Salud y medio ambiente



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EDICIÓN ELECTRÓNICA EN CASTELLANO DE

RACHEL’S ENVIRONMENT & HEALTH NEWS #823
SALUD Y MEDIO AMBIENTE

BOLETÍN INFORMATIVO, #823

PETER MONTAGUE, EDITOR

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4 de agosto de 2005


TITULAR:

LEYENDA URBANA: PRECAUCIÓN Y CÓLERA EN PERÚ

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Fundación para Investigaciones Ambientales

(Environmental Research Foundation)

P.O. Box 160, New Brunswick, N.J. 08903

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LEYENDA URBANA: PRECAUCIÓN Y CÓLERA EN PERÚ
Por Peter Montague y Tim Montague
Todo aquel que esté atento al “principio de la precaución” ha escuchado la historia de que la precaución causó una epidemia de cólera en Perú en 1991. La historia no es cierta –y se reveló que era falsa en 1992- pero eso no ha impedido que se vuelva a contar una y otra vez. Ahora ha adoptado las características de una leyenda urbana con vida propia [1].
El Principio de la precaución
Como nuestros lectores saben, el principio de la precaución es una forma moderna de tomar decisiones para minimizar los daños, la cual se puede describir en cinco partes:
(1) Establecer un objetivo por un proceso participativo y abierto;
(2) Estudiar todas las maneras razonables de lograr el objetivo, esperando que se escoja la manera menos dañina;
(3) Ante la incertidumbre, mover la carga de las pruebas dándole el beneficio de la duda a la naturaleza, la salud pública y el bienestar de la comunidad;
(4) Seguir los resultados, prestar atención a las advertencias tempranas y tomar más medidas, según se necesite, para evitar daños.
(5) A lo largo del proceso, darle una verdadera “voz” a –y tomar en cuenta el conocimiento de- las personas que resultarán afectadas por las decisiones.
El cólera en Perú en 1991
En 1991 hubo una epidemia de cólera en Perú. El cólera no visita regularmente Perú –la última epidemia de cólera ocurrió en 1867 [2]. Pero el cólera es una enfermedad mortal, bien conocida por los especialistas de la salud pública, y nadie la toma a la ligera. El cólera se caracteriza por fiebres altas, fuertes retorcijones en el abdomen y una diarrea tan fuerte que fácilmente puede matar a su víctima de deshidratación a menos que se repongan los fluidos perdidos.
El cólera puede evitarse agregando desinfectantes en los sistemas de suministro de agua potable. El cloro es el desinfectante más común y se agrega a los sistemas municipales de suministro de agua para matar las bacterias, incluyendo la bacteria Vibrio cholerae que puede producir cólera. Pero clorar el agua origina subproductos de la cloración en el agua, llamados trihalometanos, que pueden producir cáncer. En los EE.UU., con una población cercana a los 300 millones de habitantes, los subproductos de la cloración causan unos 700 casos de cáncer cada año [3]. El cólera, por el otro lado, puede matar rápidamente a miles si se desata una epidemia.
La leyenda urbana de que la precaución ocasionó el cólera en Perú
La leyenda de “la precaución ocasionó el cólera en Perú” dice así: en 1991, como medida preventiva, los funcionarios de la salud en Perú dejaron de clorar su agua potable para evitar el peligro de contraer cáncer por los subproductos de la cloración –ocasionando así la muerte de miles de peruanos por una epidemia de cólera transportada por el agua. Como dice la leyenda, fue un caso de “evaluación de los riesgos que salió mal” [4]. En otras palabras, los funcionarios de la salud pública peruanos sopesaron dos peligros y tomaron una mala decisión: apagaron sus sistemas de cloración para evitar un pequeño problema, ocasionando así un problema mucho mayor. Eso es lo que dice la leyenda.
Los oponentes del principio de la precaución –principalmente amigos de la industria química- se apropiaron de la leyenda del “cólera en Perú” y comenzaron a contarla una y otra vez en toda oportunidad.
En 2001, Henry I. Miller, profesor de la Universidad de Stanford –y un implacable oponente del principio de la precaución- volvió a contar la leyenda del “cólera en Perú” así:
