Tradicionalmente buenos



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JESÚS ANTE UN GAY. Juan de Dios Regordán Domínguez

Parece que existe en ciertos círculos, ” tradicionalmente buenos”, como una mentalidad y una actitud negativa, de miedo y de desprecio, frente a las realidades temporales y las relaciones humanas. Los grandes problemas de la humanidad: el hambre, la guerra, los países subdesarrollados, las discriminaciones sociales, no son objeto, para ellos, de demasiado interés. La persona cuenta muy poco para ellos. Sin embargo, suelen escandalizarse con lo que ellos llaman “perversiones sexuales”.
La homosexualidad hay que abordarla, comprenderla y aceptarla desde una dimensión humana. Esta realidad no es un hecho aislado ya que, según estudios sociológicos, alrededor de un diez por ciento de la población total es homosexual.

Ante esto cabe una reflexión serena: puede ser gay o lesbiana nuestro alumno, un amigo, alguien de nuestro grupo, el hijo de un amigo nuestro o incluso alguno de nuestros hijos. Tal vez tengamos a nuestro alrededor adolescentes que sufren el problema y no estemos receptivos.



Sabemos que, dentro de comunidades cristianas, gays y lesbianas han sufrido una doble marginación: la de los homosexuales no cristianos y la del resto de cristianos. Por desgracia se suele dar más valor al peso de la ley que al mandamiento del amor. Conviene recordar la actitud de Jesús que manifiesta una gran comprensión por las personas. Jesús admira la fe del Centurión (Mt.8,5-11 y Lc.7,1-10). Este centurión romano, a través de otros y él mismo directamente, pidió ayuda a Jesús porque su joven siervo al que amaba mucho estaba enfermo. El terapeuta y exégeta John Mc.Naill, entre otros, al hacer la exégesis de este pasaje bíblico, apoyándose en las palabras originales usadas en griego, el contexto de la escena y las costumbres romanas del imperio para los militares, nos dice que Jesús sabía que el centurión era gay y que aquel joven para el que pedía su curación era su pareja.

Jesús no lo juzgó ni lo condenó sino que le dijo: ” Yo iré y le curaré. Y respondiendo el centurión, dijo: yo no soy digno de que entres bajo mi techo; di sólo una palabra y mi siervo será curado. Porque yo soy un subordinado, pero bajo mí tengo soldados, y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace. Oyéndole Jesús, se maravilló y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en nadie de Israel he hallado tanta fe”. (Mt.8,7-11). Tal vez convenga recordar que las palabras que usó este centurión gay son las mismas que los católicos decimos al acercarnos a recibir la comunión…


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