía siempre de mal humor, dado mi carácter fuerte y escasos conocimientos en las doctrinas que él exponía y explicaba; pero es que en mí podía más el amor de la sangre y la necesidad de su ayuda material en el trabajo del taller, al cual nunca se sintió dispuesto, ni su constitución endeble le permitía el trabajo de la materia, porque su espíritu, necesitaba toda la fuerza de ésta.
¿Cuál era el trabajo que él tenía? Ya lo sabéis: preparar el camino a los hombres para enseñarles el amor, porque esa era la misión que traía; abatir las supremacías y predicar la unidad y el amor, para dar la unificación de toda la humanidad; para hacer conocer que todo es un solo ser y triunfó por su principio; pero los sacerdotes, aquellos doctores que de niño lo admiraran en la contestación cuando hombre, le temen y contra él le llevan la opinión del pueblo, que como estaba en la ignorancia y el prejuicio, Jesús , se ve perseguido por el mismo pueblo que lo acompañara y lo oyera en la Sinagoga.
El se emancipa de la familia y yo parto a la patria verdadera de las almas, desde donde contemplo los triunfos de Jesús, es decir, el triunfo de sus doctrinas.
Estas eran aceptadas, porque Jesús atraía con sus fluidos; y con ello dio tal cúmulo de enseñanzas, que han perdurado a pesar de la desfiguración con que han sido presentadas a la posteridad.
Jesús no llegó al apogeo, porque sus doctrinas saludables anatematizaban el libertinaje y orgullo de castas y los sacerdotes y jueces, encontraron causa para llevarlo al suplicio; pero la revolución estaba hecha en la solidaridad de sus enseñanzas y la siguieron haciendo sus discípulos, por un tiempo, hasta la transformación de la Iglesia; de esta Iglesia apócrifa, que tanto nos ha hecho sufrir con su sucio comercio.
Ya sabéis la historia; la tradición había corrompido las doctrinas del epiléptico; no podían los padres de esta Iglesia establecerse sobre bases de sacrificio; necesitaban ser solos, dominar y darse al fausto y a la concupiscencia y para eso, necesitaban bases sólidas y las tomaron de todas las religiones.
Los hombres del orgullo y de la carne; los que explotaban el alma del hombre y el nombre de Dios, fundan la religión y terminan por no darle el nombre del hijo de José y María y aún nos sacan a sus padres naturales, del derecho de ley natural; hacen una religión apócrifa y nos toman por su mejor mina y nos sacan de la unidad, para hacernos la singularidad irracional.
Fue muerta la flor sin dar el fruto sazonado; pero Jesús sabía que había dejado una rosa; pero una rosa llena de espinas. ¿Sabéis para que la rosa tiene espinas? Para que no se le rodee la serpiente venenosa: la flor es delicada y el Padre la ha dotado de esa defensa; y esa rosa que Jesús sabía que quedaba y en su día daría el aroma a todo el mundo cuando los tiempos fueron llenos, afín suyo era y él ha cultivado con empeño esa rosa, multiplicando los aromas y la belleza y rodeándola de espinas de mayor defensa, porque las serpientes se han vestido de una camisa más fuerte, que la que a él lo rodeó.
Jesús, no fue tan humilde como lo quieren hacer hasta hacerlo un juguete; era humilde de corazón y entre los humildes; pero enseñaba las espinas de que su flor estaba adornada a los hombres malos, para que no se le enroscaran.
Ved sus contestaciones al hombre de desvarío y al publicano y colegiréis de aquellos momentos de cólera, como sabía enseñar sus espinas la humilde flor.
Es preciso que así sea el misionero; no pueden éstos ser humildes más que de corazón, que es la humildad que el Padre nos pide: el misionero, tiene que ir enseñando las espinas de su defensa, para librarse de las serpientes.
Los apóstoles que Jesús iniciara en la luz de la verdad, se repartieron por todos lados cuando tantos errores había y sembraron la semilla de la libertad entre los pueblos esclavos, para los que proclamó la libertad; la libertad vino; pero las espinas de la flor eran débiles y pasó rápida la época de la flor y señaló época y nueva era, dándole a la doctrina el nombre apócrifo, que ha tenido que vivir de la sangre de sus componentes.
Más en medio de estos acontecimientos, hemos visto que la rosa se entreabría y Jesús la cultivaba; hemos visto la profecía cumplida, que Jesús recibió del Espíritu de Verdad, y cuando la rosa esta en todo su desarrollo y sus espinas están fuertes para no dejarse enroscar y apretar por las serpientes, era el tiempo lleno y, he aquí porque ha descendido y habéis presenciado el advenimiento del Espíritu de Verdad, aunque hoy, como fiscal acusador.

Sí, los tiempos han llegado y los espíritus de Dios lo dicen en todas partes y difunden la buena nueva.


