Seminario de Tesis



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El cuerpo travesti. Expresión de la lucha por la diversidad

En un mundo de gusanos hay que tener coraje para ser mariposa

CORDO, Julia Azul azulcordo@gmail.com

CORNELI COLOMBATTO, Bárbara bcorneli84@gmail.com

Nuestra pregunta de investigación tiene que ver con cómo el cuerpo de las travestis fue cobrando visibilidad como expresión de su lucha como comunidad en manifestaciones y espacios públicos. Así como su uso en performances, como bandera y como provocación para defender y reivindicar los derechos de la diversidad sexual.

La elección del tema surgió para enriquecer nuestra práctica profesional con una perspectiva de género. Al acercarnos a las implicancias de este término supimos de la existencia de diversas organizaciones de minorías sexuales, con fuertes influencias de las distintas corrientes del pensamiento feminista.

En un recorrido por las conceptualizaciones de las diversidades sexuales, el cuerpo aparecía como un territorio de expresión de sus problemáticas, de sus decisiones, de su construcción de identidad. El cuerpo es, entonces, una herramienta de comunicación.

El cuerpo travesti era el referente empírico emblemático para nosotras, pues encarna interrogantes, exposición, visibilidad. El cuerpo travesti encarna la lucha de la comunidad trans y pone en cuestionamiento categorías de género que ya habían provocado revuelo tras la escisión sexo / género que proponía el feminismo y rompía los parámetros binarios femenino/masculino.

A la multiplicidad de géneros, se impusieron en el escenario público las travestis, con sus gestos y corporalidades como expresión de sus subjetividades. Su lucha abre un frente en el escenario sociopolítico para dar lugar en la disputa de poder a las diversas identidades de género. Con sus participaciones, sus resignificaciones de prácticas como actores sociales y sus discursos comunicacionales, a través de la visibilización de sus cuerpos, crean nuevos sentidos sociales.

Consideramos importante insertar la investigación en el escenario latinoamericano. Esto implica dar cuenta de necesidades propias de estas latitudes; es decir, otro tipo de opresiones que no figuran en textos clásicos del feminismo estadounidense, creados en otra coyuntura, trayectoria e historicidad.

Al sostener que los cuerpos comunican y sabiendo que los cuerpos travestis están insertos en nuestra cultura, consideramos que son la herramienta más concreta y tangible desde la cual se expresa esta comunidad.

“En la intersección del cuerpo y la subjetividad existe una condensación de sentidos generados por la participación de los sujetos en una cultura del flujo y el movimiento. Las nuevas formas de asumir el cuerpo o la emergencia de subjetividades sociales no se gestan en el vacío contextual, se materializan en el devenir de la sociedad, donde los sujetos se constituyen desplegando sus prácticas corporales y de subjetivación interactuando con otros”1.

Las travestis construyen sus subjetividades desde hace más de veinte años, como una comunidad que se organiza y aúna fuerzas para reivindicarse como sujetas de derecho. Estas nuevas subjetividades trascienden a las travestis y cada vez más se vuelven sentidos comunes compartidos por otros actores sociales, organismos y agrupaciones.

La importancia que tiene su presencia, sus ideas, sus discusiones y sus rupturas de discursos y de prácticas hegemónicas, se plasman en sus conceptualizaciones de sexo/género y en nuevos términos como “transgénero”; así como en definiciones del tipo “más que un ser somos un proceso”2.

En las últimas dos décadas se constituyeron las principales asociaciones y agrupaciones de travestis que nuclear a las representantes de la comunidad. En 1991 se forma la primera asociación que lleva el nombre de Asociación de Travestis Argentina (ATA). Con esta organización se incorporan por primera vez a la Marcha del Orgullo Gay Lésbico en su tercera edición. “Aquí se dio nuestra primera lucha por la visibilización. (…) la participación travesti en la marcha fue no sólo numéricamente mayor a la de otros grupos, nuestra colorida vestimenta nos destacaba también del grupo. La decisión de llevar atuendos coloridos fue sin duda una estrategia alternativa a la invisibilización que se nos había impuesto”3.

La estrategia de visibilización de los cuerpos travesti transexual continuó con la participación en el Primer Encuentro Nacional Gay, Lésbico, Travesti, Transexual y Bisexual realizado en Rosario. Allí presentaron una obra teatral cuyo eje era “mostrar los atropellos y maltratos que pasábamos cinco travestis en una comisaría y, simultáneamente, nuestros sueños y deseos”4.

En la búsqueda por definir su identidad y constituirse como sujetas de derecho, comienzan a usar el femenino para referenciarse a sí mismas y se suman al movimiento feminista, en un proceso de alejamiento de lo masculino y su simbolización.

