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Red social (La)

TÍTULO ORIGINAL

The Social Network 7.3 B

AÑO

2010







DURACIÓN

120 min.

 




PAÍS



 




DIRECTOR

David Fincher

REPARTO

Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Justin Timberlake, Armie Hammer, Joseph Mazzello, Max Minghella, Rashida Jones, Brenda Song, Rooney Mara, Malese Jow, Trevor Wright, Dakota Johnson, Aaron Sorkin

PREMIOS

2010: NBR - Asociación de Críticos Norteamericanos: 4 Premios, incluyendo mejor película
2010: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película, mejor director
2010: Satellite Awards: Mejor película, director, guión. 7 nominaciones
2010: Globos de Oro: 6 nominaciones, incluyendo película drama, director y guión original

GÉNERO

Drama | Biográfico. Colegios & Universidad. Adolescencia. Drama judicial

SINOPSIS

Una noche de otoño del año 2003, Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), alumno de Harvard y genio de la programación, se sienta a su ordenador y con empeño y entusiasmo comienza a desarrollar una nueva idea. En un furor de blogging y programación, lo que comenzó en la habitación de su colegio mayor pronto se convirtió en una red social global y una revolución en la comunicación. Seis años y 500 millones de amigos después, Mark Zuckerberg es el billonario más joven de la historia. Pero para este emprendedor, el éxito ha supuesto complicaciones personales y legales... Escrita por Aaron Sorkin basada en el libro "The Accidental Billionaires" de Ben Mezrich, "The Social Network" narra la historia de los jóvenes fundadores de la popular red social Facebook, especialmente de su creador más conocido, Mark Zuckerberg. Su leyenda reza: "No se hacen 500 millones de amigos sin hacer unos cuantos enemigos."

CRÍTICAS

Un hipnótico retrato de un hombre que en cualquier otra época quizás sería considerado un loco o un inútil, pero en la era de Internet tiene la agilidad mental para transformar una idea en un imperio.

Tiene la rara cualidad de ser no sólo tan inteligente como su brillante protagonista, sino de ser como él. Es segura de sí misma, impaciente, fría, emocionante y perceptiva. Una gran película, no por su estilo deslumbrante o inteligencia visual, sino porque está espléndidamente bien hecha.

Brillantemente dirigida por David Fincher, esta provocativa película examina la fuerza de la invención, el rostro cambiante de la interacción social y los límites de la amistad

Fincher parece asumir el papel de fiel transcriptor de un guión impecable, y solamente se permite una puntual floritura de estilo, pero consigue fundar un nuevo clasicismo a través de una escritura que, de tan perfecta, resulta inquietante

Un clásico instantáne. Fincher se rinde a la maestría del guión. En términos de pirotecnia técnica es la película más modesta que ha hecho. Quizá por eso mismo, tal vez sea la mejor.

Fincher, maestro a tiempo real, ha encontrado un modo brillantísimo de traducir en imágenes la complejidad narrativa y estética del universo Facebook"

Fincher hilvana con maestría un relato cuyo impacto, visual y emocional, no decae en ningún instante.

Magistral estructura narrativa porque no sólo enlaza tiempos, sino también puntos de vista y de moral .

Estamos delante de una obra maestra o, si se prefiere, de una de las películas más estimulantes de los últimos años. Fincher hace algo más que narrar una historia de nuestros días al ritmo casi perfecto que envenena el guión de Aaron Sorkin.





Una lección de narrativa cinematográfica para contar las artimañas del éxito de Facebook.

Desde luego, Mark Zuckenberg es un genio de la informática pero, también, un tipo del que conviene protegerse. Puede dejarte en la cuneta, con una mano delante y otra detrás, después de haberte exprimido como un limón en aquello que a él le interesaba de ti. A eso se le llama un «buen amigo» en la jerga que, al parecer, maneja ahora la gente en la calle.

Me explico, el tal Mark desarrolló en menos de doce meses la idea y el programa que ha hecho posible Facebook, una de las redes sociales más conocidas de internet, que sirve para crear, mantener y acrecentar grupos de amigos a distancia con los que te unen ciertas afinidades y que te permite intercambiar con ellos fotografías, textos, comentarios, opiniones, etc. Y digo que desarrolló, porque todo indica que la idea matriz y motriz del proyecto se la proporcionaron en bruto, eso sí, tres colegas de Harvard, estudiantes como él en la prestigiosísima Universidad americana, a los que luego toreó a modo hasta dejarlos fuera del negocio. Algo similar le hizo a su socio capitalista Eduardo Saverin y, más tarde, a Sean Parker, su mentor en la última fase y otro tipejo de cuidado.

No, no es muy favorable el retrato que el guionista Aaron Sorkin y el director David Fincher han trazado de uno de los multimillonarios más jóvenes del mundo, que en menos de siete años ha llegado a poseer una empresa que se tasa en cantidades estratosféricas. Y, valga la paradoja, ese negocio consiste en «hacer amigos». Pues bien, de este Mark Zuckerberg se puede decir de todo. En el mejor de los casos, que es un asocial y, en el peor, que es un sociópata o antisocial, pero nunca que es un amigo, al menos, como me gustaría que fuera quien pretende serlo de mí. No ha demandado todavía en los tribunales a los productores de esta película que no le deja bien parado. Tal vez esté esperando a que haga una buenísima taquilla para reclamarla para sí como compensación por daños y perjuicios a su imagen o como derechos de autor… ¡Vaya usted a saber lo que estará urdiendo el «amigo» Mark!

