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Capítulo 2. Antecedentes etnohistóricos



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Capítulo 2. Antecedentes etnohistóricos
2.1. Conquista europea
Etnohistoria del Pueblo Tikuna
La presencia de los Ticunas fue registrada un siglo después de los primeros viajes realizados por los españoles a lo largo del río Amazonas, por Cristóbal de Acuña en 1.639, a cincuenta leguas de la desembocadura del río Putumayo y sobre la margen izquierda, aguas arriba del río Amazonas, en la zona interfluvial. A mediados del siglo XVII, los indígenas Tupí dominaban la parte media alta del río Amazonas, quienes fueron desapareciendo gradualmente por los diferentes impactos causados en su población, con las expediciones realizadas por españoles y portugueses, lo cual favoreció posteriormente el establecimiento progresivo de los Ticuna en esos territorios (Heriarte 1.964: 186).
Datos de las más recientes investigaciones arqueológicas indican una probable presencia anterior de poblaciones ancestrales del actual grupo Ticuna (Herrera 1.987 : 33). Estos grupos se establecieron en los afluentes del medio Amazonas y habrían huido con la llegada de nuevas poblaciones. Las excavaciones de Bolian en esta área arrojaron cerámica Ticuna y material perteneciente a la tradición Barrancoide. Las dataciones por Carbono 14, permiten considerar, según los lugares, un período continuo de instalación comprendido entre el año 100 y 1.200 D.C, lo cual parecería indicar cierta estabilidad de los grupos pre-ticuna, comprobada por la evolución de sus técnicas en el transcurso de dicho milenio. Más adelante, la invasión Tupí, del territorio ocupado por los ancestros del pueblo Ticuna, se ve confirmada por el cambio radical ocurrido en la tradición de fabricación de cerámica : en el siglo XI se pasa de un estilo barrancoide a uno polícromo.
Los antepasados de la población Ticuna pudieron constituir una población ribereña sobre el Amazonas, pero debido a fuertes presiones guerreras y conflictos internos entre miembros de las diversas etnias, entre ellas la de los Omagua, se vio obligada a refugiarse en una zona interfluvial. Posteriormente con la llegada de los españoles, portugueses y las misiones jesuitas (1.638 – 1.768), establecieron alianzas temporales, teniendo que cohabitar en un mismo asentamiento a pesar de ser enemigos tradicionales, como una estrategia para subsistir y reocupar nuevamente su antiguo territorio. En este período se presentaron numerosas epidemias que diezmaron a la población indígena, reducida además por las expediciones esclavistas, las exacciones militares y los métodos coercitivos empleados por los misioneros para sedentarizar a la población (castigos corporales, entre otros). Los acercamientos temporales que se dieron con las tropas españolas y los Ticuna fueron alianzas de éstos para combatir a los Omagua, los Pevas y Caumares, quienes se persuadieron además de que los Ticuna los habían hechizado, ante una terrible epidemia de catarro declarada en San Ignacio de los Pebas en 1.690, (Magnin 1.988: 441-2).
La supresión del principal obstáculo para el establecimiento de la población Ticuna en el medio Amazonas, fue la presencia del conjunto Omagua-Cambeba, para lo cual también aunaron fuerzas con los Mayoruna, a quienes siempre los habían considerado como sus enemigos en la disputa de la expansión territorial, junto con los Yagua. El cacicazgo de los Omagua en la provincia de Apariá, incluía 34 aldeas distribuidas a lo largo de 700 Km. desde el bajo río Napo hasta la desembocadura de los ríos Javarí y Putumayo. Fueron permanentes enemigos de los Ticuna y mantuvieron su predominio hasta el siglo XVII, cuando los grandes cacicazgos de la amazonía comienzan a desaparecer a partir de un siglo de contacto con la sociedad occidental y la consecuente introducción de enfermedades, epidemias, bacilos y virus desconocidos por los indígenas, los cuales, dentro de sus prácticas medicinales tradicionales, no contaban con los elementos para combatirlos.
