Ingreso de la mujer a la Educación Superior



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Investigación Documental


La postura ideológica en tiempos del porfiriato de que la mujer sólo era capaz de realizar papeles afines a los que realizaba en el hogar se veía claramente reflejado en el marco educativo, existían instituciones de educación para niñas exclusivamente y para niños teniendo planes de estudio diferentes.
En el caso de la Escuela Nacional Preparatoria, en donde no asistían las mujeres, pretendía una formación científica a la manera del positivismo, su lógica era ir de lo más abstracto a lo más concretos: se iniciaba con matemáticas (aritmética, geometría, trigonometría, y nociones de cálculo infinitesimal), se continuaba con ciencias naturales (cosmografía, física, geografía, química, botánica y zoología) como parte última se incluían materias como lógica, ideología, moral, español. Los idiomas estaban intercalados durante el plan de estudios (Velázquez, 1990, p. 224). Por otra parte, en la Escuela de Instrucción Secundaria para personas del sexo femenino tenían las siguientes asignaturas: Ejercicios de lecturas de modelos escogidos escritos en español; Ejercicios de escritura y correspondencia epistolar; Gramática castellana; Rudimentos de álgebra y geometría; cosmografía y geografía física y política: especialmente la de México; Elementos de cronología e historia general; Historia de México; Teneduría de libros; Medicina (primeros auxilios); Higiene y economía doméstica; Deberes de las mujeres en la sociedad; Deberes de la madre con relación a la familia y al estado; Dibujo: lineal, de figura y ornato; Idiomas (Francés, Inglés, Italiano); música; Labores manuales; Artes y oficios que se pueden ejercer por mujeres; Nociones de horticultura y jardinería; Métodos de enseñanza comparados. Al terminar estos estudios las señoritas podían optar por el título de profesoras de primera clase, una vez examinadas y aprobadas o por otra parte ser unas buenas mujeres de hogar (Ibid., p. 224).

Es obvio percibir que los planes de estudio estaban dirigidos al papel que uno y otro sexo desempeñaban en la sociedad: si la mujer se preparaba era para hacer un mejor papel dentro del hogar. Así a partir de 1910 en que podemos decir que se inaugura la Universidad Nacional Autónoma de México -a pesar de tener la Universidad cuatro siglos de haber sido creada no se permitía el acceso a las mujeres, recordemos el deseo de Sor Juana Inés de la Cruz de ser vestida de hombre para poder asistir a la Universidad. Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz en el año de 1691, en la antología preparada por Gozalbo, (1985)-, y a pesar de que de acuerdo a Daniel Cosío Villegas “de manera expresa se faculta a las mujeres para ingresar a las escuelas profesionales” (Velásquez., op. cit., p. 222), pocas son las mujeres que se atrevieron a realizar estudios superiores, ya que irían en contra de una “verdad” socialmente establecida.


Se escribió acerca de la primera estudiante de derecho:
"Algunas veces los maestros no dejaban de demostrar su pena por tener que consentir en un absurdo, el de enseñar derecho a una mujer" (Ibid., p. 101).
Por lo que las mujeres que se atrevieron a emprender estudios profesionales, tradicionalmente destinados al género masculino, fueron mal vistas y criticadas, incluso por algunas mujeres de la clase media, que consideraban que tratar de romper con la dependencia económica al padre, esposo o hermano y la vida del hogar era sinónimo de “feminismo”.
No existen estadísticas globales del ingreso de la mujer a la educación superior antes de los años setenta, ya que es en ésta década que surge la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES), sin embargo, consideraremos los datos que la Universidad Nacional Autónoma de México señala para éstos años debido a su representatividad.
Las mujeres que asistieron a la universidad durante los años de 1940 a 1950 de acuerdo a los anuarios estadísticos de la UNAM, eran el 20.73% en 1940; el 18.26% en 1950 y el 17.62% en 1960 (UNAM, Anuario Estadístico, 1940-1958)
En términos de porcentaje respecto a la población total hagamos el siguiente ejercicio mental: si en 1940 México tenía 19,653722 habitantes (Sexto Censo de Población 1940 –1943-, Dirección General de Estadística, México), y estudiantes en la UNAM eran 13,547 ¿qué proporción del total formaban parte? La respuesta es después de algunos cálculos el 0.06% (ni siquiera el 1%). Es importante señalar que este 0.06% es el total de estudiantes tanto hombres como mujeres inscritos en la universidad del total de la población, de este 0.06% la quinta parte eran mujeres, es decir, el 0.012%. En términos prácticos, aproximadamente las mujeres que asistían a la UNAM era una mujer por cada 10,000 habitantes.
Haciendo otro tipo de cálculos podemos afirmar que en 1940 de cada cuatro hombres que estudiaban en la universidad una era mujer, en 1950 y 1960 de cada cinco hombres estudiantes una era mujer.
Aparecen datos del ingreso de las mujeres a la educación superior hasta la década de los años setenta cuando la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES) presenta sus estadísticas de todas las instituciones superiores de todo el país. A continuación se presenta la gráfica donde se observa el incremento de inserción de la mujer en el sistema educativo superior a partir de la década de los setenta hasta el año del 2003.



Fuente: Gráfica de elaboración propia a partir de los datos presentados por la ANUIES. Debido a la distribución de los puntos en una recta, se calculó una regresión simple, obteniéndose una pendiente de 0.9. Lo que indica que por cada año que ha transcurrido desde 1980a 2003 se a incrementado anualmente 0.9% la asistencia de la mujer en la educación superior, de tal manera que en 23 años ha habido un incremento de la presencia de la mujer en aulas universitarias del 20%.



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