Título: La medicalización de la sexualidad en los discursos en torno a la vacunación contra el vph en México. Erika Pérez Domínguez, México Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México Resumen



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Título: La medicalización de la sexualidad en los discursos en torno a la vacunación contra el VPH en México.

Erika Pérez Domínguez, México

Centro de Estudios Sociológicos, El Colegio de México
Resumen

La vacunación contra el VPH es una medida de salud pública que ha detonado una serie de discursos en los que la sexualidad de las niñas y adolescentes se coloca como el tema central. En esta ponencia propongo analizar la vacunación como una medida biopolítica que tiene como efecto la medicalización de la sexualidad de niñas y adolescentes y el reforzamiento de estereotipos de género. Esto se refleja en los discursos médicos, políticos, mediáticos que establecen un vínculo entre el ejercicio de la sexualidad femenina, el riesgo, la enfermedad y la muerte.



Introducción

De acuerdo con Foucault, el control de la sociedad sobre los individuos “no se opera simplemente por la conciencia o por la ideología, sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo. Para las sociedades capitalistas lo importante es lo biológico, lo somático, lo corporal” (Foucault,1996, p.87). Una forma de ejercicio de este poder sobre los cuerpos y la población es la medicina y particularmente la epidemiología, que tiene como efecto, entre otros, la medicalización de los sujetos. La vacunación contra el VPH es una medida de salud pública que busca proteger a la población de una enfermedad de transmisión sexual que puede derivar en cáncer. Se aplica a las niñas de entre 9 y 11 años entendidas como futuras mujeres sexualmente activas; aquí afirmo que esta medida puede tener el efecto de medicalizar su sexualidad. Esto a través del entramado discursivo que se articula en torno a la vacunación y que establece un vínculo entre el ejercicio de la sexualidad, el riesgo, la enfermedad y la muerte. En una primera parte expongo el contexto de la vacunación en México, para después hacer una revisión del concepto de medicalización a la luz de los planteamientos Foucaultianos sobre biopolítica y finalmente cómo este proceso de medicalización de la sexualidad de las niñas se refleja en los discursos de algunos actores que intervienen en la vacunación. Esta ponencia es producto de una investigación doctoral en curso.



La vacunación contra el VPH en México
El cáncer cervicouterino (Cacu) es el segundo tipo de cáncer más común en mujeres a nivel mundial y nacional; en México es la causa de muerte de aproximadamente 4 mil mujeres al año. El VPH se ha identificado como causa necesaria para el desarrollo del Cacu, pero no suficiente; no todas las personas que contraen el virus desarrollan cáncer. Se calcula que a lo largo de su vida las personas sexualmente activas tienen un 80% de riesgo de adquirir un VPH (D’Hauwers, Gadet, Donders, Tjalma, 2013), la mayoría de las veces la infección es asintomática y desaparece sola gracias al propio sistema inmune.
Entre 2006 y 2007 fue aprobada en México y otros países como Estados Unidos y España la comercialización de dos vacunas contra el VPH, Gardasil y Cervarix. Su introducción en el mercado y en algunos programas de salud pública desencadenó una serie de discusiones y polémicas en muchos países. Se cuestionó su efectividad, su elevado costo, la información sesgada que se difunde al respecto, además de sus posibles efectos adversos sobre la salud de las niñas. La polémica se ha reforzado con casos de niñas y mujeres afectadas por la vacuna en Colombia y España por ejemplo1.
A diferencia de otras vacunas que no han generado tal polémica, ésta busca proteger de una infección de transmisión sexual pero debido a sus características farmacológicas su efectividad depende de que sea aplicada antes de entrar en contacto con el virus, por lo que se aplica, previo consentimiento parental a las niñas de entre 9 y 11 años.
En México, a partir del 2012 se incluyó en el esquema nacional de vacunación, sin embargo no se ha alcanzado la cobertura esperada, pues ha encontrado resistencias por parte de padres y madres de las niñas. Por ejemplo en Michoacán en donde la vacunación inició antes, de 2010 a 2013 se habían aplicado sólo el 60% de las vacunas que se tenía como meta, el 40% de padres/madres se negó a consentir su aplicación. En Jalisco se registró también un descenso en la cobertura de la vacunación, de 18 mil dosis aplicadas en 2009, para 2013 se aplicaron sólo 14 mil. 2
Algunas investigaciones (Piñeros, et.al, 2010; Wilson, 2011) han demostrado que el rechazo a la vacuna por parte de padres y madres tiene que ver con temores asociados a sus posibles efectos adversos sobre la salud y de manera central temores sobre los efectos que la vacuna pueda tener en la conducta sexual de sus hijas. Así por ejemplo, algunas de las razones de la resistencia a la vacuna es la idea de que ésta les dé un falso sentido de seguridad y les impulse a tener prácticas sexuales riesgosas, que inicien su vida sexual antes, el temor a hablar con ellas sobre sexo, o la idea de que la vacuna puede hacerles daño y dificultar su capacidad reproductiva en el futuro.
La sexualidad pues, ocupa un lugar central en las preocupaciones de padres y madres respecto de la vacuna, pero no sólo de ellos. En esta disputa intervienen además las empresas farmacéuticas, médicos que formaron parte del desarrollo de la vacuna, políticos, funcionarios de las instancias de salud, organizaciones civiles, medios de comunicación, etc.
En este complejo entramado de discursos de manera más o menos explícita se coloca en el eje de la discusión la sexualidad de las niñas en tanto futuras mujeres, que se construye como una sexualidad vinculada al riesgo, a la enfermedad y a la muerte; es una sexualidad que hay que proteger (¿o controlar?). Un concepto que puede ayudar a comprender este proceso de construcción de la sexualidad de las niñas es el de medicalización.
La medicalización
Conrad define la medicalización como “un proceso por el que un problema no médico llega a ser definido y tratado como un problema médico, usualmente definido en términos de enfermedad o desorden” (Conrad, 2007, p. 4). De acuerdo con el autor, la medicalización es una forma moderna de control social que tiende a distinguir lo normal de lo anormal y se justifica a partir de un saber médico que se erige como autoridad especializada y socialmente aceptada.

