Tres tristes tigres



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y olvídate de las flores,

de las hoces y las coles:

no estás en la carretera,

sino en casa de Tenorio

donde hay ya su buen jolgorio

celebrando tu velorio

con un juego de abalorios.

TROTSKY: ¿Müerto yo?

MORNARD: Sí, pues mi hacha te mató

y al que doy por muerto yo

¡no lo salva ni Paré (Ambrosio)!

TROTSKY: ¡Ay, qué imbroglio!

¿Y no hay vida en la otra vida?

Mira que no he completado

de Stalin la biografida.

MORNARD: Lo siento viejo León,

Lion, Löwe, Leone, Lev

Davidovich Trotsky né

Bronstein. Estás como Napoleón,

Lenín, Enjels, Carlomar.

Estás más muerto que el Zar:

Kaputt tot, dead, difunto

mandado pal otro mundo,

ñampiado, mort, morto profundo.

Diste la patada al cubo.

TROTSKY: ¿Y quién habla, macanudo?

MORNARD: Tú. Es decir, tu in-cubo.

TROTSKY: ¿Y esa luz?

MORNARD: Es un sirio funerario.

TROTSKY: ¿Y esta voz?

MORNARD: Es un turco literario.

TROTSKY: ¿Sirio? ¿Turco?

¿De qué hablas, insensato?

MORNARD: Bueno, cirio, truco.

(¡Este viejo literato!)

VOZ: Haciendo tu biografía

teniendo tan pocos datos

no esperes ortografía.

TROTSKY: ¿Y este otro interlocutor?

MORNARD: Isaaac Deustcher, el doctor.

TROTSKY: Por favor, que no entre,

que me müero.

Me muero, sí. Es mejor

morirse de cuerpo entero

que quedar para profeta

sin greyes ni escopeta

y en la testa un agujero.

¡Müërö!

(Muere al darle una zapateta)



CORO (Deustcher, Julián Gorkin y Gambetta,

que ha venido por la rima y el entierro):

A llorar a Papá Montero!

Zumba, canalla rumbero!

Ese Trotsky fue un socialero.

Zumba, canalla rumbero!

A Pepe le dio con el cuero.

Zumba, canalla rumbero!

Y Yugaz vil le hizo un agujero.

¡Zumba, canalla, rumbero!

(Exeunt all except Hamlet)

HAMLET (en realidad es Stalin con peluca rubia,

calzas, jubón y en sus manos un bogey bear u oso ruso):

Ah, si este sólido Trotsky

pudiera derretirse, fundirse

y luego convenirse en Rocío...

Perdón, en rocío.

(Entonando de nuevo)

Cuan vanas, vacías, ostentosas e inútiles

se muestran a mi vista las prácticas todas

de Malthus...

(Con hastío)

¿No habrá otra manera de librarse de ese canalla, traidor, infame, etc., sin disfrazarse ni tener que recitar tales sandeces?

En ese momento, como si fuera Venabente y no Shawkspear se oye lejana primero y luego cercana, o al revés, la voz de Molotov que grita:

¡Extra! ¡Extra! MORNARD MATA TROTSKY ¡Extra! ¡Fotografía y detalles! ¡Vaya! ¡Cómo lo mató! ¡Llévalo! ¡Extra! ¡Extra!!!

La voz es ronca y africana pero Stalin la reconoce como Molotov y no como Bebo el newsvendor de Ventitrés y Doce. Se quita el disfraz (Stalin, no Bebo ni Molotov ni mucho menos, Trotsky) y se va corriendo, contento, desnudo, por los pasillos del Kremlin. A lo lejos salta en sus pies descalzos: alguien regó puntillas. Se oyen sus gritos de:

¡Kamenev! ¡Zinoviev! ¡¡Rykov!!

(Son las peores palabras que hay en ruso después de Trotsky) y luego:

¡Centro Paralelo Unificado con Clavos!

¡Una purga! ¡Una purga! ¡¡Una purga!!

