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Localización prehispánica, denominación étnica y linguística del pueblo Ticuna



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2.2. Localización prehispánica, denominación étnica y linguística

Localización prehispánica, denominación étnica y linguística del pueblo Ticuna

Según la mitología Ticuna, su lugar de origen es el río EWARE, afluente del Amazonas en el Brasil, por ello se consideran de origen brasilero. Es el grupo étnico más numeroso localizado en la subcuenca superior del río Amazonas en la región periférica occidental, su territorio se extiende desde la desembocadura del río Atacuari entre Colombia y Perú, hasta la desembocadura del río Jutaí en el Brasil, en una extensión aproximada de 700 Km. a lo largo de las márgenes transnacionales del río Amazonas, incluyendo la franja interfluvial entre los ríos Atacuari y Putumayo por el costado Norte y las de los ríos Javarí, Jandiatuba y Jutaí por el Sur. Sobresalen algunas comunidades que agrupan mayores concentraciones de habitantes, como son Cuchillococha. El Cacao, Yahuma y Cayarú en el Perú, extendiéndose también en el Brasil las localidades de Belén, Santa Rita,Tacama, Morcegos, San Jerónimo, Umariazú y Yucurapá. En Colombia ocupan todo el sector del trapecio amazónico: en el municipio de Leticia, sobre las riberas de algunos tributarios del Amazonas como el Amacayacu, Tucuchira, Arara y Yawarcaca; en el municipio de Puerto Nariño, sobre el curso de otros tributarios del mismo, como el Atacuari, Boyahuazú, San Juan del Socó y el Loretoyacu; en el Corregimiento de Tarapacá en algunos tributarios del río Putumayo como son Buenos Aires, Cothué, Pupuña, Pimaté, Ventura y Sucuruyú. La población total de los ticuna en esta región asciende a más de 30.000 habitantes distribuidos así : el 55% en 58 asentamientos en los municipios de Tabatinga, Japurá, Sao Paulo de Olivenca, Santo Antonio do Icá, en Brasil; el 27% en los municipios de Leticia y Puerto Nariño en Colombia y el 18% en 15 asentamientos en los distritos Ramón Castilla, Javarí y Putumayo en el Perú. (Sinchi, Luis E. Acosta 2.001).


Denominación étnica

El origen de este etnónimo es sin duda alguna Tupí (indígenas del litoral brasileño). El término una, representa lo negro y por extensión pixuna, se utiliza específicamente para todo lo que es de color negro (Stradelli, 1.929, 706). En cuanto a las raíces tac, tec, tic, toc, tuc, se derivan de taco, que significa hombre ( Villarejo, 1.988, 216) ; Los ticunas también fueron llamados tecuna o tucuna, cuya grafía en Tupí es taco-una que significa hombres pintados de negro, por su costumbre de pintarse todo el cuerpo con el zumo del fruto del árbol de huito (Genipa americana), que los deja completamente negros (Villarejo : ibidem). En la imaginación Ticuna, se piensan y se ven negros, en contraste con los grupos vecinos a quienes visualizan como más claros que ellos.


