El Voleibol fue creado en 1895 por William G



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Historia del voleibol e inicios

en Argentina

(Cursada 2011)

Por María Belén Bartoli

y Andrés López
El nacimiento del voley como deporte se remonta al año 1895. Su creador fue William George Morgan, director de Educación Física en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, según su sigla en inglés) de Holihoke, ubicada en el estado de Massachusetts. El entrenador había establecido, desarrollado y dirigido un programa de ejercicios y de clases deportivas masculinas para adultos. El básquetbol se había creado cuatro años antes (en 1891) y era uno de los juegos que practicaban, pero él vio la necesidad de encontrar nuevas disciplinas. Y así fue como echó mano de sus propios métodos y experiencias prácticas para crear un nuevo juego.

Respecto de las características que iba a adoptar esta nueva práctica, el mismo profesor explicó que el tenis había sido la primera idea, “pero precisaba raquetas, pelotas, una red y demás equipo. De esta manera, fue descartado. Sin embargo, la idea de una red parecía buena. La elevamos alrededor de un metro noventa centímetros. Debíamos tener un balón y entre aquellos que habíamos probado, teníamos la cámara del balón de baloncesto. Pero era demasiado liviana y lenta; entonces probamos con el balón de baloncesto, pero era demasiado grande y demasiado pesado. De esta manera nos vimos obligados a hacer construir un balón de cuero con la cámara de caucho que pesaba 300 gramos aproximadamente”1.

El primer nombre del nuevo juego fue mintonette, y es difícil encontrar referencias del por qué de esta denominación. Algunas versiones hablan de que Morgan pudo haberse inspirado en un juego llamado “minton”, que se jugaba en la India y era similar al bádminton británico. Lo cierto es que el nombre original no duró demasiado y rápidamente fue rebautizado como volley ball, en referencia al vuelo de la pelota sobre la red. En España, de hecho, se lo traduce como “balonvolea”.

El primer partido del nuevo deporte tuvo lugar el 7 de julio de 1896, en la Universidad de Springfield. Las primeras reglas, diseñadas por el propio Morgan, no exigían un límite de jugadores, se podían realizar nueve rotaciones con tres saques para cada equipo en cada rotación, y no había límites en cuanto al número de contactos de la pelota antes de enviarla al equipo contrario.

Ese mismo año, la Asociación Cristiana de Jóvenes publicó el primer reglamento en el que el tamaño de la cancha era de 7,50 por 15 metros, con una red de 60 centímetros de ancho, ubicada a 2,13 metros del suelo. Eran las primeras señas particulares de una disciplina llamada a trascender con velocidad.

A doce años de su creación, el voleibol se presentó en una convención de Estados Unidos como uno de los deportes más populares del país. Y también empezaba a ser conocido fronteras afuera: en 1900 llegó a Canadá, en 1906 a Cuba, en 1908 a Japón, en 1909 a Puerto Rico, en 1910 a China y a Filipinas... Como parte de ese proceso, no iba a pasar mucho tiempo para que hiciera su aparición en nuestro país.


Primeros pasos en Argentina

En agosto de 1912, el voley llegaría a la Argentina gracias al profesor Philip Paul Philips, director del Departamento de Educación Física de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Buenos Aires y el mismo que está considerado como el introductor del básquetbol en nuestro país. Claro que eso no fue por casualidad, ya que el voleibol hizo su arribo junto a otros deportes de origen estadounidense, como el básquetbol, el béisbol y el softbol. Y lo hizo para quedarse.

Los primeros partidos fueron bastante diferentes a los de la actualidad, ya que los jugadores jugaban muy estáticos en sus posiciones y la pelota estaba más en el piso que en juego. Poco a poco el profesor Philips fue introduciendo cambios en la práctica deportiva y ese mismo año se disputaron los primeros campeonatos internos.

Puertas afuera, las Iglesias Evangélicas jugaron un gran papel para difundir el deporte, organizando torneos a partir de 1923. Justamente, fue a partir de la Federación Argentina de Ligas Juveniles Evangélicas (FALJE) que el voleibol creció y empezó a masificarse. Y a partir de ese crecimiento surgió la necesidad de crear una institución que lo contenga.

