El peregrinar hacia Dios en la obra de Rabindranath Tagore Por: Leda Pilello introduccióN



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EL PEREGRINAR HACIA DIOS

En su obra Tagore presenta a un hombre que teme, que se asusta de verse andando a empujones, tironeado constantemente entre el bien y el mal, un hombre que quiere salir de esa inestabilidad, que quiere estar seguro, un hombre que busca algo que trascienda lo meramente físico y que se pregunta por Aquello que está más allá:

“¿Quién es ese que está velando, solo, en esta tierra dormida, en el aire soñoliento de entre las hojas inmóviles? ¿Quién en el nido callado de los pájaros, en los secretos corazones de los capullos en flor? ¿Quién en las palpitantes estrellas de la noche, en el abismo de la pena de mi vida?”5

En su alma el hombre es consciente de la verdad trascendental que se encuentra en todo, incluso en su interior. Instintivamente sabe que existe algo, aunque no pueda entender bien qué, Dios es el Gran Desconocido.6 Sobre este ‘Dios de Tagore’ escribía Victoria Ocampo: “¡Dios oculto que sabes que siempre te buscaré! ¡Dios que sabes que hacia ti sólo vamos por los caminos de la libertad! ¡Dios que me entiende y a quien yo no entiendo!7 Así aparece en la obra El rey del salón oscuro, cuya trama gira en torno al conocimiento de Dios.

Tagore escribió en su niñez:

“El ojo no te ve, a Ti que eres la pupila de cada ojo.”8

El hombre no quiere estar alejado del mundo de la verdad, quiere alcanzar el sentido último de la vida. Ante el misterio surge el anhelo de armonía entre el hombre y lo Infinito, el mismo anhelo de Amal, el niño de El cartero del Rey, “anhelo incorpóreo,…extraña potencia del espíritu que nos hace fluir hacia lo que aún no es,”9 anhelo de conocimiento:

“¿Dónde estará el capitán que lleva a su hogar a esos que yerran?”10

“¿Cuándo vendrá mi amado desconocido? ¿Cuándo le conoceré para siempre?”11

“¿Cuándo vendrá tu barca hasta mi orilla; cuándo cojerás mi canción entre tus manos?”12

“¡Ponte ante mis ojos, y que tu mirada prenda fuego a mis canciones!... ¡Ponte en mi anochecer solitario, donde mi corazón vela solo, y lléname el cáliz de su soledad; y que yo sienta en mí la infinidad de tu amor!”13

Con ese Ser (a quien Tagore llama ‘La Persona Eterna’) el hombre busca su unión de amor. El autor subraya de modo especial estos aspectos personal y amoroso de Dios, entiende que Dios es amor y que la máxima expresión de Dios es el amor.14 El amor ilumina el mundo, el Infinito es amor infinito, y esto se vivencia cada vez que el hombre ama. Afirma: “esta experiencia nuestra nos confiere el derecho de decir que el Supremo Uno, que pone en relación todas las cosas y abarca todo el universo, es todo amor: el amor que es la más alta verdad por ser la relación más perfecta.”15

Tagore tuvo, en su niñez, oportunidad de conectarse con unos poemas de amor vaishnavas, “estaba seguro de que aquellos poemas hablaban del Amante supremo, cuyo tacto sentimos en todas nuestras relaciones de amor: amor a la belleza de la naturaleza, del animal, del niño, del amigo, del amante; amor que ilumina nuestra conciencia de la realidad.”16

Y es así que el amor desborda de toda su obra.

“¡Qué bien has hecho, Amado mío, qué bien has hecho en enviarme tu fuego de dolor!

Porque mi incienso no regala su perfume hasta que se quema, y mi lámpara está ciega hasta que la encienden.

Mi pensamiento entumido necesita que el relámpago de tu amor hiera tu torpeza, y la misma oscuridad que borra mi mundo arde como una antorcha, cuando la incendia tu rayo.”17




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