Las relaciones ecológicas de los grupos étnicos



Descargar 132.74 Kb.
Fecha de conversión28.11.2018
Tamaño132.74 Kb.

Clásicos y Contemporáneos en Antropología, CIESAS-UAM-UIA

América Indígena, Vol. XIV, México, D.F., Enero de 1954, núm. 1, pp. 7-36.

Alcoholismo, brujería y homicidio en
dos comunidades rurales de México1

Carmen Viqueira y Ángel Palerm

El presente trabajo intenta presentar tres problemas existentes en dos comunidades rurales, típicos de un sector importante de México: alcoholismo, brujería y homicidio.2 Para su estudio se combinaron dos métodos: etnográfico y psicológico. Cada uno de ellos fue manejado, respectivamente, por un especialista: antropólogo social y psicólogo. El análisis de los materiales obtenidos, así como la interpretación y las conclusiones, se hicieron conjuntamente.

Los autores deben confesar estar lejos de haber conseguido establecer la etiología de los tres fenómenos estudiados, y mucho más de poder proponer un tratamiento adecuado. Sin embargo, el ensayo ha sido rico en experiencias y en sugestiones útiles para futuros trabajos. Quizá la experiencia más importante que es posible anticipar, sea la de subrayar, una vez más, la excesiva peligrosidad de las generalizaciones prematuras. Las causas, los móviles, las formas de ejecución, las consecuencias y la actitud social ante el homicidio, por ejemplo, son extraordinariamente distintas de una comunidad a otra. Lo mismo podríamos decir del alcoholismo y de la brujería.

Observamos, por otra parte, la sensible falta de otros especialistas. Hubiera resultado muy útil, para poner un solo ejemplo, la presencia de un dietólogo que iluminara la relación entre el alcoholismo y sus efectos y el régimen alimenticio.

A pesar de todo, los autores confían haber mostrado algunas posibilidades de la investigación en equipo, y especialmente las ventajas de abordar el análisis de ciertos problemas del México moderno con una metodología y un sistema conceptual psicoantropológicos.

I. Ambiente físico y cultural

Las dos comunidades estudiadas son Tajín y Eloxochitlán.3 Están integradas por Totonacos, principalmente monolingües en Eloxochitlán y con gran proporción de bilingües (totonaco-castellano), en Tajín. El porcentaje monolingüe es mayor en las mujeres que en los hombres, y para ambos sexos decrece de mayor a menor edad hasta los niños, que presentan monolingüismo casi completo en edad preescolar.

Racialmente —hasta donde es posible hablar de raza— pertenecen a un mismo grupo. Las infiltraciones de otros grupos indígenas son escasas, y el mestizaje prácticamente inexistente. Los hábitos de endogamia local o comarcal, y el aislamiento de los dos pueblos, han permitido mantener esta situación.

Culturalmente, tienen también el mismo sustratum. La desintegración de los viejos patrones no es tan grande como a veces pudiera creerse. El proceso de transculturación diverge en magnitud, pero también en el tipo de instituciones afectadas. Por ejemplo, las creencias religiosas y mágicas están mejor conservadas en Eloxochitlán; Tajín mantiene más vigorosamente la estructura familiar, con los términos de parentesco originales.

La semejanza racial y la de origen cultural no van acompañadas de parecido del ambiente natural. Eloxochitlán está en la Sierra Madre Oriental, al norte del Estado de Puebla, cerca de Zacatlán. Enormes cerros de pendientes abruptas y profundos y escarpados barrancos dan carácter al panorama. Los bosques típicos de las tierras altas y frías han desaparecido casi por completo, talados para dejar lugar al cultivo. Tajín está en la zona costera del Estado de Veracruz, cerca de Papantla, entre el bosque tropical que cubre los lomeríos de pequeña altura y de laderas suaves.

La economía de los habitantes de Eloxochitlán es de escasez; la de los de Tajín es de abundancia, en términos generales, gracias, principalmente, al cultivo de vainilla. Los de Tajín son exclusivamente agricultores; los de Eloxochitlán tienen que dedicarse, además, a un penoso y poco remunerativo comercio trashumante, como intermediarios entre la tierra caliente y las tierras templadas y frías.

El régimen de propiedad es individual en los dos lugares, y, si prescindimos de los antecedentes históricos locales, sensiblemente igual. No se ha creado, sin embargo, verdadera estratificación social, aunque las diferencias en el volumen de la propiedad de la tierra sean notables. Pero mientras en Tajín la relativa abundancia de tierra cultivable, barata y de fácil renta, disimula las diferencias hasta casi anularlas, en Eloxochitlán la escasez de tierras y la presión demográfica las agudiza.

Correspondiendo posiblemente al tipo disperso de la población de Tajín y al concentrado de Eloxochitlán,4 lo mismo que a ciertos factores históricos locales, encontramos una débil organización política en el primer lugar, contrastando con la fuerte, prepotente y multifacética de Eloxochitlán.

En Tajín la práctica de la autoridad política consiste en un "dejar hacer". Cuando se ve obligada a intervenir, apela a la discusión y al convencimiento, o recurre para hacer presión a la autoridad superior de Papantla (no indígena). En Eloxochitlán se practica una especie de "intervencionismo estatal" por parte de las autoridades indígenas, que pretende y consigue llegar a las esferas más íntimas de la vida privada. El ejercicio de la autoridad es despótico y coactivo, utilizándose con frecuencia castigos tales como multas, trabajo forzado y encarcelamiento.

Podría decirse que mientras en Eloxochitlán el eje de la vida común está en la organización política, en Tajín está en la organización familiar. Los sentimientos de comunidad y de solidaridad se presentan muy desarrollados en Eloxochitlán frente a otras comunidades y a personas no pertenecientes al grupo; menudean, en cambio, los conflictos internos. Su solidaridad es esencialmente defensiva y dirigida hacia el exterior. La fuerte organización política relega los conflictos individuales al ámbito legal (juicios, multas, encarcelamiento, etc.) y a la magia, y excluye los choques físicos (riñas con armas, homicidio, etc.).

En Tajín la familia posee básica importancia para la vida común. No ya la familia nuclear, sino la extensa compuesta del jefe, de sus mujeres, de los hijos solteros y casados, de las nueras, de las hijas solteras y de los nietos. La autoridad de este pater familia es muy grande, y aunque debilitada por la transculturación, sigue ejerciéndola con rigor y hasta con despotismo. Los conflictos individuales tienden a resolverse por la violencia extralegal, y la gente madura y realiza en secreto la venganza de sus ofensas. La solidaridad de grupo es débil y se concentra en el núcleo familiar.

La familia está diversamente estructurada. En Eloxochitlán es monogámica y nuclear. La residencia se rige por conveniencias económicas, con ligero acento patrilocal. En Tajín, la familia es poligínica y extensa. La residencia es patrilocal. Existe sororato y levirato, de los que sólo quedan vestigios en la terminología de parentesco en Eloxochitlán.

En Tajín, las restricciones para el matrimonio son grandes. Se recuerdan cuidadosamente las relaciones de parentesco, y se considera incestuosa la unión entre parientes lejanos. La poliginia hace escasear a las esposas potenciales. En Eloxochitlán las restricciones son menores; la elección de esposa tiene que hacerse fuera del grupo de primos más cercanos. Rigió, sin embargo, hace algún tiempo, un sistema de exogamia entre los tres barrios que forman el pueblo. En las dos comunidades los hombres se quejan de escasez de mujeres.

En ambos lugares encontramos entrega de regalos y dinero como precio de la novia, que a veces asciende a sumas considerables. Las negociaciones matrimoniales se hacen por intermediarios y en ceremonias formales, aunque en Tajín se recurre, con cierta frecuencia, al rapto simulado para evitar trámites y el pago del precio de la novia, así como otros gastos. La elección de esposa es más libre en Tajín que en Eloxochitlán. En este último lugar los compromisos matrimoniales suelen establecerse cuando los futuros esposos son niños.

La autoridad de los esposos es grande, pero está constreñida por la importante aportación económica de las mujeres y por su escasez. En Tajín las mujeres trabajan en el campo y poseen control sobre los animales domésticos y algunos productos agrícolas; en Eloxochitlán se dedican activamente al comercio. En ambos lugares tienen, con frecuencia, propiedad de tierras por herencia. Es más o menos fácil para una mujer evadir la tiranía doméstica excesiva cambiando de hogar, especialmente en Tajín. En Eloxochitlán, sin embargo, existe un completo dominio masculino de la vida política.

En los matrimonias poligínicos de Tajín hay siempre una esposa principal, con autoridad sobre las demás. No es demasiado rigurosa, por ser ella la primera interesada en retener a las esposas secundarias para aliviar su trabajo doméstico y agrícola. No es frecuente el uso de habitaciones separadas para cada esposa con sus hijos. Las comidas se hacen en común.

Tanto en Tajín como en Eloxochitlán, los niños son bien tratados y alimentados lo mejor posible. Lactan, por lo común, cada vez que tienen hambre, aunque, en razón de las ocupaciones de la madre (viaje comercial, trabajo en el campo), pueden pasar varias horas sin comer. Se dan casos de lactantes de más de tres y cuatro años de edad. Sólo en Eloxochitlán podemos pensar en verdadera ansiedad por la comida de los niños. Con cierta frecuencia las madres carecen de suficiente leche. Por otra parte, en las dos comunidades hemos observado madres alimentando al pecho a un niño de pocos meses sin negarlo, a la vez, a otro hijo mayor.

En el destete sobreviene (en Eloxochitlán más aguda que en Tajín) una crisis para los niños, ya que se carece de alimentación suficientemente adecuada para el tránsito. Se considera que, a partir del destete, el niño debe participar en la comida normal de los adultos.

