Elementos constituyentes del centro infantil



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Los pasillos suelen ser poco considerados dentro de la labor educativa y, sin embargo, organizativamente tienen un gran peso: los pasillos interconectan las distintas dependencias y pueden facilitar la labor organizativa si se les sabe dar el uso correspondiente.

En ocasiones, por el tipo de construcción, el pasillo, más que pasillo es un portal que pasa por los distintos salones, tanto por la parte del patio central interior, como por su borde exterior en contacto directo con el área exterior. El primero está generalmente techado y permite que la actividad de los niños y niñas pueda realizarse ahí cuando no existen áreas exteriores, lo cual hace que no tengan que mantenerse todo el tiempo dentro del salón, si existen áreas exteriores el pasillo suele estar cementado, lo que permite su uso si por alguna casualidad dichas áreas están mojadas o enlodadas por factores climáticos, y de esta manera no se interrumpe el juego y la actividad al aire libre de los niños y niñas.

Incluso, en aquellos centros infantiles en que sus condiciones de sombra lo permiten, los pasillos pueden ser utilizados para la siesta de los niños, en un ambiente fresco y en contacto directo con el medio natural, lo que puede hacer el sueño más profundo y reparador que si se realiza dentro del salón. De igual manera puede servir para evitar aglomeraciones de niños y niñas en el salón cuando se realizan simultáneamente varios procesos de necesidades básicas, como puede ser el baño y aseo, los cuales se suceden uno tras otro.

En suma, el pasillo puede concebirse como una sala “externa y abierta” que posibilita el juego y la actividad, sin el encierro que aquella puede significar, y que permite encontrar vías organizativas para evitar el hacinamiento de los niños y niñas y la superposición de actividades.

Para todas las dependencias del centro infantil existen factores y condiciones que se han de tomar en cuenta, y que por su significación toman el carácter de generales. Entre estos factores y condiciones tenemos:

El mobiliario.


La iluminación.
La ventilación.
El cromatismo.
El ornato y la estética

El mobiliario tiene una importante significación dentro del diseño y organización del centro infantil, pudiendo constituir una ayuda o un impedimento para la realización del trabajo educativo. El mismo ha de facilitar la actividad del niño, y a su vez, la labor de las educadoras y auxiliares. Con respecto a estas últimas se señalan como aspectos positivos de un mobiliario adecuado:

A.  Permite un mejor empleo de su actividad física, ahorrando esfuerzos innecesarios para el cumplimiento de su tarea.

B.  Favorece la ejecución de los procesos de acuerdo con los programas establecidos, disminuyendo la posibilidad de accidentes durante su realización.

C.  Posibilita la obtención de resultados más rápidos y efectivos en el aprendizaje de hábitos higiénico - culturales de los niños y niñas.

El mobiliario del centro infantil requiere de un profundo estudio antropométrico, que valorando diversos factores, tales como la talla, el peso, la conformación morfocorporal, entre otros aspectos, tanto de los niños como del personal, determine el tamaño y volumen de cada de uno de los muebles y equipos, de los componentes de los baños, de los elementos mecánicos del área exterior de juego, de la longitud y altura de las cunas y camitas, de la separación de sus barrotes, etc.

A pesar de que el mobiliario puede ser muy diverso, se pueden señalar algunas consideraciones en cuanto a su uso y selección:


  • Ha de responder a las particularidades del desarrollo físico y motor, y psíquico, de los niños y las niñas.

  • Ha de facilitar el trabajo del personal del centro infantil.

  • Han de ser estructuras livianas, que posibiliten su fácil traslado, y permitan a su vez su transformación para los distintos tipos de actividades que se realizan en los centros.

  • Unido a su ligereza han de ser, no obstante, fuertes para soportar el uso constante, de colores firmes, sin bordes peligrosos ni partes desprendibles.

  • Han ajustarse a las particularidades y condiciones de cada local, de acuerdo con la función que cada uno tiene, pero a su vez poder ser intercambiable entre uno y otro cuando sea posible.

  • No han de ser en extremo costosos, para posibilitar su sustitución por deterioro o accidente.

  • No ser excesivo en número, para facilitar salas y locales funcionales, y donde los muebles y objetos no constituyan obstáculos para el desarrollo de las actividades y funciones de cada espacio.

Cada local y salón, por su función, tiene un tipo de mobiliario específico, así por ejemplo, el local de la dirección ha de tener uno o dos escritorios pequeños, el archivo donde recopilar información y expedientes; algunas sillas para recibir personas, etc., y nada mas, puesto que la labor fundamental del director o directora no es permanecer en este local sino controlar el trabajo en toda la institución. El gabinete pedagógico ha de caracterizarse por tener una mesa de trabajo que permita el intercambio colectivo de las educadoras, anaqueles para guardar la bibliografía de trabajo y de consulta, estantes abiertos donde situar los medios y recursos didácticos, el mural de avisos, etc. De esta manera, de acuerdo con la función del local se sitúa el mobiliario, tomando en cuenta los factores y condiciones generales anteriormente expuestos.