Para Conrad este proceso surge en un contexto caracterizado por la fe inquebrantable en la ciencia, en la racionalidad y el progreso, el aumento de poder y prestigio de la medicina, y la solución ‟técnica” e individualizante de problemas con alguna implicación social. Es un proceso colectivo en el que no es sólo el médico quien impone un criterio de normalidad/anormalidad sobre los pacientes, sino que involucra a otros actores, como la industria farmacéutica, los medios de comunicación, incluso los mismos pacientes que pueden estar “ansiosos de medicalización”.

Este proceso fue analizado por Foucault, quien ubica su surgimiento en el marco de la política de salud del siglo XVIII. Para el autor, es una transformación del ejercicio del poder en la que opera “una captación por el pensamiento médico, de la conducta, del cuerpo humano, de la existencia” (Foucault, 1999, p.364). Da cuenta de cómo la salud va convirtiéndose en un asunto de gestión estatal de recursos y control social. De manera que la intervención médica trasciende sus límites y no sólo se preocupa por la enfermedad, sino por la economía, por proveer sujetos sanos y útiles para el trabajo. “La salud, convertida en objeto de consumo que puede ser fabricada por algunos laboratorios farmacéuticos, por los médicos, etc., y consumida por otros –los enfermos posibles y reales-, adquiere una importancia económica y se introduce en el mercado” (Foucault, 1999b, p.357).

Con el capitalismo surge una nueva forma de concebir el cuerpo y la medicina. Lo que importa en las sociedades capitalistas es lo corporal, pero no en el ámbito privado, sino que se volverá un asunto de cálculo público, expresado en la noción de población, que surge como “objeto de vigilancia, análisis, intervención, modificación” (Foucault, 1985, p.95). Esta transformación en el ejercicio del poder que se expresa en la medicalización, da cuenta de la aparición de la biopolítica, un poder que tiene como objeto la vida.

A nivel poblacional, el biopoder se ejerce sobre el cuerpo entendido como especie. La natalidad, la mortalidad, el nivel de salud, la longevidad, se volverán problemas prioritarios y sobre los que el Estado intervendrá a través de técnicas que mantengan, multipliquen, cuiden, regulen la vida; una de estas técnicas serán las vacunaciones.

La biopolítica en las sociedades capitalistas contemporáneas adquiere un carácter distinto, en el que el estado no es ya el único agente que regula los cuerpos y las poblaciones. La biopolítica es más bien una forma de gobierno, en el sentido de “llevar a comportarse”, de “conducir conductas”, no necesariamente en un enfrentamiento entre adversarios. Así, el ejercicio del biopoder no se da desde un agente plenamente identificable, como el Estado, o la institución médica, sino que se ejerce en forma de red, atravesando y constituyendo a los sujetos. El ejercicio de este tipo de poder, sin embargo, no se distribuye de manera igualitaria, hay sujetos sobre los que el biopoder se ejerce con mayor contundencia que otros, por ejemplo las/os niñas/os, las mujeres o quienes están en los márgenes sociales.