No hemos presenciado brutalidad por parte de los padres. Por el contrario, un gran afecto exhibido hacia los niños caracteriza a los dos grupos, así como un trato amoroso y un gran respeto a la personalidad del niño en sus juegos y en sus actividades, cuya contemplación causa placer a los adultos. Es posible, incluso, ver a jóvenes y mayores participando en diversiones infantiles.

En Tajín encontramos rigidez en un sector especial de la educación de los niños: en el control de esfínteres, que se exige a partir del destete. Se imbuye un sentimiento de vergüenza por cumplir en público las necesidades fisiológicas. No se pide reglamentación periódica (es decir, a horas fijas) de las evacuaciones, pero sí un buen control. Al mismo tiempo, se insiste en la limpieza corporal, arreglo del pelo, adornos, etc., en lo que las madres gastan buen tiempo. Pero se comienza a exigir que los niños realicen por sí estas tareas.

Este período de crisis infantil (destete en Tajín y Eloxochitlán, más control de esfínteres y limpieza en Tajín), se complementa en ambos lugares con la imposición de normas de obediencia. Sin embargo, mientras en Tajín la disciplina se refiere exclusivamente a los padres, en Eloxochitlán se extiende a las autoridades locales. Para ello, en Eloxochitlán se forman grupos de niños que realizan trabajos comunales bajo las órdenes de jefes adultos.

En Eloxochitlán se exige muy pronto la participación activa de los niños en la economía familiar y en los trabajos de la comunidad; el cambio de status infantil lleva aparejadas ciertas ventajas, que lo hacen más aceptable. En Tajín este cambio se produce en la adolescencia, y no lleva anejas ventajas notables; al contrario, un aumento de la autoridad y de las exigencias del padre.

El interés por el sexo es más relevante en Tajín, donde los niños de ambos sexos juegan juntos; a veces, sus juegos tienen carácter marcadamente sexual, sin producir escándalo. Pero al crecer se establece una rígida separación de sexos. En Eloxochitlán los niños juegan separadamente; ya mayores, sin embargo, la relación entre ambos sexos es más libre.

En Tajín encontramos algunas mujeres (viejas y viudas) que practican una especia de prostitución más o menos institucionalizada, a la que recurren los más jóvenes, por lo general. A pesar de esto, los Totonacos de Tajín están constantemente en busca de aventuras amorosas, especialmente con las casadas; son frecuentes los celos y las dudas sobre la fidelidad de las esposas. En Eloxochitlán no encontramos indicios de prostitución; las relaciones extramaritales son raras, y hay menos tensión matrimonial que en Tajín.

En ambos lugares se hace hincapié en la virginidad de las mujeres, pero en Tajín sólo de la que debe ser esposa principal. Se rechaza a la mujer si no resultó virgen, y los padres deben sustituirla por una hermana o devolver el precio de la novia. Un repudio de esta clase produce vergüenza y desprestigio a todos los afectados.

Los hábitos del aseo personal y doméstico son muy distintos. El Totonaco de Tajín es extraordinariamente limpio, y sus casas están aseadas, aunque desordenadas. El baño en temascales es casi un rito y, desde luego, lo es para las parturientas, ciertos enfermos y lo fue para los danzantes. El Totonaco de Eloxochitlán parece exteriormente mucho más sucio de lo que es en realidad. Se baña en el temascal con cierta frecuencia, pero no tiene el mismo cuidado que el de Tajín con su persona, sus ropas y su casa.

En Tajín es totalmente imposible ver a un vecino, incluyendo a los niños que no sean de muy corta edad, evacuando sus necesidades. En Eloxochitlán esto constituye un espectáculo frecuente, y no demuestran la menor turbación ante los espectadores; los caminos están salpicados de deyecciones humanas.

La actitud social ante el trabajo es más positiva en Tajín que en Eloxochitlán. Teóricamente, en Tajín, se condena la holgazanería, pero lo cierto es que, en ambos lugares, la gente elude el trabajo cuantas veces puede. No son raras las pérdidas de milpas por falta de escarda.

Existe la costumbre de dedicar un día a la semana para trabajos comunales obligatorios. En Tajín esta obligación existe sólo para los cabezas de familia, pero en Eloxochitlán se extiende a todos los hombres, a las mujeres solteras y a las viudas, y a los niños de ambos sexos. Las faltas a la "faena" comunal se castigan. El rendimiento práctico de estas jornadas semanales suele ser escaso, aunque son un buen pretexto para reunirse, conversar y beber. Curiosamente, las mujeres trabajan más que los hombres de Eloxochitlán, y a menudo se les encargan las tareas más pesadas.

El trabajo privado tiene caracteres distintos. En Tajín se recurre con mucha frecuencia a la ayuda de parientes y amigos, a los que no se paga salario; se les da de comer y se contrae la obligación de pagar con trabajo el préstamo de trabajo. En Eloxochitlán este sistema está casi ausente, y se recurre a la ayuda de peones pagados con dinero.

La religión totonaca actual es un sincretismo de viejas creencias paganas y de catolicismo. En Eloxochitlán las supervivencias son más abundantes, hasta el punto de que Dios está identificado con el Sol, antigua deidad suprema totonaca, bajo el nombre de Chichiní. En Tajín, las supervivencias no son tan abundantes, pero su religión es igualmente sincrética.

El panteón totonaco se integra de una serie de deidades y seres sobrenaturales personificando al viento, al trueno, a la lluvia, al bosque, etc., con mucha frecuencia identificados con santos católicos. Lo que más nos interesa subrayar es la diferente concepción que se tiene de ellos. Para los vecinos de Tajín, los seres sobrenaturales son principalmente benéficos, o, por lo menos, es posible concitar su favor con ofrendas, danzas y conjuros. Para los de Eloxochitlán, sin embargo, asumen un carácter perverso y peligroso. Se trata, no tanto de ganar sus favores, como de evitar su desagrado y cólera.

Para todos ellos, el mundo está lleno de peligros que proceden de lo sobrenatural. Pero los Totonacos de Tajín creen más confiadamente poder eludirlos, e incluso es frecuente cierta postura escéptica. Las enfermedades constituyen una forma predilecta de la animadversión sobrenatural. La gente de Eloxochitlán se siente constantemente enferma.

Estrechamente relacionadas con la religión se nos presentan las danzas y las fiestas. En Tajín, el papel ceremonial y social de las danzas es enorme; siguen patrones rígidos en cuanto a organización, rituales, ejecución; no hay verdadera fiesta sin danza, y los danzantes se convierten en verdaderos profesionales. En Eloxochitlán las danzas son menos importantes y los patrones más flexibles; no hay profesionalismo.

Encontramos una diferencia muy notable entre ambos lugares, que muy brevemente podríamos expresar diciendo que mientras en Tajín el carácter de las danzas es "apolíneo", en Eloxochitlán es "dionisíaco".5 Es decir, en un lugar domina el orden, la mesura, la contención; en el otro el abuso de alcohol y la exhibición de cierta violencia, desorden y erotismo. En Tajín participan sólo hombres en las danzas —además, con tabús de relación sexual—, y en Eloxochitlán, en las más marcadamente "dionisíacas", intervienen hombres, mujeres y niños.

El prestigio social en Tajín se relaciona con la riqueza personal. Pero la riqueza debe ser exhibida en las casas, en el número de esposas, en los vestidos (especialmente en los costosos trajes de organdí bordado de las mujeres) y en las fiestas ocasionalmente ofrecidas a los vecinos, en las que debe haber danza, música, abundante comida y bebida. En Eloxochitlán el afán de prestigio se enfoca con similar interés hacia la riqueza y el poder. Es muy importante la posesión de reses y ganado lanar, de tierras, casas, vestidos de lana, etc. Pero es más notable tener autoridad, aunque sea sin riqueza. El vecino de Eloxochitlán que no tiene un cargo público se siente infeliz, y si no lo ha tenido en su vida, se siente positivamente fracasado. Para dar mayores posibilidades, aparentemente, se ha creado una proliferación de puestos muy jerarquizados y es difícil que un hombre no tenga acceso a alguno de ellos en algún momento.

En Tajín la gente dispone de sus bienes, aparte del uso estrictamente personal, para ofrecer o no fiestas; si no lo hace, perderá consideración, pero no hay manera de obligarle. En Eloxochlitán, las au­toridades —civiles o religiosas— tienen la obligación de ofrecer fies­tas, con gastos importantes, y se les sanciona severamente si dejan de hacerlo. Una fiesta en Tajín representa una inversión importante, pero de ninguna manera ruinosa para la familia. Pero en Eloxochitlán significa, con frecuencia, gastos tan importantes que la familia tiene necesidad de vender parte de sus tierras, de su ganado, o contraer deudas onerosas.

Los Totonacos de Tajín, especializados en el cultivo de la vainilla, gozan de cierto bienestar económico. Los comerciantes de Papantla, cuya riqueza se ha forjado en el tráfico de la vainilla, necesitan tratarlos con consideración. Es frecuente el compadrazgo de mestizos y blancos con indígenas. De esta manera se alivia considerablemente la situación general de inferioridad del grupo indígena.

Es cierto que, en la actualidad, el grupo resiente una gran presión de sus vecinos, que se inició particularmente con la era de la explotación del petróleo. Y no es menos evidente que la apertura de nuevos pozos petrolíferos va a acabar muy pronto con la vieja comunidad de Tajín. Pero, entre tanto, el Totonaco de Tajín no siente ni sufre tan agudamente la inferioridad a que están condenados otros indígenas. Y siempre le queda, aunque ya no por muchos años, el recurso de ceder a la presión, levantando sus frágiles chozas y abandonando sus hogares, para adentrarse más en el bosque tropical.