Este posicionamiento ideológico, político y social, se conjuga con la participación en los debates de la Asamblea Estatuyente en 1994, cuando la Capital Federal pasó a denominarse Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para participar de la Estatuyente conformaron ALIT (Asociación de Lucha por la Identidad Travesti) y OTRA (Organización de Travestis Argentinas).

En el Artículo 11 de la nueva Constitución de la Ciudad se incluye “la no discriminación por orientación sexual”. Las organizaciones nombradas arriba exigieron que se incluya a las travestis dentro de la orientación sexual. “Reconocida esta no inclusión, las travestis comenzamos a exigir que se hable no sólo de orientación sexual, sino también de identidad de género”5.

A esta lucha por su reconocimiento en los grupos de diversidad sexual, se sumó el pedido por la derogación de los Edictos Policiales (vigentes desde 1949 en el país) que finalmente ocurre en 1998. “Una de las principales tareas de las organizaciones travestis/transexuales, será animar y acompañar a las compañeras travestis a denunciar distintos tipos de abusos; así encuentran una manera de comenzar la lucha contra la discriminación, segregación y maltrato”6.

Coincidimos en el recorte temporal realizado por Josefina Fernández en La gesta del nombre propio para contextualizar nuestra pregunta de investigación. En su artículo “Travestismo y violencia policial”, la antropóloga afirma: “El travestismo organizado en la Argentina comienza a manifestarse públicamente en los años 90. El argumento central de su visibilidad es la lucha por la derogación de los Edictos Policiales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, principal herramienta del Estado para reprimir disidentes peligrosas/os.”7 Los Edictos funcionan como un instrumento que delega en la policía, provincial o federal, la tarea de reprimir actos no previstos por el Código Penal de la Nación. Dos de estos aluden a las travestis. Por ejemplo, el artículo 2ºF dice “Serán reprimidos los que se exhibieren en la vía pública con ropas del sexo contrario”8.

En su lucha por visibilizar sus problemáticas, tales como su no inclusión dentro de políticas públicas y su no reconocimiento como sujetas de derecho, se vinculan con procesos y luchas más amplias. Participan de movilizaciones de otras minorías y movimientos sociales. Adhieren a piquetes, asambleas y carnavales. Este compromiso adoptado por ellas no tuvo una respuesta significativa.

Una de sus adhesiones más trascendentales fue la del 19 y 20 de diciembre de 2001 contra el Estado de Sitio impuesto por el Presidente Fernando de la Rúa. “Fue una sorpresa advertir que por una vez las exageradas siliconas, los pudorosos genitales, las indecorosas pinturas y corpiños se desvanecían tras la protesta social, se ocultaban en ella. Curiosamente o no tan curiosamente, cuando no nos miraban fue cuando mejor miradas nos sentimos. Allí éramos una vecina más”9.

En el artículo “Un itinerario político del travestismo”, Lohana Berkins, integrante de ALITT, distingue el carácter particular que adquirió su presencia en la movilización, vinculado a la lucha por su visibilización en el escenario social cotidiano: “…para las travestis, el estado de sitio es a diario. La rutinaria persecución policial, las acostumbradas restricciones a circular libremente por las calles portando una identidad subversiva, los permanentes obstáculos para acceder a los derechos consagrados para todos/as los/as ciudadanos/as del país, entre otros, hacen de la vida travesti una vida en estado de sitio”10.

Desde el momento en que la lucha travesti salió a la calle, sus cuerpos presentes fueron su espacio de visibilización. “A diferencia de gays y lesbianas, las travestis no tenemos opción en cuanto a nuestra visibilidad. No podemos elegir no decir a nuestras familias qué somos o queremos ser, no podemos elegir cuándo salir del closet”11.

A pesar de que existen diversos trabajos de análisis e investigación sobre la constitución de su identidad de género, las travestis continúan siendo mediatizadas y su lucha comunicada desde la estigmatización y el estereotipo.

Resta por recorrer aún la comunicación de sus reivindicaciones, la mirada hacia sus cuerpos que comunican sus decisiones de identidad, sus experiencias vividas, los maltratos padecidos y la ausencia de consideración como sujetas de derecho dentro del diseño de las políticas públicas.

El cuerpo travesti es una hibridación entre sexo biológico, performatividad genérica y deseos que rompen la heteronormatividad. Ejemplo de una convivencia de elecciones que conforman un nuevo tipo de identidad no encasillable en categorías binarias. Un aporte a que nos definamos como diversos y no ya como diferentes.