Los Ticuna se reconocen como una unidad lingüística en oposición a otros grupos específicamente diferenciados a través de los términos Awane,”aquellos que se temen”, los enemigos ancestrales, los Tupí ; Iowa, los yagua ; y Maiyú, término adoptado por los Ticuna, para designar a los grupos étnicos del Sur, que habitaban la margen derecha del Amazonas, ocupada por los Mayorunas o “enemigos del río”. Otras versiones se han tejido alrededor del origen de esta palabra : el franciscano Laureano de la Cruz en 1.650 señala la presencia de Mayuzunas en la desembocadura del río Izá-Putumayo sobre la margen izquierda del Amazonas (1.900, 105). Brinton afirma (1.946, 264) que los Mayorunas tenían espesas barbas y cutis blanco, peculiaridades atribuidas al primer cruce de razas de los blancos con los indígenas. Wilkens de Mattos en 1.874 al referirse a los Mayorunas los registra como descendientes de las indígenas y los primeros conquistadores (soldados de Ursúa) y misioneros que penetraron al Amazonas con Gonzalo Pizarro (1.984, 101).
El término mayú en Quechua, mayo significa río y mayupata, ribera del río, también está asociado a los grupos étnicos de la conquista llamados barbudos por los españoles, a causa de sus adornos faciales y a los “barbudos” españoles que se mezclaron en las primeras expediciones, generando a los Mayorunas.
Para los Tupí, el término mayú, es un regionalismo que deriba de má-e –ú, que significa comer, alimentarse (Batista Caetano, 1.966, 130. En el vocabulario de Stradelli, este término para los Tupí, engendra el ser misterioso de donde proviene todo el mal o cosa mala.
Etnohistóricamente, el término asocia simultáneamente las lenguas Ticuna, Quechua y Tupí, para designar un calificativo a los mayorunas o mayú en las guerras y alianzas acaecidas entre ellos y los Omagua.
El idioma

Antes que algunos lingüistas contemporáneos se interesaran por el estudio de la lengua Ticuna se barajaron diferentes hipótesis acerca de su filiación a algún phillum lingüístico. En ese sentido la lengua Ticuna ha sido relacionada con la lengua Peba, afirmándose incluso que es la misma “lingua” pero con un dialecto distinto ( Hervas 1.800, 265). Marcoy encontró algunos Ticunas que entendían la lengua Tupí y la hablaban un poco (1.866, XIV, 146). Las informaciones que se tienen del siglo XIX, dan cuenta de las lenguas francas que penetraron en el medio Amazonas : el Quechua que provenía del Oeste y el Tupí del Este. Para Brinton muchos de ellos pueden hablar quechua, aunque su lenguaje sea de un grupo diferente. Si bien son numerosas las improntas de la lengua tupí, las que se podrían derivar del quechua están ausentes, tal vez Brinton extrapoló información a partir del estudio de una comunidad marginal situada al Oeste del área que actualmente ocupan los Ticuna y donde se marcó más tal influencia. Sin embargo, Poeppig (Chaumeil, 1.992) reportó que el quechua se hablaba como lengua franca a lo largo del Amazonas peruano, hecho que se relaciona con el intercambio de objetos de origen Ticuna con las poblaciones andinas, evocado por Schuller 1.911, 366.


Chamberlain 81.910, 198) sostiene junto con otros lingüistas contemporáneos, la hipótesis de que la lengua Ticuna es independiente. Anderson entre ellos, fue el primero en distinguir en 1.959 “cinco niveles fonémicos de tonos”, lo cual es ratificado en 1.984 por Soares, sintetizando Anderson (1.966, 6) que la lengua Ticuna puede ser considerada como un idioma aislado sin relación conocida con una familia lingüística mayor.

Localización prehispánica, denominación étnica y linguística del pueblo Yagua

El área que ocupan los Yagua, se extiende desde el ángulo formado por los ríos Putumayo y Yavarí hasta el río Tigre (Perú), teniendo al Amazonas como eje central. Su núcleo principal se encuentra en el Perú, ubicados en cinco grandes zonas de concentración: zona de la boca del río Napo, zona de los ríos Orosa y Arambazá, zona de Pebas y de Pichana, zona de los ríos Yavarí, Cajocuma, Caballococha y Atacuari; en Colombia constituyen un núcleo no muy numeroso en las comunidades ubicadas sobre los ríos Loretoyaco y Boyawasú.