A partir del siglo XVI, la Amazonía adquirió una importancia geopolítica de primer orden al convertirse en escenario de confrontación de las potencias coloniales de la época, España y Portugal principalmente, además de los conflictos de intereses de otras potencias marítimas como Holanda, Francia, Irlanda e Inglaterra. Muchos pueblos indígenas avocados al soborno, auspiciaron el tráfico de esclavos con las potencias coloniales, con el sistema del “rescate”, esclavizando poblaciones enteras para abastecer la mano de obra en las plantaciones de caña de azúcar del Gran Pará en el Brasil. La práctica del rescate consistía en retribuir al cacique de la tribu, con mercancías como escopetas, pólvora y sal, a cambio de la captura de esclavos. Los Omagua fueron los coprotagonistas de estas negociaciones, siendo sus víctimas los Ticunas, quienes estaban en inferiores condiciones y lo que engendró más adelante fuertes presiones guerreras entre ellos. El tráfico de esclavos y las guerras interétnicas atizadas estratégicamente por el imperio colonial de la época, entre los pueblos indígenas, fueron las principales causas de reducción de los Omagua, de quienes los Ticuna se mantenían al margen y alejados de su territorio por el temor de ser sometidos y esclavizados por éstos en confabulación con los españoles.
Otra estrategia que utilizaron los españoles y portugueses, para doblegar a los pueblos indígenas, fue la de adelantar la “evangelización” y su conversión al catolicismo, con lo cual se pretendía culpar a los indígenas de practicar el canibalismo, el mismo esclavismo y prácticas sexuales juzgadas como inmorales, para luego justificar su sometimiento como esclavos. Los esfuerzos de los jesuitas por fundar misiones permitieron a una parte de los Ticuna establecerse temporalmente y luego definitivamente, en el medio Amazonas. Los misioneros ejercieron una poderosa atracción sobre los Ticuna, fenómeno común a otros grupos étnicos : a cambio de las herramientas “prestigiosas” que les ofrecían, éstos debieron aceptar aunque temporalmente, las prácticas cristianas. La relativa protección proporcionada por los misioneros, desapareció durante un período intermedio, entre 1.780 – 1.820 debido al carácter inestable de las misiones por factores internos de la dinámica colonizadora de concentraciones forzadas e intereses políticos manipulados externamente, además de que los indígenas se sintieron sitiados por el esclavismo, deportación, epidemias que trajeron los blancos, razones por las cuales no aceptaron inicialmente las “nobles misiones”.
El desplazamiento de los Ticuna hacia el Oeste y su posterior retorno hacia el Este, demuestra las dificultades que encontraron los misioneros para incorporar a los poblaciones indígenas dentro de un proceso forzado de pueblos de misión. En 1.759 los jesuitas fueron expulsados del Brasil y en 1.767 del Perú; en el Brasil fueron reemplazados por los Carmelitas y en el Perú en 1.802, por los Franciscanos de Ocopa (San Román 1.975: 108). En territorio peruano existían numerosas misiones, pero solo prosperaron las situadas al Oeste de la línea Putumayo-Yavarí, en donde el número de habitantes de éstas, variaba según el impacto de los acontecimientos locales.
Aparte de las concentraciones forzadas, también se dieron situaciones en que miembros de una etnia decidían voluntariamente reducirse de acuerdo al desarrollo de los acontecimientos. De esta manera, antes de 1.753 en la región de Jeberos, fueron agregándose a este pueblo, varias familias de otras naciones : Guaros, Aunales, Ticunas y Mayorunas (Chantre y Herrera 1.901 : 142), que ante las dificultades posteriores de cohabitación, se dividieron en tres partes, dentro del pueblo con la misión de los jesuitas ubicada en el centro.