De una puerta sale Lady Macbeth (la del distrito de Msknz) frotándose las manos (hace frío) y caminando dormida. Sobre la cabeza sostiene un pomo con aceite de ricino y un moño eslavo. Deja de frotarse las manos (hace menos frío), saca del busto las obras completas de Marx, Engels y Lenin, una lupa y una cuchara. Pone los libros en el piso, con la lupa y el sol de medianoche ruso logra hacer fuego sobre ellos y calienta el aceite de ricino. Luego trata, inútilmente, de dar una cucharada del purgante a Stalin, que forcejea, patalea, se suelta y sigue corriendo Kremlin abajo, gritando nuevas malas palabras que un amanuense a su lado inscribe en un tratado de lingüística. Al tumulto salen de puertas, pasillos, paredes y uno que otro closet la sombra de Lunacharsky a quien la sombra de Radek a su lado va diciéndole «Lupanarsky, Lupanarsky», mientras cuenta a las sombras de Arnold y Piatakov (del otro lado) un chiste contrarrevolucionario.

«¡Socialismo en un solo país! ¡Dentro de poco tendremos socialismo en una sola calle!»

Piatakov y Arnold ríen, pero la sombra de Bujarin, que desde detrás los alcanza, advierte:

«¡Recuerda, Radek, que ya ese chistecito te costó la vida una vez!»

Arnold, Piatakov y otras sombras menores desaparecen discretamente del lado de Radek, que sigue imperturbable haciendo chistes infrarrojos, solo, al tiempo que vuelve la cabeza de tanto en tanto para gritar: «¡Lupanarsky!» sobre su hombro, que no se inmuta (su hombro no Lupanarsky, que se va corriendo, corrido).

En menos tiempo de lo que toma pronunciar Stajanoviskii rabótimu politískaya los pasillos del Kremlin se pueblan con decenas, miles, millones (unos cien) de fantasmas políticos. Por sobre las sombras se oyen las malas palabras (ahora en georgiano) y las quejas de Yugazbilly the Kid en Interprol, el idioma del internacionalismo proletario:

«¡Quisiera que el trotskysmo tuviera una sola cabeza!»

«¡Mi premierato por un caballo pálido!»

«¡Libertad, cuántos tangos se cometen en tu nombre!»

«¡Etcétera!»

CORO (Aragón, Eluard, Siqueiros, Sholojov y Brecht acompañan a Guillén):

¡Stalin!


¡Gran Capitán!

Que te proteja Xangó y te cuide Jemajá.

¡Cómo no!

¡Esto lo digo yo!



