Biografía de emilio de figueroa martínez



Descargar 22.25 Kb.
Fecha de conversión25.09.2019
Tamaño22.25 Kb.


BIOGRAFÍA DE EMILIO DE FIGUEROA MARTÍNEZ

Emilio de Figueroa Martínez nació en La Carolina, Jaén, el día 3 de octubre de 1911. Su madre se llamaba Josefa y su padre Federico.

Josefa, nacida en Úbeda, era hija de un escultor e imaginero llamado Cristóbal Martínez, conocido en la zona como el “Maestro Lirio”.

Federico de Figueroa Merino, era el menor de 2 hermanos de una familia acomodada de Madrid. No siguió estudios porque siendo un niño su familia se arruinó; y pronto, en la adolescencia, perdió a sus padres, y se fue a vivir a Jaén con su hermana Elisa que estaba casada con Emilio, un ingeniero de minas.

Con la ayuda de su cuñado, Federico consiguió un trabajo como contable en las minas de la zona de La Carolina (Jaén), donde conoció a su mujer y allí se casaron.

Tuvieron siete hijos de los que Emilio de Figueroa era el mayor.

Siendo Emilio bastante pequeño contrajo la poliomielitis, enfermedad que le dejó secuelas físicas en las piernas y que le marcaría, para bien y para mal, durante toda su vida.

La polio le hizo ir al colegio tarde, y no aprendió a leer y escribir hasta los 12 años. Pronto se dio cuenta que la de los libros era su opción en la vida.

Emilio era buen estudiante, se le daban bien las matemáticas, y las Escuelas de Comercio aportaban nuevos horizontes frente a estudios más tradicionales de la España de los años 20 y 30. Además, las Escuelas de Comercio fueron el camino mediante el que la enseñanza de la economía se introdujo en España.

El programa de asignaturas de las Escuelas de Comercio era amplio y dispar; se enseñaban muchas matemáticas e incluso se cursaba una asignatura de química de la que, en aquellos últimos años, se encargaba el profesor Don Claro Allué.

El año 1936 fue un año decisivo en general para todos, pero en el ámbito de la economía fue también importante porque John Maynard Keynes publicó su “The General Theory of Employment, Interest and Money”. A Madrid llegaron tres o cuatro ejemplares y uno de ellos cayó en las manos de Emilio de Figueroa.

Este encuentro resultó crucial en su desarrollo profesional porque ningún economista iba a influir tanto en Emilio como el inglés de Cambridge.

Sin duda que ha habido otros economistas cuyas ideas y libros han dejado una fuerte impronta en su trabajo – Marshall, Shumpeter, Samuelson, etc. – pero ninguno como Keynes.

La guerra le pilló en Madrid, su quinta fue la primera que se movilizó y fue declarado inútil para luchar en el frente. Emilio solía contar, a propósito de esto, que alguien en la cola de reclutamiento comentó en alto, “fíjate el cojo que suerte tiene”. Como Emilio siempre fue un hombre optimista nunca dejó de afirmar que su defecto le salvó la vida.

Durante la guerra Emilio realizó funciones administrativas dentro del ejército republicano y sus actividades le hicieron moverse entre Madrid, Valencia y Barcelona. En Barcelona colaboró con la publicación “El Diluvio” en la que escribió algún artículo en contra de Franco; afortunadamente, decía, “el Diluvio se quemó”, eliminando cualquier vestigio que pudiera incriminarle.

Justo al terminar la guerra, Emilio perdió de tuberculosis a su madre a un hermano y a una hermana.

Sus alternativas laborales estuvieron siempre dirigidas a la docencia y a la investigación. La primera opción, la enseñanza, era casi un monopolio de la Iglesia, y la segunda, aparte de la Iglesia, estaba el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y los servicios de estudios de la banca.

En cualquier caso, su mayor apoyo de la postguerra fue un profesor suyo de la Escuela de Comercio de Madrid, Don Claro Allué, persona muy influyente tanto en el ámbito de las cajas de ahorro como ante la jerarquía eclesiástica.

En 1945 gana la cátedra de Economía y Estadística en la Escuela de Comercio de Valencia; y, al poco tiempo, se funda la facultad de Económicas de Madrid cuyos primeros profesores necesariamente provienen de las ya existentes escuelas de comercio o de otras facultades como la de Derecho.