La etapa misionera constituyó un período en el que la Corona española ejerció muy poco control y en el que se cometieron toda clase de abusos contra la población indígena. Las denuncias recíprocas entre el poder militar y el religioso trajeron como consecuencia el aumento de castigos para los indígenas que criticaran las conductas de las autoridades (Regan 1.983: I-71)
De la segunda década hasta mediados del siglo XIX, cuando los centros poblados de la región se establecen definitivamente bajo el poder civil, una parte de la población Ticuna, opta por residir en ellos, aceptando la cohabitación con los blancos. En esta época el territorio ocupado por los Ticuna, se define más claramente; los gérmenes de centros poblados aparecen como lugares de refugio ante los mecanismos coercitivos que se siguen utilizando en las zonas rurales. El sistema que se instaura en esta época les ofrecía dos opciones : asentarse en el hábitat aislado de la selva interfluvial, lo cual implicaba el riesgo de ser capturados en el curso de las correrías realizadas por los mestizos y la otra, quedarse en la zona ribereña, bajo la tutela de los patrones mestizos, quienes reinaban ya como potentados locales. La instalación de los nuevos colonos brasileños fue progresiva; éstos se insertaron como intermediarios entre los indígenas y los patrones blancos ejerciendo la explotación de su mano de obra a cambio del ofrecimiento de bienes manufacturados. Esta situación permitió a los indígenas, por una parte, mantener la unidad familiar, a pesar de las convocatorias periódicas para la realización de expediciones extractivas o la prestación temporal de su mano de obra y de otra, con “la protección” de los patrones, escapaban a la acción directa de la expediciones esclavistas, que afectaban principalmente a los “indios enemigos”, es decir, aquellos no vinculados a un patrón. Para los colonos este sistema les garantizaba la rápida movilización de una mano de obra numerosa, barata e hipotecada en un estado de deuda eterna, sin la obligación de compra y sustento de los “esclavos indios”(Oliveira Filho 1.977: 23).
El período comprendido de 1.820 – 1.850, corresponde a la instalación definitiva de los Ticuna, al igual que otras etnias vecinas, en el territorio que actualmente ocupan. Ello no impidió que siguieran desplazándose entre Pebas y Fonte Boa, incluyendo las márgenes derecha e izquierda del Amazonas, hasta la altura del Yaguas y a lo largo del río Cotuhé. Esta territorialidad se expresa en una ocupación de carácter monoétnico con una dinámica extensiva gradualmente por familias ticunas, hacia numerosas aldeas ubicadas a lo largo del Amazonas, las cuales a excepción de un núcleo central que va desde la desembocadura del Atacuari hasta Fonte Boa, se encuentran alternadas con asentamientos poblados por mestizos o por miembros de otros grupos étnicos.
A partir de 1.850 el mundo industrializado entra en competencia por el acceso a mercados y a centros productores de materias primas, especialmente de productos silvestres tropicales, como la quina y el caucho. Desde las primeras décadas del siglo XIX, el país vivó el auge de la explotación de la quina, importante por su valor medicinal, la cual representó el 10% del valor total de las exportaciones colombianas, durante los 33 años siguientes a su inicio, aunque la crisis de la quina, se presenta en 1.882, por la entrada en los mercados de la producción holandesa, de Asia Suroriental. En la región amazónica, la explotación del caucho, toma furor en el mundo industrializado por la creciente demanda internacional, su utilización en maquinarias e implementos domésticos, la revolución en los transportes, con la producción de la navegación de vapor, siendo la existencia de esta materia prima exclusiva y promisoria en la Amazonía, engendrándose en ella el centro de febriles actividades extractivas, que tuvieron una “bonanza” sin precedentes para los comerciantes dominantes de esa época y uno de los sistemas más ignominiosos de esclavización de los pueblos indígenas.
