Filosofía medieval



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FILOSOFÍA MEDIEVAL

SAN AGUSTÍN. SANTO TOMÁS. GUILLERMO DE OCKHAM


SAN AGUSTÍN DE HIPONA. PRIORIDAD DE LA FE SOBRE LA RAZÓN Y ADECUACIÓN DEL ORDEN POLÍTICO A LA FE.

San Agustín (354-430), uno de los filósofos-teólogos cristianos más influyentes de la historia del pensamiento. Entre sus numerosas obras cabe destacar: Contra Academicos, De libero arbitrio, De civitate Dei, Confesiones.



Relaciones fe-razón. Afirma que la verdad es común a todos los hombres. La fe y la razón son las dos alas que posee el hombre para llegar al conocimiento de la verdad. Fe y razón son complementarias en cuanto que caminos para llegar a la verdad. La fe es don de Dios y la razón humana es imagen de Dios. Debe existir una relación básica entre estas dos realidades: la razón es una colaboradora de la fe, esto es, la razón ayuda al hombre en su camino hacia la fe. Intellige ut credas. Crede ut intelligas (Comprende para creer y cree para comprender). La fe no sustituye a la razón ni la elimina sino que la eleva a un orden superior, la refuerza y clarifica. Creer sin razón es absurdo. Es posible conocer la verdad, la justicia, la bondad, la belleza, etc., pero ¿cómo pueden estar estas ideas en la mente humana? Estas ideas no pueden proceder de la experiencia sensible porque las cosas sensibles son cambiantes y lo cambiante no puede fundamentar conocimiento alguno. Si la verdad no se puede buscar en lo exterior, sólo queda explorar la propia interioridad del hombre para alcanzar la solución al problema. El espíritu humano es limitado, por tanto, no puede ser el origen de esas ideas. Esas ideas son descubiertas por la mente pero no dependen de ella. Estas ideas están en Dios. Dios interviene en el alma, iluminándola, y así la inteligencia puede discernir esas ideas y, por tanto, obtener con ellas la verdad. Dios ilumina al alma humana para que sea capaz de alcanzar la verdad mediante la autorreflexión. La autorreflexión supone recogimiento interior, desligarse de las ataduras de los placeres sensibles para así entrever la presencia de Dios en todas las cosas. Solo el alma que emprende ese proceso de interiorización y de purificación podrá tener una mirada pura y conocer así las ideas.

Ética y Política. La ética agustiniana comparte elementos platónicos y estoicos. Todos los hombres buscan la felicidad. Sin embargo, este fin no es posible en esta vida pues solo es alcanzable mediante la visión de Dios en la otra vida. La vida terrena debe ser guiada por la virtud y para obtener la bienaventuranza es necesaria la gracia de Dios porque el alma humana está dañada por el pecado original. La voluntad desempeña un papel importante en la ética de san Agustín ya que el corazón del hombre busca de manera necesaria a Dios. Esta teoría ética vertebra la visión política del autor, pensamiento expuesto en De civitate Dei. Igual que a nivel individual se pueden encontrar dos tipos de personas, las que optan por el amor propio, el pecado, o por el amor de Dios, las sociedades se pueden fundar siguiendo uno de estos dos criterios. Son estos dos tipos de amores los que fundan dos ciudades contrapuestas: la ciudad terrenal y la ciudad celestial. Estas dos ciudades conviven en el seno de una misma sociedad. La ciudad celestial espera su culminación en el más allá. Mientras se da ese tránsito definitivo, convive con la ciudad terrenal, obedeciendo las leyes de los hombres siempre que estas no se opongan a las verdades de la fe. Al final de los tiempos Dios atraerá hacia sí todas las cosas y triunfará definitivamente. La historia es, en definitiva, la intervención amorosa de Dios a favor de los hombres y en pro de su salvación.

La cohabitación de las dos ciudades tiene importantes repercusiones políticas. El Estado debe procurar la paz y no contradecir las leyes eternas de Dios. Los cristianos deben aprovechar esa para preparar su morada definitiva, obedeciendo las leyes propias de su vida en sociedad. No hay una separación absoluta entre Iglesia y Estado ya que pueden existir hombres en la Iglesia que pertenecen a la ciudad terrena y hombres terrenales que estén llamados a la salvación.


TOMÁS DE AQUINO (1224-1274). RELACIÓN ENTRE RAZÓN Y FE
La fe y la razón son dos modos diferentes por los cuales el hombre puede alcanzar la verdad. Fe y razón no se contradicen pues la primera es un don de Dios y la segunda una facultad puesta por el mismo Dios en el hombre.

Teología y filosofía son dos ciencias que poseen un mismo objeto material pues ambas se ocupan de toda la realidad en su conjunto. Sin embargo, difieren en su objeto formal. La filosofía estudia esa realidad atendiendo a sus causas últimas naturales y la teología considerada esa realidad como causada por Dios. Por otra parte, la filosofía utiliza el entendimiento, la teología la revelación.