La voz de Arsenio Cué en la realidad de la cinta o de la parodia grita, clarito, Mierda eso no es Guillén ni un carajo y se oye la voz de Silvestre, la voz de Rine Leal, fantasmal, al fondo, y mi propia voz que se superponen, pero la voz de Bustrófedon no se oye más y eso fue todo lo que escribió Bustrófedon si a esto se le puede llamar escribir aunque si Orígenes (contribución de Silvestre) y Earl Stanley Gardner (modestamente, mía) veinte siglos después lo hacían ¿por qué no él? Pero no creo que tuviera la intención de escribir (énfasis de Arsenio Cué) así como así sino de dar una lección al propio Cué por su negativa a escribir una línea a pesar de toda la insistencia de este mundo de Silvestre y al mismo tiempo enseñarle a S. que C. no tendría razón pero él tampoco y que la literatura no tiene más importancia que la conversación y que ninguna de las dos tiene mayor importancia y que ser escritor es lo mismo que ser vendedor de periódicos o periodiquero como decía B. y que no hay por qué darse aires/seria, después de todo o antes que nada. Aunque Bustrófedon dijo bien claro esa y otras veces que la única literatura posible estaba escrita en los muros (coñando mientras acuñando) y cuando Silvestre dijo que él lo había dicho ya, que lo había escrito antes en una viñeta (así dijo y B. lo coñeó feroz con la diferencia y el parecido que puede y debe haber entre viñeta y puñeta y vil lata y veleta) Bustrófedon dijo que él se refería a la de los muros de los servicios públicos, lavatorios, retretes, inodoros o escusados y recitó trozos escogidos entre las heces (palabras, por supuesto, de Antonio Cué) como aquello de Doy por el culo a domicilio Si traen caballo salgo al campo o En este lugar sagrado Donde acude tanta gente Hace fuerza el más cobarde Y se caga el más valiente o los sellitos impresos, sueltos y microscópicos que prometían curar gonorrea, blenorragia, sífilis AUNQUE TENGA VEINTE AÑOS, que parece ser una edad mortal para cogerlas y después aseguraba Discreción Cura inmediata y total Si no devolvemos su dinero o los avisos Contra la impotencia Testivital o los de Falta de Virilidad? Impotencia? Momosexualidad? Visite el Instituto de Sexología del Dr Arce —Métodos Científicos y Modernos— GARANTIZAMOS CURAS y después de esta blasfemia el colofón escrito a mano. La otra, decía ahora B., la otra literatura hay que escribirla en el aire, queriendo decir que había que hacerla hablando, digo yo, o si quieres alguna clase de posteridad, decía, las grabas, así, y luego la borras, así (haciendo las dos cosas ese día, menos con las muestras pasadas) y todos contentos. ¿Todos? Yo no sé. Solamente sé que el resto de la cinta está ocupado por canciones populares, tangos (cantados por Rine), ruidos de bongó sobre una mesa (Eribó, ¿quién si no?) y discusiones de Silvestre y Arsenio Cué y, recitados, pedazos de Novelas de las Nueve y de la Una o de la Gran Novela del Aire (ábrense las páginas sonoras del picuísmo en el aire para hacer sufrir a ustedes la cursilería y la bazofia en cada ridículo) y ruidos que son lo que fuimos nosotros de Bustrófedon. Al menos, Cué dice autorizadamente que esas frituras, cremaciones, herbores se llaman ruidos parásitos. No escribió, de veras, más nada, Bustrófedon, si descontamos las memorias que dejó bajo la cama con un orinal como pisapapeles. Silvestre me las regaló y aquí van, sin quitar punto ni coma. Creo que de alguna manera (para hablar como S.) son importantes.

ALGUNAS REVELACIONES



¿Y sus Geometrías del Espíritu en que una espiral que termina en flecha es la muestra de una pesadilla geométrica, en muchas flechas, en vectores que uno debe recorrer siempre hacia el centro, compulsiva y convulsivamente, como un forzado, mientras la línea de voluta se aleja cada vez más bajo los pies, como una hélice? ¿Y su muestra de felicidad geométrica: un círculo, una esfera bruñida, o mejor: una bola de cristal, y su muestra de estupidez serena: el cuadrado, y de solidez primitiva y móvil (un rinoceronte geométrico, decía él), que es el trapecio, y de obsesión: una espiral simple, y de neurosis, una espiral doble, y de

brevedad: el punto

continuación: la línea

orígenes: el ovoide

fidelidad: la elipse

psicosis: los círculos excéntricos?

¿Y proponer en cuanto amanezca que la Unesco se llame la Ionesco? Presidente: Marx, Groucho. Secretario de actas: Raymond Queneau. Vocales: Harpo Marx (o su estatua), Tintán, Dick Tracy y el nuevo presidente de Viscose, Mr. A. S. Flex. ¿Y la Tragicomedia de AA, como él la llamaba, de cuando Antonín Artaud tuvo su apoteosis en México, que fue al Tenhampa o a Guadalajara de Noche y el mariachi indiferente saludaba a cada cliente y amenizaba la velada, y uno del grupo, Emprendedor Noriega, dijo al del guitarrón, Acá el cuate ido es el gran poeta francés Antonín Artaud, y cuando se reunió el mariachero con los suyos, Noriega gritó: Zúmbale un corrido de Jalisco, mano, ¡pero de los mero-mero!, y el músicastro (de apellido Castro, por cierto) calándose el sombrero alón y tusándose los bigotazos zapatistas, anunció a grito pelado por las veces y las voces y el tequila, Esta pieza damas y caballeros tenemos el gusto de dedicarla al gran poeta francés aquí entre nos esta noche que nos honra con su presencia: ¡EL GRAN TOTONAN TOTO!, para terminar diciendo que Groucho Marx y Quevedo y Perelman se parecían tanto que tenían que ser personas diferentes? ¿Y?