Desde 1.850 hasta 1.932 perdura el período de explotación del caucho, su nombre proviene de la lengua de los indígenas Mainá, de la selva amazónica peruana; su etimología es caa que significa madera, árbol y ochú, de chorrear, que llora. Característica fisiológica de algunos árboles que producen látex, particularmente en este caso del género Hevea, que se extrae rayando o cortando superficialmente la corteza de los tallos de los árboles.
Los europeos tuvieron noticia del caucho en Amazonas, desde el segundo viaje de Colón. No obstante, su interés por el mismo creció cuando la Condamine, comisionado por la Academia de Ciencias de París para medir el arco del meridiano del Ecuador, envió a aquella una comunicación y muestras de este exudado vegetal, denominado por los indígenas “jebe”, el cual se destaca por su notable elasticidad, impermeabilidad, ductilidad y textura, caracteres ideales para la aplicación industrial que apenas se vislumbraba por Hancock, Good Year, empresas que estaban trabajando en la optimización del producto, debido a su gran sensibilidad a los cambios de temperatura, los cuales alteraban notablemente su calidad, superando estas técnicas gradualmente, abrieron el campo a su explotación industrial en gran escala, pasando inadvertidamente el devenir trágico humano que acarreaba su explotación.
Cuando la distribución espacial de las poblaciones indígenas comenzaba a consolidarse, la actividad cauchera llegó a amenazarla. La región amazónica soportó en esta época, la invasión de poblaciones mestizas provenientes de Ceará Brasil. Miles de personas llegaban cada año a instalarse en la zona para dedicarse a la explotación del caucho. Los inmigrantes fundaron nuevos centros poblados y los indígenas debieron sumarse a ellos y los que se encontraban dispersos, fueron reagrupados, para cubrir la necesidad de mano de obra abundante, para la explotación de caucho en zonas cadavez más extensas. Este impacto produjo una nueva redistribuición de los poblados, principalmente en la zona interfluvial y a orillas de los principales afluentes del Amazonas : en el río Pureté, afluente del Putumayo y en el Jandiatuba, se crearon centros caucheros en los que los Ticuna constituían la principal fuerza de trabajo.
En el Brasil, la explotación del caucho, como único producto de extracción, facilitó la generación del sistema de habilitación, el cual obligaba al deudor a depender de un único patrón, en razón de una deuda contraída de por vida. Este sistema de obligaciones y relaciones verticales excluye toda posibilidad de competencia; la única que puede existir, se da entre los patrones por las personas habilitadas: mientras mayor es el número de gente controlada, más poderoso es el “empleador”. La esclavitud existente en los siglos precedentes, continuó bajo una nueva forma : ahora es el explotador quien se desplaza hacia la zona de extracción. Si en épocas pasadas los portugueses trasladaban a los indígenas como esclavos hacia el Pará o hacia lugares de extracción a orillas del Amazonas, esta vez, la esclavitud se desarrolla in situ, en el entorno mismo de las poblaciones afectadas. En el Brasil “el patrón” reemplazó al “director de indios”, personaje principal de los centros poblados de la época anterior. Los centros de explotación cauchera más conocidos del Brasil, en donde los Ticuna trabajaron como esclavos, son Belem, Sao Jerónimo y Tacana. Mientras tanto la dinámica del “barracón de Indiana”, colonia cauchera en el alto Igará-Paraná, da cuenta de la forma como se aceleró la historia en el proceso de la explotación cauchera. Indiana, actualmente La Chorrera, había sido fundada en 1.900 por Benjamín Larrañaga, con quien más adelante se asociara Julio César Arana, transportador peruano, convirtiéndose en copropietario del siringal que incluía campamentos anexos en los ríos Igará-Paraná, Cahuinarí y algunos de sus afluentes. Esta compañía disponía ya de 12.000 indígenas inscritos en sus libros de cuentas, sólo dos años después de fundada. Según Joaquín Rocha (1.905), quien visitó la región a principios del siglo XX, en la terminología de la época, se llamaba “conquistador” a aquel individuo que lograra entrar en negocios con los indios y conseguir que le trabajasen en extracción de caucho y que le hagan sementera y casa, en la cual se queda a vivir con ellos; estos indígenas eran llamados “civilizados” y en algunos casos éstos asumían funciones de “civilizadores” de sus paisanos. Pero cuando los indígenas se resistían, eran víctimas de la violencia, calificándolos de antropófagos y salvajes o acusados de protagonizar rebeliones, para justificar su homicidio. Cuando un grupo se oponía a “civilizarse” se adoptaban diversas formas de represión, entre ellas, asaltaban sus malocas, tomando como rehenes a mujeres y niños, hasta que el jefe y los demás entraran en razón. También tomaban a sus mujeres como cónyuges, para que así, sus familiares indios, se vincularan con más abnegación al trabajo.
