Capítúlo Octavo el sacrificio


c) Cuándo se convierte en valor para la vida del hombre



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c) Cuándo se convierte en valor para la vida del hombre.

Aquí tenemos que dar un paso intermedio: en nosotros —en mí, en ti—, ¿cuándo se convierte en valor el sacrificio? Ánimo, respóndanme, porque no tiene la misma lógica que antes. Antes dije que el sacrificio adquirió valor cuando Cristo murió. Pero murió Él.

El sacrificio adquiere un valor moral, es decir, un valor en la vida del hombre, cuando se vuelve correspondiente, es decir, corresponsabilidad, respuesta a la muerte de Cristo para salvar la propia vida y la vida de los hombres, cuando se llega a aceptar que el único modo para alcanzar el destino, para vencer la muerte, es subir también nosotros a la cruz de Cristo, participar en la muerte de Cristo. Corresponsabilidad, responsabilidad consciente, respuesta consciente a la muerte de Cristo: «Tú, Cristo, mueres por mí. Yo me adhiero a ti en tu morir». ¿Cómo? A través de los sacrificios que me pide hacer. «Mi vida acepta los sacrificios que me pides como adhesión a tu muerte». Por eso se llama también ofrecimiento: ofrecimiento a Cristo de la propia vida, como participación en su muerte. Y entonces, todo mi sacrificio de levantarme por la mañana, tolerar a mi padre, a mi madre, a mi mujer, a mi marido, a mis hijos... todo se convierte en bien.

Los viernes santos cantamos el himno de la cruz: Crux fidelis inter omnes, cruz fiel, árbol verdadero entre todos los árboles, árbol que no muere. El sacrificio de Jesús —que es el gran valor que salva al mundo de toda su miseria y de la muerte— se torna un valor nuestro al participar nosotros en él, al aceptar de Cristo el modo que él establece de hacernos participar en su sacrificio, por ejemplo: me envía una enfermedad, hace que me traten de manera injusta, que me desilusione un afecto, que tenga que sacrificar un afecto.

El sacrificio se convierte en un valor moral para el hombre, cuando éste, por medio de él, participa en la iniciativa que toma Dios para liberamos de la muerte y del mal. ¿Cuál es la iniciativa que Dios toma para salvarnos de la muerte y del mal? La muerte de Cristo. ¡Es realmente increíble!, ¡pensar que Dios se ha hecho hombre y ha muerto asesinado para volver a hacer posible la felicidad de quien le asesinaba!

Puesto que el sacrificio consiste en aceptar las circunstancias de la vida, tal como vienen, porque nos hacen corresponsables, partícipes de la muerte de Cristo, el sacrificio se convierte en la clave de toda la vida —la vida vale por el sacrificio que se vive—; pero también en la clave para comprender toda la historia del hombre. Toda la historia del hombre depende de aquel hombre que murió en la cruz, y yo puedo influir en la historia del hombre —puedo influir en la gente que vive ahora mismo en Japón, en la gente que está en el mar ahora mismo en peligro; puedo intervenir para aliviar el dolor de las mujeres que están perdiendo a sus hijos ahora mismo, en este preciso instante—, si acepto el sacrificio que en este momento se me impone.






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