De manera general, en toda aproximación a este conjunto multiétnico, se tiene en cuenta, la llegada masiva de poblaciones de lengua Tupí, originarias del Amazonas central, a partir de los siglos IX y X D.C. Estos pueblos modificaron el equilibrio étnico preexistente, haciendo retroceder hacia las zonas interfluviales, a las étnias ribereñas, entre ellas, los Yagua, que en el momento en que se produjo el contacto colonial, constituían una sociedad étnica estable, más próxima en su configuración global, al modelo Tupí (con quienes habían tenido relaciones de vecindad durante varios siglos) que a la sociedad atomizada que actualmente conforman, tras varios siglos de dominación colonial. Por otro lado compartieron ciertas características con sus vecinos, particularmente con los Ticuna: el sistema de mitades, organización clánica con tres clases, biclanismo local, complejo de curare, técnicas específicas de tejido y otras, que hacen determinar sus interrelaciones tradicionales en el pasado.
Los Yagua son considerados los últimos representantes de la familia lingüística Peba-Yagua, que comprendía inicialmente tres subconjuntos: Los Peba, Los Yagua y los Yameo. En lo concerniente a su idioma, un rasgo fonológico que contribuye a un sistema morfofonémico muy complejo es la palatalización, que afecta a varios sonidos en su ambiente, a la nasalización y al tono. En la garmática se distinguen no solamente el singular y el plural, sino también el dual; en los números y adjetivos llevan sufijos que indican la forma y el tamaño del sustantivo (Ribeiro, 1.978: 212).
La lengua Yagua comprende además, varios dialectos, que indican las divisiones clánicas principales: la zona del Orosa, la del Putumayo y la de los alrededores de Pebas (Powlison, 1.962: 280). Al igual que en los Ticuna, también se registran numerosos rasgos lingüísticos de origen Quechua y Tupí entre los Yagua, que fueron configurándose como lenguas francas a partir del siglo XVII y convertidas por los jesuitas como genéricas de las misiones (Quechua en Perú y Tupí en Brasil), por lo cual aparecen con frecuencia palabras pertenecientes a estas dos lenguas en el léxico Yagua.
A finales del siglo XVII, el conjunto Peba-Yagua ocupaba de manera discontinua, la ribera izquierda del Amazonas, a lo largo de unos 600 Km. aproximadamente. Los Peba residían en pequeños grupos a orillas de los ríos Shisita y Ampiyacú o Guerari (río del veneno), los Yagua habitaban el sector Norte de ese territorio, principalmente las cabeceras del río Yaguas. Los Yameo se extendían desde la ribera oriental del río Tigre hasta el río Mazán, afluente occidental del bajo Napo, presentando una fuerte concentración entre los ríos Nanay e Itayay. En la literatura misionera, el conjunto social indígena Peba-Yagua y Yameo, son tratados como dos grupos distintos, aunque nada prueba que lo hayan sido antes de la llegada de éstos. Los procesos de etnogénesis han podido producirse mucho antes de la llegada de los españoles, incluso antes de la de los Tupí; la división de los Peba-Yagua y Yameo, es un fenómeno consecuente del grado de desintegración ocurrido en los sistemas coloniales y en la repartición de los pueblos de misión, desde donde fueron aislados.
Uno de los significados etimológicos de la palabra Yagua, proviene del quechua yaguar o yawar, que significa “sangre o color de sangre”, expresión que se traduce en la costumbre de pintarse el cuerpo con achiote y en la auto-percepción de los Yagua, que se ven a sí mismos como “rojos”. En su etimología interna su denominación es Ñihamwo, que significa, “nosotros, la gente”; algunos autores registran que el nombre Yagua, les fue atribuido por los colonos españoles, a quienes fueron denominados como Munuñuwanu = los salvajes, enemigos o no yagua, en su lengua nativa.

Localización prehispánica, denominación étnica y linguística del pueblo Cocama

Los cocama-cocamilla son uno de los aproximadamente 46 pueblos indígenas que habitan en la Amazonía peruana (Pozzi-Escot, 1997). Existen comunidades pertenecientes a este pueblo en las provincias de Loreto, Requena, Ramón Castilla, Maynas y Alto Amazonas, en las cuencas de los ríos Huallaga, Marañon, Ucayali, Nanay y Amazonas, en la región Loreto y algunas en la región Ucayali. Tambien sabemos de la existencia de población Cocama en territorio de Brasil y de Colombia.