La situación de los Totonacos de Eloxochitlán es muy distinta. Son pobres; muchos no hablan castellano; tienen escasas posibilidades migratorias; se ven acometidos por los mestizos y Nahuas, agricultores como ellos, que quieren desposeerles de sus tierras y lo van consiguiendo. Son tratados con desprecio no sólo por blancos y mestizos, sino por los propios indígenas nahuas. Su mundo es hostil, y no parecen sentirse con fuerzas para tratarlo y dominarlo individualmente y con medios naturales. Se refugian en una fuerte solidaridad de grupo ante sus adversarios, y en la magia, contrastando así con el vigoroso individualismo y el sentido realista y emprendedor de los Totonacos de Tajín.

II. Alcoholismo, Brujería y Homicidio

El alcoholismo está institucionalizado en Eloxochitlán. Es difícil dar una idea clara de lo que esto significa. Quiere decir que la borrachera no sólo no está mal considerada, sino que es normal, sistemática, buscada constantemente y bien aceptada. Las frecuentes reuniones públicas y semipúblicas en los domicilios de las autoridades y en la plaza, y también las familiares y amistosas; las fiestas religiosas y civiles; los nacimientos y las defunciones; las bodas, el estreno de una casa; las prácticas mágicas, etc., transcurren con enorme consumo ritual de alcohol y acaban en borracheras colectivas. Una semana normal, sin fiestas ni celebraciones especiales intercaladas, implica, de todas maneras, cuando menos dos o tres días de embriaguez rutinaria para la mayor parte de los hombres, especialmente de aquellos que tienen cargos públicos.

Aunque el alcoholismo predomina en los adultos varones, las mujeres no están exceptuadas. Los solteros beben en menor proporción, y a las solteras parece estarles prohibida la exhibición pública de la embriaguez. Ambos sexos beben por separado, excepto en fiestas familiares.

A pesar de la general aceptación del alcoholismo, algunos hombres se nos acercaron a pedir un remedio para evitar la embriaguez, quejándose de los perjuicios físicos y económicos que les produce. Solicitaban remedios radicales por vía de medicinas ingeribles. El alcoholismo, efectivamente, les hace perder numerosos días de trabajo y gastar buenas cantidades (todo el alcohol es comprado). Empeñan sus tierras, o las rentan o las venden, para conseguir más dinero para alcohol.

El alcohol excita su locuacidad. Como siempre se emborrachan en grupo y nunca a solas, las reuniones se caracterizan por un verdadero griterío, que alterna con períodos de silencio. Alguien empieza a hablar de nuevo, los demás le imitan, y acaban hablando todos a la vez, sin hacerse caso. Pronto quedan callados de nuevo. Durante la borrachera pasan, así, por períodos de excitación y de verdadera euforia. Sienten, entonces, gran confianza; se atreven a hablar castellano incluso los que no saben más que unas palabras; exponen proyectos personales y planes para la comunidad, etc. Siguen a éstos otros momentos de depresión, en que se hunden en sí mismos; están callados y meditabundos; parecen entristecidos, o bien no dan expresión alguna a su cara.

El alcohol no los vuelve ostensiblemente agresivos. No hemos conocido peleas graves entre borrachos, y si alguna riña se produce, queda reducida a forcejeos y a cambio de insultos. No se puede considerar a un borracho de Eloxochitlán como persona peligrosa.

Muy diferente es la situación en Tajín. En las fiestas y reuniones, públicas o privadas, es difícil ver un borracho, y aun bebidos suelen guardar mesura. El orden, el silencio y la compostura caracterizan sus celebraciones. Las mujeres no abusan del alcohol, excepto algunas viudas y ancianas. En cambio, el alcohol es de enorme importancia en las prácticas religiosas y mágicas, sea como ofrenda a las deidades o como purificador rociado con la boca sobre los participantes. Pero rara vez se consume en estas ocasiones hasta el límite de la borrachera.

Ciertamente, a veces se juntan varios amigos y beben hasta embriagarse. Algunos lo hacen —con frecuencia a solas— una vez por semana. Bajo la influencia del alcohol, los Totonacos de Tajín exhiben una agresividad que de ninguna manera manifiestan en la vida normal. Se vuelven pendencieros y son realmente peligrosos. Un hombre, a quien trataron de levantar del suelo donde yacía borracho, desenvainó su machete y trató de herir a sus compañeros. En otra oportunidad, alguien atacó y macheteó al dueño de la casa donde estaba. En cierta ocasión, un borracho fue en busca de su carabina y estuvo a punto de causar daños serios antes de ser desarmado.

Conociendo estas posibilidades, las autoridades de Tajín desarman a los hombres en las fiestas, y cuando empieza alguno a provocar riñas, lo atan y lo encierran. Pero, como decíamos, las reuniones públicas no son buena oportunidad para emborracharse, excepto quizá el día de "faena" o trabajo comunal. Un borracho se considera peligroso y es mal aceptado. Ellos mismos se avergüenzan después de haber sido vistos en tal estado. Quizá por eso mismo, generalmente, se emborrachan fuera de la comunidad.

La crónica borrachera pacífica, eufórica, depresiva e inofensiva de los Totonacos de Eloxochitlán contrasta, en apariencia, con el carácter sombrío, maléfico y temible de su brujería, así como el alcoholismo incidental, pero agresivo y peligroso de los Totonacos de Tajín ofrece un agudo, aunque superficial, contraste con su magia curativa y propiciatoria de fertilidad.

En Eloxochitlán el control de las fuerzas sobrenaturales se aplica constantemente a producir daños a los enemigos y a librarse de los que los adversarios arrojan sobre uno. La gente vive en terror permanente de los manejos de los brujos y de la perversidad de los seres sobrenaturales. Pero buscan, a su vez, a los brujos para enfermar, arruinar o hacer morir a sus enemigos. Los procedimientos son innumerables, su conocimiento bastante generalizado, y los brujos abundantes y fértiles en recursos. Se entierran gallinas muertas y muñecos de palo en la tierra del adversario; se manda a los muertos a que lo visiten (lo que es siempre perjudicial); se envían naguales y enfermedades; se embruja a los animales, al agua, a las herramientas; se provoca la esterilidad de las mujeres y la muerte de los niños, etc.

Los que se sienten afectados por la brujería —que de hecho son todos, de una manera u otra— apelan a la contramagia y a otros brujos más poderosos, para acumular males sobre el presunto culpable. La guerra, aunque sorda, es despiadada, y nadie dejará de encontrar uno o varios enemigos adecuados para explicarse sus dificultades y desdichas por medio de la brujería.

En Tajín no existe prácticamente brujería malévola, y si se presenta algún daño atribuíble a ella, en seguida adjudican la realización a los Totonacos de la Sierra (donde está situado Eloxochitlán). Los shamanes locales —el conocimiento de las prácticas mágicas no está generalizado— dedican su sabiduría a curar enfermedades debidas a difuntos y a seres sobrenaturales, y a propiciar riqueza, abundancia y fertilidad. Los males vienen de vulnerar algún tabú en los grupos de danzantes; de olvidar alguna ofrenda; de ofender a cualquier deidad, etc. No se recurre normalmente a la explicación de la brujería por parte de algún enemigo. Y aun las otras explicaciones sobrenaturales no les parecen muy convincentes. No es infrecuente el escepticismo sobre esta cuestión.

La hostilidad, expresada en la brujería en Eloxochitlán, toma en Tajín formas más realistas. Tajín, que es una comunidad de unos 1,100 habitantes —debíamos decir era—, cuenta con una estadística de más de veinte homicidios de personas adultas en dos años. Si consideramos que la mayor parte de la población es femenina y que del resto debemos descontar a los menores, resulta que alrededor de un 10 por ciento de los hombres han muerto asesinados en este período. El suicidio se presenta, también, con cierta frecuencia.

La técnica del asesinato es psicológicamente muy significativa. Dos o tres personas emboscadas en la vegetación tropical esperan a la víctima, a veces durante días o semanas. Al tenerla al alcance, disparan contra ella una o dos viejas carabinas cargadas con postas. En seguida rematan al herido a machetazos, ensañándose con el cuerpo. Los cadáveres quedan verdaderamente irreconocibles.6 Otras veces el asesinato se comete aprovechando el sueño de la víctima, pasando las armas entre los bambús que forman las paredes de la choza, para disparar contra el dormido. En rarísimas ocasiones el homicidio se produce en riña abierta.

El homicidio no es permanente en Tajín; parece presentarse en verdaderas rachas, como en períodos cíclicos. Cuando empezó la última serie de asesinatos, la comunidad llevaba varios años de paz aparente, que a su vez había sido precedida por otro ciclo de asesinatos. Hemos podido observar que este último ciclo estuvo acompañado por un recrudecimiento del uso de alcohol por parte de presuntos victimarios.

No se recurre normalmente a las autoridades para denunciar los crímenes o pedir protección. Nadie se atreve a señalar a los autores de un delito de sangre. Así, los crímenes quedarían impunes si no mediara la venganza. El homicidio por venganza no está mal considerado socialmente; incluso se aprueba abiertamente por muchos. La venganza no necesita recaer necesariamente sobre el culpable; cualquier miembro de la familia puede recibir el castigo. No es extraño, de esta manera, que una familia quede completamente aniquilada, y que otras busquen seguridad en la emigración a pueblos: lejanos; pero hasta allí les sigue la venganza.

