Capítúlo Octavo el sacrificio


En qué consiste el sacrificio



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2. En qué consiste el sacrificio

Segundo paso. El primer paso quería indicar, antes que nada, el carácter incomprensible del sacrificio, puesto que parece estar en contra de la naturaleza. El sacrificio comienza a volverse significativo cuando Dios muere en la cruz, y esto no solamente empieza a revelar que la palabra sacrificio tiene un significado, sino que hace ver que todo, toda nuestra vida, todas nuestras jornadas, están llenas de un infinito número de sacrificios, grandes o pequeños. Y si uno acepta estos sacrificios para cooperar a la muerte de Cristo, para colaborar con la muerte de Cristo en salvar al mundo, entonces ése, que hace el sacrificio aquí, ahora mismo, ayuda quizás, sin darse cuenta, a una pobre madre que está perdiendo a su hijo en Yugoslavia por una granada: no hay tiempo ni espacio. Para aquello que está más allá del tiempo y del espacio —como el valor del sacrificio, de Cristo o nuestro— no existe tiempo ni espacio, el tiempo y el espacio no lo detienen. El sacrificio que yo hago por amor a Cristo, ahora mismo, puede ayudar a una o a muchas personas que están naufragando en el golfo de Tonkin en este momento, ¿quién sabe?

Veamos ahora, en segundo lugar, en qué consiste el sacrificio. Este sacrificio, ¿en qué consiste? No consiste en la muerte de cruz, porque también es sacrificio para mí estar aquí ahora mismo hablando, cuando estoy molido (es un decir; no: no es un decir...); es un sacrificio para ustedes estar aquí escuchándome; es un sacrificio tomar el libro en las manos y decir «Señor, date prisa en socorrerme»; si no es sacrificio es sólo porque estamos repulsivamente distraídos, pero ¡si pesáramos o pensáramos lo que decimos! Intentemos darnos cuenta, pues, de en qué consiste este «monstruo» que es el sacrificio.

La Biblia usa una palabra precisa para indicar lo que el hombre adora como Dios, aunque no lo sea: el ídolo. Afirmar o buscar la verdad donde no está, afirmar o buscar la idolatría, es una mentira, una falsedad. Lo que llamamos pecado es una mentira; es pecado porque es mentira, ¡no es la verdad! Y el salmo, muy agudamente, dice: «Mira las características que tiene el ídolo: tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye, tiene boca y no habla» (cf. Sal 115, 4-8) ¿Qué quiere decir? Que no mantiene las promesas que hace. Lo que no mantiene sus promesas es una mentira. Dios mío, ¡qué tristeza en la mayoría de las bodas!: la mayor parte de las bodas producen una tristeza profunda porque, salvo un hilo que Dios sostiene, son promesas falsas.

El sacrificio es ir contra la mentira. Ir contra la mentira, hacer las cosas con verdad, de manera leal, sincera, justa: esto es el sacrificio. Para obrar con verdad hace falta sacrificio: tienes que separarte de la mentira, tienes que arrancarte de la mentira, tienes que resistir a la corriente o, mejor aún, al alud de la mentira; tienes que aguantar ahí, hasta que pase toda la basura.

En efecto, sin sacrificio no puede haber verdad en una relación. Ténganlo en mente, porque estas frases definen toda la vida, son importantes para toda la vida, son invencibles. No hay Donadoni [futbolista conocido] que aguante —¡en mis tiempos era Meazza!—, no hay bomba atómica que aguante. Sin sacrificio no hay verdad en una relación.

Piensen, por ejemplo, cuando sienten apego hacia una persona: la relación se reduce a una mentira si no está continuamente sostenida por el sacrificio. Sin sacrificio no hay verdadera relación, lo que quiere decir que al otro —sea un objeto o una persona— no se le valora conforme a su naturaleza (peor aún, se invierte el sentido de la naturaleza), lo afirmas por tu gusto, según tu instinto, porque quieres agarrarlo con violencia como el avaro agarra el dinero. ¡Qué falsedad! «Porque me gusta»: creo que es la excusa más normal para mentir.., un pretexto, en definitiva. Identificamos el afirmar algo con aferrarlo: afirmar a una persona es amarla, es afirmar al otro; aferrarla quiere decir doblegarla, hacerla tu esclava.

Por eso el sacrificio no es cesar en la voluntad de obtener algo, no es suspender el amor a alguien o a alguna cosa, no es eliminar nada, sino frenar la voluntad que se está comportando contra la naturaleza de esa cosa.

Si no puedes usarla conforme a su destino, si no puedes utilizar esta relación afectiva conforme a su destino, eres un delincuente: ¡es un delito! «Pero, ¡el sacrificio es imposible!»: el sacrificio es necesario, tan necesario como no cometer un delito.

El sacrificio no es cesar en la voluntad de obtener algo, sino frenar la voluntad que no actúa conforme a la naturaleza de la cosa. Por eso todas las relaciones prematrimoniales son erróneas, todas, e imponen caminos torcidos que ya no se enderezan, porque afirman el egoísmo como criterio último —«lo que me apetece» como criterio último de .la relación—, un egoísmo que ya no se redimirá.





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