Hacia un nuevo paradigma ambiental: el desarrollo sostenible como proceso de cambio


Del homo faber al ser ecodependiente



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Del homo faber al ser ecodependiente
La mirada retrospectiva nos ha traído a la cuestión ética, al tema de los valores dominantes en la cultura occidental de los últimos tiempos, cuestión que, a mi juicio, es de capital importancia para comprender la génesis de esta crisis y una referencia obligada para el tránsito hacia teorías filosóficas y responsabilidades morales de nuevo cuño.
Pasar de la dominación y explotación indiscriminada de la Naturaleza hacia posturas de equilibrio, significa ir abandonando el antropocentrismo de los últimos siglos para asomarse a una nueva comprensión de las relaciones sujeto-medio ambiente. Se trata, en síntesis, de potenciar todos aquellos valores y actitudes que nos lleven a una comunicación fraternal con la Naturaleza, a otorgarle la categoría de sujeto de derechos. Pero ello implica, de inmediato, que la subjetividad de la Naturaleza no podrá ser liberada hasta que la comunicación de los seres humanos entre sí no se vea libre de dominio (Habermas 1984).
En cuanto a la primera visión, la del ser humano integrado en la Naturaleza, el cambio estriba fundamentalmente en que, como hace largo tiempo intuyó Leopold (1949), lleguemos a comprendernos como miembros de la comunidad biótica, entendiendo ésta como una comunidad de intereses cuyo fin esencial es precisamente el mantenimiento de la vida. Pasar así de "dueños" a "partícipes" es un primer paso imprescindible para aceptar la existencia de nexos morales entre los seres humanos y el resto de lo vivo.

Por lo que respecta al segundo planteamiento, a la comunicación de los seres humanos en un marco libre de dominio, digamos que abandonar el antropocentrismo supone erradicar al mismo tiempo nuestro etnocentrismo, aquel que, desde el primer mundo, ha venido dividiendo a la sociedad global en ricos y pobres, en despilfarradores que derrochan recursos y comunidades que luchan por sobrevivir en la escasez más absoluta.


En el mismo orden ético, el respeto por la diversidad biológica se impone como criterio, a partir de la idea de que los bienes de la Naturaleza poseen valor intrínseco y, como tales, resultan necesarios para el mantenimiento equilibrado de la vida. Ello lleva aparejado el respeto de la diversidad cultural, un elemento de primer orden en el desarrollo de la vida humana a lo ancho del planeta.



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