En Eloxochitlán, en cambio, registraron un solo homicidio ocurrido hace doce años. La víctima no pertenecía a la comunidad; se trataba de un mestizo —el único del pueblo— dedicado a la venta de alcohol. Se dice que maltrataba con frecuencia a los vecinos, hasta que un día disparó su revólver contra unos Totonacos en una riña. Todos los hombres se reunieron contra él; lo persiguieron y lo mataron a palos y pedradas. El pueblo entero se hizo responsable del delito. Cuando las autoridades de Zacatlán encarcelaron a varios vecinos, la comunidad gastó liberalmente su escaso patrimonio hasta conseguir su libertad.

III. Fundamento y Método de la Interpretación

La interpretación de los tres fenómenos que acabamos de reseñar sólo será posible hacerla teniendo a la vista, por una parte, el contexto cultural general, y por otra, el resultado de la investigación psicológica practicada por medio de pruebas. Es preciso entender que la labor del psicólogo no debe limitarse al análisis de los protocolos; su papel principal, desde nuestro punto de vista, consiste en subrayar los datos culturales más significativos para el estudio de los factores y mecanismos psicosociales, y en estudiarlos después conjuntamente con el antropólogo.7 Es decir, que la metodología debe basarse en la utilización simultánea de la dinamia cultura-personalidad y de la exploración individual.

Sobre los fundamentos teóricos y metodológicos de la interpretación deseamos decir algunas palabras más. En los últimos tiempos, las ciencias sociales se han orientado hacia la investigación de las relaciones de la personalidad con la cultura. En general, el problema se ha abordado tomando como punto de partida la teoría psicoanalítica. Erich Fromm8 ha caracterizado con mucha claridad tres etapas. Primero se identificaron ciertos fenómenos culturales (guerra, homicidio, capitalismo, totemismo, etc.) con síntomas neuróticos, y por medio de analogías se trató de explicar la dinámica psico-social de estos fenómenos por las mismas causas que producen los estados psicopatológicos individuales. Así, la guerra era un resultado del instinto de muerte; el capitalismo se relacionó con el carácter anal, etc. En esta línea de pensamiento debemos colocar al propio Freud y a sus seguidores más ortodoxos.

La segunda etapa debe situarse realmente con las primeras publicaciones de A. Kardiner,9 en colaboración con antropólogos como R. Linton, R. Benedict y otros. Con ellos termina la época de las analogías superficiales y de la consideración aislada de elementos culturales arbitrariamente separados de su contexto. El método de trabajo aclara su postura teórica: se analiza primero la totalidad de la cultura, especialmente las técnicas de educación infantil y la estructura familiar; el psicólogo o psiquiatra solicita aclaraciones y ampliaciones del antropólogo, y empieza a elaborar su interpretación, que discute paso a paso con el antropólogo, hasta establecer las conclusiones.

La crítica a Kardiner ha permitido la entrada del problema en su fase actual. Fromm ha indicado la insistencia de Kardiner en subrayar que la llamada personalidad básica de un grupo se forma a través de los métodos de educación infantil, y que los patrones sociales e instituciones son, a su vez, moldeados por la personalidad básica. Kardiner reconoce que ciertos factores socioeconómicos son determinantes para el desarrollo de la personalidad básica, pero Fromm sugiere que este énfasis es más aparente que real. El estudio de la personalidad básica, o del carácter social como prefiere decir Fromm, no debe enfocarse sólo ni principalmente sobre la educación y las experiencias infantiles, sino sobre la estructura total de la sociedad y sobre el contexto cultural global, considerado todo como un conjunto integrado y funcional. Tal es la posición de E. Fromm.

La educación y las experiencias infantiles se nos aparecen, entonces —y tal es nuestra posición teórica y metodológica—, no como determinantes de los fenómenos socioculturales, sino, esencialmente, como elementos dinámicos que transmiten las necesidades y los problemas desde la estructura de la sociedad a cada uno de sus miembros, y conforman el carácter social. El carácter así formado se refuerza, debilita o altera con sucesivas experiencias y presiones (escuela, sociedades, adolescencia, etc.). No son pequeñas las implicaciones de semejante traslado del punto de gravedad teórico, sobre todo cuando la investigación se propone no sólo establecer algunas variedades científicas, sino, además, aprovechar los conocimientos adquiridos para producir cambios favorables en un grupo determinado.

Vamos a tratar de aclarar nuestro punto de vista con alguna experiencia extraída del propio trabajo. Los Totonacos de Tajín son, como advertimos, muy pulcros. Las ideas y prácticas de limpieza se relacionan íntimamente con la agricultura, con creencias mágicas, con ciertas enfermedades, etc. Por ejemplo, si un agricultor entra a su milpa a trabajar con la ropa sucia, se cree que el maíz va a resultar "cho­rreado", es decir, manchado como su traje. En la curación de la mayoría de las enfermedades intervienen baños en el temascal, limpieza mágica con velas, etc. Existe la idea de que ciertas afecciones de la piel se producen por "asco".

Su insistencia en el aseo con elaborados rituales; el cuidado en no ser vistos al evacuar sus deyecciones; el sentido especial de la economía (conserva, v. gr., casi todas las ollas rotas y una gran cantidad de objetos estropeados e inservibles); el gusto por la acumulación con fines no estrictamente de uso, etc., conducirían a definir el carácter del Totonaco de Tajín como predominantemente “anal”. Pero ¿cuál es la causa o causas de este supuesto carácter “anal”? En la respuesta se halla el nudo de la discrepancia teórica esencial.

Parece indudable que la causa inmediata puede encontrarse en la rigidez e insistencia de la educación infantil de esfínteres. Pero debemos plantearnos estas otras preguntas: ¿Por qué existe insistencia y rigidez en este sector del entrenamiento infantil? ¿Qué finalidad social (no es cuestión ahora si consciente o inconsciente) se persigue con ello? ¿Son socialmente útiles los caracteres "anales", y por qué?

Un antropólogo que hubiera estudiado la cultura podría contestar aun sin previos conocimientos psicológicos. La vida entera del grupo depende de la agricultura: el maíz permite alimentarse de una a otra cosecha; la vainilla provee los ingresos en efectivo. Ahora bien. Los cultivos en Tajín se desarrollan en difícil competencia con las yerbas silvestres, de tan rápido desarrollo en el trópico. El éxito en la lucha contra la vegetación indeseable es un problema de cuidado, de minuciosidad. No requiere mucho trabajo, pero mucha atención. Un buen agricultor escarda sistemáticamente su milpa, con frecuencia arrancando las yerbas con la mano; trata de que, al hacerlo, no caigan semillas en el suelo, y arroja fuera de la milpa las plantas maduras para la reproducción; sacude sus ropas, antes de entrar a un campo cultivado, para no introducir semillas, etc. El cultivo de la vainilla requiere aún mayores atenciones. Hay que controlar severamente el tipo de vegetación secundaria (que sirve de apoyo a las enredaderas de vainilla) y su crecimiento; cuidar individualmente cada planta, como si se tratara de un jardín. Cuando florece la vainilla, hay que fecundar artificialmente cada flor, rasgando el saco de polen y depositando el polvo en lugar adecuado.

Parece indudable que los caracteres "anales" —producidos por la educación de esfínteres y reforzados después— resultan adecuados para un tal tipo de actividades, de las que depende la vida y la estabilidad del grupo y de su cultura. No es necesario pensar que los sujetos de semejante proceso actúan deliberadamente. Parece bastante lógico que agricultores de las características de los de Tajín —no olvidemos que hombres y mujeres comparten las tareas de cultivo— extiendan sus hábitos de limpieza y cuidado desde las técnicas y prácticas agrícolas a la vida familiar y a la educación de los niños.

Nuestra postura teórica y metodológica debe quedar clara. Si es necesario hacer hincapié en los sistemas de educación infantil, hay que poner a éstos de inmediato en relación con la estructura social y con la cultura total del grupo.

IV. El Carácter Social en las dos Comunidades

El carácter social ha sido descrito por Erich Fromm10 como la base de adaptación del individuo a su sociedad. El niño adquiere en la familia el carácter que le permite ajustarse a las tareas que durante su vida debe realizar en la sociedad. De esta manera, podríamos decir que el carácter social de un grupo humano es el adecuado para llenar las funciones determinadas por la cultura. Es natural que en una sociedad diferenciada los tipos socialmente requeridos pueden ser muy variados.11 Pero en comunidades como las de Tajín y Eloxochitlán, sin verdadera estratificación ni división social de actividades, podemos considerar que existe un tipo uniforme. Esto no quiere decir que la personalidad de cada individuo sea idéntica a la de los demás. La presión conformadora sociocultural nunca es suficiente para conseguirlo. Hay que considerar, además, las características innatas (que Fromm llama "temperamento") y las experiencias individuales, todo lo cual conforma personalidades distintas dentro de cada grupo. Pero lo que nos preocupa ahora no es tanto la personalidad individual, sino el carácter social, y en todo caso la personalidad en relación al carácter social.

El carácter social en Tajín y en Eloxochitlán está básicamente determinado por una situación específica que tiene tres aspectos esenciales: marginalismo racial, social y cultural; desintegración de la cultura original, y fracaso de la transculturación. Por marginal entendemos, naturalmente, la posición de un grupo humano que no se ha asimilado a la cultura dominante, en este caso la variedad mexicana de la civilización llamada occidental. El marginalismo de nuestras dos comunidades es de la índole más grave, porque no se reduce a la cultura, sino que incluye la raza y la condición social.

