Los efectos de un modelo de desarrollo insostenible: la crisis económica en la comunidad de Madrid


La Comunidad de Madrid, líder, también, en la destrucción



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La Comunidad de Madrid, líder, también, en la destrucción


El aparente milagro económico madrileño de los últimos 30 años se había diseñado sobre la base de la esquilmación de los recursos técnicos y humanos existentes, limitando así la reproducción del sistema social a medio y largo plazo: limitaciones a la renovación natural del mercado de trabajo (la balcanización en mercados primarios y secundarios impedía la renovación de los trabajadores más maduros en puestos de responsabilidad por trabajadores más jóvenes, que no tienen posibilidad de construir carreras profesionales de largo plazo), u otro tipo de barreras a la propia reproducción natural de la fuerza de trabajo: retraso de la edad de emancipación, caída de las tasas de fecundidad y el envejecimiento y empobrecimiento de la población, etc12. Y todo ello estaba acompañado de un paulatino debilitamiento de la capacidad de la ciudadanía para revertir este proceso. No sólo en el ámbito de la participación política en los organos de poder local y regional, puesta en evidencia en episodios tan esperpénticos como como el caso del llamado “Tamayazo” en el año 2003, sino también, y fundamentalmente, en el ámbito de la movilización social y la representación sindical, que en nuestro país se mide indirectamente por la evolución del grado de participación y cobertura de los convenios colectivos de empresa13.

Como hoy sabemos, la contención y aplazamiento de la crisis económica y social anunciada por este modelo de crecimiento vino de la mano de la financiarización y el endeudamiento privado [Ibañez y López Calle, 2013]. De forma que el devenir de la economía en estos últimos cinco años muestra el rápido precipitado de esas dinámicas cuando el beneficio del interés de los préstamos financieros han sido superados por su propia prima de riesgo.

Sabemos que en Madrid, el PIB regional a precios de mercado que aún era del 6,8% en 2007, en el 2008 cae al 3,5%, para alcanzar ya valores negativos en 2009 (-2,7%) y mantenerse en niveles próximos al estancamiento en los dos años siguientes (0,1% y 0,9% respectivamente), según datos de la Contabilidad Regional de España. Y ha caído más rápidamente que en el conjunto del Estado: desde 2008 el PIB por habitante en Madrid se ha reducido desde los 30.989 euros de promedio en ese año hasta los 29.731 del año 2011, lo que supone una caída del 4,1%, bastante inferior a la padecida en el conjunto de España (de 23.858 a 23.271 euros, un -2,5%).

En el año 2007, justo antes del impacto de la crisis, era una de las comunidades con una tasa más baja de desempleo (6,38), cuando la media nacional se situaba en 8,6. Sin embargo en sólo tres años, a finales de 2011, Madrid triplicó su tasa de desempleo hasta alcanzar el 18,51, creciendo a un ritmo de 0.66 mientras que, en el conjunto del estado el paro creció en ese período a un ritmo de 0,62, siendo la octava comunidad que más rápido destruyó empleo en ese período, subiendo dos puestos en el ranking de comunidades con mayor tasa de desempleo.

Crece la también la precariedad laboral. Aunque la temporalidad se ha reducido desde el pico máximo del año 2006 (30%) al 16% actual, debido, como sabemos, a que ese año se redujeron los derechos asociados a la contratación indefinida (que se incentiva con desgravaciones para las empresas) y a que la intensa reducción del empleo se ha efectuado por el despido de los contratados temporalmente, los nuevos contratos temporales que se han firmado en los años posteriores a la crisis representan un 86% del total.

Y se han empeorado las condiciones de trabajo, a pesar de que los accidentes de trabajo han disminuido, por efecto de la drástica reducción del empleo en el sector de la construcción, empeoran los principales indicadores utilizados en economías terciarizadas para medir la evolución de la intensidad del trabajo. Según la Encuesta de Condiciones y Calidad de Vida en el Trabajo, los trabajadore perciben un incremento dl estrés en el trabajo han pasado del 49% al 52%, entre 2006 y 2011 y los que perciben un nivel alto o muy alto de monotonía-rutina pasan del 36% al 40%; con lo cuál ha aumentado el índice de incidencia de enfermedades profesionales:





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