“A finales de la década de 1980, ciertos ambientalistas radicales intentaban convencer a las autoridades del agua alrededor del mundo de que los subproductos cancerígenos de la cloración de agua potable pudieran constituir un peligro potencial. En medio de una crisis presupuestaria, los funcionarios del gobierno peruano interpretaron tales afirmaciones para crear la base para descontinuar la cloración del agua potable en gran parte del país. Ese paso contribuyó a la aceleración y propagación de la epidemia de cólera en Latinoamérica de 1991 a 1996, que mató por lo menos a 11,000 de sus más de 1.3 millones de enfermos” [5].
En 2004, C.T. “Kip” Howlett, director del Consejo de la Química del Cloro de los EE.UU. (U.S. Chlorine Chemistry Council), contó la leyenda del “cólera en Perú” de esta manera:
“En Perú, a principios de la década de 1990, los funcionarios de la salud pública respondieron a una campaña contra el cloro deteniendo la cloración adecuada de su agua potable. Los resultados fueron predecibles y espantosos. A los pocos meses, una epidemia de cólera arrasó en el país, enfermando eventualmente a 1.3 millones de personas y causando 13,000 muertes” [6].
Resulta que la historia del “cólera en Perú” está errada y los científicos lo han sabido desde 1992. Sin embargo, los estudiosos como Henry Miller y Kip Howlett –y docenas de otros que están buscando maneras de desacreditar el principio de la precaución- han seguido repitiéndolas. Como veremos, sólo se puede concluir que, o bien estos especialistas están repitiendo intencionalmente una falsedad, o sus métodos intelectuales son deplorablemente deficientes.
La historia del “cólera en Perú” comenzó por un artículo “noticioso” de una página que apareció en la revista Nature (el equivalente británico de nuestra revista Science) en noviembre de 1991 [4]. El informe decía (incorrectamente, resultó ser): “Durante la década de 1980, funcionarios locales del agua, citando los estudios de la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA) sobre el potencial que tiene el cloro de producir cáncer, decidieron dejar de clorar muchos de los manantiales de Lima”. Lima es la capital y la ciudad más grande de Perú. El periodista de Nature continuó declarando esto “un caso aleccionador de la evaluación de los riesgos que salió mal” debido a que el peligro de contraer cáncer por los subproductos de la cloración es bajo, pero el peligro de enfermarse de cólera por el agua potable es alto si el agua contiene bacterias de Vibrio cholerae.
Ocho meses después, científicos peruanos y de los EE.UU. demolieron este informe incorrecto al publicar un estudio de la epidemia de cólera en Perú en la revista médica británica Lancet [7]. Lancet es el equivalente británico de la revista New England Journal of Medicine en este país, o quizás de la revista Journal of the American Medical Association. En cualquier caso, Lancet es un motor intelectual en el mundo médico, de manera que los artículos que se publican aquí tienen una gran cantidad de lectores.
El autor principal del estudio de 1992 publicado en Lancet era David L. Swerdlow, que ahora trabaja en la Universidad Emory en Atlanta. Lancet escogió poner de relieve el estudio de Swerdlow acompañándolo de un editorial [3]. El editorial comenzaba con esta declaración: “El informe de Swerdlow y sus colegas que aparece en este número debería poner fin a dos rumores acerca de la epidemia de cólera que comenzó en Perú en 1991”. Continuaba diciendo: “El segundo rumor, reportado en un artículo noticioso en Nature el año pasado, es que la falta de cloración de muchos sistemas de suministro de agua en Perú fue una decisión deliberada de las autoridades y estaba basada en estudios de la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (US Environmental Protection Agency) que muestran que el cloro puede crear un ligero riesgo de enfermar de cáncer al reaccionar con la materia orgánica que está en el agua para formar trihalometanos”.
En otras palabras, Lancet dijo muy claramente en 1992 que la epidemia de cólera no fue resultado de una decisión deliberada de los funcionarios de la salud. Sin embargo Henry Miller dice en 2001 que la epidemia fue causada por funcionarios peruanos que “descontinuaron” la cloración. Y Kip Howlett dice en 2004 que la epidemia de cólera fue causada por funcionarios peruanos “que detuvieron la cloración adecuada”.
