Rey lear [lavelli]



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Escena 2
Campo entre los dos campamentos.

Trompas de batalla dentro. Entran, con tambores y estandartes, LEAR,

CORDELIA, y soldados. Atraviesan la escena, y salen.
Entran EDGAR y GLOUCESTER.

Trompas.
EDGAR: Vámonos, viejo. Déme la mano. ¡ Vámonos !

El Rey Lear perdió ; él y su hija, prisioneros.

Déme la mano. Vamos.
V, 2, 3.

GLOUCESTER: No sigo más, señor. También aquí puede podrirse un hombre.


EDGAR: ¡ Cómo ! ¿ Malos pensamientos de nuevo ?

El hombre ha de soportar el irse de este mundo tanto como el venir a él.

Todo madura a su tiempo. Vamos.
GLOUCESTER: También eso es verdad.
Salen.

Escena 3
El campamento británico cerca de Dover.

Entra, triunfante, con tambores y estandartes, EDMUND ; LEAR y

CORDELIA, como prisioneros ; CURAN, soldados, etc.
EDMUND: Que algunos oficiales se los lleven. Vigílenlos bien,

hasta que se conozca la voluntad suprema

de los que han de sentenciarlos.
CORDELIA: No somos los primeros

que, queriendo lo mejor, hemos caído en lo peor.



(A LEAR.) Por ti, Rey oprimido, me siento abatida.

Si por mí fuera, enfrentaría la frente ceñuda de la falsa fortuna.

¿ No veremos a esas hijas y hermanas ?
LEAR: ¡ No, no, no, no ! Vamos, vayamos a la prisión.

Los dos solos cantaremos como aves en la jaula.

Cuando me pidas la bendición, me pondré de rodillas

y te pediré perdón. Así viviremos,

y rezaremos, y cantaremos, y contaremos viejos cuentos,

y nos reiremos del brillo de las mariposas, y oiremos a los pobres infelices

contar las nuevas de la corte.

Y nos encargaremos del misterio de las cosas,


V, 3.

como si fuéramos espías de dios. Y sobreviviremos,

en nuestra prisión amurallada, a las facciones y sectas de los poderosos,

que crecen y menguan según la luna.


EDMUND: Llévenselos.
Salen LEAR y CORDELIA, custodiados.
EDMUND: Ven aquí, Curan. Escucha.

Toma esta nota. Síguelos hasta la prisión.

Te he ascendido de grado. Si procedes

según estas instrucciones, te abrirás camino

a un destino de nobleza. Aprende esto : los hombres

son como es su tiempo. Tener un alma tierna

no le sienta a la espada. Tu importante misión

no admite cuestionamientos. O dices que lo harás,

o busca tu fortuna por otra vía.
CURAN: Lo haré, mi señor.
EDMUND: En marcha. Nota que digo "de inmediato", y lo ejecutarás tal como lo he escrito.
Sale CURAN.

Trompetería. Entran ALBANY, GONERIL, REGAN, otro CAPITÁN, y soldados.
ALBANY: (A EDMUND) Señor, hoy ha demostrado su estirpe valiente,

y la Fortuna lo ha guiado bien. Tiene cautivos

a quienes eran adversarios en la lucha de este día.

Quiero que me los entregue, para tratarlos

como sus méritos y nuestra seguridad

por igual lo determinen.


EDMUND: Señor, me pareció conveniente

enviar al viejo y miserable Rey

a un lugar de detención provisto de guardia.

V, 3.


Con él envié a la Reina.

La razón, la misma. Estarán listos

mañana, o más adelante, para comparecer

allí donde reúna el tribunal.


ALBANY: Señor, con su permiso,

lo considero un subordinado en esta guerra,

no un hermano.
REGAN: Pero así es como queremos honrarlo.

Creo que podría haber consultado nuestra opinión

antes de hablar así. El condujo nuestras fuerzas,

asumió la representación de mi rango y mi persona ;

esa proximidad bien puede darle derecho

a llamarse su hermano.


GONERIL: No tanto ímpetu.

Con su propio honor se enaltece

más que con el que le conferiste.
REGAN: Con los derechos

con que lo he investido, iguala a los mejores.


GONERIL: No aspiraría a más, si se casara contigo.
REGAN: Los bromistas suelen resultar profetas.
GONERIL: ¡ Eh ! ¡ Eh !

Los ojos que eso te dijeron miraban torcido.


REGAN: Señora, no me siento bien. Si no, respondería

con toda la furia que desbordan mis entrañas. (A EDMUND.) General,

toma mis soldados, mis prisioneros, mi patrimonio.

V, 3.