Dentro del ámbito de una única verdad, Santo Tomás distingue:


  • Verdades que son artículos de la fe: verdades reveladas por Dios que no podrían alcanzarse con el exclusivo ejercicio de la razón.

  • Verdades que son preámbulos de la fe: verdades reveladas por Dios pero que también son alcanzables desde el uso de la razón. Los preámbulos de la fe son: 1) Dios existe; 2) Dios es creador y remunerador; 3) Dios posee todas las perfecciones y éstas en grado sumo.

  • Verdades naturales: verdades alcanzadas desde el uso exclusivo de la razón.

Al analizar esta clasificación caemos en la cuenta de que teología y filosofía, aún siendo saberes diferentes, se pueden complementar y ayudar mutuamente:

  • La razón no puede alcanzar las verdades que son artículos de la fe pero puede hacerlas más inteligibles al entendimiento humano.

  • Las verdades que son preámbulos de la fe son alcanzables por la razón, pero no todos los hombres están capacitados para ello. Por eso, y dado su importancia para la salvación, Dios las revela para asegurar al hombre ese camino salvífico.

  • Con respecto a las verdades naturales, la fe puede encauzar adecuadamente los descubrimientos progresivos de la razón.

Fe y razón son distintas, pero no se contradicen pues la fuente de verdad es el mismo Dios y, por tanto, siendo distintas, la teología y la filosofía no son ciencias opuestas. Fe y razón son complementarias y pueden colaborar entre sí.

GUILLERMO DE OCKHAM (1296-1349), SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO

Frente a posturas que buscaban conciliar fe y razón, Guillermo de Ockham consideró que fe y razón son facultades totalmente independientes y distintas. La fe depende de la revelación así que no necesita de la razón que no puede aportar nada a la fe. La razón es una facultad otorgada por Dios al hombre para que este se guíe en el mundo, por lo tanto, no necesita de la fe en su ámbito propio. Esta separación entre el ámbito religioso y el ámbito mundano la extrapoló el filósofo franciscano a la separación entre el poder político (Estado) y el poder religioso (Iglesia), lo que le valió la condena por herejía.

Si el poder del papado está al servicio de los fieles en cuestiones religiosas, mucho menos potestad tendrá el Papa para inmiscuirse en asuntos políticos. La autoridad del Papa es solo religiosa y no debe entrometerse en los asuntos públicos. De esta manera, religión y política quedan delimitados como ámbitos paralelos pero separados hasta el punto que el filósofo cristiano considerará que el poder político no obtiene su legitimidad de Dios sino de que se atenga al bien común. 

Según el texto (PAEG, Nº 5), el papa debe mantenerse al margen del poder civil. De la autoridad que Cristo concedió a San Pedro y a sus sucesores (los papas), han de excluirse los derechos que tienen legítimamente los emperadores y los reyes que no se oponen a las buenas costumbres ni a la ley evangélica.

Esto significa que el poder de los sumos pontífices es de carácter espiritual y que no deben entrometerse en los asuntos terrenales. El gobierno político es asunto de la autoridad civil de cada comunidad, salvo que se oponga a la ley de Cristo, caso en el que el papa podrá actuar legítimamente.

La prueba que demuestra la legitimidad del poder civil es la constatación de un hecho histórico: emperadores y reyes existieron antes de que fuera creada la institución pontificia. Es indudable que el imperio romano fue fundado antes de la venida de Cristo, y Él mismo y sus apóstoles respetaron el poder imperial, como demuestran la frase evangélica "Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". Así pues, la historia y las sagradas Escrituras demuestran la independencia del poder civil frente al poder eclesiástico.

Por tanto, el papa no puede atacar los derechos de reyes y emperadores, y si lo hace, sus dictados son nulos, ilegítimos, pues está actuando fuera de su competencia jurisdiccional.

Queda evidente, en este fragmento, la crítica de Ockham al poder absoluto del papa; de hecho, defendió la legitimidad del emperador Luis de Baviera frente al papa Juan XXII. También es importante tener en cuenta que este pensador intentaba evitar la corrupción de la iglesia, procurando que la jerarquía solo se ocupase de asuntos espirituales.



Guillermo de Ockham no está negando la importancia de la Iglesia como institución, sino que critica que quienes la dirigen hayan desviado su labor hacia lo que no le corresponde. El debilitamiento de la autoridad Pontificia que propone no significaba, pues, un ataque directo a la Iglesia como institución, sino una reflexión sobre la tarea de la misma. La doctrina política de Ockham busca separar lo espiritual de lo temporal, del mismo modo que buscó desvincular la Teología de la Filosofía, con una clara intención: menos defender los intereses del Emperador y más garantizar la espiritualidad. Pero sería apresurado (y anacrónico) considerar esto como un ataque al dogma cristiano. Ockham elaboró una filosofía moderna en el Medievo. Con este autor empieza el fin de la filosofía medieval,


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