Como dijimos, en nuestra investigación tomaremos al cuerpo travesti como expresión de la lucha para la visibilización de esta comunidad y su diversidad sexual. Como textos significativos para su estudio consideramos algunos con preponderancia teórica y otros que encaran al cuerpo y la diversidad sexual con referentes empíricos, enmarcados en la perspectiva de género.

Como textos teóricos consideramos claves: “El concepto de género”, de Conway, J., Bourque, S., Scout, J., en: El género: La construcción cultural de la diferencia sexual, Marta Lamas (comp.), Ed. Porrúa, 2000, fundamental para conocer los usos de la categoría de género, central en la teoría feminista; Antropología del cuerpo y la Modernidad, David Le Breton, Ed. Nueva Visión, 1990, el autor recorre las conceptualizaciones del cuerpo en las sociedades occidentales desde la Edad Media hasta la actualidad; y la compilación de artículos coordinada por Diana Maffía Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Diana Maffía (comp.) Ed Feminaria. Buenos Aires. 2003, del que destacaremos para el Estado del Arte los artículos de Lohana Berkins, “Un itinerario político del travestismo” y de Josefina Fernández, “Cuerpos del feminismo”.

Posicionarnos desde una perspectiva de género implica distinguir sexo biológico del género que supuestamente le corresponde y considerar que estas categorías ya no sólo son binarias sino que, en el desarrollo del pensamiento filosófico, sociológico y antropológico feminista se ramificaron en inclusiones y exclusiones de las diversidades sexuales.

En el artículo de Conway y otros, se hace un recorrido histórico sobre las variaciones y distintas acepciones del término “género”, desde distintas disciplinas sociales. Desde la mirada psicológica, las autoras retoman al psicoanalista Jaques Lacan quien plantea que “las identidades sexuales no están enraizadas en lo biológico, sino que siempre se anda tras ellas, y que esta búsqueda –sea hetero u homosexual- sólo resulta posible en contextos simultáneamente políticos y personales”12.

Como cierre del artículo, las autoras reflexionan sobre la utilidad del estudio de género dado que proporciona una visión sobre lo que sucede al interior de los sistemas sociales y culturales. Sostienen que éstos pueden impulsar el “reordenamiento de todas las demás categorías sociales, políticas y culturales”13.

Si bien las autoras proponen que “el estudio de género es una forma de comprender a las mujeres no como un aspecto aislado de la realidad sino como una parte integral de ella”14, nos proponemos en este trabajo de investigación ampliar la perspectiva, estudiando e intentando comprender las diversas y múltiples identidades de género que hoy se manifiestan y están presentes en el espacio público.

Retomando a Le Breton, tomaremos como eje dar visibilidad a los cuerpos de las travestis y transexuales en el espacio público y político, interpelando a otros cuerpos y, junto a estos, a otros discursos hegemónicos y contra-hegemónicos. Qué pasa con esos cuerpos interpelando a otros, qué modos de expresión adoptan, qué eligen visibilizar y qué invisibilizar, por qué se visibilizan con determinadas prácticas. “En el transcurso de la vida de todos los días, el cuerpo se desvanece. Infinitamente presente en tanto soporte inevitable, la carne del ser-en-el-mundo del hombre está, también infinitamente ausente de su conciencia. (…) el cuerpo es, sin embargo, el soporte material, el operador de todas las prácticas sociales y de todos los intercambios entre los sujetos”. “La socialización de las manifestaciones corporales se hace bajo lo auspicio de la represión. (…) podemos decir que la sociedad occidental está basada en un borramiento del cuerpo, en una simbolización particular de sus usos que se traduce por el distanciamiento”15.

Los textos que tomaremos porque conjugan nuestro referente empírico con marco teórico son: La gesta del nombre propio, Lohana Berkins y Josefina Fernández, Ed. UPMPM, 2005, es un informe sobre la situación de la comunidad travesti donde se considera el mismo universo de análisis de nuestra investigación; el artículo “Dime qué genitales tienes y te diré a qué género perteneces” de Pablo Ben, en Cuerpos, géneros e identidades, Ediciones del signo, 2000, habla sobre hermafrodismo; El travestismo: ¿ruptura de las identidades sexuales, reforzamiento de los procesos de generización o identidad paradójica?, Tesis inédita de Josefina Fernández, realizada en el año 2000 (www.cenesex.sld.cu/webs/diversidad/travestismo.htm), donde la autora, antropóloga y feminista analiza el travestismo y la identidad de género; El eje del mal es heterosexual, compilación de artículos del Grupo de Trabajo Queer de Madrid con análisis sobre figuraciones, movimientos y prácticas queer en el Estado español, del año 2005.

