Sedentarismo y Actividad en la Juventud Española



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Sedentarismo y Actividad en la Juventud Española
Natalia Pedrajas1; David Moscoso2; María Martín1; Raúl Sánchez3

(1) Universidad Politécnica de Madrid, (2) Universidad Pablo de Olavide

y (3) Universidad Europea de Madrid
INTRODUCCIÓN

La comunicación que se presenta se enmarca en un proyecto que continúa un largo trabajo sobre los estilos de vida en el seno de la sociedad española, en particular en la juventud (Moscoso et al., 2008; Pedrajas, 2010; Moscoso et. al., 2012). Las investigaciones realizadas nos han mostrado el progresivo abandono de la práctica deportiva entre la juventud española, a la vez que iban incorporando a sus estilos de vida hábitos y comportamientos sedentarios.

La difusión de hábitos y comportamientos sedentarios plantea uno de los más serios problemas para los españoles. La falta de ejercicio físico, en parte debido a la disminución del uso de fuerza física en las actividades laborales, junto a la propagación de las dietas altas en calorías, el incremento de la ingesta de sustancias tóxicas y el predominio de lo que se ha denominado ocio pasivo —vinculado a ciertas prácticas de consumo y el uso de nuevas tecnologías—, están relacionadas con la primera causa de mortalidad, las enfermedades cardio y cerebrovasculares.

Los profesionales de las ciencias de la salud han demostrado, a través de estudios epidemiológicos y longitudinales, la importancia de la actividad física y el deporte (a partir de ahora, AFD) en el mantenimiento y la mejora de nuestra salud y calidad de vida (USDHHS, 2008). Pese a los múltiples beneficios reconocidos en el deporte, España sigue estando a la cola de Europa en práctica deportiva, situándose por debajo de la media europea (Special Eurobarometer 334, 2010). Tan sólo lo practican 4 de cada 10 personas, una cifra que dista de la de otros países, como Finlandia o Suecia, donde suponen el doble. Además, entre los españoles que lo realizan, apenas la mitad lo hace con frecuencia (tres o más veces a la semana). Además, sólo siete de cada diez caminan diariamente y apenas cuatro de cada diez realizan esfuerzo físico corporal en su ocupación diaria (trabajo, estudios, tareas domésticas, etc.), estando la mayor parte del tiempo sentados o de pie sin desplazamientos (Moscoso et. al., 2008). Por lo tanto, la mayoría no disfruta de los beneficios apuntados.

Siendo tan importante para nuestra salud y calidad de vida la realización de AFD, es evidente que la inactividad provocará los efectos contrarios. Los problemas asociados a la falta de ejercicio físico plantean especial preocupación entre los jóvenes. Éstos representan a una generación en la que los estilos de vida sedentarios han comenzado a consolidarse. Esta situación puede tener solución con la adopción de medidas que vayan dirigidas a promocionar la práctica de ejercicio físico, en aras a favorecer la mejora de la salud y la calidad de vida. Algunos especialistas apuntan al respecto que es mucho más económico promocionar el deporte que hacer frente a los gastos sanitarios que supone atender las enfermedades ocasionadas por el sedentarismo (Casparis et. al., 2001).

En esta línea, son numerosos los autores que han demostrado la influencia de la socialización como medio de promoción de la AFD (García, 1986 y 2001), tanto a edades tempranas (Patriksson, 1996), cuanto en ciclos de vida posteriores (Martínez del Castillo et al., 2006). Los resultados han puesto de relieve que la práctica deportiva entre los progenitores es determinante para la realización de deporte (CIS, 2010; Moscoso et. al, 2008), si bien suelen intervenir otras instituciones como el sistema educativo. Por lo tanto, garantizar la práctica deportiva en la infancia y la juventud es decisiva, a su vez, para que la población siga practicándola en el futuro.

Las actuales políticas de promoción deportiva se basan en un modelo que hace descansar el impulso sobre los ayuntamientos, las federaciones y los clubes deportivos. Dicha tendencia se ha producido en nuestro país desde el inicio de la democracia, sin tener en cuenta la escasa capacidad de que dispone tales administraciones y entidades para este fin y, además, sin contemplar la influencia que en este propósito ejercen las principales instituciones de socialización (la familia, el sistema educativo, los medios de comunicación, etc.) —a menudo transmitiendo valores que actúan en detrimento de la propia promoción del deporte y la vida activa. Por ese motivo, nuestra postura es la de que cualquier medida de promoción del deporte debe ir dirigido a intervenir, precisamente, sobre las instituciones de socialización y, por tanto, no limitarse a proveer recursos escasos apoyándose en actores con escasa capacidad transformadora en la estructura y las dinámicas sociales.