Sin embargo, por su importancia vale la pena redundar en algunos específicamente, tales como la sala de lactantes y los salones de los grupos mayores.

El mobiliario de la sala de lactantes tiene una relación muy estrecha con las particularidades del desarrollo de estos niños y niñas, de ahí su significación.

La zona de actividades de los niños lactantes ha de tener un pequeño espacio delimitado como área de gateo interior, la cual ha de tener una baranda de barrotes de 8 cm. entre cada uno, y una altura que permita que un niño de pie pueda descansar sus antebrazos en la baranda. Esta zona se usa cuando por condiciones climáticas adversas no se puede utilizar el área de gateo exterior, y en la misma se ubican niños que ya pueden gatear, pararse o intentar pasitos.

La sala ha de tener a su vez un corral grande, para poder ubicar en el mismo a los niños más pequeñitos y que, por lo general, aún no gatean o lo hacen muy deficientemente. Este corral generalmente tiene patas altas, para permitir que la educadora o auxiliar pueda atender a los lactantes sin encorvarse en extremo. Para los más pequeñitos aún y que pueden resultar dañados por el desplazamiento de los otros que ya se trasladan algo, ha de existir un corral individual, del tipo standard, el cual también puede usarse para hacer algún tipo de actividad con un solo niño.

El niño hasta los tres meses y en algunos un poco más tarde, es alimentado en el regazo de la auxiliar o la educadora, pero una vez que es capaz de sostenerse sentado debe serlo en una mesa particularmente diseñada para permitir que se le alimente sin que se caiga. En el círculo infantil cubano existe un modelo muy original llamado mesa - dúplex que posibilita que una misma auxiliar alimente a dos niños a la vez y que se encuentran sentados de manera oblicua a la posición que ella ocupa en su propia silla. 

Para los niños que ya se mantienen firmes sentados y que además dan pasitos han de existir una o dos mesas bajas, y que sirven tanto para su alimentación como para la realización de distintas actividades pedagógicas.

En el salón - dormitorio han de habilitarse cunas, con las mismas especificaciones generales de los corrales en cuanto a sus barrotes, y no deben usarse mosquiteros, ya que los mismos impiden la visión al menor y del niño a su entorno. Para los que ya caminan y están en su proceso de adaptación para cambiar al siguiente grupo del segundo año de vida, han de existir algunas camitas o catres, pues no es recomendable que duerman en cunas cuando ya están a punto de ir para el otro grupo.

El baño de lactantes tiene muchas regulaciones higiénico - sanitarias, y para esto es necesario un mobiliario específico, como es un depósito donde echar los pañales y otra lencería sucia, que ha de tener dentro una gran bolsa plástica desechable, que ha de sustituirse cada vez que se llene; un “orinalero”, que es un mueble con secciones que puede o no ubicarse en la pared, y donde en cada espacio se sitúa el orinal individual de cada niño; el estante o anaquel donde se sitúa la ropa limpia para cambiar a los lactantes; el estante o anaquel para las toallas, sábanas, hules y demás útiles para la atención de los pequeñitos.

En el área de gateo exterior puede haber un mueble bajo, con gavetas, cuyo borde de mesa sea redondeado para permitir el agarre por parte de los lactantes al incorporarse, una rampa - escalera para la actividad motriz independiente, y un mueble bajo con ruedas para que los niños y niñas que ya caminan lo empujen y se trasladen, lo cual los ejercita motrizmente y perfecciona su marcha independiente.

La existencia de un mural es imprescindible en la sala de lactantes, en el que se sitúen los horarios de vida de los distintos grupos, la relación nominal de los niños y niñas con sus fechas de nacimiento, y otros datos que se consideren de interés para el trabajo educativo.

El mobiliario de los grupos mayores del segundo al sexto año de vida está en estrecha relación con el modelo curricular que se asume, pero se pueden señalar lineamientos generales que suelen ser comunes a muchos proyectos educativos. Entre estas consideraciones están:

Con suma frecuencia se tiende a darle una gran importancia a las mesas y a las sillas en estos grupos, lo cual se relaciona con reminiscencias de un enfoque escolar. Si bien es cierto que algunas son necesarias, basta con unas pocas, distribuidas de manera irregular por el salón, para que cumplan su función. De no ser posible el uso del pasillo o del área exterior, y en el que pueden realizarse la mayoría de las actividades pedagógicas del grupo, no necesariamente todos los niños y niñas han de estar ubicados en sillas y mesas, pues algunos podrán trabajar sobre esteras, otros sobre algún mueble bajo, entre otras posibilidades.