LOS PRO-Y-CONTRA NOMBRES

Bailarines

Alicia Markova

Berta Lante

Dix Entrechat

Jack Framboise

Vaslav Vijinsky

Sue-Anne Lake

Vichinsky

Frais d'Astair

Marx Platoff

La Pasionaria

La Stampa

Guy d'Humour

Jules Supermansky

Hilda Capo

Mijail Strogonoff

La Boyassianna

Alicia Alonsova

Lubov Vahina

Ursslanova

Shirt Villeya

Pat Dedeux

First Willaya

Alissa Mialcova

Joe Lemon

Ruth de Loukin-Glass

James Cagney

La Sfida

Lea Coppelia

Autores de opelatas

Strauss & Strauss & Strauss

Vincent Yahooman

Rodgers & Hart

George Gehrswing

Rodgers & Hammerstein

Call Porter!

Rodgers & Rodgers

Dmitri Pumpkin

Rogers & Trigger

Jerome Kern Jerome

Lerner & Loewe

RCA Victor Herbert

Leopold & Loeb

Irving West-Berlin

Rosencrantz & Guildenstern

Silver Gullivant

Boyassian & Mamassian

Tambla Motown

Tinkers & Evers (& Chance)

David Ricardo

Hebert Tomahwák

Manfoot LeRoy

Barry Gone

Morron Salisbury

Barry Gone

Owen O. Sessamy

Bully Makeshaft

Caulme Ishmael

Brian Gandoole

Barron Floor

Shever Linconlbite

Nails Hardener

S. S. Pequod

Fay Sallary

Shirley Boyassian

Richard Moby

Anna Coluthon

Filósofos más Ilustrados

Senón de Lea

San Agustín

Aristócrates

San Anselmo

Aristóteles Sócrates Onassis

Sam Clemens

Empéinocles del Grajiento

S. Boyasian-Mamasian

Antípaster

Martin Luther King

Presócrates

Elcmeón de Cretona

Ludwig Offenbach

Metro d'Or de Kyos

Luftwaffe Feuer-Bang

Scotland Yard

Alice Whimper

Cratino

Thane E Glamis



Cretilo

José Bálsamo de Séneca

Platón

Martin Bormann



Plotino

Groucho Marx

Platino

Joe Jacobs



Martín Honegger

Giordano Brulé

Des Carter

Dele Carnegie

Alain Delonius

Victor Mature

Ortega und Gasset

Fauto Tomás

Unámonos

Músicos más Sonados

Gesualdo

Laurence da Rabbia

Parmegianni

Arrigo Coito

Czernyk

Luigi Denza



Wanter Pistol

J. Navarra

Cecilia Chorus van Antwerp

C. Bakaleinikoff

Macho Villabolos

Doremy Fazoll

Mitza Brevis

Roux d'Omphale

Artur Bliss

Dea Zauberflote

Efrem Timbalist

Moritz Rebel

De Tartini (creador del Bourré)

Ruggiero Felis Equus

Igor Stavisky

AramCaridad (Cacha) Turian

Aaron Coppeliand

S. B. Mamasian

Karl Albrechtberger

Sam Louis Blue

Barbra Celarem

Darii Miló

Pintaurus

Michelangelo Antonini

Paul Gauquinn

Leon-arda Vincittore

Edgas

Le Murillo



Mizarro

El Grotto

Purillo

Picabbio


Uccillo

Lenin Riefenstahlin

Sophonisba Angusciola

Vincent Bon Gog

Gioya

Indecibles



Menasha Trois (en Canadá)