La casa Arana, se convirtió en pocos años en el emporio más poderoso del alto Amazonas, en la explotación cauchera. Su protagonista Julio César Arana, era natural de Rioja (Perú), lanchero del río Putumayo, conocedor de la región, había adelantado algunos negocios y establecido un centro cauchero pequeño. Posteriormente se percató del panorama comercial y de la abundante fuerza de trabajo barata existente, expandiendo sus dominios en dos grandes “distritos” cuyas sedes se encontraban en el Encanto sobre el río Cará-paraná y la Chorrera, en el Igará-paraná, a la sombra coyuntural de los gobiernos peruano, quienes consideraban la región del Putumayo como de su propiedad y colombiano al mando del general Reyes, quien hacía caso omiso a la situación cauchera. En 1.907 la casa Arana se transforma en la Peruvian Amazon Company, con sede en Londres, expidiendo acciones por un millón de libras esterlinas, para perpetuarse en el control de la compañía.
La metodología de trabajo consistía en el acopio de la materia prima en los principales distritos, para luego embarcarlos hasta Iquitos. Cada sucursal tenía bajo su jurisdicción un número considerable de indígenas de diferentes etnias, quienes eran comandados por 15 0 20 hombres armados, encargados de castigar el incumplimiento de las tareas de producción impuestas, amedrentar a la población indígena para evitar rebeliones y perseguir a los fugitivos.
La fuerza de trabajo estaba conformada por los nativos, hombres, mujeres y niños, quienes debían laborar durante todo el año y sostenerse por su cuenta, cultivar, cazar y pescar para los patrones, para poder redimir una deuda que jamás se pagaría. A cada jefe de grupo indígena o familia, se le asignaba una cuota de extracción de caucho de 40 arrobas mensuales; si esta tarea no se cumplía, eran azotados, torturados, mutilados, asesinados, sin distinción de edad ni sexo, o condenados a morir de hambre, o también a ser “aperreados” por los grandes “mastines” de los patrones. Con frecuencia también eran asesinados por “diversión” durante ciertas fiestas “religiosas”. Se estima que en el primer decenio del siglo pasado, el magnicidio superó los 40.000 indígenas, un poco más de la mitad de la población aborigen total de la región, en esa época ( Foreign Office, 1.912)
La participación inglesa dio origen en 1.912, a una investigación promovida por ese país, cuyo informe se conoce como El Libro Azul, que permitió conocer las atrocidades de la casa Arana y motivar el retiro del capital inglés de dicha empresa. Al igual que en el caso de la quina, de las plantaciones de caucho inglesas y holandesas en sus colonias del Asia, se obtenía mayor rendimiento de éste, frente al extractivismo brutal de la alta amazonía. En 1.914, la producción de caucho de estas plantaciones, superó por primera vez la del caucho amazónico, lo que significó el fin de este tipo de economía extractiva. Efectivamente, en 1.900 el caucho amazónico representaba el 60% de la producción mundial; en 1.914 el 27% y en 1.930, menos del 3% del mercado mundial.
