Monumento Natural Ruta del Alba



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Monumento Natural Ruta del Alba



Estado legal

Declarado por Decreto 44/20011

Superficie

7 km de recorrido

Localización

En el concejo de Sobrescobio. La ruta parte del pueblo de Soto de Agues

Accesos

Desde Soto de Agues por la ruta TR. AS-62

Vegetación representativa

Ejemplares dispersos de hayas, tilos, tejos y escuernacabras. Vegetación riparia. Comunidades de musgos y líquenes

Fauna representativa

Nutria, águila real, mirlo acuático y trucha

Otras figuras de protección

Incluido en el Parque Natural, Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Protección para las Aves de Redes.

Incluido en la Reserva de la Biosfera de Redes



La Ruta del Alba discurre paralela al arroyo del mismo nombre. Se inicia en la localidad de Soto de Agues y continúa durante varios kilómetros por la margen izquierda del río Alba, en una zona de singular belleza, hasta alcanzar los puertos flanqueados por el Pico de La Forcada, el Cueto de Santibañez y el Retriñón. Por tanto el Monumento comprende el curso y el desfiladero del río Alba entre Soto de Agues y la cabecera del río, lugar conocido como Cruz de los Ríos, dónde se abre el desfiladero y recibe al arroyo del monte Llaímo y otros pequeños tributarios.



El desfiladero del Alba es un tramo sumamente angosto y espectacular excavado por el río al poco de iniciar su trayecto desde su cabecera, recorrido por una senda peatonal, en muchos casos tallada en la roca. El agua, que en época de deshielo baja impetuosamente formando cascadas y causando un proceso erosivo responsable de la formación de la hoz o desfiladero, es el elemento que contribuye a realzar un entorno de singular belleza y a conformar un espacio de gran espectacularidad.
Desde su nacimiento en los altos de la Sierra de Collarroces a su desembocadura en el embalse de Rioseco, el Alba corta perpendicularmente las estructuras geológicas, permitiendo observar excelentes secciones de los diferentes tipos de roquedo, de naturaleza silícea -cuarcitas, areniscas y lutitas- o calcárea -calizas de montaña y griotte.
Así, a lo largo de la ruta se alternan los relieves suaves de las zonas de litología más blanda y las grandes paredes rocosas casi verticales donde el Alba ha seccionado limpiamente el roquedo para formar un desfiladero de extraordinaria belleza. Destacan los paisajes humanizados, de castañedos, praderías y pequeños rodales de roble albar de las cercanías de Soto de Agues y las zonas más naturales situadas al interior, la desnudez de la roca a lo largo de las foces y la espesura de los hayedos del monte Llaímo.






Ruta del Alba

En otros tiempos, la vía del Alba fue utilizada por los pastores y arrieros coyanos para alcanzar el valle vecino del Aller y posteriormente para la evacuación del hierro procedente de la mina Carmen, en pleno monte de Llaímo, que era transportado hasta Rioseco para su embarque en un pequeño ferrocarril actualmente desmantelado.


El tramo de mayor belleza es sin duda el de las Foces de Llaímo que discurre entre altas paredes verticales, de cuarcita al principio y calizas después, entallado a lo largo de voladizos excavados en la roca y bordeando un arroyo torrencial en el que se suceden pozos, rápidos y cascadas de hasta diez metros de altura. A lo largo del trayecto, el camino cruza dos pequeños puentes de medio punto construidos en mampostería de piedra caliza que apoyan el arranque de sus arcos sobre las paredes del roquedo: La Pontona, primero y el puente de La Resquiebra, después. Se alcanza así el final de las foces en la Cruz de los Ríos, abriéndose repentinamente el paisaje a un paraje de praderas dominado por la frondosidad de los hayedos de Llaímo y las alturas de El Retriñón (1.862 m), vértice de los concejos de Aller, Caso y Sobrescobio.
A ambos lados de la senda crecen en fisuras y rellanos ejemplares dispersos de haya, tejo, escuernacabras, mostajo y tilo. Las condiciones del terreno no permiten el desarrollo de una vegetación riparia destacable hasta que el cauce supera la angostura. Abundan en cambio las comunidades liquénicas y muscícolas. Los crestones y paredones calcáreos, más diversos que los cuarcíticos en cuanto a vegetación, aparecen salpicados de avellanos (Corylus avellana), tilos (Tilia platyphyllos), tejos (Taxus baccata) y hayas (Fagus sylvatica), que crecen entre los aulagares, lastonares y comunidades casmofíticas. Además, en las paredes rezumantes pueden encontrarse medios de alto valor ambiental como las tobas calcáreas, con especies singulares como la tiraña (Pinguicula grandiflora).
En cuanto a la fauna, este enclave se encuentra en el área de distribución de la mayor parte de las especies emblemáticas de la Cordillera Cantábrica, es el caso del oso pardo (Ursus arctos) y del urogallo cantábrico (Tetrao urogallus). Por este enclave campean además ejemplares de águila real (Aquila chrysaetos) y lobo (Canis lupus). Ente la fauna asociada al medio fluvial destaca por su abundancia el pequeño mirlo acuático, que anida en las orillas del arroyo sumergiéndose continuamente en sus aguas a la caza de pequeños animales, la nutria (Lutra lutra), extremadamente difícil de observar y una alta población de truchas (Salmo trutta).

1 (ENLACE: http://www.asturias.es/bopa/disposiciones/repositorio/LEGISLACION08/66/3/001U001OBX0003.pdf)

Fuente de datos: Servicio del Medio Natural (Dirección General de Biodiversidad y Paisaje de la Viceconsejería de Medio Ambiente)



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