Parte I: hechos y teorias



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Parte I: HECHOS Y TEORIAS

 

Capítulo 1

Observación y abstracción

Fijar un comienzo definido para establecer, a partir de allí, el nacimiento de un pensar científico, resulta tarea sin duda aventurada. Si bien es cierto que la ciencia, como actividad socialmente organizada, es privativa del mundo moderno, no puede desconocerse que ya se hacía ciencia, de algún modo, en la antigüedad, por lo menos en lo que se refiere a ciertos temas y áreas de conocimiento. La dificultad se presenta por el hecho de que lo científico -como modo específico del conocer- no surge de una vez perfilado y completo, sino que se va conformando en un proceso lento, generalmente discontinuo, en virtud del cual se desliga poco a poco del peso del mito, la religión, la leyenda y la especulación filosófica.

    No obstante lo anterior pero obligados, por la fuerza de la exposición, a presentar un primer ejemplo, hemos decidido escoger el caso de la astronomía, la primera disciplina que logró organizar un conjunto sistemático de conocimientos y avanzar en el camino de lo que llamamos pensamiento científico.

    Comenzaremos pidiendo al lector que haga uso de su imaginación para que nos acompañe en una experiencia intelectual que puede resultar fascinante: queremos que contemple -o que, si ello no es posible, se represente- un cielo estrellado, una límpida noche, como si no conociera en absoluto qué son las estrellas y planetas, como si no supiera nada acerca de la constitución de esos astros y de las vertiginosas distancias a que se encuentran de nosotros. Que se olvide por un momento de todo el saber astronómico que posea, de todos los datos [Para una definición más rigurosa del concepto de dato v. El Proceso de Investigación, Ed. Panapo, Caracas, 1994, pág. 117-8.] y teorías que conozca, y adopte una mirada ingenua. Que interrogue a esos increíbles puntos de luz, a la circular y familiar forma de la Luna, y se concentre en contemplarlos con detenimiento.

    Si logra hacerlo, si puede desprenderse por un momento de la actitud mental del hombre contemporáneo, estará en condiciones de entender quizás el sentimiento inefable que originó tantas cosmogonías y religiones, los mitos de tan diferentes culturas, algunas preocupaciones constantes de filósofos, teólogos y poetas. Podrá iniciarse, también, en un camino que nos lleva, casi directamente, hasta lo que hoy llamamos el pensamiento científico, porque la astronomía es, históricamente, una de las primeras construcciones intelectuales de la humanidad que puede llamarse ciencia. Esta aventura singular y sugerente del espíritu comenzó por un proceso que, en rigor, lleva hoy el nombre de observación sistemática. Veamos en qué consiste.




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