En La gesta del nombre propio Lohana Berkins, representante de ALITT y Josefina Fernández, antropóloga y feminista abocada al estudio del travestismo como nueva identidad de género, relevaron la situación de las travestis, transexuales y transgéneros, mediante encuestas llevadas a cabo por tres organizaciones travestis: ALITT y Futuro Transgenérico en la ciudad de Buenos Aires, Movimiento Antidiscriminación de Liberación (MAL) en el conurbano bonaerense y la Asociación por la Igualdad de los Derechos en Mar del Plata.

Además de los resultados de estas encuestas a más de 300 travestis, hay diversos artículos que contextualizan la situación de discriminación y criminalización de esta comunidad de diversidad sexual.

Uno de los textos centrales es el de Josefina Fernández: “Travestismo y violencia policial. Cada 100 de nosotras, 86 hemos recibido algún tipo de violencia policial”. En éste artículo, la antropóloga hace hincapié en la persecución y represión policial sufrida por travestis tanto en la vida pública, como en la detención en comisarías, amparada hasta 1998 por los Edictos Policiales y readaptada luego en la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Los Edictos contemplaban la acción policial en actos “ilegales” no incluidos en el Código Penal, como por ejemplo, vestir ropas del sexo opuesto (Art. 2ºF). Al ser derogados y crearse la Constitución de la CABA, la discriminación hacia las travestis seguía en pie, su condición de diversidad sexual, no estaba incluida dentro del artículo 11 que implicaba la no discriminación hacia las minorías sexuales.

Frente a esta exclusión de la Constitución y la continuidad de la represión policial, la organización política de los grupos de travestis tuvo como eje recibir las denuncias por maltratos y discriminación por parte de la policía, así como en la atención hospitalaria, en la calle y en las escuelas. Alguna de las denuncias más representativas se citan textualmente en este artículo.

Asimismo, aquí se hace referencia a la prostitución como una salida laboral para las travestis, sumada a la estigmatización a priori de la portación del VIH Sida.

La referencia a la salud es profundizada en el artículo “La imagen del cuerpo. Una aproximación a las representaciones y prácticas en el cuidado y la atención a la salud” de María Alicia Gutiérrez. En éste se analizan los tratamientos y la atención médica diferenciada cuando se trata de pacientes trans. Se ejemplifica la discriminación sufrida en distintos hospitales y se reivindica el proceso de adaptación por parte de la comunidad médica en el hospital Muñiz. En esta institución se registraba a las travestis por sus nombres y apellidos asentados en el DNI, así como el temor por el contagio del virus del VIH y las dificultades al momento de internar a las pacientes.

Ante las denuncias por discriminación y violencia institucional, el equipo médico cambió su actitud de a poco. No sólo readaptaron las internaciones, sino que llamaban a las pacientes por su nombre de identidad de género; conformaron un equipo de apoyo psicológico, tanto para las pacientes como para los médicos e incluso estos y comenzaron a interrogarse sobre la propia orientación sexual.

Este capítulo a su vez plantea las dificultades para acceder al sistema de salud marcada por la alta presencia de travestofobia por parte de los profesionales médicos, que retrasa el momento de la consulta por miedo a sufrir discriminación y maltratos en la atención.

En el anexo gráfico del libro se presentan los resultados porcentuales de las encuestas realizadas. Estos dan cuenta de las condiciones en las que viven y trabajan, el grado de escolarización que han alcanzado, que su principal ocupación es el ejercicio de la prostitución, las modificaciones realizadas sobre sus cuerpos y las condiciones en que fueron intervenidas y las situaciones y ámbitos de violencia.
En la tesis inédita de Josefina Fernández, El travestismo: ¿ruptura de las identidades sexuales, reforzamiento de los procesos de generización o identidad paradójica? del año 2000, el problema de investigación se plantea cuando la antropóloga se “topa” con las travestis en la Asamblea Estatuyente por la derogación de los Edictos Policiales. Como militante feminista, forma parte de esa discusión defendiendo a las prostitutas que no quieren que el Estado regule su trabajo. En este contexto distingue la lucha de las travestis y transexuales y comienza a cuestionar e interrogarse sobre la teoría feminista y la implicancia del travestismo en ésta.

“¿No era el travestismo un ejemplo de aquella advertencia que Judith Butler (1991) venía haciendo a la teoría feminista respecto a que las “interpretaciones múltiples del sexo” pueden ser predicadas tanto de cuerpos masculinos como femeninos? Cuanto menos, el travestismo me enfrentaba a una interpretación del sexo biológico diferente a la esperada.

“A medida que el travestismo adquiría visibilidad interpelando las relaciones establecidas entre construcción social del género, diferencia sexual y orientación sexual, mis preguntas sobre estos temas fueron asumiendo la forma de un proyecto de investigación cuyos resultados dieron origen a este trabajo”16.