Actualmente el territorio de las comunidades de la zona del Huallaga y de algunas de la zona del Marañon y Ucayali está legalmente reconocido, pues estas comunidades cuentan con título de propiedad. Sin embargo, aproximadamente 100 comunidades de esta última zona, no lo han logrado pues el territorio que heredaron de sus antepasados ha sido declarado zona reservada (reserva Nacional Pacaya-Samiria) convirtiendo a los comuneros en ilegales dentro del territorio en el que han vivido desde siempre.
Los Cocama-Cocamillas conviven en el bosque con los seres de la naturaleza, dueños y guardianes del monte a quienes deben pedir permiso para tomar algunos de los animales o plantas que protegen. Con estos seres la gente establece relaciones de reciprocidad similares a las que establecen con las demás personas.
La pesca, agricultura y recolección de frutos silvestres, son las principales actividades productivas que garantizan el sustento de la población. Los Cocama-Cocamillas, al igual que otros pueblos, han desarrollado una serie de conocimientos y técnicas que les permiten realizar estas actividades teniendo en cuenta su propio calendario ya que deben vivir en comunidades completamente inundadas aproximadamente la mitad del año. Al respeto, Roxani Rivas señala que “una descripción minunciosa de los medios de trabajo de pesca y las diferentes técnicas que los Cocama-Cocamilla aplican en un ecosistema de várzea llenaría un etnográfico sobre el tipo de adaptación que el ser humano ha tenido y tiene en los suelos inundables, ya que cada sociedad adapta y adopta, en el transcurso de su historia, los instrumentos y su saber hacer con los cuales transforma su medio ambiente”
3) Población
No existen datos exactos sobre la población total Cocama-Cocamilla, de ahí que contemos con diferentes cifras: 19.000 (Chirif y Mora 1977), 25.000 (Stocks, 1981). Una de las cifras más bajas nos la presenta el censo realizado por el instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI – en 1993, con un total de 10.705 habitantes distribuidos por Departamentos de la siguiente manera: en Loreto 9422 y en Ucayali 1283, constituyendo el 4,47% de la población indígena Amazónica.
Sin embargo, se cree que el número real de Cocama-Cocamillas es más elevado pues es muy difícil hacer cálculos exactos ya que mucha gente no se reconoce como indígena debido, entre otras cosas, a la carga discriminatoria frente a lo indígena, de los cual ellos son conscientes, y al largo contacto y mimetización la población ribereña, especialmente aquellos que han migrado a centros poblados como Yurimaguas, Lagunas, Nauta, Iquitos, entre otros; de ahí que Stocks se refiriera a ellos como los “nativos invisibles”. Actualmente, los más entusiastas calculan la población cocama – cocamilla en 40.000 habitantes.