Aquí se intenta ofrecer una posible solución a esta pretensión, dando respuesta a la previa necesidad de conocer cómo inciden actualmente las tendencias culturales en el abandono de la AFD entre la juventud española. En específico, nos interesa comprobar cómo la adopción de ese nuevo estilo de vida (sedentario), que está progresivamente afianzándose en la juventud, puede influir en una u otra dirección en la percepción subjetiva de la salud y el bienestar entre esta población. La finalidad es detectar los elementos claves que explican la falta de realización de ejercicio físico, que a su vez inciden en la pérdida de interés hacia la práctica del deporte entre las nuevas generaciones de españoles y determinar los alicientes percibidos entre quienes sí realizan esta actividad —fijando el peso respectivo de la socialización. Las evidencias que se presentan en este trabajo sirven para establecer el modo como intervenir a través de esas instituciones de socialización, con el fin de trasladar el discurso sobre la práctica del deporte del ámbito del ocio y el tiempo libre al del cuidado de la salud y la mejora de la calidad de vida.


JUVENTUD, Estilos de vida y salud-bienestar: la DEFINICIÓN de un objeto
La juventud es entendida como el periodo evolutivo donde se definen aspectos claves de la vida de un individuo en el plano social, emocional, intelectual y físico. En este periodo comienza la proyección del individuo hacia un futuro adulto, conjugada con una exaltación de la realidad presente, mediante la construcción (o adquisición) de una identidad específica como joven. En todo caso, conviene recordar que la juventud no es un colectivo homogéneo. Como señalan Alonso y Conde (1994), «no existe una sola juventud, sino varias juventudes que consisten en situaciones sociales distintas». El camino hacia la vida adulta en la juventud supone una transición paulatina que implica el paso por distintas etapas en las que los ritmos no son regulares. En consecuencia, las diferencias en esta etapa excederán sus condiciones sociales y económicas, dependiendo así, además, de las diferencias derivadas de los ritmos y ritos de paso con los que se viva el acceso a la vida adulta. Estas diferencias tendrán una influencia notable en las aspiraciones y expectativas de los jóvenes, lo que repercutirá en sus diferentes estilos de vida.

Las experiencias vitales de los jóvenes dan lugar a la configuración de estilos de vida distintivos de la juventud, marcados fundamentalmente por su tiempo libre (Freixas y Porcio, 2004) y expresados a través de diversos soportes —algunos tan antiguos como la palabra, la música o el cuerpo, y otros tan nuevos como las TICs—, que recogen las variadas expresividades en relación con el universo simbólico de la juventud actual (Bernete, 2007).



El estilo de vida es un constructo que se ha usado de manera genérica para hacer referencia al modo o forma de vivir. Hay quien entiende por estilo de vida el «conjunto de patrones de conducta que caracterizan la manera de vivir de un individuo o grupo» (Mendoza et al., 1994), «los modos de vida particulares que asocian la creencia en valores de referencia con actitudes implícitas, modelos de comportamiento subconscientes y hábitos» (Cathelat, 1985).

La OMS (1986) añade que el estilo de vida guarda una estrecha relación con la salud y la calidad de vida, y que este constructo se asocia a comportamientos y patrones de conducta como la actividad física, la alimentación, los niveles y la forma de hacer frente al estrés o el consumo de sustancias como el alcohol o el tabaco, entre otros. La propia OMS (1998: 27) definía los estilos de vida que conducen a la salud como «una forma de vida que se basa en patrones de comportamiento identificables, determinados por la interacción entre las características personales individuales, las interacciones sociales y las condiciones de vida socioeconómicas y ambientales».

Desde esta perspectiva, lo que se denomina estilo de vida saludable está muy relacionado con lo que se entiende por “estilo de vida activo”. De hecho, es difícil encontrar referencias conceptuales de estilo de vida activo sin que aparezcan revestidas del concepto “saludable”. No obstante, se intentará por ahora centrar la atención en la palabra “activo”. Ésta se asocia fundamentalmente al ámbito de la AFD, desde donde se considera que una persona realiza actividad física si lleva a cabo ciertas acciones o movimientos corporales, con una frecuencia, duración e intensidad determinadas, produciendo un gasto energético. Desde este enfoque, se procede a una división bipolar entre los que son activos y los que no lo son (sedentarios), y entre los primeros se establece un continuo que va de menor a mayor actividad.