Sea verdad, media verdad o mentira el guión que ha escrito Sorkin es, sencillamente, magistral y no le anda a la zaga la puesta en imagen audiovisual que ha realizado Fincher. El director de Seven, Zodiac y El curioso caso de Benjamín Button ha filmado y firmado su obra más redonda hasta el momento. Ese diálogo relampagueante de la secuencia inicial, que se cruza entre Erica Albright y Mark, es sencillamente prodigioso por el ingenio derrochado, por su construcción y texto y, sobre todo, porque en cinco minutos define magistralmente la catadura moral de ambos interlocutores, la altanería intelectual de él, su rapidez de pensamiento y, al mismo tiempo, la brillantez y escala de valores que ella tiene interiorizada y no está dispuesta a romper por muy insistente que resulte Mark. Puede parecer una escena fácil de rodar y montar. Ya se sabe, plano y contraplano. Pues bien, está dirigida y resuelta con una brillantez inusual y, al mismo tiempo, con una sencillez pasmosa. Y tiene el efecto de que te mete en film desde el primer momento.

En efecto, la necesidad de «vengarse» de Erica pondrá en marcha la mente de Mark: al buscar la foto de ésta para vejarla en la red, se hace rápidamente con las fotos de todas las chicas del campus «robándolas» de las páginas de sus respectivos colleges. Eso será, luego, un aspecto fundamental de Facebook y, además, nos introduce en el tema del anacronismo de Harvard, cuya forma de funcionamiento inadecuada a las circunstancias actuales (la entrevista con el rector de los hermanos Winklevoss es reveladora) pone también el acento sobre la velocidad a que van hoy ciertas innovaciones y lo lentas que son las entidades e instituciones, por muy prestigiosas que sean, para ponerse al día. Lo que puede aplicarse también a la legislación sobre propiedad intelectual, que se queda obsoleta o es ampliamente burlada por picapleitos habilidosos.

Fincher y Sorkin nos dan una lección de narrativa cinematográfica. Al entreverar la biografía de Mark con las sesiones de los respectivos abogados para llegar a un acuerdo sobre la propiedad y las indemnizaciones que ha provocado la definitiva constitución de la empresa Facebook se logra aliviar la pesadumbre jurídica de estos pleitos y, al mismo tiempo, ir trazando el perfil completo de Mark Zuckenberg y sacar la conclusión que pretenden trasmitirnos: hoy en día al triunfador se le perdona todo, incluso que haga trampas o que gane la partida con malas artes. Siempre y cuando, claro está, que los damnificados reciban algunas migajas del suculento pastel. La moral del éxito queda refrendada y a ella se subordina cualquier otro principio ético. Nadie quiere estar a malas con el vencedor porque, si no, no sales en la foto ni te beneficias de su éxito. El único contraste a esta inmoralidad entronizada es precisamente Erica que se ha mantenido firme en sus principios y cuya integridad no deja de añorar Mark en el último plano del film. Pero Erica, como el mismo Zuckerberg ha dicho, es un personaje ficticio, que no existe en realidad. Todo un síntoma…

Otra de las buenas bazas del film es que explica con bastante claridad y sin enrollarse en qué consisten las redes sociales. Aquí los algoritmos son un mero mcguffin. Lo que importa es el retrato de un triunfador que en su ascenso social no sólo quema etapas sino personas. En este sentido, resulta revelador que se llame amigos a los quinientos o más millones de usuarios interconectados de Facebook. La amistad verdadera es mucho más exclusiva que esos clubes de Harvard que pretenden también, a pequeña escala, oficializarla y convertirla en una asociación de intereses, que no de personas. Los verdaderos amigos se aprecian, quieren y se comunican con un gran nivel de profundidad y gratuidad. Es curioso cómo, a la postre, la amistad en estas redes sociales fomentan no el altruismo y la alteridad sino el exhibicionismo personal (vía fotografías, opiniones o proyectos) y la cantidad (y no la calidad) de relaciones amistosas… a distancia, es decir, con una interacción por lo general débil o puede que engañosa.

El film circula a gran velocidad, como un tren en la noche, y el ritmo no es meramente externo aunque resulta interesante comprobar que el estilo aplicado por Fincher se inspira en más de un momento en series televisivas de éxito popular y emplea algunos de sus recursos, sobre todo, los empleados en los créditos y en los enlaces antes y después de los cortes publicitarios. De cualquier modo, sin necesidad de alardes técnicos, ni escenografías costosas logra mantener el interés y la tensión a lo largo de las dos horas. Buena, muy buena, la interpretación de Jesse Eisenberg y del resto del reparto que logra, con las aportaciones del resto del equipo del film, que éste parezca un bloque sólido, sin fisuras. Una obra maestra, sí, señor, y muy reveladora de cómo puede ser la segunda década del siglo XXI en cuyos albores estamos.

(Cine para leer)






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