El mayor número de sillas y mesas se requiere cuando se realiza el proceso de la alimentación en la sala, las cuales pueden ser traídas del área exterior en su momento correspondiente

La educadora podrá tener una mesa pequeña de trabajo con algunas gavetas para guardar sus útiles de trabajo, evitando el clásico escritorio típico del medio escolar.

Los materiales de trabajo del salón han de ser guardados preferentemente en algún tipo de closet, pero si por la construcción del local esto no se facilita, se hace necesario evitar los pesados armarios que, además de ocupar un espacio significativo en el salón, pueden constituir un peligro potencial de accidente. De la misma manera, de no ser factible tener un closet para guardar las camitas o catres, es preferible tenerlos en otro local anexo, como puede ser el vestidor.

Los estantes y anaqueles del salón han de ser abiertos y bajos, para permitir que los niños y las niñas tomen y coloquen los distintos objetos y materiales, los juguetes, los recursos que se utilizan en las actividades, etc.

Los rincones de juego pueden tener un carácter permanente o hacerse cada día de acuerdo con el modelo curricular asumido, en todo caso sus estantes han de permitir su fácil traslado por los propios niños y niñas, ser susceptibles de cambio y de una transformación simple de su estructura.

En la pared del salón ha de existir un mural en el que se refleje el horario de vida del grupo en cuestión y otros datos de interés educativo, así como armazones o estructuras sencillas que sirvan para colocar los trabajos de los niños y las niñas, dibujos, modelos en plastilina, etc.

En síntesis, el mobiliario de los grupos mayores ha de ser sencillo, ligero, intercambiable y funcional, permitiendo que el salón tenga buen espacio libre para las más diversas actividades.



La iluminación de los locales de actividades de los niños y las niñas ha de ser preferentemente natural, por lo que el diseño del centro infantil ha de contemplar que la luz penetre fácilmente en ellos. En los casos en los cuales sea necesario utilizar la luz artificial (que siempre debe preverse para los días oscuros y nublados) esta debe semejarse lo más posible a la natural, y ser de tipo difusa para evitar el cansancio visual que provocan generalmente las luces focales.

La sala de lactantes ha de tener grandes ventanales que permita la entrada de luz natural, si bien por las condiciones de aislamiento del exterior que suelen tener para evitar la presencia de vectores, con frecuencia tienen que hacer uso con mayor intensidad de la luz artificial.

En los salones de los grupos mayores es importante evitar la oscuridad durante las sesiones de trabajo en el local, pues la falta de luz es muy dañina para el receptor visual de los niños y niñas que está en plena fase de maduración.

La ventilación ha de ser igualmente de tipo natural, y el diseño del centro ha de contemplar la debida orientación espacial para posibilitar la acción positiva del aire del medio circundante, si bien es importante evitar las corrientes de aire extremas, particularmente en los vestidores de los niños y niñas.

En los países cálidos la ventilación natural suele acompañarse de ventilación artificial, con el uso de ventiladores que han de ser preferentemente de los que se sitúan en el techo, y que hacen una circulación más estable del aire. En algunos centros los salones se climatizan, en particular la sala de lactantes, para hacer soportable el calor, que en ciertas épocas es bastante fuerte. Si bien la climatización puede ser un recurso para lograr un bienestar ambiental en el salón, no puede constuirse en un medio de aislamiento del entorno natural.



El cromatismo, es decir, el uso del color en el centro infantil, tiene una importancia a veces no concientizada por los adultos en el trabajo educativo con los niños y niñas de esta edad, de ahí que merezca un estudio profundo de sus particularidades en el desarrollo de este módulo.

El color se encuentra presente en casi todas las actividades del ser humano, y los estudios realizados al respecto, han demostrado la gran influencia que tienen los colores sobre el desarrollo y el resultado de la actividad, a la vez que han puesto de manifiesto todo su valor. El hecho de que el color tenga una influencia significativa en la actividad humana, hace necesario que su utilización en el centro infantil no pueda ser al azar, que en el caso del niño infantil cobra un valor particular, por la maleabilidad de sus procesos psíquicos, y el hecho de que su analizador visual está en plena fase de maduración y formación.

Las cualidades físicas del color definen sus efectos sobre el organismo humano, a la vez que el color tiene determinados efectos fisiológicos y psicológicos que también hay que tener en cuenta, en particular en los niños y niñas de edades tempranas. Así se conoce que los colores ejercen una influencia sobre los distintos procesos fisiológicos y funcionales del organismo, a la vez que actúan produciendo paralelamente a la sensación visual, vivencias psicológicas y otras ilusiones especiales. Por eso en el centro infantil el color no puede usarse de manera fortuita, sino hacer un uso racional y científico del mismo, lo cual implica indicaciones para su utilización en la edificación, las distintas dependencias y las áreas de juego exteriores.