Según Wenzel (1983), la actividad física es uno de los seis patrones de comportamiento del estilo de vida que tienen una gran incidencia sobre la salud. Recientemente, el trabajo de Moscoso et al. (2008) proporcionaba evidencias en esta línea, a saber: que la población joven española que practica AFD, como caminar o esfuerzo físico corporal, goza de una mejor autopercepción de su salud y bienestar; que el deporte es el tipo de actividad física que mayor influencia ejerce en esta percepción; y, por último, que dicha influencia es superior a la de la situación laboral, el nivel de estudios, el nivel de ingresos o el estado civil.

La juventud ha sido el grupo poblacional que más deporte ha practicado tradicionalmente en España. No obstante, su práctica en los últimos veinte años se ha estabilizado e, incluso, en algún periodo se ha reducido, a la vez que entre otras franjas de edad ha aumentado significativamente (ver gráfico 1). Además, sólo siete de cada diez jóvenes camina a diario y más de la mitad se pasa el día sentado o de pie sin realizar esfuerzos físicos relevantes. Mientras ocurre esto, proliferan estilos de vida, ocupaciones y usos del tiempo libre de carácter sedentarias (Pedrajas, 2010).


Gráfico 1. Evolución de la tasa de práctica deportiva según diversos grupos de edad

Fuente: Pedrajas a partir de García Ferrando y Llopis (2010).


Al analizar los estilos de vida de la juventud española, Moscoso et al. (2008) advierten que su entorno laboral y de estudio no favorece la AFD, sino, más bien, al contrario, una vida sedentaria. También atribuyen la escasa proporción de jóvenes que practican deporte a otras dos razones: la centralidad del tiempo destinado a la cualificación profesional para el acceso al mercado laboral y la relevancia del tiempo libre que ocupan las prácticas (pasivas) de ocio digital y nocturno.

En la última década, se ha constatado esta tendencia de normalización de los estilos de vida sedentarios entre la juventud de nuestro país. Según el Informe Juventud en España 2008 (INJUVE, 2008), la juventud española practica menos deporte y opta por actividades de ocio más sedentarias —en relación con la media europea—, como ver televisión, escuchar música o el uso de las TICs. No en vano, la misma fuente señala en otro trabajo (Fumero y Espíritusanto, 2012) que dos de cada diez jóvenes consideran que el tiempo que dedican al uso de TICs (navegar por Internet, chatear, enviar SMS…) incide de forma negativa en el que ocupan en otras actividades de ocio como practicar deporte. En efecto, el uso de las nuevas tecnologías se trata de un campo que, por su inmediatez, intensidad y horizontalidad, tiene un auge e importante papel en la configuración de los estilos de vida y el universo simbólico de la juventud actual. En esta línea, sólo en lo que atañe al uso de las redes sociales en Internet y, en particular, dos de ellas (Facebook y Twenti), las y los jóvenes españoles pasaban conectados a ellas 7,63 horas y 4,29 horas diarias, respectivamente, según datos de mayo de 2011 de comScore71 (Ibid.: 17).



Todo ello explica el hecho de que en el último Informe sobre la juventud de la UE 2012 (EC, 2012) se exprese la necesidad de ampliar el conocimiento sobre el papel que la práctica de AFD tiene en la configuración de los estilos de vida de la juventud y, como consecuencia, sobre su salud y calidad de vida. En dicho informe se reclama que el empleo, la inclusión social, la salud y el bienestar de los jóvenes sean las máximas prioridades de la política en materia de juventud en Europa. Comas (2011), además, explica que las diferentes áreas de actividad de la juventud (ocio/deporte, ocupación/empleo-estudio, participación, valores, etc.) se retroalimentan mutuamente, por lo que concretar acciones dirigidas a promocionar la práctica de AFD en este grupo poblacional pudiera contribuir, entre otras cosas, a atenuar los importantes efectos derivados de la crisis económica sobre el ánimo y la actitud de la juventud española actual.