De hecho, Emilio de Figueroa publica en 1948 la primera tesis doctoral que se lee en España en la nueva Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. Con título, “Política Coyuntural”, se edita en el Instituto “Sancho de Moncada” dentro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

En ese mismo año, 1948, se publica la primera edición en castellano de “Los Principios de Economía” del economista y matemático inglés Alfred Marshall (1842-1924). La traducción de este libro fue un ejercicio familiar porque mientras Emilio lo hacía su mujer lo pasaba a máquina.

De forma explosiva los nuevos titulados en economía empezaron a superar a los abogados e ingenieros en el hecho de acaparar los futuros puestos de la política y la dirección de las empresas del país. La enseñanza de políticas se separaba de la de económicas y, después, la economía se desglosaba en economía general y empresas.

Durante esos primeros años de la facultad de políticas y económicas,

Emilio de Figueroa estuvo como directo colaborador de Manuel de Torres Martínez (1903-1960) titular de la única cátedra de teoría económica hasta el momento, a la espera de que se dotaran otras mediante oposición.

Emilio de Figueroa renuncia a presentarse a dichas oposiciones en beneficio de Don José Castañeda Chornet, y se quedó a la espera de que se dotaran otras cátedras. Como compensación se le nombró Subdirector del Servicio de Estudios del Banco de España.

El de Subdirector del Servicio de Estudios fue el único puesto que Emilio de Figueroa alcanzó en el amplio escalafón del Banco de España hasta su jubilación en el año 1981. Entrar en el Banco de España siempre fue un objetivo apetecido para cualquier economista pero para Emilio de Figueroa supuso un lastre intelectual que nunca llegó a superar porque una familia con cinco hijos era una barrera insalvable para quien optara por la libertad de expresión como opción de futuro.

Poco tiempo después de entrar en el Banco de España salió a concurso la primera cátedra de Política Económica. Dos fueron los economistas que firmaron la oposición, Higinio Paris Eguilaz y Emilio de Figueroa. Al final, por el escaso margen de un voto, salió elegido Emilio de Figueroa gracias, entre otros, al apoyo del catedrático de Estructura Económica profesor José Luis Sampedro.

El profesor Sampedro fue más compañero que amigo de Emilio de Figueroa pero su presencia en determinadas circunstancias siempre supuso una ayuda a algún miembro de la familia Figueroa. Quizá sea el profesor Sampedro ese tipo de personas que nacen para hacer el bien. Aunque es fácil que Don Higinio Paris no piense lo mismo.

Resulta paradójico que en la España de Franco, en la que cualquier forma de expresión estaba limitada, las opciones dialécticas de la política económica gozaban en la prensa y otros medios de comunicación de una libertad que otras disciplinas no tenían.

Un régimen autoritario, controlador y anti-comunista, muy vinculado a una iglesia católica en la que las inclinaciones sociales de los nuevos papas iban adquiriendo un gran protagonismo, no veía el “keynesianismo” como una amenaza. Sobre todo porque la vieja guardia, una falange fascista, era profundamente antiliberal.

Esta circunstancia fue aprovechada por Emilio de Figueroa en su dilatada colaboración con la prensa escrita. Su “keynisianismo crítico”, profundamente antiliberal, muy próximo a los economistas que surgen del New Deal de Franklin D.Roosevelt o al laborismo británico de la postguerra, era respetado y protegido por cierta prensa, como el diario”Ya”, de la iglesia católica, o el diario “Pueblo”, vinculado a los sindicatos verticales.

Sin embargo, lo que se veía bien en unos círculos se aceptaba mal otros, y la cúpula del Banco de España no podía soportar que un subordinado se inmiscuyera en asuntos de los que se creía único portavoz. El resultado fue que durante la década de los 60 Emilio de Figueroa se vio en la obligación de publicar con seudónimo ( “Sibelius” en Ya y “Galiani” en Pueblo).

Las dificultades surgieron porque, no siempre, las ideas del gobernador del Banco de España o del ministro de turno con lo que Emilio escribía en la prensa coincidían. Sin duda que otros habrían llegado a un arreglo con la superioridad en el contenido de lo publicado, con Emilio de Figueroa tal acuerdo no era posible.

Al contrario que en el Banco de España, los años 60 de la Universidad fueron tranquilos y sosegados.

