Bourdieu, P


El trabajo de institución



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El trabajo de institución
Si la familia aparece como la más natural de las categorías sociales, y si parece destinada por ello a ser el modelo de todos los cuerpos sociales, se debe a que la categoría de lo familiar funciona, en los habitus, como esquema clasificatorio y principio de construcción del mundo social y de la familia como cuerpo social particular, que se adquiere en el seno mismo de una familia como ficción social realizada. En efecto, la familia es el producto de un verdadero trabajo de institución, a la vez ritual y técnico, con vistas a instituir en forma duradera, en cada uno de los miembros de la unidad instituida, sentimientos adecuados para asegurar la integración, que es la condición de la existencia y de la persistencia de esta unidad. Los ritos de institución (término que deriva de stare (sostenerse, ser estable), se dirigen a constituir la familia como una entidad unida, integrada, unitaria, por tanto estable, constante, indiferente a las fluctuaciones de los sentimientos individuales. Y esos actos inaugurales de creación (imposición del nombre familiar, ;matrimonio, etc) encuentran su prolongación lógica en los innumerables actos de reafirmación y de refuerzo destinados a producir, por una especie de creación continua, afectos obligatorios y obligaciones afectivas del sentimiento familiar (amor conyugal, amor paterno y materno, amor filial, amor fraterno, etc.). Este trabajo constante de mantenimiento de nuestros sentimientos viene a redoblar el efecto performativo de la simple nominación como construcción de objeto afectivo y socialización de la libido (la proposición "es la hermana" encierra, por ejemplo, la imposición del amor fraterno como libido social desexualizada -tabú del incesto).
Para comprender la forma en que la familia pasa de ser una ficción nominal a convertirse en un grupo real, cuyos miembros están unidos por intensos lazos afectivos, es necesario considerar todo el trabajo simbólico y práctico tendiente a transformar la obligación de amar en disposición amante y a dotar a cada uno de los miembros de la familia de un "espíritu de familia" generador de devociones, generosidades, solidaridades (están además los innombrables intercambios continuos y ordinarios de la cotidianeidad, intercambios de dones, de servicios, de ayudas, de visitas, de atenciones, gentilezas, etc., tanto como los intercambios extraordinarios y solemnes de las fiestas familiares - frecuentemente sancionados y eternizados por medio de fotografías que consagran la integración de la familia reunida). Este trabajo incumbe muy particularmente a las mujeres, encargadas de mantener las relaciones (con su propia familia, pero también, muy frecuentemente, con la de su cónyuge), por medio de visitas, pero también por medio de la correspondencia (y en particular los intercambios rituales de tarjetas de salutación), y por medio de comunicaciones telefónicas. Las estructuras de parentesco y la familia como cuerpo no pueden perpetuarse más que al precio de una creación continua del sentimiento familiar, principio cognitivo de visión y de división, que es al mismo tiempo principio afectivo de cohesión, es decir, adhesión vital a la existencia de un grupo familiar y sus intereses.
Este trabajo de integración es tanto más indispensable que la familia si ésta debe, para existir y subsistir, afirmarse como cuerpo, tiende siempre a funcionar como un campo, con sus relaciones de coerción física, económica y sobre todo simbólica (ligadas por ejemplo al volumen y a la estructura de los capitales poseídos por los diferentes miembros) y sus luchas por la conservación o la transformación de estas relaciones de coerción.



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