La utilización del color en exteriores del centro infantil.

Al entrar a considerar la aplicación práctica del color en el exterior del edificio, deben tenerse en cuenta dos aspectos fundamentales: por una parte las propiedades físicas y los efectos del color en el organismo humano, y por la otra, las condiciones geográficas locales donde se sitúe la institución infantil.

Como norma general, en las grandes superficies se deben evitar los colores demasiado vivos y saturados, ya que no solo chocan contra los criterios estéticos, sino que representan una fatiga visual y nerviosa por la dificultad de adaptación cromática. Por lo tanto, no es pausible pintar una gran superficie exterior de rojo sangre, por ejemplo, o de naranja, amarillo girasol u otro color por el estilo.

No obstante, se sabe que los colores con altos factores de reflexión producen ambientes más alegres, limpios y adecuados que los que poseen factores de reflexión bajos. A pesar de ello, esto no puede llevarse al exceso, ya que dichos colores son capaces de crear deslumbramiento y, como consecuencia, irritación o daño del analizador visual. Los ojos de los niños poseen estructuras muy inmaduras cuando ellos nacen y sus posibilidades totales de adaptación y acomodación visual se adquieren en un tiempo prolongado. Por lo tanto, es muy importante evitar el deslumbramiento, que puede alcanzar un grado verdaderamente dañino.

Sin embargo, si el clima es muy caluroso, el uso de los colores con factores de reflexión bajos, al absorber más energía solar, pueden resultar en extremo calientes para los moradores.

Entonces, ¿qué hacer...? lo que se impone es establecer una adecuada combinación de ambos aspectos, de modo que obteniendo el máximo de confort en el interior del edificio mediante la utilización de un factor de reflexión alto en la pintura exterior, no lo sea tanto que resulte perjudicial al incidir de plano los rayos solares.

Se sabe que el blanco es el color más fresco que existe, por ser el que menos energía absorbe. No es casual, por lo tanto, que las escafandras de los cosmonautas sean blancas, pues al absorber menos la energía solar y las diversas radiaciones, la vida del que usa el traje espacial tiene una mayor protección que si este se hiciera de otro color. Sin embargo, el blanco puro posee un factor de reflexión tan alto (el 80% y aún más), que resulta en extremo deslumbrante, además que es sumamente frío, si no se asocia con la gama del rojo, el amarillo o el naranja. Por lo tanto, el blanco puro es recomendable que se excluya de la pintura exterior, y si se utiliza tiene que ser una gama del blanco de menor índice de reflexión.

La solución estriba en determinar colores que aproximándose lo suficientemente al blanco como para ser frescos, no posean un factor de reflexión tan elevado como ese, entrando en esta categoría los colores claros y lavados, también denominados colores pálidos. En la tabla que a continuación se muestra se destacan algunos colores recomendables para la pintura exterior y que oscilan desde un 50% a un 75% de índice de reflexión, que resulta el más adecuado para las edificaciones de centros infantiles:


Naturaleza de la pintura

Factor de reflexión

Blanco viejo

0.75

Crema pálido

0.74

Crema

0.70

Beige pálido

0.70

Amarillo pálido

0.65

Ocre claro

0.64

Verde nilo

0.63

Verde claro

0.62

Gamuza pálido

0.60

Azul claro, azul cielo

0.52

Azul pálido

0.57

Por supuesto, esto no quiere decir que la pintura exterior se concrete exclusivamente a estos colores que se dan como ejemplo, ya que entre el rango recomendable del 50 – 75% existe una gama muy variada de tonos, de la cual esta es solo una muestra, y para lo que pueden consultarse las tablas y círculos de colores que existen, como la Ostwall, la Munsell y la C.I.C.

De la pintura exterior deben excluirse el marrón, por ser muy depresivo, o el rosa, que resulta en extremo caliente, así también colores como el violeta y el negro que tienen un factor de reflexión en extremo bajo. No obstante, estos colores prohibidos en grandes superficies pueden ser útiles en pequeñas proporciones para ofrecer contrastes agradables a la vista en forma de bandas, líneas, pequeños motivos, etc.

Pero, en un principio se había mencionado que las condiciones geográficas locales son también un aspecto que se ha de considerar en la selección del color, a las que se unen las condiciones particulares de urbanización. En este sentido el centro infantil no puede enfocarse como un edificio aislado que no tome en cuenta el contexto que le rodea, lo que puede determinar que un color aparentemente recomendable pueda no serlo por el conjunto en que se encuentra, por agudizar los problemas presentes, o resaltar de forma antiestética con su entorno.