Jay Manfoot (en Francia)

Shiram Boyasian Mamasian (en Cuba)

Mere d'Alore (en Francia)

Felo Bergaza (en México)

Lucille Ball (en Harvard)

A. Lecocq-Tieser (en USA)

Cuca Valiente (en Venezuela)

Ernest K. Gann (en España, en Cuba en México, en Argentina)

Concha Espina (en Uruguay)

Dmitri Tiomkin (en Tanglewood)

Chao Ping-ah (en Cuba)

Concha Piquer (en Uruguay)

Shiram Boyasian Mamasian (en Cuba)

Nora Condom (en Cuba, en España, en USA)

Giovanni Verga (en México)

Walter Piston (en URSS)

Shiram Boyasian Mamasiam (en Cuba

W. C. Johns (en USA)

Lev Dadidovich Bronstein (en URSS)

¿Y lo que él y Silvestre llamaban El Reparto, con mil nombres de actores improdnunciables, inrrecordables? AH: PERO NO: pero no: es demasiado, realmente. Y pensar. Dios mío, que todo eso, todo, y lo demás se murió allí en el coreógrafo, en el megáfono, en el quirófano, donde dejó de existir (¿y de ser, y de pensar, y de hacer sombra?) el Gran Totonán Totó, Dalai, The Mostest, y el médico, ese vampiro, se quedó con las ganas de saber qué pasaría cuando devolviera lo que quedara de él a los demás, a los buitres prójimos, al siglo, como un doctor Frankenstein al revés. Pero (pero: esa palabra, pero, siempre termina por entrometerse) luego en la autopsia, en la carnicería (porque hasta estuvo sobre una mesa de mármol), en el cuarto oscuro de las revelaciones, allí, el médico supo que tenía su razón práctica, que su prognosis (o proboscis) pedante estaba en lo cierto y eso fue todo lo que supo el muy cabrón. Yo, este anónimo escriba de jeroglíficos actuales, podría decirles más, decirles por ejemplo una última cosa ni derecho tengo no ya) El a abrió lo él :nombre su en a pronunciar su nombre) y Lo miró y Lo cerró y no vio él ,nunca pero ,nunca supo nunca porque — nada pero que tenía sobre la mesa de operaciones, finalmente,

final punto coser de máquina la y paraguas el

Octava


Soñé que era una lombriz de la tierra, rosada, y que iba a visitar a mi madre a la casa de la calle Empedrado y que subía las escaleras, pero yo caminaba así de pie, como camino y nadie se asombraba. Subía las escaleras y aunque era de día estaba muy oscuro y en un descanso de la escalera había un gusano negro, que me violó. Después yo estaba en medio del río sobre una piedra con mis gusanitos y todos eran rosados como yo, menos un gusanito que tenía unas manchas negras y que era el que siempre estaba más pegado a mí. Entonces yo con mi cola lo empujaba a él y él regresaba y yo lo volvía a empujar. Yo quería apartarlo de los otros gusanitos y él me miraba con una cara de lástima, pero mientras más cara de pena ponía más rabia me daba. De pronto le di un empujón y lo tiré al agua.