METODOLOGÍA
Este trabajo es fruto del desarrollo de una línea de investigación iniciada por un grupo de investigadores a partir de la realización del estudio Deporte, salud y calidad de vida. Jóvenes y mayores ante el reto de vivir, realizado desde el IESA-CSIC para la Fundación Obra Social de La Caixa (2008). Los resultados obtenidos suscitaron el interés por seguir ahondando en esta preocupación, centrándonos especialmente en la población joven, por entender que estos representan a una generación en la que los estilos de vida sedentarios se han consolidado y ello puede tener terribles consecuencias en el futuro para la sociedad española.

Dicha investigación sirvió de base para el desarrollo de la tesina doctoral (DEA) —en fase de culminación— de Pedrajas (2010), titulada Motivación, salud y deporte en jóvenes españoles, que incorporó a la perspectiva sociológica también el enfoque motivacional propio de la psicología social, enriqueciendo la comprensión de los significados atribuidos por parte de los jóvenes españoles al uso del tiempo libre y la realización de AFD y, en concreto, las motivaciones por las que realizan unas u otras actividades y practican o no esta última.

Durante el pasado año 2012 continuamos este esfuerzo, en este caso centrándonos en las tendencias culturales en el abandono de la AFD entre este grupo de población. Llevamos a cabo una investigación titulada Factores sociológicos influyentes en la práctica deportiva y el ejercicio físico en la juventud española, en el marco de la ayuda obtenida mediante una convocatoria competitiva del Consejo Superior de Deportes (CSD) (Ref. 007/UPB10/12). En ella se analizó cómo la adopción de ese nuevo estilo de vida (sedentario) que está progresivamente afianzándose entre la juventud española puede influir de una manera u otra en la percepción subjetiva de la salud y el bienestar entre este grupo de población. Los resultados que a continuación se presentan son fruto de esta última.

La cuestión de los estilos de vida y su relación con la AFD ha sido tratada por la sociología principalmente desde dos perspectivas diferentes, pero complementarias: una macrosociológica, centrada en los condicionantes estructurales de los mismos, que se apoya en análisis estadísticos sobre encuestas y cuestionarios; y otra microsociológica, centrada en la construcción de la identidad deportiva y la negociación de la agencia de los individuos, que utiliza principalmente metodologías cualitativas como la observación participante o entrevistas en profundidad.


  1. La macrosociológica, representada por Bourdieu (1988), si bien con ciertas puntualizaciones —sin entender a Bourdieu como un estructuralista al uso—, es quizá el ejemplo más claro. Este autor relaciona los diversos estilos de vida con posiciones de clase a través del concepto de habitus. El habitus hace referencia a ciertas disposiciones de comportamiento, percepción y gusto que se van adquiriendo por unos individuos cuya vida cotidiana se desarrolla en unas condiciones de existencia específicas. Desde el punto de vista de la actividad corporal, el concepto de habitus en Bourdieu nos remite a la forma en la que cada uno tiene una relación específica con su propio cuerpo. Esa relación con lo corporal que implica el habitus requiere un aprendizaje específico a lo largo de los años; nuestra «educación física», entendida en un sentido amplio —no tan sólo como educación en el ámbito formal de la escuela—, es la que determina que nos sintamos a gusto, como en un ambiente natural, en unas actividades o en otras, practicando hábitos deportivos o no1.




  1. La perspectiva interaccionista, influida sobre todo por autores como George H. Mead o Erving Goffman, remarca el proceso psico-social de construcción, definición y negociación de las actividades de los individuos. En ese proceso de interacción con diversos agentes (padres, familiares, entrenadores, amigos o los propios medios de comunicación) se va generando la identidad. Para algunos individuos, su implicación en actividades deportivas o hábitos de vida activos puede llegar a formar una parte fundamental de su identidad en la vida cotidiana. Normalmente, desde la sociología del deporte se ha utilizado este enfoque para el análisis de diversas subculturas deportivas2.


Las referidas investigaciones en las que se apoya este trabajo ha pretendido ahondar en la cuestión de los estilos de vida de la juventud española mediante la realización de un conjunto de grupos de discusión. Nos interesaba conocer en profundidad cómo son esos estilos de vida en relación a la práctica o ausencia de actividad física y las opiniones que los participantes de los mismos tienen sobre ellos. Podríamos entender, por tanto, que se encuadra de forma exclusiva dentro de una temática tratada en la perspectiva microsociológica. Sin embargo, no podemos olvidar que ese estudio detallado de los mismos está vinculado a condicionantes estructurales tales como la edad (sobre todo) y el género (de modo secundario) y, en ese sentido, también trata de dar cuenta de la temática desarrollada en una perspectiva macrosociológica, que informa sobre el cuadro general de la juventud en la sociedad española.