La iniciativa corrió por cuenta del profesor Enrique Carlos Romero Brest (hijo del creador de la educación física escolar), quien llevó a cabo conversaciones con representantes de la Asociación Cristiana y el club femenino Ima Sumac, que desembocaron en la creación de una Federación que reunió las prácticas del voleibol y la pelota al cesto, dos disciplinas que se encontraban en pleno crecimiento.

El 12 de diciembre de 1932, se realizó en el Instituto Nacional de Educación Física, la Asamblea de la fundación de la Federación Argentina de Volley Ball y Pelota al Cesto, que designó como presidente a Romero Brest2. El 23 de enero de 1933 se aprobó el Estatuto de la Federación que tenía los siguientes fines:


  1. Representar en los deportes de volley ball y pelota al cesto a las instituciones afiliadas, en el orden nacional e internacional.

  2. Fomentar y regularizar la práctica de estos deportes, dictando o adoptando los reglamentos que sean necesarios.

  3. Organizar y patrocinar campeonatos y concursos nacionales e internacionales.

  4. Establecer las normas de conducta deportiva que han de regir las actividades de la Federación.

Entre las primeras actividades de la Federación estuvo la de organizar el primer partido internacional. Entre ellas, un hito que tuvo lugar en ese mismo año 1933: el primer partido internacional en Montevideo (Uruguay), otra ciudad a la que el voleibol había llegado por medio de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Los resultados favorecieron a los equipos charrúas, y se jugaron a dos juegos de 15 o 21 tantos, lo que marcaba que las reglas todavía no tenían la fuerza que llegaron a tener después. Los balones utilizados también eran diferentes a los actuales: eran de origen checoslovaco y llevaban tiento.

El peso y tamaño reglamentarios de la pelota recién se incluyó en 1938 en forma oficial3. Y fue en ese año que el voleibol recibió un espaldarazo fundamental, cuando el Ministerio de Educación incluyó al deporte en los programas de Educación Física para la enseñanza media. Gracias a esa medida, las chicas empezaron a practicar en forma masiva pelota al cesto y hockey, mientras que para los varones estaban el básquetbol y el voleibol.

Esta división por sexos, sin embargo no se respetaba al interior de la Federación. Puede pensarse que la concepción original era que las damas practicaran pelota al cesto mientras los caballeros jugaban al voley. Y si el rol de las mujeres era menor en los inicios, en la década del 40 ya habían consolidado su espacio dentro de la disciplina. Y eso quedó claro en 1942, a través del primer refichaje de jugadores de la Federación Argentina4.

El crecimiento del voley se hizo notar y eso terminó generando su independencia. A principios de 1950, la comisión de pelota al cesto solicitó autorización para realizar la separación de los dos deportes y constituir la Federación Argentina de Pelota al Cesto. La afinidad entre los deportes ya no era tal y la autorización se aprobó por unanimidad. Así, el 6 de octubre nació la Federación Argentina de Volley Ball, eliminando del nombre al deporte que había dejado de pertenecer a ella.

Sin embargo, no se trataba de una Federación Argentina en el sentido estricto, ya que no incluía a todo el país, sino que agrupaba a clubes de Capital Federal y alrededores, al estilo de la vieja Federación Argentina de Basket-Ball o la AFA del fútbol en sus inicios. El nombre, sin embargo, se modificó dos años después.

Fue el 20 de marzo de 1952, cuando las federaciones provinciales decidieron unificarse. En esa fecha, los delegados de la Federación Argentina de Volley Ball, la Federación Cordobesa, la Federación Chaqueña, la Asociación Mendocina, la Federación Santafecina y la Federación Tucumana, resolvieron constituir la Confederación Argentina de Voleibol como única entidad representativa de voley dentro de nuestro país.

Allí, la Federación Argentina renunció a su nombre y pasó a llamarse Federación Metropolitana. Fue el nombre con el que quedó definitivamente5 y mucho más adecuado a sus características. Antes de eso, igualmente, había dado los primeros pasos en la naciente organización internacional del voley.