Son espíritus afines de Jesús que le han seguido como satélites y, alguno de vosotros sois de ellos y a él estáis unidos, no solo por la ley del trabajo, sí que también por la ley de la materia, para dar testimonio y la ley del amor, que él no pudo implantar porque las serpientes se le enroscaron y lo llevaron al patíbulo.
Es ese, hasta hoy desconocido careo que debía haber, en el que, cada cual buscará la mayor defensa.
La rosa enseñará sus espinas, repartiendo su aroma saludable; las serpientes se querrán enroscar y cortar la rosa por su tallo; pero se convencerán de su debilidad y el dolor de los pinchazos de las espinas que rodean al tallo de la rosa, a unos curará sus llagas por el arrepentimiento y otros, lanzarán hacia la hermosura y lozanía de la rosa, sus espumarajos y venenos; pero esa rosa del jardín del Padre, esa alma, está defendida por el Espíritu de Verdad y vigila a las serpientes.
Os da su bendición.
José el Carpintero

(1) Los desposorios de José y María uno de los más felices de la humanidad.


N. B. Hice algunas preguntas de grandísimo interés que me fueron contestadas, pero no puedo publicarlas aquí; el día que sea hora las diré en público.
Joaquín Trincado
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Seguida. Portillo.

No gritar, ¿Qué es ese ruido deforme? Lo prudente es estar conforme, también lo se estar yo; y es mejor el ser humilde y cuando nos permite Dios, usar del médium que dice, lo que inspiramos y el bien solo les diremos a nuestro pobres hermanos, que en la tierra los tenemos y luchan, como luchamos.
Gritar y no conformarse, dice con toda elocuencia, que os creéis una potencia y debéis estudiar esta fase, que indica en vuestra conciencia, que aun vive concupiscencia; es hora de transformarse y os lo pide con amor, un licenciado de…. Dios…. Del que, otro nombre oí, pero que aun no es para mi.

¿Qué es el hombre, que es la vida, que es la lucha, que es virtud, que es perfección y que es luz? Pues me mandan que lo diga, lo diré con vuestros nombres y solo será una ducha, porque el verbo humano…Hermanos... Es toda una imperfección para explicar los tesoros que no son brillantes y oro, de vuestro mundo glacial y solo puede explicarse de modo convencional.

El hombre es el ser que reúne, la esencia de todas las cosas, que componen la natura; y así es una criatura, que en si lleva oculto el Lumen; si lo descubre, es la ciencia; si lo tapa, es la demencia; si lo traduce sin velo, su ser se llena de celos, y es… una concupiscencia, que obra las cosas atroces; pero al fin rasgara el velo, y por el Lumen conoce, donde ha de poner su dedo, para curar sus dolores.

Este es el hombre, y su lucha es "conocerse a si mismo", porque en la materia, oculta, el germen de dicha y vida; y si no tiene el instinto de su superioridad, aunque caiga se levanta y en la caída adelanta, porque empezara a estudiar; y el estudio es la virtud y el estudio le da la luz y ventajas en luchar.

De la lucha el hombre aprende a consultar su razón y domina el corazón, y la intención se renova y discierne y perfecciona, cada vez mas y mejor; y llega al conocimiento, porque eleva el pensamiento, a la mas alta región, y allí nuestro hermano aprende, que en medio de la natura, no solo es la criatura también un creador.

Ya en este conocimiento y modo alto de pensar, en su reconocimiento, al ser Dios, crea un altar dentro de su corazón y allí lo hace adorar, a su antes loca razón y esta toma por manjar, la esencia y Cosmogonía y en esta ciencia unifica, a la universalidad.

El hombre es el hombre y no puede decirse más, es la nata del progreso, de la tierra lo más bello, lo más grande, lo más bueno, lo más, lo más, lo más.

Pero se mantiene solo de lo material y no paso por su mente levantar aquel altar, porque un sofisma no aclara por prejuicios de maldad, que la materia opone a la espiritualidad se rebaja, se condena a una vida animal y hace mas grandes fierezas, que el mas feroz animal; porque reúne la esencia y su torcida conciencia que solo sabe obrar mal, usa de su omnipotencia, con la esencia de la ciencia, que tiene, el bien y el mal; y es por esto héroe el hombre, para el bien y para el mal. Hay algo mas, pero a veces no podemos explicar, y lo sentís en vosotros, pero que como nosotros, no lo podéis palabrear; pero es una consecuencia, de la insuficiente ciencia, que aun en la tierra tenéis; pero como lo entrevéis y ya en buen camino estáis, porque a estudiar empezáis que el animal no divide, los tiempos y la armonía y solo de instinto vive y que rige su armonía con las estrellas y el sol.

Pero el hombre adora al Padre y le pide saber más y estudia y saber aprende y cuanto mas quiere aprende y cuando aprendió a amar, descubre el secreto y llega, a comprobar la verdad, que el espíritu, es una realidad.

Aun hoy vosotros decís en ciencia materialista, "Mas allá de aquí, la nada"; pero esto es porque dormís, porque no existe la nada; solo es que el pensar así es cómodo, pero la razón es falsa.

