El peregrinar hacia Dios en la obra de Rabindranath Tagore Por: Leda Pilello introduccióN



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El hombre espera el momento de ver a Ese que es todo amor:

“Mis ojos, de tanto velar, no saben ya qué es sueño; pero, aunque no te encuentre, me es dulce la vela.

Mi corazón se sienta en la oscuridad de la lluvia, a esperar a tu amor; y, aunque nunca llegue, esperar me es dulce.”18

“Para oír esa música de la vina estoy siempre a tu lado. Para oír esa llamada melodiosa, que yo sabía bien que acabaría por echar abajo todas las barreras del amor, he estado todo el tiempo escuchando anhelante.”19

Es así que si se mantiene fiel a su propósito y está lo suficientemente atento, podrá oír el llamado de Dios “ese llamado que exige de mí lo mejor que tengo porque eso me induce inevitablemente a ponerme en contacto con lo universal.”20

“¡Cuántas mañanas y cuántas noches he oído tus pasos! ¡Cuántas tu mensajero entró en mi corazón y me llamó en secreto!”21

“No desmayéis en vuestro viaje por los solitarios montes de espinas ¡pues su llamada suena a cada paso nuestro, y sabemos que es la voz del Amor!”22

Dice Dios:

“Nadie puede soportar verme como no esté preparado de antemano”23

El poeta sostiene que cuando el alma tiene la suficiente sensibilidad como para responder a ese llamado de la Realidad los valores ficticios recobran su verdadera dimensión y las energías del hombre se orientan hacia Dios.

“¡No puedo seguir esperándolo al lado del camino! ¡Voy a su encuentro, a conquistarlo!”24

Es así que la respuesta del hombre es siempre por medio de la acción. Antes se preguntaba cuando vendría la barca de Dios hasta su orilla, ahora es él quien se lanza a navegar:

“Sentí que veía tu cara, y eché mi barca en la oscuridad.

La mañana, ahora, raya sonriendo, y están abiertas las flores de primavera.

Pero, aunque la luz falte y se mustien las flores, yo seguiré navegando y navegando.

Cuando me hiciste señas callandito, el mundo dormía, y la sombra estaba desnuda.

Ahora, repican las sonoras campanas, y mi barca está cargada de oro.

Pero, aunque se callen las campanas y mi barca se quede vacía, yo seguiré navegando y navegando.

Unas barcas se fueron ya y otras no están aparejadas todavía; yo no me entretendré.

¡Mira las velas llenas, los pájaros que vienen de la otra playa!

Pero, aunque las velas se aflojen, aunque se pierda el mensaje de la otra orilla, yo seguiré navegando y navegando.”25

Si bien Dios está presente y es quien llama al hombre a su encuentro, es este último quien debe esforzarse por hallarlo. Dios le dice:

“-Abre tu puerta que te estoy esperando...

-y el hombre le contesta-

-... se abrirán de par en par si las tocas sólo con los dedos. ¿No quieres siquiera tocarlas? ¿Es que prefieres que yo vaya y abra?”26

La acción es necesaria, acción y amor son los medios adecuados para recibir a Dios.

“Moverse es encontrarte a cada paso, Compañero caminante; es cantar al compás de tus pies... Quien abre sus puertas de par en par y sale, recibe tu saludo... andando, va siempre contigo, Compañero caminante.”27

“¿No oíste sus pasos silenciosos? Él viene, viene, viene siempre.

En cada instante y en cada edad, todos los días y todas las noches, él viene, viene, viene siempre.

He cantado muchas canciones y de mil maneras; pero siempre decían sus notas: él viene, viene, viene siempre.

En los días fragantes del soleado abril, por la vereda del bosque, él viene, viene, viene siempre.

En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio, sobre el carro atronador de las nubes, él viene, viene, viene siempre.

De pena en pena mía, son sus pasos los que oprimen mi corazón, y el dorado roce de sus pies es lo que hace brillar mi alegría.”28




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