La organización internacional

Fue en Argentina que, el 13 de febrero de 1946, se creó la Confederación Sudamericana de Volley Ball, que desde entonces es la entidad que rige los destinos del deporte en América del Sur. Como antecedente vale nombrar a la Oficina Permanente de Vinculación entre Federaciones, una iniciativa en la que nuestro país se integró con las entidades rectoras de Paraguay, Venezuela y Perú para canjear publicaciones, reglamentos, resultados y estadísticas. La creación de una Confederación continental fue la instancia superadora que se necesitaba para empezar a organizar la competencia entre los diferentes países de la región.

El primer paso se dio en el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA), aunque la sede de la Confederación finalmente fue Río de Janeiro. También en Brasil se llevaron adelante los primeros campeonatos sudamericanos, que se disputaron en 1951. Y el plural es porque no fue uno sino dos: por un lado jugó la rama masculina y por otro la femenina. Ambas tuvieron un desarrollo en paralelo, algo que diferencia al voleibol de otras disciplinas, donde la organización de los torneos de mujeres fue posterior a los campeonatos de varones.

Otro dato llamativo es que hasta mediados del siglo XX había reglas diferentes en distintos lugares del mundo. El voley que se jugaba en América no era el mismo que se jugaba en Europa o en Asia. La unificación empezó a tomar forma recién en 1947, cuando se creó la Federación Internacional de Volley Ball. Lo hicieron posible representantes de 14 países (Bélgica, Brasil, Checoslovaquia, Egipto, Estados Unidos, Francia, Suiza, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Rumania, Uruguay y Yugoslavia), que pusieron en concordancia las reglas de juego americanas y europeas6.

Con ese acuerdo en marcha, en 1949 se disputaron los primeros Mundiales. Fue en Checoslovaquia y con definiciones calcadas: la Unión Soviética fue campeón tanto en hombres como en mujeres, y en ambos casos el equipo local fue el subcampeón. Argentina no fue parte de esos torneos y tardó años en aparecer en la gran cita. Su primera participación fue en 1960 con el seleccionado masculino, cuando el voley ya estaba cerca de ingresar al círculo de los deportes olímpicos.

La edición de Tokio 1964 marcó el ingreso del voleibol a los Juegos Olímpicos, con 10 equipos de varones y 6 de mujeres, una cantidad que se iría ampliando con los años. En Munich 1972 ya participaban 12 países en la rama masculina y 8 en la femenina, cuando en el mundo ya había 115 federaciones nacionales asociadas y más de 45 millones de voleibolistas federados.

En ese contexto, no le fue fácil a Argentina insertarse en la gran competencia internacional. Tuvo que esperar hasta 1984 para tener su primera participación olímpica, con un equipo que había asombrado al mundo dos años antes.
La Selección Nacional

Si hay que nombrar un momento que marcó un antes y un después en el voley nacional, no hay dudas: fue el Mundial masculino que se llevó a cabo en nuestro país en 1982. Allí, un joven equipo argentino consiguió el tercer puesto, sorprendiendo a propios y extraños. Antes de eso, el voley argentino había sido campeón sudamericano en 1964 y supo contar con figuras importantes como Luis Rodolfo Lufrano, Carlos Portugal, Roberto Ramos o Julio Sorrequeta. Pero el impacto de un Mundial jugado en casa, y con una actuación brillante, fue extraordinario. Tanto, que practicamente adquirió un carácter fundacional.

Los protagonistas dentro de la cancha fueron Hugo Conte, Waldo Kantor, Daniel Castellani, Raúl Quiroga, Jon Uriarte, Esteban Martínez, Carlos Wagenfeild, Alejandro Diz, Carlos Getzelevich, Miguel Solari, Alcides Cuminetti y Leonardo Wiernes. Para siempre, sus nombres serán recordados como los de la Generación del 82.

Lo relata Ezequiel Fernández Moores en su Breve Historia del deporte argentino: “El Luna Park es una fiesta. El apoyo a los jugadores es impresionante. Estamos en octubre de 1982. Pos Malvinas. La gente hace oír su voz: “Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”. El coro, unánime dentro del estadio, fue tremendo. Se terminaba una noche larga para la democracia argentina. “Después de tanto tiempo de represión, la gente, gracias al voleibol, pudo expresar algo que necesitaba”, diría Waldo Kantor, armador de la mejor generación de jugadores que conoció el voleibol argentino7.

