Capítúlo Octavo el sacrificio


El sacrificio más verdadero es reconocer una presencia



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3. El sacrificio más verdadero es reconocer una presencia

Tercer paso. ¿Cuál es el sacrificio más verdadero? ¿Cuál es el sacrificio que conduce más a la verdad? ¿Cuál es el sacrificio que aleja más del error, del mal, de la mentira? ¿Cuál es el sacrificio que nos vincula más a la verdad?

Ahora es cuando se entiende que todo está relacionado. La respuesta a esto es el punto en que se comprende que el sacrificio es idéntico a la dramaticidad y la grandeza del amor. El sacrificio más verdadero es reconocer una presencia.

muy bien que no entienden nada, pero si no entienden nada, ¡pobre de su vida! ¡comprenderán, pueden estar tranquilos que comprenderán!

El sacrificio más verdadero es reconocer una presencia. ¿Qué quiere decir reconocer una presencia? Que el yo en lugar de afirmarse, te afirma a ti. Afirmar el tú es la mayor entrega: «Nadie ama tanto a un amigo como quien da su vida por él» (Jn 15, 13). Es lo mismo que dar la vida. Afirmarte a ti para afirmarme yo, para hacer que viva yo, afirmarte a ti como meta de mi obrar; afirmarte, es tenerte amor a ti. Por eso se trata incluso del sacrificio de uno mismo: no de un dedo, del pelo, del resultado de un año académico... ¡no, no, no, no! Es el sacrificio total de uno mismo: afirmar al otro implica olvidarnos de nosotros mismos, que es lo contrario de estar apegados a nosotros mismos; entonces nos sacrificamos al otro.

El sacrificio más verdadero es reconocer una presencia, lo que equivale a decir que el sacrificio más verdadero es amar.





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