Los efectos de un modelo de desarrollo insostenible: la crisis económica en la comunidad de Madrid


Reorganización productiva y transformación urbanística en Madrid



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Reorganización productiva y transformación urbanística en Madrid


La llegada masiva del capital trasnacional, que alcanza su nivel máximo en el año 90 con una entrada de 1.800.000 millones de pesetas según el Banco de España, suponiendo el 18% de la Formación Bruta de Capital Fijo ese año, en primer lugar, y de forma generalizada, genera la integración en grandes grupos multinacionales de una gran parte del tejido productivo español en las décadas siguientes, precisamente las fases finales de las grandes líneas de bienes y de servicios al consumidor de producción en masa-diversificada. Y precisamente Madrid será uno de los principales centros de atracción de estos capitales en los años siguientes: en la primera década del siglo, según informes de la red Globalization and World Cities (GaWC) Madrid llegó a ocupar el décimo lugar del mundo, y tercero de Europa, por número de sedes pertenecientes a las dos mil mayores firmas transnacionales y una posición similar al considerar su índice de conectividad (aquí se instalan 175 de las mayores empresas de servicios avanzados y los 75 mayores bancos del mundo (Sánchez Moral, 2010). El European Cities Monitor la situó en 2008 en el sexto lugar entre las metrópolis europeas por su capacidad de atracción sobre inversores y empresas (17º lugar en 1990), al localizarse aquí más de la mitad de la inversión extranjera directa recibida en España desde el año 2000 (sexto país receptor en el mundo hasta 2006 según el FMI), junto a casi dos tercios de la inversión de empresas españolas en el exterior (Mendez, 2012).

No obstante, la estrategia de estas corporaciones, en general, fue la de acaparar la salida al mercado de esos bienes y servicios de consumo masivo, e iniciar a su vez, un camino de externalización o deslocalización de las actividades de transformación, quedándose sólo con las fases de diseño, y en su caso, las de ensamblaje y venta finales.

Y estas transformaciones van a dar lugar a un rediseño del espacio urbano industrial. En el caso de Madrid, por una parte, emergen los grandes distritos financieros, en los que se sitúan también los centros de dirección de las grandes multinacionales, cuyos edificios de alto valor arquitectónico van a actuar también como elementos de representación corporativa. De modo que, además de los ejes clásicos del centro de la ciudad, como el de la Castellana, aparecen nuevas localizaciones en zonas exclusivas de la primera corona metropolitana, compartiendo el espacio con grandes superficies comerciales y zonas residenciales de alto nivel adquisitivo, tales como Pozuelo, Las Rozas o Majadahonda, en el Norte de la Comunidad.

Por otra, en el terreno propiamente productivo, se va a efectuar también una redistribución geográfica de los centros de trabajo en función de la fase del proceso productivo que realizan: la fragmentación de las cadenas de producción y distribución, y la división de tareas entre empresas genera una estructura empresarial de forma piramidal, en la que encontramos, en la cúspide, una cada vez mayor condensación de actividades de alto valor añadido, concentradas también en ciertos distritos de la primera corona, pues son resultado de una suerte de externalización hacia arriba de actividades de diseño e investigación que son reintegradas por compañías de alto nivel tecnológico, tales como los servicios de consultoría y soluciones, farmacéutica y biotecnología, electrónica e informática, aeronáutica, industrias culturales… -y que en algunos casos se trasladan incluso a las sedes centrales de los países de origen de las multinacionales-.

Estas empresas de “servicios avanzados a la producción” se localizan en zonas estratégicas de la ciudad normalmente con muy buena accesibilidad (en numerosas ocasiones asociadas a la presencia de aeropuertos) que va a determinar el tipo de desplazamientos atraídos hacia las mismas. Y la promoción de espacios relacionados con este tipo de actividades se produce mediante la creación de nuevos parques industriales y parques tecnológicos, con unas características determinadas: presencia de entornos ambientales favorables, empresas afines, vinculación a centros de investigación, etc. y, en lo que a la movilidad se refiere, en espacios claramente vinculados a la red viaria y dotados de grandes superficies de aparcamiento. Presentando pautas de descentralización-concentrada, que en el caso de Madrid corresponden con espacios muy determinados del norte y oeste de la primera y segunda corona metropolitana. Así, han ido emergiendo distintos parques tecnológicos y de actividades de I+D en determinadas localidades del noreste, como Tres Cantos, Alcobendas o San Sebastián de los Reyes, San Agustín de Guadalíx o Algete en el norte, y en menor medida otros como Las Rozas en el oeste.

En el polo opuesto, esa misma fragmentación de los procesos productivos –consustancial a la simplificación del trabajo- y la división del trabajo “mental” y del trabajo “manual” entre empresas a que da lugar, permite aprovechar el abaratamiento de los costes laborales producto de las reformas laborales para incrementar la composición de trabajo “vivo” en el conjunto del proceso completo de producción, y la deslocalización a zonas geográficas de bajo coste del suelo y salarial. Se multiplica así una miríada de medianas y pequeñas empresas de “servicios atrasados a la producción” que, escalonadamente, realizan tareas cada vez más descualificadas y que se distribuyen por los grandes corredores industriales de las coronas metropolitanas, o al otro lado de sus fronteras, alejándose del centro según decae el valor añadido de sus productos y bajan los costes laborales y el precio del suelo. Es el caso de la aparición de grandes nodos logísticos y de transporte –como Coslada- y otras actividades englobadas bajo la rúbrica general de “servicios a las empresas” –por ejemplo el servicio de atención al cliente de low cost del modelo de Call Center-. En estos corredores industriales del sur las empresas de bienes de consumo de masas y las actividades de la industria auxiliar van siendo deslocalizadas a otros países y son sustituidas por actividades tercerizadas cada vez más banales a medida que nos alejamos del epicentro de la comunidad, llegando a alcanzar los municipios externos de las provincias de Guadalajara y Toledo.





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