Durante este período se distinguen tres formas de agrupación : las rancherías chiringueras en el área interfluvial del Brasil, los pueblos a orillas del Amazonas en el Brasil y Perú; y la población dispersa en el interfluvio peruano, el cual se convierte en una zona de refugio, para los que huyen de las presiones de los patrones caucheros.
En el transcurso de la época contemporánea, diferentes acontecimientos originaron nuevos desplazamientos de la población Ticuna, entre ellos, los movimientos mesiánicos de la primera época que provocaron una dinámica en dirección centrífuga, es decir, desde las orillas del río hacia el interfluvio; mientras que los de la segunda época los desplazamientos fueron a la inversa, o sea en dirección centrípeta. Entre tanto, la guerra entre Colombia y Perú (1.932 –1.933), generó la dispersión de los grupos Ticunas ubicados en la zona de conflicto (centros caucheros del Putumayo), en dirección Este y Oeste sobre el río Amazonas. En este tránsito las poblaciones establecidas a lo largo del Amazonas se favorecen con las nuevas políticas de poblamiento de los diferentes estados nacionales, proporcionando algunos servicios sociales : salud, educación escolar, protección. Más adelante hacia los 40 – 60 se presenta una oleada de colonización generada en la llamada época de la violencia, siendo nuevamente la región amazónica una expectativa, por poseer tierras baldías con un posible uso potencial agrícola, lo cual no tuvo un desarrollo económico estable, conllevando la atención hacia la explotación indiscriminada de otros recursos como el cedro, la pesca, pieles y otros. Comenzando la década del 80 hasta el 87, sobreviene una nueva dinámica poblacional, esta vez, motivada por el cultivo y el procesamiento de la coca, que también prosperó irradiando su “bonanza” en toda la región del Amazonas, dejando sus impactos consecuentes sobre las poblaciones indígenas. Desde entonces la historia sigue registrando el mismo método de explotación, utilizado desde la conquista, sobre los recursos naturales del Amazonas, cada vez más acentuada su tasa de uso, pero menos productiva, debido precisamente al irracional uso estractivista, por parte de depredadores foráneos.

Etnohistoria del pueblo Yagua

Las investigaciones arqueológicas realizadas por Bolian entre 1.968 y 1.970 en el trapecio amazónico, han confirmado la presencia de un material estilo Barrancoide, entre los siglos I y XIII, perteneciente a los ancestros pre-ticuna, siendo seguida de un tipo de cerámica polícroma, originaria según Lathrap de la Amazonía central, ramificándose en dos subtradiciones arqueológicas: La Guarita, donde prácticamente se reconocen elementos de la tradición Barrancoide y la Mirancaguera, estilo más sofisticado que el anterior y más complejo. La transición del Barrancoide al Plícromo ocurrió entre los siglos X y XI, con la llegada de pueblos que representaban a la subtradición Guarita, los cuales fueron reemplazados por los Tupí, portadores de la subtradición Mirancanguera, ancestros a su vez de los Omagua.


La dispersión de la subtradición Miracanguera, marca la expansión Tupí en el alto Amazonas (siglos X – XVI), constituidos así: Los Cocama en el Ucayali, los Cocamilla, en el Huallaga y los Omagua en el Napo y riberas del Amazonas; estos últimos, dotados de una organización compuesta por jefaturas o cacicazgos, dominaron la várzea, desplazando hacia la zona interfluvial, a los Peba-Yagua y a los Ticuna.
En uno de los documentos presentados por Orellana ante el Consejo de Indias en 1.543, figuran los nombres de Aparia y Dimara, términos que en lengua yagua designan, el primero, “el clan del guacamayo rojo, según parece dominante en esa sociedad, término utilizado como topónimo, inclusive costumbre de los españoles de bautizar lugares con los nombres propios de los clanes indígenas y el segundo, “ shamán”, que pudo haber sido tomado por un nombre propio. Aparia la mayor, a raíz de las fuertes presiones y conflictos guerreros interétnicos, pasó a ser posteriormente uno de los grandes feudos Tupí y a finales del siglo XVII, los Omagua tenían sometidos como trabajadores domésticos esclavos al conjunto Peba-Yagua.
