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Economía y patrones de subsistencia prehispánicos del pueblo Yagua



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Economía y patrones de subsistencia prehispánicos del pueblo Yagua
La caza, es la base de prestigio por excelencia de los hombres Yagua y se consideran buenos cazadores, por tradición. Tienen normalmente de tres a seis lugares de caza, los que rotan, como una estrategia para mantener desapercibidas a sus presas. Antiguamente los territorios de caza colectiva se encontraban en las cabeceras de los afluentes secundarios, los cuales siguen siendo los escenarios apropiados, pero a manera individual. Practican tres formas de capturar sus presas: la más común es al acecho, para lo cual construyen plataformas en los árboles cerca de los salados y chapanas para la caza de aves y micos; de aproximación por huellas o de batidas, en donde se acompañan con perros y escopeta, y la de trampas, que son expertos en su fabricación de acuerdo a la presa que quieren capturar. El arma preferida y tradicional de los Yagua es la cerbatana (Rúndase), teniendo además algunos tabúes alimenticios, de abstinencia, hechizos vegetales y señuelos de caza que han sido tradicionales para la suerte de esta actividad.
La pesca, es una actividad importante en la alimentación y en la economía de los Yagua, tanto que tiende a reemplazar actualmente la caza, aunque para ellos la abundancia de pescado, no compensa la falta de carne. También tiene sus ritos tradicionales individuales para pescar y las artes de pesca son similares a la mayoría de la étnias del Amazonas.
La economía, también está basada en una agricultura itinerante de tumba y quema, peculiar en las comunidades indígenas del amazonas, donde su principal cultivo es la yuca dulce, el plátano, maíz, ñame, banano, frutas de la región, algunas hortalizas y condimentos. Las chagras tienen las mismas características de los Ticuna y el trabajo es realizado en grupos familiares o en mingas y repartido de igual forma. La cestería es un arte que ocupa ocasionalmente a los hombres junto con las mujeres, éstas a su vez practican el tejido, la alfarería y artesanías, comúnmente hechas en chambira, pona, palisangre y yanchamas, con diseños enmarcados dentro de una tradición cultural indígena, propia de la región amazónica.
El comercio y el intercambio de sus productos se combina con la oferta remunerada de su mano de obra en diferentes actividades, junto con la explotación de maderas, como una plataforma en su economía general.
Redes comerciales prehispánicas de los Yagua

El conjunto Peba-Yagua conformaban un importante eslabón en la cadena de intercambio histórico que unía al río Ucayali con el Amazonas central, con los Omagua y demás étnias; actualmente mantienen aún, parcialmente relaciones privilegiadas con los grupos situados a lo largo de este eje hidrográfico, principalmente con los Ticuna y los Cocama, las cuales se han mantenido siempre muy activas, tanto en intercambios guerreros antiguamente, como en comerciales y de índole tradicional como el shamanismo, el curare, las cerbatanas y las hamacas, por su famosa calidad y eficacia, motivo que aprovechaban los misioneros para capitalizar su economía a costas de la producción indígena, la que controlaban parcialmente por medio de los Omagua y las tropas españolas.


Ciclo Estacional o Calendario Yagua

Para los Yagua el ciclo anual empieza en Febrero, época en maduran los racimos de fruta del pijuayo (chontaduro), o sea que la fructificación de esta palma, marca el comienzo del año yagua, siendo a su vez para ellos el comienzo del ciclo de la reproducción vegetal y animal, constituyéndose el tiempo del pijuayo = púrendanu como la referencia temporal más importante de los Yagua. Calculan la edad de una persona en base a los púrendanu por los que ésta ha pasado. Con el inicio del ciclo anual, denominado también tiempo de frutas, sobreviene el tiempo de invierno, de las crecientes, de los animales, (se programan cazas colectivas) de la abundancia, acentuándose el acercamiento de los lazos sociales y de cohesión comunitaria, cuyo momento más importante se ubica entre Marzo y comienzos de Mayo, En el pasado fueron los tiempos de guerra, durante los cuales los Yagua partían tradicionalmente a los frentes de batalla a conquistar lo trofeos de los enemigos.


La señal más evidente del verano es la época de oviposición de las tortugas, que se manifiesta en el mes de Junio y Julio, tiempo de la pesca y también de la caza a nivel individual y de tumba y quema en la chagra. De agosto a mediados de Septiembre tiene lugar la segunda época del pijuayo, con menor rendimiento, un 50% menos del de Febrero; es como un segundo ciclo de árboles frutales. A comienzos de la lluvias en Octubre, concuerda con el tiempo de las flores y de los cultivos en la chagra; de Noviembre a Enero, se va escalonando la oviposición de las aves; Diciembre es la época de celo de los animales terrestres.
Vemos que la dinámica social de los Yagua, está directamente influenciada por la dinámica de la oferta natural, en la cual la sociedad se estrecha en torno de rituales tradicionales clánicos, principalmente en el invierno, mientras que en el verano, estos vínculos se dilatan un poco. El calendario Yagua, aunque en estos tiempos ha perdido su autenticidad en la práctica, por los diferentes agentes exógenos de intervención y la crisis social vivida en el siglo XX, corresponde a una identidad sincronizada del hombre con el medio natural.
Vivienda Yagua

Los Yagua vivían tradicionalmente en grandes casas comunales, fabricadas por ellos mismos, con techo en forma de cúpula abierta que desciende hasta el suelo. Estas viviendas son conocidas como “cocameras” en la lengua regional; a su alrededor mantenían huertas y pequeñas viviendas satélite monofamiliares, que se utilizaban de noche. Las cocameras eran construídas sobre elevaciones próximas a fuentes de agua o quebradas, cuyo nombre servía como topónimo, para éstas, junto con el nombre del clan dominante al que cobijaba. Las relaciones entre cocameras estaban basadas en el parentesco, la alianza matrimonial o la hostilidad, según el grado de alejamiento genealógico de sus habitantes y la distancia espacial entre ellas. Actualmente este tipo de vivienda ha desaparecido y si conservan algunas es para realizar eventos comunales importantes. Tenían tres estilos de cocameras: multifamiliar y diurna, monofamiliar y nocturna y la ritual; éstas contaban con construcciones anexas: cocinas, tambos de caza, compartimentos cerrados. De planta oval, al interior de la vivienda no contaba con separación alguna, excepto para el jefe o shamán. La entrada principal daba al este, orientada hacia la salida del sol y la entrada posterior al Oeste y conducía a las plantaciones o cultivos. En épocas de guerra el interior de éstas era fortificado con palizadas en madera de pona; todo el conjunto de vigas y postes se amarraba con un bejuco muy fuerte llamado en su lengua carludovica, el techo era de hojas de palma de shapaja, siendo su duración o vida útil de cinco años. El espacio libre en el centro de la cocamera, estaba reservado para sus rituales, el espacio lateral era asignado a cada unidad conyugal, dividido en compartimentos. Actualmente viven en viviendas monofamiliares, noecoloniales sobre pilotes, la cocina está aislada de la casa, lo mismo que la unidad sanitaria.






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