Igualmente puede darse el caso de que colores no recomendables como el blanco puro, pueda justificarse su uso debido a un alto nivel de reflexión al encontrarse el centro infantil en zonas en que por la extrema cercanía de los edificios y las condiciones de hacinamiento o ecológicas negativas, sea necesario tratar de obtener el máximo de luminosidad y frescura, y donde el sol y el confort ambiental es difícil de lograr por las características de la zona.

La pintura de los interiores.

En términos generales la pintura de interiores sigue los mismos lineamientos que la de los exteriores, pero con especificaciones de acuerdo con la distinta utilización de los locales.

Ello determina que, los mismos colores que se excluyen para exteriores lo sean para interiores, con la salvedad de que para los techos el blanco puro es muy recomendable, a fin de repartir luminosidad y refrescar el ambiente.

En la pintura interior se presentan cuestiones que no eran significativas en la de los exteriores, o nuevos aspectos que exigen un análisis especial. Uno de ellos se refiere a la tendencia a considerar que las paredes de las instituciones infantiles y escuelas deben poseer siempre una zona inferior más oscura, basándose para ello en el hecho de que los niños tienden a ensuciarlas y los colores oscuros son más encubridores. Esto constituye no solamente un error en la utilización del color, sino que es también un error pedagógico.

Las paredes: deben ser siempre claras y de colores enteros, para incitar a los niños a ser más limpios y cuidadosos, y es función del educador enseñarlos en este sentido y no tratar de ocultar la suciedad bajo un color oscuro. Por otra parte, al notarse más cualquier suciedad sobre la superficie, asegura la necesidad de mantenerlas sistemáticamente limpias, con su consecuente resultado positivo en la higiene de la institución.

De otra manera, este bicolorismo vertical obliga al analizador visual a un esfuerzo de acomodación constante, en especial dado el caso de que se combinan dos factores opuestos de reflexión. Por las mismas razones el uso del bicolorismo horizontal, o sea la utilización de paredes de dos colores en sentido horizontal, es igualmente considerado perjudicial en instituciones educacionales para niños pequeños. Por último, ha de recordarse que estas paredes deben ser siempre mates y no brillantes.

Desde este punto de vista son recomendables el verde acua, el azul cielo, el coral, el verde pálido o amarillo, con sus derivados, crema, gamuza y beige. Los pasillos pueden pintarse con colores relativamente vivos, pero no deben presentar un contraste demasiado brusco cuando se sale de un determinado recinto, en estos casos se recomienda el azul claro por su impresión de amplitud espacial.

Los salones del centro infantil: tienen la particularidad que indistintamente sirven como dormitorio, como comedor, y en determinadas ocasiones para desarrollar actividades. Este múltiple uso obliga a una selección del color que trate de conjugar su variada utilización.

Partiendo del criterio que el niño debe permanecer en el área exterior la mayor parte del tiempo y que el salón se use fundamentalmente en los procesos de sueño y alimentación o cuando las condiciones atmosféricas así lo obliguen, ha de pintarse de azul o verde claro, por su efecto sedante y equilibrador. En aquellos centros que tengan dormitorio, el azul es más recomendable por poseer un gran efecto somnolente. Es interesante saber que este color, que es tan sedante resulta demasiado frío y adormecedor para el aula del segundo ciclo, en la que sí se realiza una actividad intelectual notable, por lo que es preferible en este caso usar el verde pálido o el amarillo con sus gamas. Dentro de la misma se ha comprobado que el mejor color para la pizarra es el verde oscuro, en el que se debe escribir con una tiza amarilla.

En el caso de los comedores centralizados, o en el de los empleados, estos pueden tener colores bastante calientes, derivados del naranja, como el “rosa melocotón” o el gamuza claro, o incluso la puerta del comedor puede ser en la gama anaranjada. Este es el único lugar del centro en que colores tan extremadamente calientes son recomendables.

La cocina: debe evitar siempre todo color caliente, con buenas superficies claras mates, suprimiendo en absoluto toda aquella granulada o provista de algún relieve. En general para este local convienen matices muy pálidos: marfil, azul cielo, gris pastel, etc., teniendo en cuenta el color de los aparadores, gabinetes, etc.

El consultorio médico: tan cargado emocionalmente para algunos niños, siempre será verde o azul claro.

La dirección: debe poseer un color que impulse al dinamismo y a la actividad. Excluye, por lo tanto, al azul o verde claro que son adormecedores y es más recomendable el amarillo suave, el beige, el crema o sus variantes.