El hombre que lideró el proceso fue el coreano Young Wan Sohn, que había llegado al país en 1975 para hacerse cargo del seleccionado. De su mano, Argentina consiguió ganar el Sudamericano Juvenil de 1980 en Chile y dos años más tarde, con muchos integrantes de aquel equipo, se subió al podio en un Mundial por primera vez.

“Antes de que llegara él, nosotros teníamos muchas picardías bien argentinas. Para nosotros el más vivo era el que corría menos, el que se salvaba de hacer los ejercicios más duros, el que hacía ocho abdominales cuando había que hacer diez. El cambió esa mentalidad”8, recuerda Daniel Castellani, el capitán de ese seleccionado y DT de la selección una década después.

El salto de calidad experimentado llevó a que inmediatamente la mayor parte de los integrantes del equipo consiguieran jugosos contratos en las ligas más importantes del mundo y se mantuvieran en los primeros planos del voley internacional. No siempre pudieron demostrarlo con la camiseta de la selección, por la falta de organización interna y la sucesión de conflictos, una constante en toda la década.

En 1984, sin ir más lejos, Argentina concurrió a los Juegos Olímpicos por primera vez en la historia. Pero Sohn se había alejado, y en su lugar la Confederación nombró al chino Li Ce Da. Pero el nuevo DT llegó “a menos de 60 días del inicio de las Olimpíadas, con los lógicos inconvenientes de idioma y adaptación al grupo. Por eso la CAV dispuso que el argentino Juan Carlos Ballesteros acompañe al equipo a Los Angeles y sea el encargado de dirigirlo”9. Pese a las desprolijidades, el seleccionado nacional terminó en la sexta ubicación. La calidad técnica de sus integrantes los ubicaba cerca de la elite, por más que muchas veces faltara organizarse como equipo.

Cuando la preparación se realizó en forma adecuada, los resultaron llegaron: en 1987 Argentina ganó el Preolímpico de Brasilia, venciendo por primera vez en la historia a Brasil. Un año más tarde y con el mismo entrenador (Luis Muchuaga) logró el punto máximo: alcanzó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 88, venciendo nuevamente a los brasileños en el partido por el tercer puesto.

El proceso que nació en el 82 se cerró ocho años después, jugando el Mundial de San Pablo en 1990, donde el equipo terminó en el sexto puesto. Allí el campeón fue Italia, en forma sorpresiva y conducido por el platense Julio Velasco, que había sido asistente de Sohn en 1982. Iniciaba una década soñada, donde los azzurri serían los líderes del ranking mundial, ganarían dos Mundiales más (1994 y 1998) y el DT argentino llegaría a la estatura de leyenda en Italia, donde los clubes más importantes lo tentaron hasta para dirigir sus equipos de fútbol. Fue el punto más alto de una camada de entrenadores que dejó bien sentado el prestigio del voleibol argentino en el mundo, trabajando con buen suceso en ligas y seleccionados de primer nivel.

Mientras tanto, el grueso de la Generación del 82 ya no volvería a vestir la celeste y blanca después del Mundial de 1990. Y un año más tarde estaba en marcha la renovación, con Javier Weber como el nuevo líder (había integrado el equipo olímpico en 1988) y Marcos Milinkovic como la carta de triunfo.

En 1991 el seleccionado fue bronce en los Juegos Panamericanos de La Habana y empezaba a mostrar señales positivas que se hicieron realidad cuatro años más tarde. En los siguientes Juegos Panamericanos, que se disputaron en Mar del Plata, Argentina se quedó con la medalla de oro venciendo en una memorable final a Estados Unidos. Para entonces, el entrenador del seleccionado nacional ya era Daniel Castellani, que había asumido su cargo en 1993. Y Argentina volvió a dar el presente en cada una de las competencias de primer nivel.

En efecto, el seleccionado fue incluido en 1996 en la Liga Mundial, una nueva competencia creada por la FIVB en 1990 y que pretende reunir anualmente a los mejores seleccionados del mundo, al estilo de la Copa Davis de tenis. Nuestro voley volvía a pertenecer a una elite, a la que llegaba como invitado al reconocérsele sus méritos10.

