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Algunas preguntas…

...antes de la película

·Sobre el diferente: ¿Cuáles pueden ser los mecanismos a partir de los cuales dejamos de ver al otro como semejante para pasar a verlo como enemigo?

·Sobre la felicidad: ¿Qué dones y regalos que rodean nuestra vida cotidiana merecen agradecimiento? ¿Si no tuviéramos nada, tendríamos algo por lo que agradecer? ¿Dónde se fundamenta nuestra felicidad?

·Sobre la amistad: ¿Qué les pedimos a los amigos/as? ¿Qué les damos?

...después de la película

·Caye se rebela porque en su vida no ha ocurrido nada por lo que pueda sentir nostalgia, pero siente nostalgia por "cosas que todavía no han pasado". ¿Cuáles son sus sueños e ilusiones? ¿Y los nuestros?

·Hay un antes y un después en las conversaciones de la peluquería. ¿Qué es lo que ha cambiado en la imagen que tenián sobre Zule? ¿Sobre qué se asentaban los juicios acerca de las mujeres de la plaza "que han venido de fuera"?

·Caye se despide de Zule diciéndole: "Existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés. Acuérdate de mí." ¿Qué quiere decir? En momentos de soledad, o en situaciones difíciles, ¿sentimos que significamos algo para alguien?

 Con la colaboración de Aitor Sorreluz.

Obra por encima de la media del cine español actual, pero por debajo de las capacidades de su director.

El juicio crítico se mueve casi siempre en los resbaladizos márgenes del dilema. Lo mediocre, lo eficaz o lo sublime es rastreado por el personal olfato del analista, presto a establecer comparaciones y contrastes de diversa índole. La valoración nunca se centra en la obra en sí porque, sencillamente, no existe el texto sin el contexto. De tal guisa que, en unas ocasiones más que en otras, existen serios inconvenientes para llegar a conclusiones homogéneas.

Dicho sin más titubeos: Princesas es una película notable si la comparamos con la media del cine español actual, pero visiblemente imperfecta si se analiza a la luz de la obra y capacidades de su director, Fernando León de Aranoa. Y es que, en mi opinión, León de Aranoa ha vuelto a demostrar que está muy por delante de sus compañeros de generación por razones éticas y estéticas. Pero, en la dirección contraria, aprecio un estancamiento, cuando no un retroceso, en algunas de las mejores virtudes que hasta ahora despuntaban en su repertorio creativo. Vayamos por partes.

Tal y como ha sido norma de la casa en su joven aunque sólida trayectoria, el cineasta introduce la cámara debajo de la alfombra que oculta las miserias de una sociedad ebria de falsa felicidad. Lo hizo con los adolescentes sin futuro de Barrio y con los parados sin presente de Los lunes al sol. En los dos casos los espectadores nos dábamos de bruces con una realidad cotidiana que tenemos delante pero que apenas vemos. Y, con calidez y sin dogmatismos, con cercanía y sin trampeo, con verdad y sin solemnidades demagógicas, las salas se iluminaban con unos fotogramas sencillamente imprescindibles en el panorama nacional.

Ahora, insistente a la hora de fijarse en lo que pocos desean retratar, Fernando León se detiene en el universo de la prostitución. Lo hace de la mano de Caye, una chica infeliz y fantasiosa que echa de menos los buenos momentos que nunca tuvo. Pero también camina el relato junto a Zulema, una atractiva dominicana en busca de un permiso de trabajo y de una vida mejor para su lejano hijo. Y juntas componen la pareja que nos invita a visitar la trastienda de los placeres comprados.


Pues bien, da la impresión de que Princesas supone un paso adelante del León realizador y un lastimoso tropiezo del guionista. Hasta la fecha, parecía que su fuerte radicaba en la escritura y que la factura visual de su cine crecía a menor –aunque muy firme- velocidad. Esta segunda inercia se ha visto felizmente confirmada con una estética vigorosa, cruda, sólida y plagada de hallazgos visuales. Existen pasajes brillantemente trazados con imágenes pletóricas de sentido y de emoción. Otras narran y colorean con gran fuerza tanto descriptiva como expresiva. Las manos de Zulema en la escena en que imparte una clase de educación sexual en un colegio no precisan del apoyo de las palabras. Los niños entregan sus rostros curiosos y tiernos y la puesta en escena se convierte en todo un ejercicio de poesía. Poesía que, desde luego, no falta en una planificación cargada de realismo y en una realización que administra con sabiduría el uso de zooms y teleobjetivos que imprimen a la obra un irresistible aire a verdad.