Un grupo marginal puede, de todas maneras, conservar su cultura más o menos bien integrada. No es éste el caso de Tajín y Eloxochitlán. Estamos presenciando ahora la descomposición rápida de la cultura original, cuya decadencia empezó con el choque de la con­quista española. El aislamiento geográfico había facilitado la conservación de los viejos patrones, pero la apertura de vías de comunicación ha sido un elemento fundamental para la producción de la crisis. Las vías de comunicación operan de muchas maneras. Además de un mayor contacto cultural se produce, por ejemplo, un impacto económico sobre el lugar, con posibilidades de ampliar la producción local, mayor solicitud de mano de obra, compraventa de tierras, etc. En este sentido el impacto es más fuerte en Tajín que en Eloxochitlán.

Los grupos marginales en trance de desintegración pueden, a veces, resolver la crisis mediante un proceso de transculturación. Es decir, aceptando la nueva cultura y adaptándose con más o menos dificultades a los nuevos patrones. Tampoco es éste nuestro caso. La transculturación encuentra grandes y casi invencibles resistencias, hasta el punto de que, lo que realmente encontramos, es fuga individual de la comunidad para incorporarse a otros grupos. De hecho, cada persona transculturada debe registrarse como una baja en su grupo. Esto resulta mucho más cierto en Eloxochitlán que en Tajín. De cualquier manera, en ambos lugares la difícil aceptación por el grupo de un transculturado le obliga a abandonar el lugar, o bien es sometido a un régimen de aislamiento. En el abandono influye, también, la posición del afectado, que se siente ya "distinto". Son rarísimos los casos en que una persona en tales condiciones puede influir sobre sus antiguos compañeros; si acaso, actúa desde fuera, y, por así decirlo, desde arriba, asimilándose a la "gente de razón" —o de cultura mexicana, en términos generales.

Sobre semejante fondo común (marginalismo, desintegración, y fracaso en la transculturación) cada grupo ha elaborado diversos mecanismos y dado origen a distintos caracteres. La desintegración y la transculturación afectan zonas distintas y con desigual intensidad. Aquí el contraste geográfico (especialmente en cuanto afecta a la posibilidad de cultivos y a la riqueza natural) parece muy significativo. Por ejemplo, en Tajín la riqueza natural y el cultivo de la vainilla abren una solución orientada hacia la acumulación de bienes, y los rasgos tecnológicos contribuyen a reforzar la familia. Por otra parte, la seguridad económica y la posibilidad de acumulación dependen de la relación con el grupo de cultura mexicana, especialmente a través del comercio de vainilla. Quizá por todo esto los Totonacos de Tajín manifiestan cierta adaptabilidad y mejor aceptación de los nuevos patrones y elementos culturales, siempre que contribuyan a reforzar la orientación general (tales como: aprendizaje del castellano, de la escritura, de las cuentas; cambios en la vestimenta, etc.).

En Eloxochitlán la pobreza de recursos naturales y técnicos vigoriza los sistemas religiosos y mágicos y la solidaridad del grupo (dirigida principalmente a la preservación de la propiedad de la tierra), a la vez que la importancia relativa del comercio como empresa individual desorganiza los vínculos familiares (en especial de la familia extensa). Tampoco existen, en Eloxochitlán, verdaderas posibilidades de intercambio económico con los grupos mexicanos. La receptividad a nuevos patrones es escasa, y la resistencia cultural muy fuerte.

Podríamos decir, en resumen, que la cultura original en Tajín y en Eloxochitlán ha perdido su capacidad creadora, sin que ningún grupo haya conseguido adaptar con éxito las potencialidades de otra cultura para convertirlas en normas socioculturales propias. Sin embargo, cada grupo ha elaborado una serie de principios normativos y de objetivos que no responden enteramente a la cultura original ni a la mexicana. El núcleo dominante se ha constituido en Tajín alrededor de la acumulación de bienes y de la familia, y en Eloxochitlán alrededor de la riqueza, de la autoridad y de la magia. Debemos distinguir claramente entre la acumulación en Tajín con fines no fundamentalmente de consumo, y la riqueza en Eloxochitlán, con propósito principal de uso en fiestas comunales.

No resulta fácil explicar semejantes selecciones —si así pueden llamarse—, pero intentaremos exponer algunas ideas sobre el problema, aceptando los riesgos de toda simplificación. Los miembros de la cultura en crisis de Tajín han aprendido una suprema lección a través de sus relaciones con la cultura dominante que les rodea. Esta lección se refiere a la importancia de la posesión de bienes y a su conservación. Si los Totonacos de Tajín son, hasta cierto punto, respetados; si, incluso, se establecen relaciones de compadrazgo con ellos; si pueden disminuir la presión externa y aliviar su condición de inferioridad racial y sociocultural, todo ello se debe a que poseen bienes, a que saben conservarlos, administrarlos y acrecentarlos. Claro está que los Totonacos de Tajín tienen la posibilidad de acumular bienes (recuérdese lo que hemos dicho sobre el ambiente natural y en especial sobre la vainilla), y no es enteramente lícito preguntarse qué pasaría si no la tuvieran. De todas maneras, la situación de los Totonacos de Eloxochitlán (donde no existe tal posibilidad) puede ayudarnos a contestar, como veremos. Lo decisivo es que la gente de Tajín ha asimilado el hecho de que pueden enfrentar mejor al mundo extraño y hostil que les rodea y defenderse con algún éxito, e incluso manejarlo en ciertos casos, si poseen bienes. Cuanto mayor es la acumulación, más se acrecienta el sentimiento de seguridad y disminuye la ansiedad y el sentimiento de desamparo. El valor personal se identifica rápidamente con el valor de lo poseído, y la seguridad en sí mismo con la seguridad en lo que uno posee.

Los individuos de Tajín se liberan de la ansiedad y ganan seguridad por medio de la acumulación. Pero este camino corre en Tajín a través de la familia. La familia facilita los medios para la acumulación, concediendo a sus miembros la posibilidad de participar en los bienes. Pero esta facilidad está condicionada por la obediencia estricta y la completa fidelidad a la autoridad y mandatos del pater familia. La desobediencia grave es castigada con la exclusión del seno de la familia, es decir, con la privación del derecho a la participación en los bienes familiares, con la inseguridad. El respeto, la adhesión y el acato extremado al padre tiene, con frecuencia, premios adicionales, expresados en la posición favorecida en la herencia, en la elección de esposa, etc. El individuo tiene que identificarse con la familia.

La cultura en crisis de Eloxochitlán no ha podido desarrollar una solución paralela a la de Tajín, en apariencia por razones obvias de medio ambiente físico, de pobreza de recursos naturales y técnicos, y de escasez de tierras. Claro está que una cierta acumulación de riqueza es posible y deseada. Pero veamos más en detalle la cuestión. Eloxochitlán posee una extensión bien definida de tierras; no sólo no las puede ampliar, sino que, de hecho, se reduce por la presión y las intrusiones de sus vecinos mestizos y nahuas. Sobre esa extensión, amenazadoramente decreciente, vive una comunidad que aumenta poco a poco, y que no tiene otras posibilidades de existencia, en los marcos tradicionales, sino la agricultura y un raquítico comercio en decadencia de bienes que ellos no producen. La conservación por el grupo de la propiedad de la tierra aparece como una necesidad fundamental ante los extraños, pero también constituye un requisito indispensable mantener cierta igualdad en la riqueza individual. Un fuerte desequilibrio interno acarrearía resultados tan graves para el grupo como el paso de propiedades a manos extrañas. El individuo tiene que identificarse con su grupo.

La cultura de Eloxochitlán, la que podríamos llamar de emergencia, propicia por un lado la acumulación de riqueza. Pero, por otro lado, establece maneras mediante las cuales esta acumulación revierte nuevamente, siquiera en parte, sobre la comunidad. Los vecinos de Eloxochitlán esperan de sus compañeros más ricos distribuciones más o menos forzadas de sus bienes, por intermedio de fiestas y de invitaciones, y aun de multas. El estímulo social de la acumulación va acompañado, entonces, de su bloqueo en ciertos límites, y del desconocimiento de características que normalmente acompañan a una orientación "acumulativa" (hábitos de ahorro, buena administración, etc.), características que son substituidas por otras opuestas (prodigalidad, ausencia de sentido económico, etc.).

La escasez de recursos naturales y de tierras se presenta acompañada, como observamos, de la pobreza de recursos tecnológicos. El control del medio natural es precario e insuficiente. Esta situación se refleja con intensidad en la vida del grupo: existe verdadera ansiedad por la consecución de los elementos de subsistencia más indispensables, constante subalimentación, peligro de pérdida de cosechas, falta de reservas para emergencias. El Totonaco de Eloxochitlán no puede dominar al mundo que le rodea con sus recursos técnicos; es incapaz de controlarlo mediante el uso de procedimientos realistas. Se siente desamparado entre fuerzas naturales y sobrenaturales hostiles. Busca la seguridad, entonces, proyectando una concepción hostil de las potencias superiores, esperando su benevolencia por la sumisión, y ensayando manejarlas con procedimientos mágicos.12

Pensamos que resulta bastante claro ahora por qué la autoridad se presenta revestida en Eloxochitlán de semejante prestigio y fuerza. Por una parte, da cuerpo a la comunidad misma, satisfaciendo la necesidad sociocultural de mantenerla unida frente a las irrupciones y a las posibilidades de desequilibrio interno. Por otra parte, las tendencias a contrarrestar la hostilidad y a lograr protección a través del sometimiento, encuentran su canalización sociocultural en el ejercicio de la autoridad y en la obediencia a la autoridad. Los individuos encuentran seguridad interna al volverse simbióticamente parte de una autoridad sentida más grande y más fuerte que uno mismo. La dinamia de este carácter explicaría, asimismo, la facilidad en la aceptación de los castigos.