Por lo tanto, la medicalización no tiene que ver sólo con la invención de enfermedades o con una patologización y consecuente farmacologización de las conductas, sino con una expansión del poder médico hacia ámbitos no estrictamente médicos y en el que intervienen múltiples actores, como expertos médicos, empresas farmacéuticas, instituciones gubernamentales, no gubernamentales, instituciones de investigación, académicas, los medios de comunicación, etc. Además operan a través de la noción del riesgo y enfatizan la capacidad individual de los sujetos de decidir “tratar” su problema eligiendo dentro de las opciones que ofrece el mercado (Petersen, Alan y Deborah Lupton, 1996). Este nuevo panorama de la medicalización, que complejiza los planteamientos de Foucault ha sido definido por Batt y Lippman (2010) como “neomedicalización”.

Como algunas autoras feministas han demostrado, el cuerpo de las mujeres ha sido históricamente objeto de este proceso de medicalización (Hartley y Tiefer, 2003; Weitz, R, 2003). Condiciones y procesos “naturales” como el nacimiento, la menstruación, el ciclo hormonal, la menopausia; o formas del cuerpo que no coinciden con el ideal de belleza hegemónico (por ejemplo la forma de los labios vaginales) se han definido como problemas médicos, nombrándolos en términos de enfermedad, síndromes o desórdenes, para los cuales la industria farmacéutica siempre ofrece una solución.

A partir de lo anterior, propongo entender a la vacunación contra el VPH, como una medida biopolítica dirigida a los cuerpos de las niñas que puede tener un efecto medicalizador sobre su sexualidad, y que las constituye como sujetos de/en riesgo.

La vacunación contra el VPH y la medicalización de la sexualidad

Como he señalado antes, la vacuna contra el VPH ha detonado una disputa mundial en la que se involucran diversos agentes, pero en el centro de esta disputa están las niñas, sus cuerpos y su sexualidad futura. Este no es un tema inocuo, al contrario, es el punto en el que convergen la preocupación por el cuerpo y por la población. Pues “el sexo es, a un tiempo, acceso a la vida del cuerpo y a la vida de la especie. Es utilizado como matriz de las disciplinas y principio de las regulaciones” (Foucault, 2013, p.136). Es en los discursos sobre sexualidad en donde se expresa con claridad el régimen de saber poder en el que el punto central es que se habla al respecto; habrá entonces que analizar, “quiénes lo hacen, los lugares y puntos de vista desde donde se habla, las instituciones que a tal cosa incitan y que almacenan y difunden lo que se dice, en una palabra, el "hecho discursivo" global, la "puesta en discurso" del sexo y sus efectos” (Foucault, 2013, p.20)

Es en los discursos sobre la vacunación que podemos ver el efecto de medicalización de la sexualidad de las niñas, al establecer un vínculo entre el ejercicio de la sexualidad, el riesgo, el VPH, el cáncer y la muerte. Como he señalado antes, no todas las personas que tienen relaciones sexuales contraen VPH, y la mayoría de quienes sí lo contraen sanan espontáneamente, además el desarrollo del cáncer es lento y tratable si se identifica a tiempo, sin embargo todas estas características quedan ocultas en los discursos políticos, médicos, de los medios de comunicación que reproducen la idea de que el VPH es mortal y que la vacuna es “contra el cáncer”. De esta manera se vincula el ejercicio de la sexualidad con el riesgo, la enfermedad y la muerte. Algunos ejemplos:

El discurso del expresidente Felipe Calderón en el lanzamiento de la vacunación universal contra el VPH reproduce esa idea al afirmar:

“Es la primera vez que vamos a poner una vacuna contra el cáncer de manera masiva, y esta es una gran noticia para México” (3 de octubre 2012).