Sin embargo, la narración está inexplicablemente plagada de agujeros y de trucos de escritor ventajista. Ignoro las circunstancias en las que se ha montado el filme, pero parece como si alguien se hubiera dedicado a dar tijeretazos en partes sustanciales del relato. No se entiende, por ejemplo, cómo las prostitutas españolas, presas de un comprensible ataque de racismo frente a la barata competencia de sus colegas extranjeras, aceptan sin remilgos la presencia amistosa de Zulema en la peluquería en la que se reúnen. Y, desgraciadamente, no es el único caso en que la continuidad emocional de los personajes se ve alterada.

Por si fuera poco, la subtrama entre Caye y el joven informático con el que inicia una relación amorosa se aprovecha de dos casualidades excesivamente llamativas. La segunda de ellas, además, tira por la borda la fuerza climática de la escena en la que se descubre la verdad oculta de la prostituta. Y, aunque León enfatiza visualmente el trágico encuentro de miradas de la pareja, la verosimilitud se resquebraja como consecuencia de un truco más propio de un guionista primerizo que del mejor escritor audiovisual del cine español del momento.

Por lo demás, tampoco se entienden con nitidez otras parcelas del relato. La protagonista, por ejemplo, presenta zonas francamente descompensadas, cuando no incoherentes. Cuesta adivinar las causas que han conducido a Caye a la situación en la que se encuentra o las que le llevan periódicamente a comer con su convencional familia. Además, Fernando León parece más empeñado en poner en su boca grandes y simbólicas frases que en colorear la personalidad y motivaciones del personaje. Ella, de hecho, constituye el mejor ejemplo de la irregularidad de un guión que trata de abarcar, tanto en acontecimientos como en tono dramático, mucho más de lo que da de sí esta ambivalente Princesas, película digna pero a la que cabría exigirle bastante más.

“Aquí no somos putas. Aquí somos princesas…

Las cosas no son importantes porque existen, son importantes porque se piensa en ellas. Mi madre lo dice siempre, que existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés. Dice que lo dijo no se quien, pero yo creo que se lo inventa ella. Se lo inventa todo segun le convenga. Yo en realidad, no creo mucho en Dios, ni soy muy muy religiosa ni nada; mi madre si lo es, yo no. Lo único, si he pensado... y creo que... bueno que lo peor no seria que no hubiera nada después de la muerte, lo pero seria que hubiera otra vida. Y que fuera como esta…

Hay un dia ya veras, un dia que es la ostia. Ese dia todo es bueno, ves a la gente que quieres ver, comes la comida que mas te gusta, y todo lo que te pasa ese dia es lo que tu quieres que te pase. Es como un desvio, como cuando vas por la carretera y hay un desvio hacia otro sitio. Pues ese dia es lo mismo, y es muy importante, porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Por eso tenemos que estar muy atentas Zule…

Es rara, no?la nostalgia...porque tener nostalgia en sí no es malo, eso significa q te han pasado cosas buenas y las hechas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, pq nunca me a pasado nada tan bueno como para echarlo de menos...eso si que es una putada...¿Se podra tener nostalgia de algo q aun no te a pasado?Porque a mi a veces me pasa...me pasa q me imagino como van a ser las cosas...y luego me da pena cuando me doy cuenta de que aun no han pasado y que quizas no pasan nunca, y entonces me entra nostalgia, y me pongo super triste, pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa pero con tristeza, q la pones por delante pq total sabes q la vas a acabar utilizando igual...



¿Sabes que me jode también? Lo que más de todo... que no te puedan ir a buscar a la salida... A mí es lo que mas me gustaría. Trabajar en un despacho de lo que sea, da igual, pero que me vayan a buscar a la salida. ¿Te imaginas? Y verle esperando desde la ventana, que sea muy, muy guapo y se mueran todas de envidia. Fijate, ya sólo decirlo es la hostia: " Ven a buscarme " El amor es eso, ¿no? Que te vayan a buscar a la salida... El resto es todo una mierda, ni flores, ni anillos... por mí se lo pueden meter todo por el culo, pero que te vayan a buscar a la salida...”




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