El Profesor Miller adornó aun más la leyenda afirmando que los funcionarios peruanos habían dejado de clorar el agua “en gran parte del país”, aunque la noticia original en Nature sólo decía que las autoridades habían “decidido dejar de clorar muchos de los manantiales de Lima”. La erudición del Dr. Miller creó una montaña de rico abono orgánico para ayudar a que la leyenda prosperara.
El estudio de Swerdlow reveló que las causas de la epidemia de cólera en Perú eran mucho más complejas de lo que Miller y Howlett nos hubieran hecho creer. He aquí algunas de las causas que identificó el estudio de Swerdlow:
(a) la ausencia de sistemas de cloración del agua (u otros sistemas de desinfección del agua) en la mayor parte de Perú;
(b) personas que hacen empalmes clandestinamente en las tuberías del agua para poner un tubo hasta sus hogares, tapando cualquier gotera poniendo papel y plástico en las grietas, proporcionando así vías para que las bacterias entren al sistema de distribución de agua;
(c) agricultores locales que hacen empalmes ilegalmente en las tuberías de las aguas servidas para irrigar sus cultivos de vegetales (repollo, lechuga, zanahorias) con aguas negras sin tratar;
(d) baja o ninguna presión del agua (cuando las bombas se apagan o los sistemas eléctricos fallan), permitiendo que la contaminación regrese a las tuberías de agua;
(e) la ausencia de sistemas de cloacas en muchas comunidades;
(f) una mayoría de familias que almacenan agua en barriles debido a que los sistemas repartidores de agua son intermitentes o no existen en los vecindarios pobres, con mucha gente sumergiendo sus manos y brazos en los barriles para sacar agua, propagando así las bacterias a sus familias.
Aunque la falsa historia del cólera en Perú fue demolida en Lancet en 1992, la leyenda satisfacía las necesidades de quienes se oponían al principio de la precaución y así adquirió vida propia. Como hemos visto, ciertos estudiosos destacados y oponentes ideológicos de la precaución han insertado nuevos elementos ficticios en sus versiones de la historia.
En junio, un nuevo estudio de la historia de “la precaución que causó el cólera en Perú” fue publicado en la revista Risk Analysis [8]. En ese estudio, los autores Joel Tickner y Rami Gouveia-Vigeant hicieron esfuerzos substanciales para descubrir si algún funcionario peruano realmente dejó de clorar el agua –con propósitos preventivos o por cualquier otra razón. Los autores no pudieron encontrar evidencias de que haya sucedido algo así.
El nuevo estudio añade una cantidad considerable de información nueva a nuestro entendimiento de las condiciones que dieron lugar a la epidemia de cólera en Perú en 1991. La misma pudo haber comenzado con pescado contaminado –el pescado frecuentemente se come crudo en Perú. Y parece que el calentamiento global pudo haber creado las condiciones en las aguas costeras peruanas que le permitieron a la bacteria Vibrio cholerae prosperar y proliferar.
Una vez que el cólera se ubicó en la población, las malas condiciones sanitarias sin duda fueron la causa principal de la epidemia. Por ejemplo, un hospital en la ciudad de Iquitos, donde se trataba a miles de pacientes con cólera, vertía sus aguas negras no tratadas en el río Belén, río arriba de la toma de agua potable de la ciudad. (Algunas ciudades de los EE.UU. tienen correlaciones sin sentido parecidas entre las tuberías de las aguas residuales y las tuberías de toma de agua, pero éstas pueden permitirse desinfectar su agua, matando las bacterias introducidas de esa manera.)
Tickner y Gouveia-Vigeant se enteraron de que el director del sistema de tratamiento del agua de Lima no estaba preocupado por los subproductos de la cloración comparados con los riesgos de contraer cólera, y nunca dejó de clorar el agua de Lima. De hecho, las autoridades peruanas fomentaban activamente los sistemas de cloración del agua, así como también el uso de pastillas de cloro por los individuos para desinfectar su agua potable. La epidemia peruana de cólera de 1991 –que eventualmente se propagó a otros 19 países en Latinoamérica- fue ocasionada por una infraestructura sanitaria inadecuada que demostró no ser capaz de controlar un peligro conocido –la contaminación microbiana de los sistemas de suministro de agua.
¿Pero qué pasaría si la leyenda fuese cierta?