Finalmente, no podemos olvidar que la autoridad en Eloxochitlán está revestida de prestigio tradicional, cuyas raíces deben buscarse en la época prehispánica. Los españoles acentuaron el poder y el prestigio de la autoridad y la independencia de México no alteró fundamentalmente la situación.

En resumen, el carácter social en Tajín gira alrededor de la crisis de la cultura, de la acumulación de bienes con fines de seguridad, y de la obediencia al jefe de familia. Si agregamos a este cuadro los rasgos que se presentan en las técnicas agrícolas que describimos y su reflejo en la educación infantil, podríamos definir este carácter, en los términos propuestos por Fromm, como de orientación francamente acu­mulativa ("anal").

El carácter social en Eloxochitlán gira alrededor de la crisis de la cultura; de la acumulación de bienes con fines de gasto; de la identificación con la comunidad; de la ansiedad por la subsistencia; de la magia y de la autoridad. Si agregamos a este cuadro los rasgos que se presentan en el ejercicio de la autoridad y su reflejo en la edu­cación infantil, podríamos definir este carácter, en los términos propuestos por Fromm, como de orientación receptiva (“oral”) con fuertes rasgos autoritarios.

V. Análisis de la Dinámica Socio-cultural

Podemos analizar ahora los tres problemas —alcoholismo, brujería y homicidio— en su contexto socio-cultural y psico-social. Se ha con­siderado que el uso excesivo de bebidas alcohólicas está relacionado con los estados de ansiedad.13 En el caso de Eloxochitlán parece que encontramos una comprobación más de esta tesis. El núcleo principal de la ansiedad está localizado en Eloxochitlán en la consecución de los medios de subsistencia. Pero existe también una angustia difusa por todo el ámbito de la cultura, y que puede estar determinada por la crisis a que hemos aludido. La embriaguez rutinaria de los vecinos de Eloxochitlán es un procedimiento para escapar a la desagradable realidad de cada día. De la misma manera que ensayan controlar al mundo usando la magia, tratan de desfigurarlo por medio de la intoxicación alcohólica. Es claro para un observador que bajo la influencia de la bebida disminuyen las preocupaciones de los Totonacos de Eloxochitlán, a la vez que pierden conciencia de la realidad, o por lo menos la deforman grandemente (recuérdense sus planes grandiosos durante las borracheras).

Un fenómeno notable, y que en cierta forma puede parecer inesperado, es que los borrachos no exhiban la agresividad que se encuentra en otros lugares; en Tajín, por ejemplo. Ello se debe a la posibilidad de canalizar la hostilidad por otros conductos, y a la confianza en los procedimientos sobrenaturales, especialmente en la brujería. Sería muy extraño, verdaderamente, que un grupo que coloca su fe en la magia como sustituto de la tecnología y del dominio real del medio, recurriera normalmente a la agresión física, aun en estado de embriaguez. Parece más consecuente con la estructura sociopsicológica la ausencia de agresión física. Sobre este problema insistiremos más adelante.

El desmedido uso del alcohol puede relacionarse no sólo con la ansiedad por la alimentación y la angustia difusa, y particularmente con la disposición general a la distorsión de la realidad, sino también con las frustraciones orales infantiles. Es decir, que la constelación psicocultural boca-ingestión-ansiedad por la comida-frustración oral infantil-mentalidad mágica-deformación de la realidad, predetermina precisamente el alcoholismo en Eloxochitlán, y no cualquier otra forma no-oral y no-intoxicante a que pudieran recurrir. Es curioso, a este respecto, observar la poca popularidad que tiene el tabaco, sea fumado o mascado.

Mientras que entre los Totonacos de Eloxochitlán el alcoholismo constituye una manera de fugarse de la realidad, en Tajín la borrachera asume un aspecto marcado de des-inhibición de los impulsos agresivos. El contraste es más notable, todavía, porque la apariencia de la gente de Tajín es cortés, afable y tranquila, y la de Eloxochitlán es ruda, servil y frecuentemente excitada. La peligrosidad del borracho de Tajín está bien reconocida por las actitudes sociales que mencionamos oportunamente. Hay pocas dudas de que la hostilidad de los Totonacos de Tajín está normalmente reprimida de forma severa. El alcohol tiene el resultado de disminuir la eficacia de los controles y permitir el afloramiento de los impulsos agresivos. No es casual, tampoco, que el último ciclo de homicidios vaya acompañado de un incremento del consumo de alcohol.

Debemos inferir de todo esto que el carácter social, basado en la estructura sociocultural, determina específicamente los aspectos esenciales de la embriaguez y de la conducta del borracho. El alcoholismo contribuye en Eloxochitlán a mantener la estabilidad psicocultural, aliviando la ansiedad y aumentando la seguridad en el control irrealista del medio. Por eso encuentra estímulo y sanción social positiva. En Tajín, por el contrario, el alcohol desenfrena los impulsos agresivos y actúa como un factor productor de ansiedad y de conflictos. Por eso no halla aceptación social y se condena el abuso de alcohol.

La escasa incidencia del alcoholismo en Tajín puede atribuirse también —lo cual encaja perfectamente en el esquema sociocultural y psicosocial que hemos trazado— a la ausencia de verdadera ansiedad por la alimentación y de frustraciones orales infantiles importantes. Por otra parte, el Totonaco de Tajín —a diferencia del de Eloxochitlán— posee un buen control del mundo externo. Lo importante es que este control se basa no sólo en un ambiente más favorable, sino en una tecnología bien desarrollada. Es decir, la gente de Tajín tiene una buena noción de la realidad, y no necesita huir de ella. Al contrario, su seguridad se fundamenta en el apego a lo real. La deformación de la realidad, que constituye el escape psicosocial de Eloxochitlán y la base de su seguridad subjetiva significaría en Tajín, probablemente, la pérdida de la seguridad.

Repetidas veces hemos mencionado el problema de la hostilidad y de la agresión en Tajín y en Eloxochitlán. Un examen superficial registraría la presencia y frecuencia del homicidio en Tajín, y su práctica ausencia en Eloxochitlán. Asimismo, tomaría nota de la actitud agresiva de los borrachos en Tajín y de la conducta pacífica de los de Eloxochitlán. ¿Debemos pensar, pues, que la agresividad es menor en el último lugar? De ninguna manera. Lo que ocurre es que la agresión sigue otros caminos, que la hostilidad se manifiesta bajo otras formas. La agresión en Eloxochitlán se canaliza principalmente en la brujería: las prácticas de magia malévola constituyen el sucedáneo de la agresión física.

Si la relación total de muertes, de enfermedades y de daños en general sobre las personas y propiedades, que se atribuyen en Eloxochitlán a la brujería, pudiera compararse con la estadística de agresio­nes físicas ocurridas en Tajín, probablemente la balanza de la hostilidad se inclinaría hacia Eloxochitlán. No importa el carácter real o sobrenatural de las prácticas agresivas; el hecho es que la persona que usa la magia para agredir a un enemigo está tan segura de la eficacia de su acción, y se siente tan responsable por sus consecuencias aparentes como el Totonaco de Tajín que ultima a tiros y a machetazos a su adversario.

Nuestro verdadero problema no es la frecuencia o ausencia de la hostilidad —puesto que sabemos que existe en ambos lugares—, sino por qué en Tajín se manifiesta en agresión física y en Eloxochitlán en agresión mágica. En nuestra opinión, ambas maneras de expresar la agresividad tienen su razón de ser en la estructura sociocultural y en el carácter social. Para concretar nuestro punto de vista hemos de recordar la fortaleza de la organización política en Eloxochitlán y su firme control sobre las actividades de cada individuo. El autor de un delito tiene muy pocas posibilidades de escapar sin castigo, a no ser que cuente —como en el caso del homicidio colectivo que relatamos— con el apoyo de la comunidad. De hecho, existe una híper preocupación para que nadie escape sin castigo; incluso los animales son condenados por las autoridades. En Tlayehualancingo, otra comunidad totonaca vecina de Eloxochitlán, hemos visto a vacas, guajolotes y perros cumpliendo sentencias en la cárcel. En Tajín, en cambio, la debilidad de la organización política hace casi imposible no ya la aplicación de sanciones, sino la simple averiguación del delincuente. Además, la vida social gira alrededor de la familia, y la organización política es, en muchos aspectos, una superestructura artificial sin prestigio verdadero y hasta resentida. Es evidente que mientras en un lugar la agresión física está facilitada y hasta estimulada por un conjunto de circunstancias, en el otro se ve obstaculizada y severamente prohibida.

Es preciso tomar en cuenta otro elemento básico. El Totonaco de Tajín es realista, y el de Eloxochitlán proyectivista. De la misma manera que el primero controla el mundo exterior con su tecnología y su economía, y que el segundo quiere controlarlo principalmente con métodos sobrenaturales, uno agrede físicamente (realísticamente) y el otro mágicamente (irrealísticamente). Las prácticas agresivas son, pues, coherentes con la orientación general de la cultura. Al mismo tiempo, ni la agresión física de Tajín, ni la mágica de Eloxochitlán, ponen en peligro el eje respectivo de su vida social: la familia en un lugar, la comunidad en el otro. La brujería en Eloxochitlán se nos presenta como un mecanismo de descarga de la hostilidad. Es sintomático que la agresión física en Tajín coincida con la ausencia de magia malévola.