4) Situación Sociolinguística
La situación de contacto con la “sociedad nacional” que ha experimentado este pueblo han producido una serie de cambios en los Cocama-Cocamilla. El pronto contacto con los colonizadores con el consiguiente adoctrinamiento religioso, la llegada de las escuelas hacia 1926, los matrimonios con gente foránea, su dispersión geográfica y su inserción en el mundo urbano han ocasionado el cambio más nocivo que es el temor por identificarse como indígenas. Esta es una clara muestra de la carga racista de la sociedad envolvente con la que entraron en contacto.
Otro de los cambios es la extendida pérdida de su lengua. El número de hablantes de cocama es mucho menor al total de la población, pues éstos pertenecen, en su mayoría, a la generación de ancianos. De esta manera el Cocama – cocamilla constituye una más de las lenguas en vías de extinción al estar siendo desplazada por el castellano que ya se ha constituido en la lengua materna de las generaciones jóvenes.
Al respecto Rivas sostiene que “los Cocama-Cocamilla no han desparecido como pueblo indígena gracias a la particular forma de maquillaje externo adoptado”. Para ello han eliminado algunos rasgos culturales visibles que molestaban “al otro” (sean misioneros, patrones o mestizos) y que pudieran identificarlos como indígenas, entre los cuales tenemos: la lengua y gran parte de su cultura material (la vestimenta, las pinturas faciales, etc.). En ese sentido Chaumeil resaltó la frase de Grenard “ un hecho cultural que desaparece, deja de ser combatido”. Ambos investigadores coinciden que lo que permanece de los Cocama-Omagua son sus valores, creencias, es decir, su nivel simbólico. La experiencia con este pueblo me permite ampliar esta visión, ya que depende del hecho cultural que el investigador examina, pues un pueblo no es tan autodestructivo como para eliminar de su práctica las herramientas que le permiten sus subsistencia diaria, ni el saber hacer (Rivas, 2.000: 13).
Desde hace mucho se viene prediciendo la extinción de la lengua Cocama-Cocamilla, sin embargo es importante reflexionar acerca de otros casos declarados en la misma situación pero cuya evolución ha demostrado lo impredecible que pueden resultar estos procesos. Existe un pueblo llamado Kamayurá, en la parte central del Brasil (también de la familia lingüística Tupí-Guaraní) que tiene actualmente cerca de 200 habitantes; desde hace un siglo esta población ha conservado sus rasgos culturales más importantes y ha mantenido viva su lengua. Asimismo, también en Brasil en la costa Nororiental, existe el pueblo Fulnio que ha conservado su lengua (el Yaté) y su cultura, a diferencia de los pueblos vecinos.
Antecedentes Linguíticos