“El capítulo tres (de esta tesis) está referido al cuerpo. A través de las diferentes intervenciones que hacen sobre él, se indaga una vez más las representaciones identitarias de las travestis. Las transformaciones sobre un cuerpo biológicamente masculino forman parte de la construcción de una identidad que puja por diferenciarse del transexualismo, del transformismo y de la homosexualidad masculina, y es también un cuerpo que se dibuja sobre la base de una mirada exhaustiva del cuerpo femenino”17.

Para desarrollar su investigación usó como estrategia metodológica la realización de entrevistas semi-estructuradas a miembros de las agrupaciones travestis coincidentes con nuestro universo de observación (ALITT, ATTTA y OTRA), y observación participante de reuniones, asambleas, marchas y encuentros previos de organización de la VIII Marcha del orgullo GLBTT.

Entre las conclusiones, Fernández responde a las preguntas enunciadas en el título de su Tesis, haciendo referencia a si el travestismo es un reforzamiento de los procesos de generización o acaso constituye un tercer género. Destacamos a continuación algunos fragmentos:

“En muchos casos, la imagen más apropiada es la de deseos, placeres y prácticas que, reorganizados y significados a través de principios de división de géneros, se encuentran muy poco a gusto dentro de estos esquemas de interpretación. A medida que estos se exploran y reelaboran a través de las relaciones e interacciones con otros, desbordan estos esquemas y buscan otros en los que puedan desarrollarse con mayor libertad. No hay un telos prefijado y único que organice estos procesos de construcción de identidad y que los explique de una vez y para siempre. La experiencia de las interacciones en el trabajo prostibular, con el propio cuerpo y las formas de presentación de sí en el escenario público, nos muestran más bien la existencia de procesos abiertos a la experimentación y con finales – si los hubiera – abiertos, aunque sin duda condicionados.

“A partir de este esquema de múltiples sexos, de múltiples géneros y de múltiples combinaciones entre ambos, es posible construir miradas más abiertas a los procesos de construcción de identidades travestis y a las evidencias reunidas sobre dichos procesos. Situado en el marco de las comparaciones interculturales, el modelo del viaje parece ser reemplazado por el de una matriz con múltiples entradas y salidas que, a través de procesos históricos y culturalmente determinados, dan lugar a la definición de múltiples trayectorias identitarias posibles. Son estas trayectorias las que se buscan identificar dentro de la categoría de tercer género o géneros supernumerarios”18.



El eje del mal es heterosexual, es una compilación de artículos del Grupo de Trabajo Queer de Madrid (GtQ-Mad) con análisis sobre figuraciones, movimientos y prácticas queer en el Estado español, del año 2005. Su posicionamiento como grupo de trabajo y movimiento político en la realidad parte de considerar que “nuestros cuerpos son políticos. Nuestros cuerpos son discursos, no son más que aquellos lugares materiales de ‘articulación productiva de poder y saber’. Escupimos sobre el neoliberalismo que tan bien ha simulado recibirnos en sus espectáculos insertos en la matriz heterosexual”19.

El título de la compilación surge de la presencia discursiva de nombrar -tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y del 11 de marzo en Madrid- al otro, extraño, desconocido, como un peligro y como responsable de los actos terroristas, constituyendo “el eje del mal”, al decir del Presidente de Estados Unidos, George Bush, refiriéndose a que: “Peligros sin precedentes se ciernen sobre el mundo civilizado”20.

El GtQ-Mad establece que, para los heterosexuales con una visión ortodoxa, el “eje del mal” son los grupos de diversidad sexual, porque rompen con la orden binario masculino/femenino. Esta postura hetero taxativa fomenta la homofobia, la transfobia, el sexismo y el racismo. Por ello, desde la militancia queer y desde estos trabajos teórico-prácticos, analizan y desarrollan qué figuraciones se crearon en torno a diversidades sexuales gay, lesbianas y trans.

“Usar la homosexualidad como expresión del mal –recurso de la izquierda y de la derecha, de oriente y de occidente, de diferentes religiones- sitúa el insulto en la ‘homosexualidad’ para denigrar al otro. Entonces, ¿qué resulta tan perturbador de añadir el calificativo ‘heterosexual’ a la expresión ‘eje del mal’? En principio, no serviría para ofender pues en nuestra sociedad la heterosexualidad no funciona como insulto, sino como requerimiento de normalidad. Añadido al ‘eje del mal’, no hace más que marcar lo nunca marcado, la heterosexualidad, para decir lo obvio: que las posturas del ‘eje del mal’ partieron de una heterosexualidad obligatoria y militantemente homófona”21.