Quizá a raíz del mayo del 68, o tal vez porque el Régimen de Franco si iba anquilosando de manera progresiva, al final de los 60 y al comienzo de 70 la universidad española en general y la Universidad Complutense en particular fueron focos de politización progresiva.

Ya como una costumbre de independencia, Emilio de Figueroa siempre evitó decantarse por cualquier opción política. De hecho cuando llegó la democracia a España y cantidad de personas sacaron del armario sus apetencias políticas, Emilio manifestó que carecía de ellas y nunca votó.

El hecho es que, ante la llegada de la política abierta a la universidad, no se posicionó y, más que con relación a los estudiantes, surgieron problemas con ciertos compañeros del claustro de profesores.

Su principal problema de esa época tuvo nombre y apellidos: Luis Ángel Rojo Duque.

Luis Ángel Rojo era un aventajado alumno suyo, bachiller en los SS.CC. de la calle Villanueva, que siendo muy joven había accedido a la cátedra de Teoría Económica de la Universidad Complutense de Madrid.

La política es como el agua, fluye por donde puede; por eso, en los siete años anteriores a la muerte de Franco, la política se canalizaba en la calle, las fábricas, en los colegios profesionales y en la universidad.

Rojo supo aglutinar en una universidad altamente politizada un grupo de economistas en el que abundaban, básicamente, futuros militantes del Partido Socialista Obrero Español, pero en el que también había gente más a la derecha e izquierda que dicha tendencia política.

Rojo y sus compañeros se convirtieron en un grupo fáctico dentro de la Facultad de Económicas de la Universidad Complutense. Tanto es así, que un buen día Emilio llegó a su casa fuera de sí. Dijo que había tenido una reunión con Rojo y este le había informado de su intención de eliminar la “Política Económica” del programa básico de la carrera en su rama de “Economía General”. Emilio oyó aquello con el ánimo de un hecho consumado del que apenas cabía protestar. No obstante, protestó diciendo que “qué le quedaba por hacer a él, si desaparecía su asignatura”, a lo que Rojo condescendientemente respondió que “siempre hacen falta profesores”.

Franco estaba próximo a morir, la crispación política aumentaba y también en la facultad de Económicas. Lo que parecía fácil, controlar una facultad de económicas, se volvió difícil.

Al mismo tiempo el cambio político estaba a la vuelta de la esquina y la política abandonó la universidad para centrarse en la formación de un futuro parlamento. La universidad perdió su interés político y organismos, como el Banco de España, lo ganaron.

Luis Ángel Rojo y sus colaboradores - algunos futuros diputados, secretarios de estado y ministros – se posicionaron en el Banco de España.

Primero como Director General, luego como Subgobernador y finalmente como Gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo Duque llegó al más apetecido puesto por cualquier economista en España. Ni que decir tiene que la posición de Emilio de Figueroa quedó tan relegada como con anteriores gobernadores pero su aislamiento lo sintió más porque, entre otras razones, en 1980 perdió un hijo, le sobrevino una trombosis y, con casi 70 años le llegaba la jubilación.

A Emilio la gustaba hacer chistes de casi todo y, al recordar a Luis Ángel Rojo Duque decía de él que hacía honor a su nombre, “Rojo en la Universidad y Duque en el Banco de España”.

En esos años finales de grandes cambios sus colaboradores más cercanos fueron los catedráticos Manuel Sánchez Ayuso (1941- 81), Andrés Fernández Díaz y Luis Gamir. El profesor Sánchez Ayuso murió prematuramente a los 41 años en su mejor momento intelectual, mientras que los profesores Fernández Díaz y Gamir han continuado su exitosa vida profesional.

Afortunadamente la Política Económica sigue siendo una asignatura fundamental en la enseñanza de la Economía en España.

Sus últimos nueve años de vida, por la diabetes y una trombosis que limitó aun más su limitada movilidad los pasó intentando escribir artículos de opinión en la prensa, pero sus viejos periódicos – Ya, Pueblo, Informaciones – ya no existían, y los nuevos, como el País, le cerraron completamente sus puertas. Así que su periplo final se centró en el diario ABC que siempre acepto de buen grado sus artículos.

A mediados de noviembre de 1989 sufrió dos trombosis cerebrales falleciendo el día dos de diciembre. Hasta el último momento mantuvo unas intactas y maravillosas ganas de vivir.

Madrid, Agosto de 2011



Emilio Figueroa Sánchez




Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©odont.info 2019
enviar mensaje

    Página principal