1) La lengua Cocama-Cocamilla en las clasificaciones linguísticas



El Cocama y el Cocamilla figuran dentro de las 40 lenguas pertenecientes a la familia lingüística Tupí-Guaraní (Aryon Rodríguez, 1.985). Esta familia es una de las más grandes y las lenguas pertenecientes a ella, están distribuidas en todo el territorio de Sudamérica de la siguiente manera: por el Sur hasta la Argentina, por el Norte hasta la Guayana Francesa, por el Oriente hasta la Costa Occidental de Brasil y por el Occidente, cerca de los Andes de Bolivia. La diferencia de las lenguas de la familia Tupí-Guaraní, es similar alas que existen entre el español y el portugués.
Al interior de esta familia existen diversos grados de similitud entre las lenguas, siendo su clasificación considerada básicamente en criterios fonológicos, gramaticales y lexicales. Sin embargo el comportamiento de las lenguas en todos los niveles de la gramática no es paralelo, también depende de las lenguas con las lenguas con las que hayan entrado en contacto y de las que hayan recibido influencias. La lengua Cocama es considerada por Aryon Rodríguez en un mismo subgrupo con la Cocamilla, el Tupinamba, la Lingua Geral Paulista, la Lingua Geral Amazónica y la Omagua.
2) Variedad cocamilla
¿Qué significa parentesco lingüístico genético? Para tratar de responder a esta pregunta debemos considerar que si existen lenguas que comparten propiedades estructurales, tales y tantas que no se pueden explicar como consecuencias independientes de principios universales del lenguaje, ni como resultado de un proceso de adquisición por los hablantes de una lengua en eventual interacción social con los hablantes de otra, entonces las lenguas en cuestión son manifestaciones diferenciadas de lo que fue en el pasado una misma lengua y las propiedades compartidas son una herencia común conservada sin diferenciaciones o con diferencias menos profundas (Rodríguez, 1985)
Visto así, los sistemas lingüísticos emparentados son manifestaciones de lo que fue una misma lengua. Esta hipótesis está basada en dos propiedades de las lenguas: toda lengua está en constante cambio, y los cambios de una comunidad no coinciden necesariamente con los de otra. El mayor o menor grado de momento de la observación. Para estos diversos grados de diferenciación se usan los términos variedad o dialecto de la misma lengua, lengua de la misma familia, familia del mismo tronco, tronco del mismo fillum.
Considerado la historia de estos pueblos y nuestra experiencia directa con hablantes de ambas variedad podemos señalar que por el momento, a pesar de no contar con estudios comparativos del cocama y el cocamilla, es pertinente hablar de “la variedad cocamilla” y de “la lengua cocama – cocamilla”.
3) Primeros Estudios
Los primeros registros de lenguas Tupi son del año 1578, de Juan de Léry, colonizador del Rió de Janeiro. Estos son registros de diálogos, discursos y palabras especiales (nombre diferentes). En el años posteriores los misioneros J. De anchieta, 1595 y L. Figuereira, 1621 publican sus respectivas gramáticas del Tupinambá.
Por otro lado, los primeros documentos en Guaraní son de 1639. Antonio Ruiz de Montoya tuvo su misión en el río Parana Paanimba y realizó entre 1639 y 1640 las siguientes obras: Gramática Guaraní , Tesoro de la Lengua Guaraní (que consta de más de 6.000 palabras), vocabulario: Español – Guaraní (la llave para abrir el tesoro) y un catecismo.
El sistema de casos es uno de los aspectos que desde la antigüedad clásica ha merecido la atención de los investigadores. Tanto el griego como el latín, ampliamente estudiados, manifestaban esta categoría. En los estudios del padre Ruiz de Montoya encontraremos este aspecto desarrollado en su Gramática Guaraní.
Centrado nuestra atención en el Perú, encontramos que existen pocas investigaciones, siendo la más importante las de los misioneros. En la época colonial el padre Maroni publicó el catecismo Omagua, otra de las lenguas de esta familia.
En 1935, el padre Lucas Espinosa presentó su obra Los Tupi del Oriente Peruano. Estudios Lingüísticos y Etnográfico. En esta publicación, este autor presenta valiosa información lingüística sobre todo si consideramos la época en la que ésta fue recogida. Sin embargo, es bastante evidente que su acercamiento a la gramática del cocama es desde las categorías del castellano, y en algunos casos incluso desde el latin.
Así contamos con Breve Diccionario Analítico Castellano-Tupí del Perú, Sección Cocama, (1989) del padre Lucas Espinosa, constituyéndose en el único trabajo referido al aspecto semántico de esta lengua. Este trabajo que, tal como su autor lo manifiesta, es el fruto de 18 años de permanencia en la misión agustiniana en el río Amazonas, consiste en presentar “una radical bien comprobada, correspondiente al concepto más simple seguida de sus derivados” (1989: 9)
En este diccionario los artículos constan de una entrada y definición en castellano, seguida de su referente más próximo en cocama, (aunque en algunos casos no aparece) y luego se consignan ejemplos con oraciones para otorgarle un contexto a la palabra. Inmersa y dispersa en todo este trabajo encontramos alguna información referida al caso, especialmente cuando el autor se empeña en presentar las preposiciones castellanas como “DE”, buscando en Cocama todas las aceptaciones y funciones de ésta (genitiva, procedencia, direccional, materia de que esta hecha, etc).