ELLA CANTABA BOLEROS



¿La vida es un caos concéntrico? No sé, yo solamente sé que mi vida era un caos nocturno con un solo centro que era Las Vegas y en el centro del centro un vaso con ron y agua o ron y hielo o ron y soda y allí estaba desde las doce, que llegué cuando se acababa el primer show y este maestro de ceremonias despedía al público amable y distinguido, mientras lo invitaba a quedarse para el segundo y último show de la noche y la orquesta estaba tocando el tema musical con un aire de fanfarria nostálgica, de charanga de circo que cambia el umpa-pa por un dos por cuatro o por un seis por ocho, de banda rítmica que ensaya una melodía: ese sonido de orquesta de cabaré malo cubano que quiere parecer Kostelanetz a todo trance y que deprime más que saber que ya estoy hablando como Cué y como Eribó y como los otros seis millones de habitantes de esta isla de músicos solistas que se llama Cuba y como estaba frotando el vaso con la mano y al pensar pronunciaba el nombre ese hombrecito sobrio que habla bajo dentro de mí para que nadie más que yo lo oiga decir que estoy perdiendo pie y como este genio dentro de la botella que soy yo decía bajito Cuba, ella se apareció y me saludó alegremente diciendo, Buenas querido y dándome un beso donde la mejilla comienza a hacerse nuca y miré para el espejo parapetado tras la muralla de botellas y vi a Cuba, entera, como está, más alta y más bella y más puta que nunca sonriéndome y me viré y la cogí por la cintura, Quiay Cuba linda, le dije y le dije ricura y la besé en los labios y ella me besó y me dijo, Bien bien bien y no sabía si se refería a los besos que aprobaba con el sentido crítico que da el conocimiento íntimo o si me decía que estaba bien de la salud del alma, como diría Alex Bayer, porque de la salud del cuerpo se veía bien saludable o si simplemente estaba celebrando la noche y el encuentro.

Me bajé y fuimos a una mesa no sin antes ella pedirme una moneda para poner en el tocadiscos que ya estaba encendido qué otra cosa sino Añorado encuentro que es su primer tema musical como el de la orquesta asesina de ritmo y melodía del cabaré es The music is round'n' round, y nos sentamos. Qué haces por aquí tan temprano, le pregunté y ella me dijo, No sabes que ahora canto en el Mil Novecientos, de primerísima figura querido y no importa lo que digan lo que importa es lo que pagan y ya me estaba cansando de verdad del Sierra, y aquí estoy en el centro de todo y me escapo acá o al San Yon o a la Gruta o donde me da la gana entre show y show y es eso lo que estoy haciendo ahora, yonderstán? Sí sí comprendo, Cuba tú eres el centro de mi caos ahora pensé y no se lo dije pero lo supo porque le estaba cogiendo un seno allí en la oscuridad ultravioleta donde las camisas se ven como las sábanas de un fantasma pálido y las caras o se ven moradas o no se ven o se ven como de cera, depende del color y de la raza y de los tragos y donde la gente se escurre de una mesa a otra y se ven atravesar la pista de baile ahora desierta y estar en un sitio y luego estar en otro y en un sitio y en otro hacer lo mismo que es hacerse el amor, matarse mejor dicho que es mucho mejor palabra porque va uno matando el amor en cada mate hasta que no queda más que el sexo y estos movimientos ladeados de una mesa a otra mesa en donde uno cambia de compañía pero no de trabajo y de pronto pensé que estábamos dentro de un acuario, todos, yo también que parecía, que me creía, que me daba el lujo de pensar que eran los otros los peces del acuario y ahora éramos todos peces de un golpe y decidí sumergirme en la garganta de Cuba entre sus senos que salían solos de la blusa bajo el sobaco sin afeitar con arte aprendido de Silvana Mangano creo o de Sofía Loren o de cualquiera otra artista de cine italiano y allí estuve nadando, buceando, viviendo mi vida y pensé que era el comandante Cousteau de las aguas nocturnas.