Uno de los focos interesantes de esta compilación es el hincapié de las distintas autoras en las discriminaciones hacia grupos de minorías sexuales como las lesbianas negras, en el texto de Barbara Smith: Homofobia, ¿por qué hablar de ello?, o bien las discriminaciones que padecen los inmigrantes latinoamericanos o africanos en Europa (en este caso en España) que se conjugan y potencias si, a su condición de extranjero-potenial-peligro-amenaza, se le suma su orientación sexual.

Coincidimos con, al menos, uno de los objetivos del libro planteados: “Con este libro queremos reclamar las posibilidades políticas de los cuerpos raritos, de las performatividades cotidianas de los géneros –en la calle, en el trabajo o en la familia-, de la teatralidad o la parodia que ironizan la naturalización sexual y abren nuevos espacios de lo inteligible y lo vivible, y de muchas otras formas de hacer políticas queer que no alcanzan el grado de seriedad de la militancia tradicional (¿masculina?)”22

Un ejemplo claro de este análisis es el artículo de Gracia Trujillo Barbadillo: Desde los márgenes. Prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español. Lo tomamos como referencia en nuestro Estado del Arte porque define al activismo queer y marca el desarrollo de sus prácticas y su presencia cada vez más fuerte en distintos escenarios públicos, desde principios de la década del ’80 en California y a partir de los ‘90 en España.

La autora analiza qué acciones y representaciones llevan a cabo los grupos políticos queer en el Estado español, ejemplificando con las agrupaciones La Radical Gai y LSD (Lesbianas Sin Dudas) y cómo, con sus prácticas, resignificaron el término anglosajón, abarcando no sólo grupos gays y lésbicos, sino también movimientos feministas y organismos que defendían los derechos de minorías sexuales y sociales.

Estudia carteles, fanzines, panfletos, así como dos casos concretos de representación queer: una performance de drag-kings y una acción crítica (intervención) con el documento nacional de identidad como objeto queer cercena la libertad de elección de identidad y de expresión social.

Uno de los ejemplos es el análisis de una serie fotográfica realizada por el grupo LSD en 1995, cuyas imágenes “son esa irrupción de cuerpos con múltiples deseos, sujetos y sexualidades invisibles que interpelan a esas otras miradas y discursos sobre sí mismos”23. Las fotos muestran dos cuerpos femeninos cruzándose entre sí, sugiriendo un acto de relación sexual lésbico, o bien el juego de colage en la tapa del fanzine Bollus Vivendi con las fotos de dos muñecas Barbies abrazándose.

Concluye que “la representación queer va más allá de lo meramente artístico o estético, abriendo nuevos espacios de contestación, provocación y visibilidad a las minorías sexuales que irrumpen en los cuerpos, deseos y placeres en el ámbito de la práctica política y académica (de los “estudios de la mujer” o “estudios de género”)”24.

En artículo Muéstrame tus genitales y te diré quién eres, Pablo Ben intent construir un registro crítico de la historicidad de la intersexualidad, los diagnósticos y denominaciones que le fueron aplicados. Para esto, considera al género como “una condición primaria para la comprensión de las condiciones sociales”25, como parte de las imposiciones “para adecuar las subjetividades a un modelo representado por el varón blanco, occidental, argentino, heterosexual y de élite”26. En la identidad argentina se excluyó entonces todo lo que no estuviese incluido en estos términos.

El autor trabaja el concepto de ceguera de género, lo que implica que “las categorías de varón y mujer implícitas en la mayoría de los análisis del pasado presuponen como inevitable la existencia misma de los ‘sexos’ como instancias dicotómicas, en vez de explorar el carácter histórico de la construcción de esta oposición (…) a partir de la posesión de órganos sexuales”27.

Si bien Ben se apoya en la experiencia del “hermafroditismo” (sic), la concepción del saber médico que se desliza y su postulado como autoridades para regular las conductas y los cuerpos son también observables como ejes de la intervención estatal sobre los/as individuos/as para sostener la binariedad sexual. Ésta funcionó siempre como instituyente de la normalidad y determinante para categorizar de patológicos a otros comportamientos sexuales.

“La generación del ’80 constituyó un estado que a través de sus instituciones apostó a instituir la identidad nacional en términos de una argentinidad ‘viril’ donde las mujeres debían ser madres y estar alejadas del mercado laboral, la política y las profesiones liberales, a riesgo de ser ‘invertidas’”28. Esta inversión iba aplicada no sólo al plano sexual, sino al rechazo del rol pasivo de la mujer (en todos sus aspectos) o del rol activo y dominante del varón.