Dispones de todo, de mí. Las murallas son tuyas.

Que el mundo sea testigo de que aquí te nombro

mi amo y señor.
GONERIL: ¿ Pretendes gozar de su persona ?
ALBANY: (A GONERIL.) No está en tu poder impedirlo.
EDMUND: Ni en el suyo, señor.
ALBANY: Sí, bastardo.
REGAN: (A EDMUND.) ¡ Que redoble el tambor y proclame que son tuyos mis títulos !
ALBANY: Un momento. Oigan razones. Edmund, te arresto

por alta traición. Y con tu misma acusación, (Señala a GONERIL.)

a esta dorada serpiente. En cuanto a tu demanda, bella hermana,

la rechazo en interés de mi esposa.

Tiene un sub-contrato matrimonial con este caballero,

y yo, su marido, me opongo a la proclama de tus bodas.

Mi señora ya está comprometida.
GONERIL: ¡ Una farsa !
ALBANY: Estás armado, Gloucester. Que suene la trompeta.

Si nadie se presenta para probar en tu contra

tus muchas traiciones, infames y manifiestas,

aquí está mi reto. (Le arroja un guante.)


REGAN: ¡ Mal ! ¡ Me siento mal !
GONERIL: (Aparte.) Si así no fuera, no volvería a confiar en la medicina.

V, 3.


EDMUND: (Arrojando un guante.)

Aquí está mi respuesta. Sea quien fuere en el mundo

el que me llama traidor, miente como un canalla.

Haga sonar la trompeta.


ALBANY: ¡ Eh, un heraldo !
ALBANY: Confía sólo en tu valor, porque tus soldados,

en mi nombre reclutados, en mi nombre

fueron licenciados.
REGAN: Mi mal se agrava.
ALBANY: No está bien. Llévenla a mi tienda.
Se llevan a REGAN.

Entra un HERALDO.
¡ Aquí, heraldo ! Que suene la trompeta.

Lee esto.


CAPITÁN: ¡ Que suene la trompeta !
Suena una trompeta.
HERALDO: (Lee.) "Si hay en las filas del ejército algún hombre de linaje o rango que quiera afirmar que Edmund, supuesto conde de Gloucester, es un traidor empedernido, que se presente al tercer toque de trompeta. El está dispuesto a defenderse".

¡ Que suene ! (Primer toque.)

¡ Otra vez ! (Segundo toque.)

¡ Otra vez ! (Tercer toque.)


Una trompeta responde dentro.

Al tercer llamado, entra EDGAR, armado, con un trompetero delante.
ALBANY: (Al HERALDO.) Pregúntale su propósito, por qué se presenta

al toque de trompeta.


V, 3.

HERALDO: ¿ Quién es ?

¿ Su nombre, su rango, y por qué responde

al presente llamado ?


EDGAR: Mi nombre, sabe, se perdió,

a roído por el diente de la traición y carcomido por gusanos.

Pero soy tan noble como el adversario

con quien vengo enfrentarme.


ALBANY: ¿ Quién es ese adversario ?
EDGAR: ¿ Quién es el que responde por Edmund, conde de Gloucester ?
EDMUND: El mismo. ¿ Qué tienes que decirle ?
EDGAR: Desenvaina la espada.

Yo proclamo, a pesar de tu fuerza,

juventud, posición y eminencia,

pese a tu espada victoriosa y a tu flamante fortuna,

que eres un traidor, falso con tus dioses, tu hermano y tu padre,

conspirador contra este ilustrísimo príncipe,

un traidor inmundo como un sapo. Llegas a decir que no,

y esta espada, este brazo y mis mejores fuerzas están listos

para probar sobre tu corazón, al que le hablo,

que mientes.


EDMUND: Debiera ser sensato y preguntar tu nombre,

pero como tu aspecto parece tan digno y guerrero,

siguiendo las leyes de la caballería, aquí rechazo y desdeño.

Te devuelvo a la cara tus acusaciones ;

que con la mentira, odiosa como el infierno, te aplasten el corazón.

¡ Hablen, trompetas !


Llamada a las armas. Luchan. Cae EDMUND.
V, 3.

ALBANY: ¡ Perdónale la vida ! ¡ Perdónalo !


GONERIL: Es una trampa, Gloucester.

Según la ley de las armas, no estabas obligado a responder

a un contrincante anónimo. No has sido vencido,

sino traicionado y engañado.


ALBANY: ¡ Cierra la boca, mujer,

o con este papel te la cerraré yo ! Quieto, señor.

Tú, peor que cualquier insulto, lee tu propia infamia.

No lo rompas, señora. Veo que lo conoces bien.