Por último, podemos preguntarnos: si los funcionarios peruanos HUBIERAN dejado de clorar sus sistemas de suministro de agua para prevenir el cáncer por los subproductos de la cloración, ¿demostraría esto que el principio de la precaución es una mala técnica de toma de decisiones?
De ninguna manera. Esto demostraría que los seres humanos son capaces de cometer errores sin importar cuál técnica de toma de decisiones usen. La pregunta es: ¿puede su técnica de toma de decisiones detectar y corregir errores? El enfoque preventivo puede hacer ambas cosas.
Incluso si alguien toma una decisión equivocada usando el enfoque preventivo, sigue siendo una buena idea intentar evitar daños mediante el establecimiento de objetivos, estudiar todas las alternativas disponibles para llegar a los objetivos y escoger la menos dañina. Si usted calculó mal al escoger la manera menos dañina, la vigilancia y el seguimiento revelarán su error y usted naturalmente revisará su decisión original.
Resumiendo, si usted por error apagó su sistema de cloración del agua para evitar el peligro de contraer cáncer, tan pronto como usted observe que se propaga el cólera, usted volverá a encender su sistema de cloración del agua –revelando que el enfoque preventivo es fuerte ante el error humano, y es una manera sensata de tomar decisiones en condiciones de incertidumbre.
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[1] Para ver una definición de una leyenda urbana, vaya a http://www.snopes.com/info/glossary.asp
[2] Imogen Evans, “Cholera on the Rocks”, Lancet Vol. 341, No. 8840 (30 de enero de 1993), pág. 300. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=539
[3] Lancet Editors, “Of Cabbages and Chlorine: Cholera in Peru”, Lancet Vol. 340, No. 8810 (4 de julio de 1992), pág. 20. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=543
[4] Christoper Anderson, “Cholera epidemic traced to risk miscalculation”, Nature Vol. 354 (28 de noviembre de 1991), pág. 255. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=540
[5] Gregory Conko y Henry I. Miller, “Precaution (Of A Sort) Without Principle”, Priorities for Health Vol. 13, No. 3 (1 de noviembre de 2001), sin página. Disponible en el sitio de la internet de Competitive Enterprise Institute (http://www.cei.org/gencon/019,02243.cfm) y en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=544
[6] William Schulz, “The many faces of chlorine; Howlett and Collins square off about one of the most evocative chemicals”, Chemical & Engineering News Vol. 82, No. 42 (18 de octubre de 2004), págs. 40-45. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=542
[7] David L. Swerdlow y otros, “Waterborne Transmission of Epidemic Cholera in Trujillo, Peru: Lessons for a Continent at Risk”, Lancet Vol. 340 No. 8810 (4 de julio de 1992), págs. 28-33. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=541
[8] Joel Tickner y Tami Gouveia-Vigeant, “The 1991 Cholera Epidemic in Peru: Not a case of Precaution Gone Awry”, Risk Analysis Vol. 25, No. 3 (junio 2005), págs. 495-502. Disponible en http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=545
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NOTA


Según el Título 17 de la Constitución de los EE.UU., Sección 107, este material es distribuido sin fines de lucro a aquellos que han expresado un interés en recibirlo con fines educativos y de investigación. La Fundación para Investigaciones Ambientales (Environmental Research Foundation, E.R.F.) distribuye esta versión de Salud y Medio Ambiente sin costo alguno, aunque a nuestra organización le cuesta un tiempo y dinero considerables producirla. Quisiéramos continuar distribuyendo este servicio gratuitamente. Usted puede contribuir haciendo una donación deducible de sus impuestos (cualquier monto se apreciará, ya sean $5,00 ó $500,00) a: Environmental Research Foundation, P.O. Box 160, New Brunswick, NJ 08903-0160. Por favor, no envíe información de su tarjeta de crédito por correo electrónico. Para mayor información sobre las contribuciones deducibles de impuestos a E.R.F. por medio de tarjetas de crédito, llámenos sin costo alguno a 1-888-2RACHEL, o al (732) 828-9995, o envíenos un fax al (732) 791-4603.

--Peter Montague, Editor


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