El gabinete pedagógico: ha de estar pintado en forma neutra, para no distraer de la actividad intelectual que en él se realiza. Es el único recinto del centro en el que se recomienda el gris pálido, aunque también puede usarse el marfil o tonos semejantes. La monotonía del gris se salva con los colores que los juguetes y los materiales le imparten al local, y este fondo neutro ayuda igualmente a un contraste más efectivo con el multicolorismo de estos. Por otra parte, el gabinete es el local en que los anaqueles y estantes desempeñan un papel predominante, y los mismos deben ir en una gama que no oscurezcan los juguetes, debiéndose pintarlos de marfil, gamuza, beige claro etc.

Los baños: un capítulo especial lo constituye la pintura de los baños. De todos es conocido que este proceso es uno de los que suele presentar más dificultades en el centro. Sin entrar a analizar las implicaciones de tipo psicológico por lo cual esto sucede, la realidad es que los baños de por si son frescos y húmedos, y si se le añaden colores fríos la sensación de frialdad aumenta, con el consecuente rechazo de los niños y niñas. Por lo tanto, es contraindicado usar el verde o el azul en estos locales, y deben utilizarse colores bastante calientes como el rosa y la gama del amarillo, para que sus efectos psicológicos le impartan al local un clima de cálida aceptación.

La carpintería: los zócalos, las maderas, los bastidores, marcos de puertas y ventanas, entre otros, se tratarán en tonos sostenidos que hagan un buen contraste con la pared en que se sitúan. Esto es particularmente importante porque, dada la actividad constante del niño y la distractibilidad de su atención, se hace necesario que los marcos, los zócalos, los encofrados y las puertas, resalten fácilmente y puedan ser percibidos por el niño aunque no les preste mucha atención en su actividad.

En los centros experimentales o en los especiales, puede darse el caso que existan salones especiales como cuartos de experimentación, psicoterapia, actividades particulares, los que deben pintarse de acuerdo con su función, escogiéndose colores neutros que no distraigan la atención de lo que se realiza en el local.

Como resumen, puede establecerse que los colores de bajo nivel de reflexión y rebajados (o próximos al negro) deben ser excluidos de la pintura interior del edificio, lo que no quita su inclusión ocasional para ofrecer pequeños contrastes que resulten agradables a la vista.

Finalmente, hay algunos aspectos de las instalaciones que también se han de tomar en cuenta para el diseño de los colores, como es el caso de las tuberías, para las cuales existe un código internacionalmente establecido de acuerdo con su función. Dadas las condiciones habituales del centro infantil se pueden encontrar tuberías de agua potable, que se pintan de azul; tuberías de gas que se colorean de gris; las de agua salada para las que se utiliza el marrón y, por último, las de vapor, a las que se les aplica el rojo. Este color se usa también para los extinguidores de incendio, debiéndose pintar su imagen en negro o blanco en la pared en la que se les ubica, a fin de indicar su ausencia cuando por algún motivo haya sido retirados.

Las recomendaciones anteriores constituyen lineamientos que se deben seguir para asegurar la utilización del color en la pintura de interiores y exteriores del centro infantil se ajuste a lo científicamente correcto y no se convierta en un elemento perjudicial a la salud y el desarrollo del niño. Ahora solo falta tratar un último aspecto, lo que respecta a los equipos y elementos de juego de las áreas exteriores y al uso de las gráficas en la decoración.


  • Las gráficas y dibujos en el exterior del centro infantil.

El estudio de las recomendaciones del color en la gráfica o dibujo en las paredes exteriores de la edificación debe enfocarse desde dos aspectos importantes: uno concerniente a la función estética y ornamental de los mismos, y otro, el principal, a su función educativa. Ambos factores han de entrar a valorarse para la toma de una decisión, aunque no se puede perder el punto de vista de que, partiendo del hecho que el centro infantil es una institución educacional, los factores educativos deben primar en caso que entren en contradicción con los de diseño y ornamentales.

Por regla general ambos aspectos suelen coincidir con bastante frecuencia cuando obedecen a criterios científicamente comprobados.

Sin embargo, en la gráfica exterior los aspectos estéticos cobran un mayor peso, ya que la función educativa de la misma es mucho más limitada que cuando se utilizan en el interior del edificio. Esto obedece a que el gráfico exterior es, por lo general, un estímulo inmóvil e inalterable, luego de su impresión y reconocimiento inicial, poco a poco pierde sus posibilidades de inducir una respuesta, hasta que prácticamente no es percibido por el ser humano de forma consciente. De ahí que cualquier gráfico o dibujo que se plasme sobre la superficie de una pared si no es transformado con regularidad, luego de un cierto tiempo, pasará inadvertido.