Aplicado a los/as hermafroditas en el texto, pero aplicable a otras diversidades sexuales, Pablo Ben dice que “una persona cuyo sexo no es claramente determinable pone en crisis un sistema político y social que parte del reconocimiento naturalizado de una binariedad sexual”29.

Ben también cita a Cheryl Chase, activista intersex, para la definición de las categorías transexual y transgénero: “El primero de los mismos designaría a quienes completarán su transición, en un sistema de dos géneros, hacia el género opuesto al anatómico, a través del proceso de reasignación del género (hormonas, cirugías, cambios legales); en tanto, se utiliza el término transgénero para denominar a aquellas personas que buscan una determinada expresión de ‘género’(…). Sin embrago, se considera a ‘transgénero’ un término campana, bajo el cual se reconocen las diversas identidades transgresoras del género”30.

Este autor tiene una mirada que hace foco en los cuerpos. Dice que éstos hablaban a través de sus genitales y mostraban en qué tareas podían desempañarse las personas. La identidad entonces, se correspondía sin objeción a las características corporales. Los cuerpos ambiguos, para los médicos, no decían la verdad o bien habían quedado estancados en una etapa incompleta de la evolución. “A este elemento discursivo se le sumó el ejercicio de un control social que auspiciaba la muerte de la persona cuyos genitales no coincidieran con su identidad”31.

Para Ben la intervención en los cuerpos hermafroditas sin consultar al sujeto se contrapone a la negación del cambio de cuerpo a “transexuales adultos/as que lo deciden concientemente a partir de sus identidades construidas, y de su deseo”32.

En su artículo Los cuerpos del feminismo, Josefina Fernández comienza por enunciar ciertas voces que el feminismo no representaba ni incluia en los años ’60, ’70 y ’80: actitudes homófonas del feminismo heterosexual y actitudes racisistas del feminismo blanco.

La gradual visibilización que adquieren el travestismo y transexualismo a fines de los ’90, constituyen para la autora “una oportunidad para una nueva interrogación al modelo binario sexo/género, (…) a los usos de la categoría género y también a la de cuerpo, como la constitución misma del sexo”33.

Estos sujetos nómades representan una práctica cultural que se resiste a las representaciones dominantes y “llevan un cuerpo que no se ajusta a las normas del orden corporal y, en este sentido, transgreden los bordes del sexo y género normativos”34.

La antropóloga habla de dos grupos feministas. El primero está compuesto por liberales y humanistas que consideran a los cuerpos de las mujeres como una limitación para el logro de la igualdad y la trascendencia, un cuerpo sexualmente determinado.

Por otro lado, el grupo de feministas construccionistas comparte la noción de cuerpo biológicamente determinado, pero oponiendo biología a psicología. Esta postura construccionista consideraría a una travesti como diferente y por tanto, excluíble, ya que “su cuerpo sexuado no se corresponde con los cuerpos femeninos y, debido a esto, sus experiencias serán de algún modo diferentes de aquellas de las mujeres”35.

Para Josefina Fernández, considerar sólo la experiencia de un cuerpo femenino corre el riesgo de volver al feminismo fundamentalista. Expone entonces, una mirada deconstructivista que abandona la fijeza del cuerpo, y da lugar a nuevos sexos, sexualidades y nuevos géneros, donde “el cuerpo mismo es un campo abierto a distintas posibilidades interpretativas (…) está entretejido y es constitutivo de sistemas de significación y representación (…) es objeto político, social y cultural”36.

Retomando conceptualizaciones de autoras como Teresa de Lauretis y Judith Butler, Josefina Fernández afirma que “la identidad de género no es más que un conjunto de actos, gestos y deseos que producen el efecto de un núcleo interno, pero nunca revelan el principio de organización de la identidad”37. Cuando se refiere al travestismo dice que en esta identidad de género “no hay coherencia ni contigüidad entre sexo, género, práctica sexual y deseo (…). Este tipo de enfoque hace posible entonces un feminismo que incorpore travestis que abogan o están alineadas políticamente con sus propuestas. Supone cambiar el criterio por el cual el sexo del cuerpo está determinado y renombrarlo, de modo tal que el cuerpo sea leído, interpretado y respetado como el sexo/género deseado pro los sujetos”38.



Por último, la autora propone desencializar las identidades en el feminismo, lo que supone para este movimiento cuatro cuestiones: “que las categorías sexuales mismas son menos estables y unificadas de lo que pensamos, que la identidad sexual puede ser experimentada como transitiva, liminal y discontinua, que la supuesta estabilidad de la identidad sexual es un proceso continuo que depende de contextos y prácticas sociales particulares y, por tanto, que los criterios de membresía a las categorías sexuales pueden y deber ser debatidos”39


1 Cachorro, Gabriel A. Cuerpo y subjetividad. Introducción. EDULP. La Plata. 2006. Pág. 7.

2 Berkins, Lohana. Ibid. Pág. 136.

3 Berkins, Lohana “Un itinerario político del travestismo” en Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Diana Maffía (comp.) Ed Feminaria. Buenos Aires. 2003. Pág. 128.