Y entonces levanté la vista y vi un pez enorme, un galeón que navegaba sumergido, un submarino de carne que se paró antes de chocar con mi mesa y hundirla hacia la superficie. Hola nene dijo la voz y era grave y severa y tan náufraga en ron como la mía. Era La Estrella y me acordé de cuando Vítor Perla, que en paz descanse, no no se murió sino que el médico le mandó que se acostara temprano o no se iba a levantar más un día, me acordé porque él sabía bien cuando dijo que La Estrella era la Ballena Negra y pensé que una noche se le apareció así como a mí ahora, y le dije, Quiay Estrella y no sé si se me fue o lo dije, la cosa es que ella se tambaleó, puso una de sus manos como un mantel sobre la mesa, cogió equilibrio de nuevo y me dijo, como siempre, La La La y por un momento pensé que estaba afinando la tuba de su pecho pero era que me enmendaba la plana y yo dije siempre condescendiente, Sí La Estrella y ella se rió con una carcajada que paró todos los escurrimientos de mesa a mesa y creo que detuvo la ronda del tocadiscos arriba y cuando se cansó de reírse se fue y debo decir que ni ella ni Cuba cambiaron una sola palabra porque no se hablaban, supongo que sea que un cantante que canta sin música jamás le habla a otra que su canto es todo música o más música que canto y con perdón de sus amigos que son también mis amigos Cuba me recuerda a Olga Guillotina, que es la cantante cubana que gusta más a esa gente que le gustan las flores artificiales y los vestidos de raso y los muebles tapizados en nylon: a mí me gusta Cuba por otras razones que no son su voz que no son su voz que no son su voz precisamente, que se pueden tocar y se pueden oler y se pueden mirar, cosa que no se puede hacer con una voz o tal vez solamente con una voz, con la voz de La Estrella, que es la voz que la naturaleza, en broma, conserva en la excrecencia de su estuche de carne y grasa y agua. ¿Soy todavía injusto, Alex Bayer alias Alexis Smith?

Ahora la orquesta estaba tocando para bailar y yo estaba dando vueltas que eran tumbos a ritmo y la voz que estaba en mis brazos me decía entre risitas, Estás del otro lado y la miré fijamente y vi que era Irmita y me pregunté a dónde habría ido a dar Cuba pero no me pregunté cómo estaba bailando con Irenita, I-re-ni-ta, se llama Irenita, Irena si ése es su nombre y no un alias porque estoy como Suiza rodeado de potencias aliadas y era Irenita que me decía, Te tas cayendo y era verdad, lo comprobé en el momento en que yo mismo me decía, Salió debajo de la mesa, sí, de ahí salió porque estuvo siempre debajo de la mesa donde cabe bien ¿pero cabe? no es tan chiquita y no sé por qué creí que era tan chiquita, porque me da por el hombro y tiene un cuerpo perfecto, quizás sus muslos o lo que se ve de sus muslos no sean tan perfectos como sus dientes o lo que se ve de sus dientes y espero que no me invite a reírnos juntos porque no tengo ganas de ver sus muslos tan atrás como vi sus dientes, cuando se reía que me enseñaba el hueco de la muela sacada, pero tenía el cuerpo más bonito y más proporcionado que he visto y una cara de gozadora y su cara era el espejo del cuerpo y me olvidé de Cuba, total completa absolutamente. Pero no me pude olvidar de La Estrella porque se armó un gran alboroto al fondo, es decir en la entrada del club y la gente corría para allá y nosotros corrimos también. En el sofá que está cerca de la entrada, junto a la puerta, en el lado más oscuro había una sombra oscura enorme agitándose y rugiendo y cayéndose al suelo y la gente levantando parejo para dejarla de nuevo en el sofá y era La Estrella que estaba borracha perdida y tenía un ataque de llanto y de gritos y de rabia y yo me acerqué a ella y tropecé con uno de sus zapatos sueltos en el piso y caí sobre ella y me vio y me cogió entre sus columnas dóricas y me apretó contra ella y me decía y lloraba y me abrazaba diciendo, Ay negro qué dolor qué dolor y yo creía que le dolía algo en el cuerpo y se lo pregunté y repitió qué dolor qué dolor y le pregunté que por qué el dolor y me dijo, Ay chino se me murió se me murió y lloraba y no decía qué cosa o quién se le había muerto y me solté y entonces gritó, Mi hijito y repitió muchas veces mi hijito y dijo finalmente, Se me murió y cayó al piso y se quedó desmayada o muerta en el piso pero no estaba más que dormida porque empezó a roncar tan fuerte como gritaba y me separé del grupo que siguió allí tratando de levantarla al sofá y alcancé la puerta con la mano y salí.



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