Era uno de esos días como cualquier otro, en que las dos amigas se encontraban para empezar sus actividades



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Un mal día

Era uno de esos días como cualquier otro, en que las dos amigas se encontraban para empezar sus actividades.

Isabelle se cansó de esperar a Carlonina, en la intersección de las calles tres y cuatro, para caminar las cinco cuadras que faltaban para llegar a la escuela. Ese rato lo aprovechaban para contarse las últimas novedades. Los minutos pasaban y Carolina no aparecía, sólo faltaban seis minutos para el horario de entrada, entonces Isabelle decidió irse. ¿Qué pudo haberle pasado?. Nunca había tenido que esperarla; sino que era ella quien siempre llegaba tarde. ¡Ojalá no falte!, susurró al aire. Esa mañana tenían examen de literatura e Isabelle poco sabía del tema; había repasado sólo las unidades siete y ocho. Encima necesitaba un nueve para poder aprobar el trimestre.

Eran ya las diez y se hacía notable que Carolina no iba a aparecer, pero un milagro sucedió, un empujón desde atrás la sorprendió:

-Llegué – dijo tratando de recuperar el aire

-¿Qué te pasó? Creí que no venías.

-No escuché el despertador, ayer me acosté a las once. No estoy acostumbrada a dormirme tan tarde.

-¿Te quedaste estudiando?

-No, me quedé whatssapeando en el grupo “Las doce”.

-Ni me lo cuentes, hace trece días que estoy sin el celu y me faltan catorce para terminar la penitencia. Quién me mandó a mí a desobedecer a mi madre.

-Bueno el tiempo pasa rápido, ahora concentrémonos en la prueba, hay que rendir bien sí o sí.

Quince eran los puntos del examen, y a pesar de que contestaron todo bien, por culpa de tan solo dieciséis faltas de ortografía no alcanzaron la nota para aprobar. Tal era la bronca que tenían que llegaron al punto del maldecir a la profesora Diecisietecasas en frente de todos. La docente con mala cara las miró y se dirigió directamente a dirección.

Dieciocho minutos después el director las citó en su despacho y usando alrededor de diecinueve palabras les comunicó que serían sancionadas con veinte amonestaciones.

Su preocupación ahora no era sólo la nota de literatura, sino que estaban metidas en un grave problema. Tenían que avisarles a sus padres lo que había pasado y para colmo veintiuno eran los días que faltaban para el viaje a Bariloche.

Se dirigieron a la plaza a pensar cómo solucionarían la situación y para empeorar las cosas un hombre de unos 22 años se les acercó amenazándolas con matarlas si no le entregaban todo lo de valor que tenían encima. Salieron corriendo al café de la esquina de la calle 23 y desde ahí llamaron a sus padres. Llegaron a los pocos minutos, muy preocupados por sus hijas. Le habían robado el celular, algo de plata y el anillo de 24 quilates que Isabella poseía.

Todos juntos fueron a hacer la denuncia a la comisaria veinticinco y en el camino le comentaron a sus padres sobre el conflicto que habían tenido también en el colegio. Pero era tanta la preocupación que tenían por el robo que poco les importó las sanciones que habían recibido. Sólo les dijeron: “Fue un mal día”.



Rivero Guido

6to B

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