Además, en ese mismo 1996 el equipo volvió a los Juegos Olímpicos, a los que no había podido clasificar en 1992. Y terminó en un promisorio octavo lugar. Pero dos años después cayó a un decepcionante 11er puesto en el Mundial de Japón y el DT se enfrentó duramente con los líderes del equipo: Weber, Milinkovic y Juan Carlos Cuminetti. Tanto que, para la Liga Mundial de 1999 (donde por primera vez Argentina fue sede de la fase final), Castellani recurrió a sus ex compañeros Waldo Kantor y Hugo Conte para reincorporarlos al seleccionado.

“Yo no debería pasar por la cabeza de ningún entrenador a la hora de una convocatoria. Pero la realidad indica que en el voley argentino hay una generación casi perdida”11, declaró el propio Kantor por esos días, ya con 39 años, llamado de urgencia para suceder a quien lo había sucedido a él en el puesto de armador.

Esa Liga Mundial marcó la despedida de Castellani y el arribo como técnico de otro integrante de la Generación del 82, Carlos Getzelevich. Con él volvió Weber, hasta llegar a ser el hombre récord de la selección (disputó cuatro Mundiales y cuatro Juegos Olímpicos). Y Hugo Conte siguió como parte de un equipo que en Sydney 2000 volvió a dar un gran impacto: venció a Brasil en los cuartos de final y se metió por segunda vez en la historia en una semifinal olímpica, terminando en el cuarto lugar.

Conte, reconocido por la FIVB como uno de los ocho mejores jugadores del siglo XX, cerró el círculo en 2002, otra vez jugando un Mundial en el país y en el mismo estadio (el Luna Park) que 20 años atrás. Esta vez Argentina terminó en el sexto puesto, pero la gran novedad de ese año la brindó el seleccionado femenino, que disputó un Mundial por primera vez.

La histórica clasificación se consiguió en 2001 con Celina Crusoe, Carolina Costagrande, Mariana Conde, Romina Lamas, Micaela Vogel, Ivanna Mûller, María Laura Vincente, Natalia Brussa, Julieta Borghi, Mónica Kostolnik, Marianela Robinet y Georgina Pinedo. Todas ellas, dirigidas por Claudio Cuello; dieron origen al apodo con el que se conoce desde entonces al equipo nacional: las Panteras.

Era la primera vez que el seleccionado recurría a las jugadoras que estaban fuera del país y el resultado marcó lo acertado de la elección. Aunque en el Mundial no se pudiera superar la primera ronda, el hecho de haber clasificado marcaba un punto de crecimiento. Pero el proceso sufrió un golpe impensado por un conflicto dirigencial inédito, que provocó que Argentina quedara suspendida de toda competencia internacional.

El protagonista fue Mario Goijman, el histórico presidente de la Federación Metropolitana, que había sido expulsado de la Confederación Argentina que presidía Ricardo Russomando12. Cuando los conflictos entre la Capital y el interior se hicieron irremontables (la Metropolitana fue desafiliada en 1990 y así permaneció por años), intervino la Secretaría de Deportes y se creó como instancia superadora la Federación Argentina de Voleibol en 1996, con Goijman como presidente13.

El titular de la nueva FAV fue el “organizador del Mundial 2002 en un país que parecía estallar tras la crisis económica de 2001”, recuerda Fernández Moores. “El dólar se disparó por las nubes, se retuvieron los depósitos bancarios y Goijman puso dinero de su propio bolsillo. Cuando quiso recuperarlo se estrelló contra el mexicano Rubén Acosta, presidente de la FIVB. Goijman llevó adelante la batalla más dura que tal vez se haya realizado a nivel de dirigentes para denunciar la corrupción en las altas esferas del deporte mundial. Desnudó que Acosta se quedaba con el diez por ciento de comisión de todos los contratos que él mismo autorizaba como presidente de la FIVB y que así había embolsado unos 25 millones de dólares. En su furia contra Goijman, Acosta, quien permaneció veinticuatro años en el poder, suspendió a la selección argentina”14.