4 Berkins, Lohana Idem Pág. 128/129.

5 Berkins, Lohana. Idem. Pág 130.

6 Fernández, Josefina. “Travestismo y violencia policial” en La gesta del nombre propio. Berkins y Fernández, coords. Ed. Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires 2005. Pág. 63.

7 Fernández, Josefina. “Travestismo y violencia policial” en La gesta del nombre propio. Berkins y Fernández, coords. Ed. Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires 2005. Págs. 39/40.

8 Fernández, Josefina. Idem. Pág. 40.

9 Berkins, Lohana “Un itinerario político del travestismo” en Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Diana Maffía (comp.) Ed Feminaria. Buenos Aires. 2003. Pág. 132

10 Berkins, Lohana. Idem. Pág. 133.

11 Berkins, Lohana. Idem. Pág. 136.

12 Conway, J. y otros: “El concepto de género”, en: El género: La construcción cultural de la diferencia sexual, Marta Lamas (comp.), Ed. Porrúa, 2000. pág. 29.

13 Conway, J. y otros: Idem. Pág. 32.

14 Conway, J. y otros: Idem. Pág. 33.

15 Le Breton, David: Antropología del cuerpo y modernidad, Cap.6 “Borramiento ritualizado o integración del cuerpo”, Ed. Nueva Visión, 1990. Pág. 122.

16 Fernández Josefina. El travestismo: ¿ruptura de las identidades sexuales, reforzamiento de los procesos de generización o identidad paradójica? Año 2000. Publicado en: www.cenesex.sld.cu/webs/diversidad/travestismo.htm , en abril de 2004.

17 Fernández, Josefina. Idem.

18 Fernández Josefina. El travestismo: ¿ruptura de las identidades sexuales, reforzamiento de los procesos de generización o identidad paradójica? Año 2000. Tesis inédita. Publicado en: www.cenesex.sld.cu/webs/diversidad/travestismo.htm , en abril de 2004.

19 Grupo de Trabajo Queer de Madrid. El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas queer. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid. 2005. Introducción. Pág. 17

20 Grupo de Trabajo Queer de Madrid. El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas queer. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid. 2005. Introducción. Pág. 17

21 Grupo de Trabajo Queer de Madrid. El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas queer. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid. 2005. Introducción. Pág. 19

22 Grupo de Trabajo Queer de Madrid. El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas queer. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid. 2005. Pág. 24

23 Gracia Trujillo Barbadillo: Desde los márgenes. Prácticas y representaciones de los grupos queer en el Estado español. En: El eje del mal es heterosexual. Figuraciones, movimientos y prácticas queer. Ed. Traficantes de Sueños. Madrid. 2005. pág. 34.

24 Gracia Trujillo Barbadillo:Idem. pág. 30.

25 Ben, Pablo: Muéstrame tus genitales y te diré quién eres. En: Cuerpos, géneros e identidades. Estudios de historia de género en Argentina, de Halperín, P. y acha, o. (Comp.). Ed. Del Signo, Buenos Aires, 2000. Pág. 64.

26 Ben, Pablo: idem.

27 Ben, Pablo: idem.

28 Ben, Pablo: idem. Pág. 67.

29 Ben, Pablo:Idem. Pág. 70.

30 Ben, Pablo: Muéstrame tus genitales y te diré quién eres. En: Cuerpos, géneros e identidades. Estudios de historia de género en Argentina, de Halperín, P. y acha, o. (Comp.). Ed. Del Signo, Buenos Aires, 2000. Pág. 71.

31 Ben, Pablo: idem. Pág. 99.

32 Ben, Pablo: idem. Pág. 103.

33 Fernández, Josefina: Los cuerpos del feminismo. En: Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Diana Mafia (comp.). Ed. Feminaria, Buenos Aires, 2003. Pág. 139.

34 Fernández, Josefina: idem. Pág. 139.

35 Fernández, Josefina: Los cuerpos del feminismo. En: Sexualidades migrantes. Género y transgénero. Diana Mafia (comp.). Ed. Feminaria, Buenos Aires, 2003.Pág. 144.

36 Fernández, Josefina: Idem. Pág. 146/ 147.

37 Fernández, Josefina: idem. Pág. 148.

38 Fernández, Josefina: idem. Pág. 149.

39 Fernández, Josefina: idem. Pág. 152.



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