Por otra parte, la altura en que por lo general se ubican estos gráficos en la edificación, suele impedir que el niño o niña de nuestra edad pueda realmente notar su presencia, pues le exige un esfuerzo de acomodación visual que muchas veces el pequeño no es capaz de lograr eficientemente.

No obstante que dichos factores limitan la función educativa de estos gráficos, los mismos, como estímulos, actúan sobre el individuo, aunque no los concientice, y por lo tanto, se hace necesario su estudio y orientación.

En el diseño gráfico exterior el color sigue, en términos generales, los mismos lineamientos establecidos para la pintura de exteriores, en lo referente a paredes o grandes superficies. En ocasiones el dibujo no se concreta al diseño de la figura en sí misma, sino que se enmarca dentro de un entorno que abarca una gran amplitud de la pared en la que se encuentra ubicado. Por ejemplo, un diseño de uno o varios barquitos en el mar, si este mar se pinta y abarca gran parte de la pared, constituye ya de por sí una gran superficie, y el azul seleccionado, por lo tanto, debe corresponderse con los límites de luminancia, tono y saturación establecidos. O se pintan grandes mariposas, o círculos de colores, bandas y líneas, que prácticamente constituyen la mayor superficie de la pared: en todos estos casos es preciso valorar la gráfica como una gran zona exterior, y compararla con la superficie en que se refleja.

Ya dentro del campo educativo, ha de recordarse que las figuras que se utilicen en los dibujos exteriores deben ser simples y fácilmente reconocibles por el niño o niña, eliminándose las abstracciones extremas que en ocasiones surgen de figuras más esquemáticas. Un pájaro abstracto puede ser fácilmente reconocido por un adulto, más no así por un niño, que incluso por falta de reconocimiento, puede darle un significado totalmente inadecuado o problemático.

Así, son recomendables los barquitos, las flores, etc., cuyo diseño gráfico es fácilmente reconocible a partir de figuras geométricas simples, que también son admisibles para utilizar en la decoración exterior. Por supuesto, es importante evitar el abigarramiento, yuxtaposición o barroquismo en estos diseños, por cuanto estos obedecen más a ciertos criterios de percepción adulta que a infantiles.



  • El diseño gráfico en interiores.

El gráfico en el interior del edificio requiere un análisis mucho más cuidadoso que el de exteriores, pues aquí cobra un mayor valor educativo, y sobre esta base debe enfocarse su estudio.

En el caso de los interiores todo gráfico o dibujo que se ha de utilizar no debe poseer la característica de inalterable, sino que por el contrario, será transformable y desmontable, de manera que se pueda sustituir periódicamente y variar la estimulación.

En términos generales las mismas especificaciones establecidas para los exteriores en cuanto a color, diseño, utilización de determinadas figuras, no abigarramiento, etc. funcionan para los interiores, los que a su vez tienen que considerar los aspectos generales planteados para la pintura de cada local o área del centro infantil. No obstante, se pueden señalar algunas especificaciones anexas.

En la sala de lactantes no es necesario la ubicación obligatoria de gráficos o dibujos en sus paredes, ya que por el deficiente desarrollo del analizador visual de los niños del primer año de vida, estos gráficos no ejercen función alguna, a la vez que obligan a una estimulación mucho más directa y cercana de estos niños con la educadora, a través del contacto con los objetos y la comunicación emocional.

En los grupos etarios posteriores si es factible el uso de estas gráficas y dibujos, procurando que sean desmontables y transformables y que, como se sabe, pueden utilizar figuras de animales fácilmente reconocibles y escenas simples de la naturaleza, a lo que se añade en los años superiores, la ubicación de obras artísticas infantiles y cuadros de pintores famosos, cuya significación y reconocimiento sea asequible a los niños y niñas. Pues, como norma general, toda gráfica o diseño interior debe eliminar cualquier tipo de abstracción o estilización de figuras, objetos, etc.

En ciertos casos, y de poseer condiciones adecuadas, es posible en una pared amplia y clara, la utilización de la pintura estable de un determinado paisaje simple que sirva de fondo a figuras desmontables y transformables, que serán sustituidas periódicamente y que puedan servir como base, por su relación interna, a la representación de cuentos infantiles conocidos. En el diseño de este gráfico deberá cuidarse que dicho paisaje de fondo contenga solo los elementos indispensables para dar idea de una localización, por ejemplo, una casita, un camino, dos o tres arbolitos, evitando sobrecargarlo y siempre con la aplicación de colores tenues que no cromaticen “el paisaje”, ya que la estimulación principal ha de corresponder a las figuras que se hayan ubicado sobre el mismo y que sí poseerán tonos resaltantes.



  • Los elementos y juegos mecánicos de las áreas exteriores.