En el entramado discursivo sobre la vacunación, uno de los discursos que tiene más fuerza es el médico, que se presenta con un carácter de cientificidad, objetividad y neutralidad, y que se erige como autoridad socialmente legitimada para imponer parámetros de lo normal, lo anormal, lo correcto e incorrecto. Como han señalado algunos autores (Castro y Erviti, 2006; Menéndez, 1997), a partir del uso del lenguaje de la salud pública, el discurso médico impone una visión de moralidad, género y orden social sobre quienes reciben sus servicios. Y si bien en el proceso de medicalización el discurso médico es preponderante, requiere de otros discursos y prácticas para que lo legitimen, por ejemplo los centros de investigación, los laboratorios, las empresas farmacéuticas, funcionarios, medios de comunicación, etcétera.


Así, todos estos agentes que participan en torno a la vacunación construyen una idea de que las niñas, ahora de 9-11 años serán mujeres sexualmente activas a los 14-16 años, y deben protegerse o proteger al resto de la población (masculina) de infectarse de una ETS mortal; son constituidas como sujetos en/de riesgo. Se refuerza la idea de una sexualidad adolescente en términos de peligro, riesgo, compulsión, pues debe ser controlada y regulada. Además suele reproducirse el estereotipo de género que impone a las mujeres el cuidado, la responsabilidad (y la culpa) por la salud sexual.
Un ejemplo de esto último es lo dicho en entrevista por un epidemiólogo de la Secretaría de Salud de Michoacán, quien definió la trascendencia del problema del VPH en los siguientes términos:
“El VPH es un gran problema, porque la mayoría de las mujeres que tengan una vida sexual activa se infectarán [...] Con la vacuna evitamos que estas niñas cuando crezcan puedan morir de cáncer. Si no lo hacemos, ¿qué pasa? Por ejemplo, si yo me muero, pues mis hijos van estar tristes, pero si mi esposa muere la familia se desintegra. Las mamás son las encargadas de mantener a todos juntos, evitar que los niños se desvalaguen y caigan en drogas o cosas así”.
En el discurso de este médico podemos ver no sólo el vínculo entre sexualidad, VPH, cáncer y muerte, sino una idea normativa de los roles de género que asocia a las mujeres con la maternidad y la responsabilidad familiar. Así, justifica una medida de salud pública como la vacunación a partir de estereotipos de género y establece un vínculo entre sexualidad, VPH, cáncer y muerte.
Los medios de comunicación han formado parte de este entramado discursivo en torno a la vacunación; en programas de radio, de televisión, telenovelas o series se ha tratado el tema. Un ejemplo es el programa La Rosa de Guadalupe que dedica uno de sus episodios a promover la vacunación contra el VPH, pero al hacerlo impone una visión medicalizada, moralizante y normativa de la sexualidad. Esto es claro en la forma en que los personajes de la historia se refieren a ella, nunca se dice “tener sexo”, o “tener relaciones sexuales”, en cambio aparecen las expresiones “tener intimidad”, “meterse con alguien”, “ser de un hombre”, “entregarse”, “tener relaciones”. Estas expresiones claramente no son neutrales, son formas de callar, cargadas de un sentido particular, que refieren a una ideología y una manera de concebir la sexualidad y las relaciones. Imponen una idea normativa que valora positivamente las relaciones heterosexuales, con un solo hombre, con amor y que reproduzcan los roles tradicionales de género. Algunos ejemplos:
“Es lógico querer tener intimidad, tener relaciones con un hombre no se debe tomar a la ligera, pero si hay amor y decides entregarte, sólo te pido que lo hagan con responsabilidad y te cuides”.
“hay enfermedades de las que nos podemos contagiar en un acto tan bello como es entregarse por amor
En estos fragmentos de diálogos podemos ver cómo las expresiones que se usan para referirse a la sexualidad y a las relaciones entre hombres y mujeres están cargadas de un sentido normativo y moralizante. “Entregarse”, por ejemplo, reproduce una idea de que las mujeres se entregan, como si fueran un objeto, a un hombre que las recibe/posee. El acto de entregarse sólo es válido en un marco heteronormativo y romántico con un solo hombre. Cualquier expresión distinta se considera “andar de loca”, “de cama en cama”, “meterse con cualquiera”. Por lo tanto, una sexualidad responsable y saludable se entiende como aquella que se ejerce con amor y con un solo hombre, mientras que las que no se ajusten a ese marco se asocian con la irresponsabilidad y por lo tanto con la enfermedad y la muerte.

En estos ejemplos vemos cómo en diferentes discursos que se articulan en torno a la vacunación, se refleja el proceso de medicalización de la sexualidad al asociarla siempre con el riesgo de enfermar y morir de cáncer.