Porque cuando estáis dormidos, solo disfruta la cama, la materia, porque el alma, va a ver a seres queridos y le manda los fluidos; pero volverá a encerrarse, en el cuerpo material, que como es terreno herial, no podrá hacer germinar la semilla que ha traído; y esto que le hace sufrir, porque concibe su fin, muchas veces se desata y hiere el cuerpo y lo mata; que aunque sabe va a sufrir otra lucha y otra prueba, a todos nos pide ayuda y se va a la nueva prueba; otra vez se reencarna en una nueva materia, hasta que por sus caídas y rehabilitaciones, llega a poseer los dones que a todos la ley impone, en la gran naturaleza.

La ciencia materialista, os dice: "Imaginación, es el hecho espiritista". Realidad digo yo a esa ciencia indigna, de ser cultivada en el sentido que indica, relajación y bajeza para la humana grandeza, que es grandeza infinita; pero los materialistas, en su comodidad y pegados a la tierra, no se atreven a pensar, que fuera de la materia y del goce material, hay goces puros para el alma en el mundo astral.

Esto, ellos no lo conocen, hasta que al desencarnar, se ven y no se conocen; y el error en que vivieron, porque esto no presintieron, reniegan, dudan y odian, a toda la humanidad; a los unos por la envidia, a los otros por venganza y a todos por la amenaza y a veces llegan por su ira y su ceguera fatal, a tener que amordazarlos y en la obscuridad cerrarlos para así evitar el mal, a todos nuestros hermanos.

Hermanos del mundo tierra; oídme, soy vuestro hermano; consultar vuestra conciencia, no neguéis la buena ciencia que os viene del espacio; oid al espiritista, es un verdadero sabio, que estudia, indaga y comprueba, y escrito en la frente lleva el fruto de su trabajo; y vive como hombre en tierra, como sabio en el espacio y sabe que todo, todo hay que ganarlo, por la ciencia y el trabajo.

¿Por que dudáis, hermanos, de nuestras comunicaciones, si hasta con los aparatos, que os hacen voladores, nos podéis oír y ver? Bastara solo querer vuestra regeneración y sabréis lo que es la vida, y sabréis lo que es la ciencia, pero esto no sin trabajo… No sin trabajo: basta hermano querido, que te recargo el trabajo, no acostumbro a versear y mucho me he extendido hoy. Soy.

Una Casualidad.

__________

Posesión M. P.

Diciembre 1 de 1911

Siento haber sido engañado en mi ultima existencia, por lo mucho que he hecho sufrir y yo he sufrido.
De niño fui engañado en esa falsedad que se llama religión cristiana, por cuyas doctrinas, fui delincuente por el

fanatismo.


Fui un pobre obrero, y me llevaron a aprender un oficio: mi oficio fue herrero. ¿Para qué más infierno que el de mi fragua? Es ese el único fuego que he visto; no he encontrado el que me pintaron de niño en la Iglesia

Católica; aquí. no hay más fuego, ni más sufrimientos, que el remordimiento de la conciencia por las obras hechas

en la tierra; y os lo digo para que así eduquéis a vuestros hijos; solo el trabajo y el amor a los semejantes, debe

ser la educación del niño.

A mi me enseñaron a trabajar, pero me llenaron de fanatismo y me enseñaron como aun enseñan en esa

Iglesia; que todos los medios son buenos para conseguir su fin.

Como ya sabéis, la costumbre de los pueblos agricultores de madrugar para ir a la herrería a preparar, a

"Aguzar la reja" se dice allí; pues bien, un día, estaba sudando como siempre al chorro, y cuando se juntan varios

de todo se habla; este día desgraciado, uno empezó a hablar y decir mal de los curas y de la religión y sediscutían las cosas de la Iglesia y del mas allá, y mi victima sostenía todo lo contrario de lo que yo había sido educado; y maldecir que no creía en los curas y frailes, porque eran tales y cuales… con el mazo grande le di en la cabeza y

luego lo metí en la fragua.

Como predominan en la conciencia, yo no caí del todo en la indignación del pueblo y aun por la Justicia, de mis

Hechos, se pedía indulgencia y yo, aun creía que había cumplido con un deber, por lo cual me recibirían los

ángeles; pero pronto comprendí mi engaño y ahora veo mayor la falsedad de esa Iglesia.

El hecho debía realizarse por completo; en un momento se me presento uno de esos que tanto predican esa falsedad y me aconsejo que para no ser deshonrado en el patíbulo, debía acabar mejor y me dio un veneno y él, se marcho, tan tranquilo.

Dios mió. ¡Cuánta maldad se encierra en esa Iglesia infame!
Por mi educación y fanatismo corte la existencia de un ser que ahora es el que mas me ayuda a salir de mis

tinieblas; y mis consejeros, los dueños de mi conciencia, cortan la mía, porque mi deshonor les alcanzaría a ellos y

huyen de mi en el espacio; mas yo ya os perdono y pido a Dios que os perdone.
Perdóname tu también, pues confieso que estaba equivocado; si, hermanos míos, mi victima me perdona;

Descorredme este velo que me puso esa fatal Iglesia y yo os ayudare en vuestra obra; ya me dicen cual es; pero



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