GONERIL: ¿ Y si así fuera qué ? La ley es mía, no tuya.

¿ Quién puede juzgarme por eso ?


ALBANY: ¡ Monstruo !

¿ Conoces este papel ?


GONERIL: No me preguntes lo que conozco. (Sale.)
ALBANY: Síganla. Está desesperada. Vigílenla.
Salen algunos.
EDMUND: Todo eso de lo que me acusas, lo he hecho ;

y más, mucho más. El tiempo lo revelará.

Ya es pasado, como yo. ¿ Pero quién eres tú

que tuviste la suerte de vencerme ? Si eres noble,

te perdono.
EDGAR: Intercambiemos perdones.

Mi sangre no es menos noble que la tuya, Edmund ;

y si más, mayor es el mal que me has hecho.

Mi nombre es Edgar, y soy hijo de tu padre.


V, 3.

EDMUND: Hablas con razón. Es cierto.

La rueda ha completado el círculo. Aquí estoy.
ALBANY: (A EDGAR.) Me pareció que tu mismo porte predecía

una nobleza real. Tengo que abrazarte.

¡ Que el dolor me parta el corazón si alguna vez

te odié a ti o a tu padre !


EDGAR: Ilustre príncipe,

lo sé.
ALBANY: ¿ Dónde te ocultaste ?

¿ Cómo supiste de las desgracias de tu padre ?
EDGAR: Atendiéndolas, mi señor. Escuche este breve relato.

Escapar de la proclama sangrienta,

que tan de cerca me seguía, me llevó a cambiar

mi ropa por los andrajos de un loco, asumiendo un aspecto

que hasta los mismos perros despreciaban. Y así vestido,

encontré a mi padre, con sus anillos sangrantes,

recién perdidas sus piedras preciosas. Me convertí en su guía,

lo conduje, mendigué para él, lo salvé de la desesperación.

Nunca - ¡ ay, qué error ! - le revelé quién era,

hasta hace media hora, cuando vestí mis armas.

Pero su corazón quebrado,

demasiado débil para soportar el conflicto

entre dos pasiones extremas, la alegría y el dolor,

se rompió, mientras sonreía.


EDMUND: Tus palabras me han conmovido,

y puedan quizá hacerme bien.


Entra un CABALLERO, con un cuchillo ensangrentado.
CABALLERO: ¡ Socorro, socorro, socorro !

V, 3.


ALBANY: Habla, hombre.
EDGAR: ¿ Qué significa este cuchillo ensangrentado ?
CABALLERO: Está caliente. Humeante.

Acaba de salir del corazón de... ¡ Ay, está muerta !


ALBANY: ¿ Muerta, quién ? Habla, hombre.
CABALLERO: Su esposa, señor, su esposa. Y su hermana,

envenenada por ella. Así lo confesó.


EDMUND: Estaba comprometido con las dos. Ahora los tres

nos casamos, en un instante.


EDGAR: Aquí viene Kent.
ALBANY: Traigan los cuerpos, estén vivos o muertos. (Sale el caballero.)

Este juicio de los cielos, que nos hace temblar,

no nos mueve a compasión. (Entra KENT.)
KENT: He venido

para darle a mi Rey y señor las buenas noches para siempre.

¿ No está aquí ?
ALBANY: ¡ Tamaño olvido el nuestro !

Habla, Edmund, ¿ dónde está el Rey ?, ¿ y dónde está Cordelia ?

¿ Ves este espectáculo, Kent ?
(Traen los cuerpos de Goneril y Regan).
KENT: ¡ Ay ! ¿ Por qué esto ?
EDMUND: Pese a todo, Edmund fue amado :

V, 3.


una envenenó a la otra por mí,

y después se mató.


ALBANY: (A KENT.) Así fue. Cubran sus rostros.
EDMUND: Quiero hacer algún bien,

a pesar de mi naturaleza. Envíe rápido a alguien

- hágalo de prisa - al castillo, porque la orden que di

es contra la vida de Lear y Cordelia.


ALBANY: (a EDGAR) ¡ Corre, corre, corre !
EDGAR: ¿ Quién tiene la orden ? Envía una señal

para suspender la ejecución.


EDMUND: Bien pensado. Toma mi espada.

Dásela a Curan.


ALBANY: ¡ De prisa, por tu vida !
Sale EDGAR.
EDMUND: Tenía orden mía y de tu esposa

de colgar a Cordelia en la celda.


ALBANY: ¡ Los dioses la protejan ! Llévenselo de aquí por el momento.
Se llevan a EDMUND.

Vuelve a entrar LEAR, con CORDELIA muerta en sus brazos.