La utilización del color en estos aparatos y elementos de juego posee características especiales que se deben tener en cuenta, a fin de hacerlos más funcionales y seguros para los niños. En esta clasificación entran los tiovivos, las canales, las casas de muñecas, los columpios y las sillas móviles, y todos aquellos implementos industriales o no, que se usan para proporcionar posibilidades de juego a los niños y niñas, y que por lo general implican una actividad motriz considerable.

En la pintura de los mismos es posible la utilización de tonos que no son recomendables para los exteriores o interiores del edificio, ya que la función principal de estos equipos es atraer la atención e inducir a la actividad con ellos, a la vez que sirven para ejercer contrastes agradables con el resto de las instalaciones.

De ello se infiere la posibilidad del uso de colores bastante saturados pero que deben seguir determinadas especificaciones, de acuerdo con las posibilidades de usar en ellos los contrastes de luminancia o de color.

Por contraste de color se entiende el uso de dos colores de factores de reflexión semejantes pero que difieren en el tono. Tal es el caso, por ejemplo, del verde claro, que tiene un índice de reflexión de 0.62, y del azul claro, que alcanza un 0.52 .

Cuando se habla de contraste de luminancia nos referimos a la utilización de dos colores de igual o distinto tono, pero con una diferencia notable en sus factores de reflexión, tal sería el caso del crema, que tiene un 0.70 y el verde oscuro, 0.20.

De acuerdo con la estructura del equipo, se puede utilizar el contraste de luminancia en su pintura, ubicando los de más alto índice de ésta para el cuerpo central del equipo a fin de señalar su extensión fácilmente. Así, por ejemplo, en el caso de un tiovivo, la parte redondeada y que constituye su cuerpo central debe tener las pinturas, combinadas o no, de mayor índice de luminancia, y por lo tanto, más pálidas.

Los colores de mayor saturación, o de menor índice de luminancia, deben situarse en aquellas partes del equipo que pueden significar un peligro potencial para el niño y que este debe percibir fácilmente aún sin que le esté prestando la debida atención.

En el ejemplo anterior, las agarraderas, y el pescante del tiovivo han de pintarse de tonos bastante saturados, como el rojo, el verde y azul profundos, de modo tal que aunque el niño o niña se distraiga algo durante su actividad con el aparato, el contraste de estas partes más saturadas contra los tonos más claros del cuerpo central del equipo sean fácilmente percibidos. Lo mismo sucede con las barandas, pasamanos y escalones de la canal, por citar otro ejemplo.

En términos generales en estos elementos mecánicos de juego se utilizarán por lo tanto, los colores más saturados para las partes peligrosas, desprendibles o móviles, y los tonos más pálidos para la estructura principal o el cuerpo central de los mismos.

La casa de muñecas debe evitar el bicolorismo vertical, aunque puede aceptar el horizontal, sobre todo para tratar de dar idea de amplitud espacial, y ubicar los colores de mayor factor de luminancia en las paredes interiores, en estas es preferible utilizar en el bicolorismo horizontal el contraste de color y no el de luminancia, pues por su estrechez no son recomendables los colores oscuros.

No obstante, todas las aristas, esquinas, bordes salientes, etc. deben señalarse utilizando tonos más saturados para indicar su peligrosidad.

En esta selección del cromatismo es importante evitar el abigarramiento en la combinación de los colores que se utilizan, y ajustarse a criterios de buen gusto estético.

Finalmente, se debe enfatizar que los lineamientos planteados constituyen consideraciones generales en la selección y ubicación del color en el centro infantil, sin que ello implique constreñir dicha decisión exclusivamente a los colores específicos que se muestran como ejemplos. Esto quiere decir que dentro de los límites establecidos hay posibilidades suficientes para la creatividad y pluralidad de las gamas, los matices y los tonos, tan amplia como lo es a su vez el propio espectro y sus variaciones.

Se ha de tener presente que cada centro infantil, cada unidad, es una entidad en sí misma, por lo que previo a la decisión de los colores que se han de utilizar se debe hacer un análisis geográfico, urbanístico y particular de cada edificación, para la toma de dicha decisión. Esto evitará el considerar estos lineamientos como estáticos e impedirá la producción de diseños “en serie” para la generalidad de los centros infantiles.

Por ultimo, no se debe dejar de señalar que la aplicación del color en la institución exige un enfoque multilateral, sin que sea patrimonio exclusivo de diseñadores o arquitectos, sino que compete por igual a educadores y psicólogos, lo que parte del hecho de que al considerar el color no solo son importantes sus aspectos físicos, sino igualmente sus efectos fisiológicos y psicológicos y sus implicaciones educativas, factores que no pueden tampoco unilateralizarse sin tomar en cuenta los elementos arquitectónicos, urbanísticos y de diseño.



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