El programa metodológico implicó en esta última investigación la realización de 7 grupos de discusión que sirvieran para dar respuesta, desde los enfoques planteados y la maduración de las cuestiones ya apuntada, a las incógnitas que exponíamos antes. Para ello, las decisiones respecto al perfil de los participantes en los mismos las tomamos sobre la base de nuestro conocimiento sobre el tema (que implicaba tener en consideración la heterogeneidad que caracteriza las situaciones sociales de los jóvenes y la diversidad con respecto a las formas y los tipos de AFD), pero también la operatividad del trabajo de campo (ver tabla 1).



  • En primer lugar, la edad nos llevó a agrupar a los jóvenes en dos conjuntos diferenciados: de 18 a 25 años y de 26 a 34 años.

  • En segundo lugar, el sexo. Realizamos grupos de discusión diferenciados por sexo, pero también mixtos. El matiz con que impregnamos esta decisión era que los grupos mixtos sólo se realizarían entre aquellos y aquellas jóvenes que no hicieran deporte. No obstante, en el postest decidimos llevar a cabo un grupo de discusión mixto entre jóvenes practicantes, como prueba de control, para comprobar si el matiz adoptado sobre este criterio había sido o no el adecuado.

  • En tercer lugar, llevamos a cabo grupos de discusión entre practicantes y entre no practicantes de deporte, pero en ningún caso mixtos, para evitar el efecto de interferencia de unos y otros jóvenes que experimentan motivaciones tan radicalmente distintas.

  • En cuarto lugar, como indicador de la situación socioeconómica, nos limitamos a estructurar el perfil de los distintos grupos según el nivel de instrucción de los y las jóvenes.

  • En quinto lugar, otros grupos de variables, como las formas de práctica y tipos de deportes, el tener o no progenitores que hayan practicado o practiquen deporte, o las situaciones socioeconómicas, se tendrían en consideración sólo de forma secundaria, una vez que se cubriera la participación de informantes en los grupos de discusión por cuotas de edad, sexo y práctica/no práctica deportiva, es decir, las 3 primeras de las 6 variables definidas.

Tabla 1. Planificación, composición y perfil de los participantes en los grupos de discusión



Nº Grupo

Lugar y fecha

Nº Participantes

Perfil General

G1

Córdoba, mayo

8

18 a 25 años, ambos sexos y no practicantes

G2

Sevilla, mayo

7

26 a 35 años, hombres y practicantes

G3

Madrid, junio

6

26 a 34 años, mujeres y practicantes

G4

Madrid, junio

7

18 y 25 años, hombres y practicantes

G5

Segovia, junio

5

18 a 25 años, mujeres y practicantes

G6

Madrid, julio

6

26 a 34 años, ambos sexos practicantes y no practicantes

G7

Barcelona, septiembre

7

18 a 34 años, mujeres y no practicantes

Fuente: Elaboración propia
En el guión de los grupos de discusión se abordaron los siguientes puntos:

  1. Estilos de vida. ¿Qué es la vida para vosotros?, ¿cuál es vuestro día a día?, ¿cuáles son las cosas importantes de vuestra vida? y ¿qué soléis hacer en vuestra vida cotidiana?

  2. Tiempo libre. ¿Qué hay de vuestro tiempo libre? ¿De qué manera o con qué actividades ocupáis vuestro tiempo fuera del horario de estudio o de trabajo?

  3. ¿Vida activa o vida sedentaria? Nos gustaría conocer cuál es vuestra opinión acerca de si vuestra vida es activa o sedentaria.

  4. Deporte o actividad física. ¿Cuál es vuestra opinión acerca del deporte y la actividad física? ¿La actividad física y el deporte qué son? ¿Qué lugar le otorgáis en vuestras vidas?

  5. Estilos de vida, salud y bienestar. ¿Cómo creéis que influyen éstos en vuestra salud y bienestar? ¿Cómo creéis que influyen la AFD en vuestra salud y bienestar?




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