EDGAR, el CAPITÁN, y otros, lo siguen.
LEAR: ¡ Aúllen, aúllen, aúllen, aúllen ! Ay, son hombres de piedra.

Si yo tuviera sus lenguas y sus ojos, los usaría

hasta que estallara la bóveda del cielo. ¡ Se ha ido para siempre !

Sé cuándo alguien ha muerto y cuándo vive.

Muerta está como la tierra. Denme un espejo.

Si su aliento empaña o mancha el cristal,

V, 3.

entonces es que vive.


KENT: ¿ Es éste el prometido Fin ?
EDGAR: ¿ O una imagen de ese horror ?
ALBANY: Que todo se derrumbe y perezca.
LEAR: Esta pluma se mueve. ¡ Está viva ! Si es así,

es ventura que redime cuantas penas

he sufrido.
KENT: (Arrodillándose.) ¡ Ay, mi buen señor !
LEAR: Retírate, por favor.
EDGAR: Es el noble Kent, su amigo.
LEAR: Ahora se ha ido para siempre.

¡ Cordelia, Cordelia ! Quédate aún un poco. ¿ Eh ?

¿ Qué es lo que has dicho ? Su voz fue siempre suave,

dulce y queda.

Maté al esclavo que te estaba ahorcando.
CAPITÁN: Es cierto, señores, lo hizo.
LEAR: ¿ No es cierto, amigo ?

Conocí un tiempo en que con mi afilado sable

los habría hecho saltar. Ahora soy viejo,

y estos mismos pesares me quebrantan. ¿ Quién eres ?

Mis ojos no están bien... Te lo diré enseguida.
KENT: Si la fortuna se jacta de dos a los que amó y odió,

vemos aquí a uno de ellos.

V, 3.

LEAR: La visión es borrosa. ¿ No eres Kent ?


KENT: El mismo,

Kent, su servidor. ¿ Dónde está su siervo Cayo ?


LEAR: Es un buen hombre, puedo asegurártelo.

Sabe pegar, y rápido. Está muerto y podrido.


KENT: No, mi buen señor. Yo soy el hombre...
LEAR: Ya me ocuparé de eso.
KENT: ... que desde el comienzo de su desgracia y caída

siguió sus tristes pasos...


LEAR: Bienvenido seas.
KENT: Ningún otro. Todo es tristeza, oscuridad y muerte.
LEAR: Sí, eso creo.
ALBANY: No sabe lo que dice, y es inútil

que ante él nos presentemos.


EDGAR: Completamente inútil.
Entra un CAPITÁN.
CAPITÁN: Edmund ha muerto, mi señor.
ALBANY: Eso es insignificante ahora.

Señores y nobles amigos, conozcan mi intención.

Cuanto alivio pueda brindarse a esta grandeza en ruinas

le será dado. En cuanto a Nosotros,

mientras viva esta anciana Majestad,

le dejaremos el poder absoluto. (A EDGAR y KENT.) A ustedes, sus derechos, con la suma de aquello que su honor

de sobra ha merecido. Todos los amigos probarán
V, 3.

el premio a su virtud, y los enemigos,

el cáliz que merecen. ¡ Ah, miren, miren !
LEAR: ¡ Y mi pobre hijita, ahorcada ! ¡ No, no, no hay vida !

¿ Por qué tienen vida un perro, un caballo, una rata,

y tú, ningún aliento ? ¡ Ya no volverás,

nunca, nunca, nunca, nunca, nunca!...



(A KENT.) Por favor, desabróchame este botón. Gracias, señor.

¿ Ven eso ? ¡ Mírenla, miren sus labios,

miren eso, miren ! (Muere.)
EDGAR: Se desmaya. ¡ Mi señor, mi señor !
KENT: ¡ Rómpete, corazón, te lo ruego, rómpete !
EDGAR: Abra los ojos, mi señor.
KENT: No perturben su espíritu. ¡ Déjenlo ir !
EDGAR: Se ha ido.
KENT: Lo asombroso es que haya resistido tanto.

Sólo usurpaba su vida.


ALBANY: Llévenselos de aquí. Nuestra tarea ahora

es el duelo general. (A KENT y EDGAR.) Amigos de mi alma, juntos

gobiernen este reino y preserven este Estado malherido.
KENT: Tengo un viaje que hacer, señor, muy pronto.

Mi señor me llama. No puedo decir que no.


EDGAR: Hemos de cargar el peso de estos tristes tiempos ;

decir lo que sentimos, no aquello que debemos.

Los viejos sufrieron mucho. Jóvenes en años,

nosotros no veremos ni viviremos tanto.


Salen, con una marcha fúnebre.



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