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Oramos - Salmo de la SOLIDARIDAD



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4.3.Oramos




- Salmo de la SOLIDARIDAD

Aquí estoy, metido en un mundo confuso y tenso.

Este mundo, Señor, de los hombres en que vivo.

Esta sociedad agitada y nerviosa, cansada y dura donde sólo viven y tienen derechos los fuertes.

Esta sociedad, Señor, llena de injusticias,

donde la ley del hampa es la mentira hecha verdad.

donde la ley de la selva es el látigo hecho poder,

donde la ley del amor se ha hecho ley de violencia,

donde la ley se ha hecho norma a base de abuso.

Aquí estoy, Señor, queriendo ser libre en mi utopía, amurallado, cercado, perseguido, en callejón sin salida.

Quiero ser libre. Quiero vivir desde mis raíces; ser yo mismo; tener mi originalidad.

Quiero abrir y dar las manos a los hombres a mi paso;

hacer de la amistad la ley de mi vida;

hacer de la sencillez el clima para vivir en fraternidad

Quiero abrir camino paso a paso sin perder mi identidad.

No quiero quedarme solo. No quiero venderme a nadie.

Yo creo, Señor Jesús, en la utopía que nos dejaste;

en la alternativa, en el desafío de la Comunidad.

Me resisto a vivir solo. Yo busco, Señor, la solidaridad.

No me gusta, Señor Jesús, esta sociedad que he recibido.

No acepto sus sistemas, ni sus estructuras opresoras.

No quiero entrar en el juego de sus tentáculos.

Mi protesta, Señor, contra lo viejo, lo gastado.

Mi grito, Señor, es contra la ley que esclaviza al hombre.

Quiero cambiar mi vida. Quiero fuerza interior para cambiar el mundo.

Quiero empeñarme, comprometerme en el mundo de los que sufren;

dejar de decir sólo palabras y mojarme en hechos.

Quiero vivir en mi carne el dolor de los hombres rotos; 'sobrevivir' con los que sobreviven apenas;

saber lo que es vivir con ritmo de muerte continua.

Quiero ser voz del hombre amordazado. Y manos del amarrado.

Quiero ser el grito de los hombres que mueren en la noche.

Aquí estoy, Señor Jesús, con las manos abiertas a la ayuda;

con el corazón cercano al que sufre; queriendo ser no violento.

Aquí estoy, Señor, para aprender que solo el amor cambia la vida;

para denunciar sin odios las injusticias; para llevar esperanzas al hombre pisoteado.

Señor Jesús, yo sé que tu vida se complicó demasiado.

Yo sé que luchaste por la paz y la justicia y la libertad; que lo diste todo por el amor y la verdad;

que perdonaste y devolviste la dignidad humana a muchos hombres;

que viviste entre marginados y asumiste su vida.

Yo sé que proclamaste que Dios era Padre para ellos;

que llamaste a vivir en tu Reino a los hombres de corazón roto;

que fuiste sincero, verdadero, transparente.

Yo sé que no te entendieron, que te quedaste solo.

Yo sé que te acorralaron los poderosos y te condenaron;

que te metieron en la cárcel y te sentaron en el banquillo;

que te clavaron en un madero como un maldito;

que te mataron para que las cosas siguiesen igual.

Yo sé que tu muerte fue un fracaso. ¡Un fracaso!

Pero yo sé que tú diste la vida con amor;

que tu vida, tu estilo de vida, no podía quedar en el sepulcro;

que tu Padre, Señor de la Historia, te levantó, te puso en pie.

Yo sé que resucitaste. Lo sé. Y creo en ti,

•  Lectura de Flp 2, 5-11 ó de Mt 20, 20-28

•  Silencio-Oración

•  Oración espontánea - Momento para compartir con el grupo lo vivido, rezado, reflexionado

•  Oración: ENVÍANOS LOCOS

¡Oh Dios! Envíanos locos, de los que se comprometen a fondo,

de los que se olvidan de sí mismos, de los que aman con algo más que con palabras,

de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

Danos locos, chiflados, apasionados, hombres capaces de dar el salto hacia la inseguridad,

hacia la incertidumbre sorprendente de la pobreza;

danos locos, que acepten diluirse en la masa

sin pretensiones de erigirse un escabel,

que no utilicen su superioridad en su provecho.

Danos locos, locos del presente, enamorados de una forma de vida sencilla,

liberadores eficientes del proletariado,

amantes de la paz, puros de conciencia, resueltos a nunca traicionar,

capaces de aceptar cualquier tarea, de acudir donde sea,

libres y obedientes, espontáneos y tenaces, dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos. (L.J. Lebrel)








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