El problema de los orígenes, de las fuentes psicosociales de la agresividad, es una cuestión diferente. Desde que Freud enunció su hipótesis del "instinto de muerte" dinámicamente amalgamado con la sexualidad, la teoría psicoanalítica ha sufrido profundas transformaciones. Es posible que el cambio más radical sea el producido por la que podríamos llamar tendencia sociocultural. En general, los psicoanalistas están de acuerdo, sin embargo, en que la hostilidad debe ser considerada como resultante de frustraciones y de ansiedad. La diferencia parece residir en que Freud y sus seguidores ortodoxos ponen el acento en las tendencias instintivas (orientación anatómico-fisiológica), y la tendencia más reciente de su escuela hace hincapié en el medio sociocultural (orientación sociológica). En realidad, existe una compleja interrelación de las necesidades biológicas y de los medios socializados de satisfacerlas; podríamos decir, incluso, que las necesidades deben ser ajustadas a las técnicas de satisfacción. Pero, además, la cultura y la sociedad crean nuevas necesidades y dan nuevas formas a las necesidades biológicas. La cultura y la sociedad no pueden verse exclusivamente como mecanismos más o menos complicados de satisfacción y ajuste de necesidades primarias, sino también y quizá, principalmente, como creadoras de nuevas necesidades, tan apremiantes como las otras. Ocurre así no sólo en las "altas" culturas, sino en las llamadas "primitivas".

Todo esto explicaría la intensidad de las tendencias agresivas en Tajín y en Eloxochitlán, donde, a las frustraciones sufridas en las necesidades biológicas, habría que añadir las específicas de la estructura sociocultural, y las originadas por la crisis de la cultura y su relación especial con la cultura y la sociedad dominantes a su alrededor. Si las fuentes de la agresividad son la ansiedad y las frustraciones, ciertamente no faltan motivos en ambas comunidades.

Podemos ver la agresión como un proceso en el que debemos registrar: 1) una situación de ansiedad y frustración derivada en hostilidad y agresividad; 2) un factor desencadenante de la agresión, que no es necesariamente su "causa"; 3) las formas de realización de la agresión, y 4) el objeto de la agresión, que no es siempre su "objetivo" verdadero. Ostensiblemente, los Totonacos de Tajín reconocen tres motivos principales para la agresión y particularmente para el homicidio: el robo, en especial de vainilla; las mujeres, especialmente por infidelidad; la venganza, sobre todo por algún otro homicidio.

Es fácil comprender por qué el robo de vainilla tiene importancia crítica, y de ello hemos hablado oportunamente. Tampoco ofrece dificultad la comprensión de la ofensa representada por la infidelidad o el homicidio perpetrado en un miembro de la familia. Pensamos, sin embargo, que debe subrayarse una relación muy especial entre los tres motivos: en todos los casos se trata de sustracción o de destrucción de propiedad, de bienes personales. El Totonaco de Tajín no resiste pasivamente un ataque a su propiedad (a su seguridad); el ataque abre inmediatamente el proceso que culmina en la agresión. Podría alegarse que no constituye un rasgo especial de Tajín, sino más bien una característica humana general. Pero esto es un prejuicio cultural nuestro, como veremos en seguida en relación a Eloxochitlán.

¿Por qué este tipo de ofensas, y no otros, produce principalmente la agresión? La respuesta está en los fundamentos psicosociales de la seguridad del Totonaco de Tajín (la posesión de bienes), y en la consiguiente identificación del individuo con sus pertenencias (y su familia). La sustracción o destrucción de bienes personales (incluyendo el asesinato de un pariente) es una tentativa de aniquilar a la propia persona. El consecuente realismo de los miembros de esta comunidad explica, asimismo, la coincidencia del factor desencadenante con la causa verdadera de la agresión, y también la asimilación del objeto de la agresión con el objetivo verdadero, por lo menos en la mayoría de los casos. En general, es cierto que no hemos encontrado los mecanismos de desplazamiento, sustitución o proyección de la agresividad que han podido establecerse en otras situaciones.14 En cambio, encontramos represión de la agresividad, que se mantiene controlada, oculta, latente, hasta que encuentra una oportunidad de expresarse destructoramente. Sólo la embriaguez puede aflojar la rigidez del control y permitir el afloramiento de la agresividad en condiciones no preparadas ni previstas por el agresor. Por eso, aparte de algunas riñas en estado de intoxicación alcohólica, la agresión en Tajín es siempre premeditada, organizada y realizada con sumo control.

En Eloxochitlán, los elementos desencadenantes de la agresión parecen estar principalmente en los resultados de la competencia individual por la consecución de riqueza y de autoridad, más que en la competencia misma. La acumulación de bienes por una persona va acompañada de una acumulación paralela del resentimiento de los miembros de la comunidad contra ella. De la misma manera, el ejercicio de la autoridad (que presenta siempre marcados rasgos de arbitrariedad y despotismo) convierte a una persona en el centro de la hostilidad del grupo. Sin embargo, los Totonacos de Eloxochitlán mantienen en estos casos una curiosa actitud ambivalente. La persona que comparativamente tiene muchos bienes o ejerce el poder, es vista con resentimiento y hostilidad. Pero, al mismo tiempo, sus vecinos se manifiestan con ella obedientes hasta el servilismo, dependientes y explotadores por medio de la sumisión.

Es fácil comprender que el objeto de la agresividad cambia constantemente, y que la hostilidad del grupo va pasando de unas personas a otras. El ejercicio de la autoridad facilita otra buena oportunidad de descargar la agresión. Las autoridades recién nombradas hacen sentir su propia hostilidad, y la de la comunidad entera, especialmente sobre las autoridades salientes y los "ricos". Todos los medios socialmente aprobados se utilizan: multas, cárcel, trabajos forzados, obligación de dar fiestas, etc. La rotación de los puestos de la autoridad y la explotación de los "ricos" facilitan un buen complemento de la agresión mágica, que a pesar de todo retiene su papel principal.

Resulta interesante comprobar que el robo, que en Tajín indica la fase más crítica de la hostilidad y se contesta con el homicidio, en Eloxochitlán, cuando se presenta, lo que ocurre varias veces, se contesta con una denuncia formal ante las autoridades, y se resuelve más o menos pacíficamente por medios legales. El hecho mismo de que el robo sea tan poco frecuente en Eloxochitlán, y sobre todo que no sea expresión de agresividad, es ya suficientemente significativo en contraste con Tajín. Ciertamente, la especie de redistribución forzosa de parte de los bienes de un "rico" podría considerarse como un equivalente psicológico del robo, particularmente en su aspecto de destructividad, de agresión. Pero aquí terminaría el paralelismo, porque la finalidad tácita en Eloxochitlán es de consumo ("oral"), y de acumulación ("anal") en Tajín.

En definitiva, la estructura socio-cultural y psico-social de cada grupo predetermina la intensidad y las formas específicas de la agresividad; sus puntos focales y factores desencadenantes, y las posibilidades de su control social e individual, de su represión y canalización.

VI. Comentarios sobre el Método y la Terapéutica

Hubiéramos deseado añadir a este ensayo la documentación referente a la exploración de la personalidad individual (pruebas psicológicas, material autobiográfico, observación de conducta personal, etcétera), y su análisis detallado. Asimismo, nos parecía útil insistir en descripciones más detalladas de la educación infantil y de su relación con los factores socioculturales. Quizá lo hagamos en otra oportunidad en que dispongamos de mayor tiempo y espacio.

Deseamos hacer observar, también, que el criterio metodológico que hemos seguido funciona bien cuando el grupo estudiado es social y culturalmente homogéneo. Cuando el grupo es heterogéneo y bien diferenciado, se hace necesario recurrir al manejo del concepto de personalidad de status, a que nos referimos antes.

Cuando la cultura y las formas sociales de un grupo homogéneo o heterogéneo están en rápido proceso de cambio, hay necesidad, además, de recurrir a los conceptos de norma y transgresión. Ésta es, precisamente, la debilidad mayor que notamos al revisar nuestro ensayo. ¿Cómo se transmiten a la educación infantil —o sea, al período formativo del carácter social— las nuevas necesidades y problemas que aparecen en una estructura sociocultural cambiante? ¿Qué relación tienen estos cambios con la existencia de personalidades desviadas del carácter social, con el desarrollo de la transgresión? Este problema parece ser de la mayor importancia cuando se plantea la cuestión de una terapéutica social.

Supongamos, por ejemplo, que las condiciones ambientales de Eloxochitlán cambiaran para ser similares a las de Tajín, y empezara a desarrollarse activamente el cultivo de la vainilla, facilitando al grupo alimentación suficiente e ingresos monetarios substanciales. Aquellos que hasta el momento constituían la excepción del grupo, y cuya existencia podemos suponer, con rasgos de personalidad acumulativos (transgresores hasta ahora), se convertirían en el tipo mejor preparado para adaptarse al cambio y explotarlo favorablemente. El resto del grupo acabaría aceptando la norma de los viejos transgresores, o sería desplazado social e incluso geográficamente, como ha ocurrido en otros lugares de México en condiciones parecidas bajo la influencia de cambios tecnológicos (riego, por ejemplo, o un nuevo cultivo).

El problema hipotético que planteamos no es tan gratuito. Probablemente, algo parecido ocurrió en Tajín al iniciarse la explotación comercial de la vainilla. No es difícil que desarrollos semejantes se estén produciendo, en estos momentos, en otros lugares de México. Un análisis específico del carácter social y de las variedades tipológicas, así como de las normas y de las transgresiones, realizado en varias comunidades en proceso de cambio, arrojaría luz sobre estas cuestiones y, sobre todo, nos permitiría planear mejor cambios favorables para el bienestar del grupo.