Aparte de esta fase Tupí, la historia colonial Peba – Yagua, ha estado además caracterizada por dos grandes períodos: el primero, de resistencia activa, en el que se enfrentaron indígenas, misioneros, traficantes de esclavos y colonos durante más de dos siglos –desde finales del XVII hasta comienzos del XX, siendo un largo período en el que las guerras fueron su principal menú. La época cauchera, sin duda alguna, representó para los Guaya, el período más funesto de su historia colonial: como la historia registra, los magnates del imperio cauchero, levantaron sus hoyas comerciales en base de la mano de obra indígena esclavizada. Cuando en 1.902 los agustinos españoles –nuevos misioneros de la recientemente creada Prefectura de San León del Amazonas- llegaron a la población de Pebas, encontraron establecidos en territorio Yagua, innumerables “fundos gomeros” (Tejedor, 1.927); hasta 1.916, los agustinos surcaron los teritorios comprendidos entre Pebas y el Putumayo, empadronando a las comunidades Yaguas establecidas en los ríos Ampiyacú, Shisita y el Yaguas, donde fundaron la misión de Jericó en 1.910, la cual correspondía a la antigua misión Santa María, abandonada por los franciscanos de Ocopa a mediados del siglo XIX. Las exacciones de la Casa Arana fustigaron a los Yagua, obligándolos a ejecutar una contra-ofensiva en la confluencia de los ríos Putumayo y Yaguas, en la que fracasaron después del ataque de Jericó en 1.9ll (Chaumeil, 1.981: 64-71); derrotados los yaguas se refugiaron selva adentro, entre las cabeceras del Yaguas y el Cothué.
El segundo período denominado por el autor, de resistencia pasiva, se inicia en 1.920, cuando la agotada resistencia indígena, toma un nuevo aire apoyándose en el chamanismo en detrimento del conflicto guerrero, en el cual los Yagua buscaron la cohabitación pacífica con la renuente sociedad nacional e internacional de la época. Extinguido el apogeo cauchero, continua en el período contemporáneo, el indiscriminado comercio de maderas, pieles, barbasco y otros protagonizado por los “patrones locales”, antiguos capos del caucho, disfrazados en su afán lucrativo, con nuevos métodos extractivos. Sobreviene el conflicto Colombo-Peruano y diferentes sucesos semejantes a los de los pueblos Ticuna, como son los de nuevas oleadas de colonización, atraídas por las bonanzas coqueras, expectativas e intereses lucrativos individuales de comerciantes, instituciones y otros acontecimientos que los han replegado en migraciones importantes retomando finalmente los territorios que hoy ocupan.

La Guerra en los Yagua

Los Yagua practicaban hasta los años 30 un tipo de guerra intra e interétnica en el eje Oeste-Este del Amazonas, donde el motivo principal (además del rapto de mujeres y niños), era la obtención de trofeos, entre ellos principalmente, de dientes humanos, con los que hacían collares o cinturones, huesos del brazo, con los que fabricaban flautas como armas semejantes a una micro-cerbatana muy efectivas para matar; los huesos de falange, que utilizaban a manera de brazaletes como distinción o grado militar. Así mismo practicaban un canibalismo “restringido”: se comían los sesos del enemigo, para volverse más valientes. Esta “moda” en las guerras interétnicas, estaba muy difundida en América del Sur, en aquella época, sobre todo en los grupos del Oeste amazónico; que según ellos, son el lugar donde se concentra el Wuí = fuerza vital guerrera, lo que equivale a la acumulación de una fuerza vital poderosa y la extinción de otra, la de sus enemigos.





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