4) Estudios recientes


Remitiéndonos al contexto sudamericano encontramos que los estudios referidos a la categoría del caso están en plena vigencia. En este ámbito, encontramos descripciones sobre diversas lenguas aborígenes.
Uno de los centros de investigación que más estudios está realizando en los últimos años es el Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Aborígenes – CCELA. Algunas de sus publicaciones son: La Lengua Achagua, de Miguel Angel Meléndez, Categorías gramaticales del ette taara, Lengua de los chimilas, de María Trillos Amaya, Lengua de los wiwa, de la misma autora, Estudios Gramaticales de la Lengua Paez (Nasa Yuwe), de Tulio Rojas, Tonología en ticuna, de Maria Emilia Montes. En casi todas ellas, pero con diferentes profundidad (lo que depende del aspecto gramatical en estudio) se da cuenta del caso.
Por su parte Ana Gerzenstein aborda el caso en la lengua maká, lengua indígena del chaco argentino, en sus trabajos Grados de transitividad en la lengua maká y mecanismo en ergatividad en la lenguya maka., aunque en el segundo trabajo su atención está centrada en la ergatividad morfológica.
En el Perú, considerando el número de lenguas existentes, encontramos pocas investigaciones gramaticales. Son sólo algunas las lenguas que han concitado la atención de los estudiosos, entre ellas podemos mencionar el quechua, asháninka (en sus dialectos), shipibo, aguaruna y harakmbut. Así, encontramos que Rodolfo Cerrón Palomino dedica buena parte de su obra Lingüística Quechua (1988) a describir detalladamente el sistema de casos de esta lengua. También contamos con el trabajo Fonología e gramática do aguaruna (Jíbaro) (1994), DFE Angel Corbera donde describe la flexión de caso, haciendo una distinción entre los casos no oblicuos y los oblicuos.
Existen otros trabajos, aún sin publicar, realizados en el marco del PFMB, en los que se describen los sistemas de casos de las siguientes lenguas Amazónicas: asháninca, por Fernando García, chayahuita, por Iris Barraza, y Kandozi, por María C. Mogollón.
En cuanto a estudios sobre la familia Tupi – Guaraní, sabemos de la existencia de diversas investigaciones, especiales sobre el guaraní. Podemos mencionar los trabajos de Aryon Rodríguez, especialmente los referidos a la gramática del Tupinambá, aunque ninguno se refiera especialmente al sistema de casos. El interés de este investigador ha estado orientado a la dialectología Tupi-Guaraní, buscando aclarar y replantear hipótesis en torno a la lengua Kamaiurá, hablada en el Brasil, y de Lucrecia Villafane sobre la lengua Yuki, hablada en el oriente Boliviano.
Centrando nuestra atención en la lengua cocama-cocamilla, una de la lingüísticas que más ha investigado y publicado sobre el cocama del Perú es Norma Faust. En su artículo Brief cocama vocabulary (1959) presenta un pequeño listado de términos cocamas con sus respectivas glosas en inglés. En este mismo año presenta, junto a Evelyn de Pike, The Cocama sound System, en el que da a conocer el sistema fonológico de esta lengua. En su artículo el lenguaje de los hombres y de las mujeres en cocama, (1963), aborda, de manera muy breve y general, las diferencias entre el discurso femenino y masculino, una de las mayores particularidades de esta lengua. Otra de sus publicaciones es Cocama clause types, (1971), en ella sostiene que en la estructura gramatical de la lengua Cocama podemos identificar una estructuración jerárquica (según la teoría tagmémica, desarrollada por kenneth Pike, la cuál plantea el principio de la estructuración jerárquica del comportamiento humano, incluido el verbal). Finalmente, en su obra Gramática cocama: lecciones para el aprendizaje del idioma cocama, (1972) su interés está centrado en presentar, de manera didáctica, veinte lecciones que ayuden a aprender y reaprender esta lengua, motivada, al parecer, por el desplazamiento de ésta a favor del castellano. En este trabajo es donde podemos encotrar la mayor información gramatical referida al caso, pero no tratada como tal sino en el afán de explicar las lecciones de aprendizaje.
Sobre el cocama de Brasil existen investigaciones realizadas por Ana Suelly Cámara Cabral. Contact induced language change in the Western Amazon: The non genetic origin of the Kokama Language (1995) es el titulo de su tesis doctoral, donde el interés de esta investigadora está centrado en la afiliación genética de la lengua cocama, es decir, en determinar la pertenencia o no de esta lengua a la familia lingüística Tupi Guaraní. Este trabajo consiste básicamente en establecer comparaciones léxicas, fonológicas y morfológicas entre el Cocama y el Tupinamba, otra lengua de esta familia. Presenta también, en el apéndice, información breve sobre la gramática cocama. En esta tesis, ella concluye que el cocama tiene un origen no genético. En su árticulo “evidencia morfológicas para a nao classificacao genética do Kokama” (sin fecha) ella sigue desarrollando estos planteamientos, pero centrándose, esta vez, sólo en argumentos morfológicos.




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