El manejo empírico de la situación en ciertas comunidades ha sido hasta ahora, indudablemente, una fuente provechosa de enseñanzas todavía no bien estudiadas. Pero ha demostrado, asimismo, ser peligroso. A menudo se han provocado conflictos inesperados y crisis imprevistas, que han escapado también al control.

Deseamos poner algunos ejemplos de estas posibilidades, haciendo caso omiso de las posibilidades de aceptación. La desaparición de la poliginia en Tajín podría ser buscada como un medio de aliviar las tensiones en la familia, las resultantes de la escasez de mujeres, etc. Pero es claro que uno de los resultados inmediatos sería una verdadera crisis en el cultivo de la vainilla y, en general, en el trabajo agrícola. En ciertos casos, la crisis podría ser resuelta en parte con el uso de jornaleros. Pero en la actualidad no existe fuerza de trabajo disponible, y la introducción del método de pagar salarios desorganizaría el sistema de "trabajo por trabajo", que funciona ahora con éxito, constituyendo, además, uno de los nexos de convivencia y solidaridad más importantes.

El robo de vainilla, como grave problema social, podría ser resuelto por medio de un sistema cooperativo de control y venta de la producción, y por el reforzamiento de la organización política. Pero ¿no podría el sistema cooperativo anular el vigoroso individualismo de Tajín, que es una de las bases de su fuerza y de su supervivencia? Por otra parte, el reforzamiento de la organización política, ¿no podría provocar otro tipo de conflictos, distintos de los actuales, pero igualmente peligrosos?

La seguridad del Totonaco de Eloxochitlán fue reforzada por el Gobierno entregándole tierras inafectables e intransferibles. Pero esto ha producido el resultado secundario de anular la competencia efectiva y el estímulo para la acumulación y buen uso de los bienes. La comunidad, desde el punto de vista económico, se ha fosilizado, y la gente consume gran parte del producto de su trabajo en orgías alcohólicas.

Por otra parte, la bien intencionada actividad de maestros y sacerdotes para anular las creencias y supersticiones mágicas, ¿no puede producir mayor ansiedad y posiblemente más alcoholismo? Y la pérdida de la brujería como canalización de la agresividad, ¿no puede originar una desviación hacia la agresión física y el homicidio?

No es nuestra intención proponer el abstencionismo. Por el contrario, creemos que los científicos sociales pueden y deben intervenir activamente en la vida de los grupos humanos, con la finalidad de eliminar conflictos y conseguir mayor bienestar. Pero es también nuestro firme criterio que deben intervenir como tales científicos, y solamente de esta manera. La pérdida de la confianza en la ciencia social parece, en parte, un resultado de las experiencias de los investigadores dedicados al manejo empírico de los problemas sociales, aunque éste sea, a la vez, una de las condiciones de su progreso.

El conocimiento científico de la sociedad es todavía muy pobre, especialmente en la esfera de sus relaciones con la personalidad. Pero no tanto como para que se pueda evadir la cuestión de su aplicación. La aplicación debe hacerse, sin embargo, con el máximo posible de garantías. Esto quiere decir que la llamada investigación "pura" —que es la única garantía seria de la ciencia "aplicada"— no debe cesar por un momento. Los planteamientos "teóricos" de hoy son el camino hacia las soluciones "prácticas" de mañana.

Summary


This paper presents three problems typical of many rural communities in Mexico: alcoholism, witchcraft and homicide. To study these, ethnological and psychological methods were combined. The paper is divided into the following sections: I. Physical and cultural environment, which includes a general description of the natural and cultural environment of the two communities examined; II. Alcoholism, witchcraft and homicide, with a description of the incidence and characteristics of each in the two places; III. Basis and method of the research, a brief discussion regarding the method followed and its theoretical bases; IV. The social characteristics of the two communities, an analysis of the socio-cultural mechanisms in the formation of the type of personality required; V. Analysis of the socio-cultural dynamics, a discussion of the three problems in their total socio-cultural and psychological context; VI. Comments on method and therapeutics, a final analysis of the "application" of the social sciences in concrete cases.

Some of the conclusions arrived at are the following: the study of social character or of basic personality should not be focused solely or principally on childhood education and experiences, but on the total structure of society and on the global cultural context. Childhood education and experiences are not determining factors of socio-cultural phenomena, but dynamic elements that transmit the needs and problems from the structure of society to each of its members, thereby outlining the social character. This theo­retical basis is important not only to establish methodology but is especially fundamental when it is planned to use scientific knowledge to produce favorable changes in a community.

Social character, based on the socio-cultural structure, determines the essential aspects of drunkenness and the conduct of the drunkard. In one of the communities studied, alcoholism helps to maintain psycho-cultural stability, relieving anxiety and increasing security in the unrealistic control of environment. In the other community, alcohol unleashes aggressive impulses and acts as a factor which produces anxiety and conflicts. Likewise, the socio-cultural and psycho-cultural structure of each group predetermines the intensity and specific forms of aggressiveness, its focal points and the factors it unleaches, as well as the possibilities of its social and individual control, of its repression and channeling. Malevolent magic and a strong political organization in one place provide channels for aggressiveness and its control, while in another community the lack of these mechanisms leads to homicide.

The authors point out that the method used functions well when the group studied is socially and culturally homogeneous. When the group is heterogeneous and well differentiated, it is necessary to recur to the concept of status personality. When the culture and social forms of a homogeneous or heterogeneous group are in a rapid process of change, it is necessary to recur to the concepts of standards and transgression. The latter brings up the problem, which has been very little studied, of how to transmit to children new problems and needs of a changing socio-cultural structure and the relations of the change with the existence of transgressing personalities.



*Publicado en América Indígena, Vol. XIV, México, D.F., Enero de 1954, núm. 1, pp. 7-36.

1Notas

 Una síntesis de este trabajo fue presentada al IV Congreso Mundial de Salud Mental, celebrado en México, D. F., en 1951.

2 Los estudios etnográficos de las dos comunidades se desarrollaron, durante los años 1948-51, bajo la dirección de la doctora I. Kelly, en un programa patrocinado por el Institute of Social Anthropology de la Smithsonian Institution y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

3 El primer volumen dell informe de Tajín ya ha sido publicado. Cf. Isabel Kelly y Ángel Palerm: The Tajín Totonac, Vol. I, Washington, D. C., 1952; Smithsonian Institution, Institute of Social Anthropology, Publication Nº13.

4 Véase una discusión de este problema en Ángel Palerm: “La civilización urbana”, Historia Mexicana, México, D. F., 1952, N9 6.

5 Véase, a propósito de estos términos, a R. Benedict: Patterns of culture, New York, 1949; The New American Library; sobre su posible aplicación a las culturas indígenas de México, Ángel Palerm: “Culturas apolíneas y dionisíacas en el México antiguo”, conferencia ante la Sociedad Mexicana de Psicología, parcialmente publicada en Psiquis, México, D. F., 1949, Nº 6.

6 Tocó al antropólogo que firma este ensayo encontrar uno de los cuerpos en el camino. La víctima había recibido, aparte de los disparos, más de diez machetazos gravísimos, la mayor parte perfectamente inútiles. A pesar de que el muerto era un amigo nuestro, nos fue imposible reconocerlo.

7 Es claro que en un ensayo de esta clase el antropólogo no puede acometer la tarea de una descripción exhaustiva de la cultura de cada grupo. Tampoco parece deseable hacerla. Sin embargo, conociéndola, el psicólogo está en condiciones de apuntar los elementos más significativos, y de colaborar con el antropólogo en su exposición. De esta manera, el trabajo no se forma de una serie de piezas aisladas escritas cada una por un especialista y luego reunidas formalmente. La descripción cultural, por el contrario, queda empapada, por decirlo así, de sentido psicológico, mientras que las interpretaciones y descripciones psicológicas lo están de sentido antropológico.

8 Véase Erich Fromm: "Psychoanalytic characterology and its application to the understanding of culture", Culture and personality (S. Stansfeld Sargent and Marian W. Smith, Eds.), New York, 1949; Viking Fund.

9 Véase Abram Kardiner, 1945, El individuo y su sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, D. F.: 1947, The psychological frontiers of society, Columbia University Press. New York.

10 Véase op. cit., y, además: Escape from freedom, New York, 1941; Farrar & Rinehart; Man for himself, New York, 1947; Rinehart and Co.

11 Linton llamó la atención sobre estas variedades, a las que llamó “personalidad de status”; cf. Ralph Linton: “Problems of status personality”, Culture and personality (S. Stansfeld Sargent and Marian W. Smith, Eds.), New York, 1949; Viking Fund. Mucho antes, Malinowski había indicado semejante Posibilidad en su crítica al psicoanálisis de la cultura; cf. Bronislaw Malinowski: Sex and repression in savage society, London, 1949; The Humanities Press, Inc.

12 A. Kardiner, op. cit., ya hizo observar la importancia de los sistemas proyectivos (en lo que el control mágico de la naturaleza tiene su fundamento) en culturas que no han conseguido un buen control de su ambiente físico.

13 Véase de Donald Horton: "The functions of alcohol in primitive societies", Personality in nature, society, and culture (Clyde Kluckhohn and Henry A. Murray, Edits.), New York, 1948; Alfred A. Knopf.

14 Véase, por ejemplo, Hortense Powdermaker: "The channeling of negro aggression by the cultural process", Personality in nature, society, and culture (Clyde Kluckhohn and Henry A. Murray, Edits.), New York 1948; Alfred A. Knopf.

http//:www.ciesas.edu.mx/Clasicos/Publicaciones/Index.html


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©odont.info 2017
enviar mensaje

    Página principal