Podemos decir, con Diego Armus que históricamente “la lucha contra las enfermedades venéreas aparece como un recurso para construir implícita o explícitamente una población más permeable a los intereses de una cierta biopolítica que postula frente a los imperativos del sexo, el autocontrol y la asunción racional y consciente de las responsabilidades biológicas” (Armus, 2000, p.54).

Conclusiones
Una mirada socioantropológica sobre la vacunación contra el VPH más que posicionarnos a favor o en contra, nos permite analizarla en sus efectos y formas de poder. Como hemos visto, las intervenciones sobre la salud operan con un lenguaje científico, objetivo, neutral, que con Foucault y otros autores se pone en cuestión y se revela su dimensión política.

En el debate sobre la vacunación hay actores que se erigen como autoridades especialistas en el tema y que imponen una visión de la sexualidad como vinculada con la enfermedad, el riesgo y la muerte. Históricamente los discursos y discusiones sobre sexualidad, salud, enfermedad, y en particular sobre los cuerpos, salud y sexualidad de las mujeres en el fondo son discusiones sobre moralidad y orden social; imponen también una forma de concebir el género. Considero pues de gran utilidad una perspectiva como la que ofrece Foucault y las críticas feministas para desmontar y analizar a profundidad la política de vacunación y sus efectos sobre los cuerpos y vidas de las niñas, adolescentes y mujeres. Una mirada que permita desmontar la medicalización de la sexualidad y acercarnos a una forma de comprensión y experiencia de la sexualidad como un espacio de placer, libertad y autoconocimiento.


Bibliografía

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D’Hauwers, K; Gadeta, A., Dondersb, W, Tjalma. (2013). Impact of medical education on knowledge and attitudes regarding the human papilloma virus and vaccination: Comparison before and 6 years after the introduction of the vaccines. En Vaccine 31 (pp. 5843– 5847).

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(1999) Crisis de la medicina o crisis de la antimedicina?. En Estrategias de poder. Obras esenciales, Vol. II. España: Paidós.

(1999b) Nacimiento de la medicina social. En Estrategias de poder. Obras esenciales, Vol. II. España: Paidós.

(1996) Historia de la medicalizació. En La vida de los hombres infames. Argentina: Altamira.

(1985) La política de la salud en el s. XVIII. En Saber y Verdad. Madrid: Ediciones de La Piqueta.

Hartley, H., y Tiefer, L. (2003). Taking a biological turn: The push for a “female Viagra” and the medicalization of women´s sexual problems. En Women´s Studies Quarterly, 31 (1/2), 42.54.


Menéndez, Eduardo (1997) Antropología médica: espacios propios, campos de nadie. En Nueva Antropología, núm. 51 (pp. 83-104).

Petersen, Alan y Deborah Lupton (1996). The New Public Health. Health and the self in the age of risk. Sidney: SAGE Publications.

Piñeros, Marion, Carolina Wiesner, Claudia Cortés, Lina María Trujillo (2010) HPV vaccine introduction at the local level in a developing country: attitudes and criteria among key actors. En Cadernos de Saúde Pública, Rio de Janeiro, 26(5):900-908.
Weitz, R. (2003) The politics of women´s bodies: Sexuality, appearance, and behavior. Oxford, England: Oxford University Press.
Wilson, Sue (2011) A false sense of security’? Understanding the role of the HPV vaccine on future cervical screening behaviour: a qualitative study of UK parents and girls of vaccination age. En Journal of Medical Screening 2011; 18: 41–45.



1 El caso de las niñas colombianas ha adquirido grandes dimensiones, a raiz de lo cual este año descendió en un 58% la cobertura de la vacuna http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/salud/vacuna-contra-el-papiloma-humano-cayo-58-puntos-porcentuales/15246061). Asociación española de mujeres afectadas por la vacuna (http://inicio.aavp.es)

2 El 40% de los padres niegan la aplicación de la vacuna contra el VPH a sus hijas, La Jornada Michoacán, 15 de noviembre, 2013 http://www.lajornadamichoacan.com.mx/2013/11/15/el-40-de-los-padres-niegan-la-aplicacion-de-lavacuna-contra-el-vph-a-sus-hijas/

Nobel decepcionado de mala cobertura en vacunación vs VPH, Milenio, 28 de febrero, 2014 http://www.milenio.com/region/Califican-cobertura-vacunacion-VPH-Jalisco_0_253774899.html




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