En efecto, el 6 de mayo de 2003 la FIVB dejó a la Federación Argentina de todos los campeonatos internacionales (incluyendo el beach voley), con lo que Argentina se quedó afuera de la Liga Mundial y ni siquiera tuvo competencia oficial en los Juegos Panamericanos.

Tuvo que intervenir el COI (del cual Acosta era miembro y se vio obligado a renunciar) para que nuestros seleccionados volvieran a la competencia, un año después. Los varones lograron insertarse rápidamente, clasificando a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y a los Mundiales siguientes. Para las mujeres fue más difícil y no pudieron retornar al máximo nivel. Pero el cambio más importante que dejó el conflicto fue la modificación de la estructura organizativa.

La Federación Internacional expulsó definitivamente a la FAV y en su reemplazo surgió la Federación del Voleibol Argentino (FeVA), que desde enero de 2004 es el único ente representativo del voleibol en la Argentina15 al cual reconoce la FIVB. Esta entidad es la referencia en todo lo que tiene que ver con los torneos internacionales.

A nivel interno, mientras tanto, surgió la Asociación de Clubes Liga Argentina de Voley (ACLAV), que es quien organiza la Liga Argentina de Clubes de Voley, una competencia que ha tenido sus vaivenes pero que se disputa con continuidad desde 1996. Y que, siguiendo los pasos de la Liga Nacional de básquet, busca integrar a la competencia en una estructura nacional.
El mapa del voley

Durante décadas, el voley de la Capital y el del interior vivieron en un enfrentamiento que tuvo su punto máximo cuando la Federación Metropolitana fue desafiliada de la escena nacional. Algo increíble que se potencia ante el dato de que “más de la mitad de los jugadores del voleibol argentino pertenecen a la Capital Federal”16, según el dato de la revista El Gráfico en 1992.

Esta desigualdad se vio reflejada en el primer intento de Liga Nacional de voley, que tuvo lugar en 1986. De los 14 participantes, la mitad eran de la Metropolitana17. Y los cuatro primeros lugares de la fase regular fueron ocupados por clubes porteños: Ferro, Obras Sanitarias, Italiano y GEBA.

Las diferencias de nivel entre los torneos de Buenos Aires y los de las provincias siempre fueron tan grandes que a la hora de hablar de los clubes argentinos con mayor relevancia en la historia, el repaso lleva a esos cuatro nombres más Boca o Gimnasia de La Plata, todos del área metropolitana. Casos como el de Obras de San Juan (desde donde surgieron Raúl y Daniel Quiroga, Leonardo Wiernes, Jorge Elgueta o Alejandro Spajic) parecen ser la excepción que confirma la regla.

“Hay países como Estados Unidos o Perú que tienen una selección fuerte, pero sin desarrollo nacional. Nosotros teníamos ese mismo modelo. Yo, particularmente, creo que lo que garantiza un alto rendimiento internacional es una fuerte competencia interna”18, decía Daniel Castellani en 1998, cuando se estaba empezando a modificar la estructura.

Fue en 1996 que Goijman (desde la recién creada FAV) motorizó la creación de una liga profesional, con jugadores y entrenadores rentados. A esa liga volvieron Waldo Kantor y Hugo Conte, que tras jugar la final de 1998 dialogaban con la revista Mística.


Kantor: Tenemos que tomar el ejemplo del básquet y apoyar la Liga Nacional. Apuntar a la federalización y dejar de lado esta historia tan mezquina en donde siempre prevalece Buenos Aires sobre el resto. Esta tendencia todavía está latente.

Conte: Sería importante alargar la Liga. Ahora dura sólo cinco meses, y durante el resto del año la mayor parte del país se para mientras se juega el Metropolitano. ¿Qué hacen mientras tanto en Azul, Necochea, San Juan, Mendoza? ¿Van a entrenar cinco meses seguidos? Es algo totalmente absurdo19.
El torneo es organizado por la ACLAV desde 2003 y no modificó su calendario como pedía Conte, ya que el año se divide entre el torneo nacional por un lado y los certámenes locales por el otro. Pero igualmente generó fenómenos inéditos, como la formación de equipos provinciales (Gigantes del Sur en Neuquén, Chubut Volley o Mendoza Voley) y la aparición de un equipo multicampeón como Bolívar, todo un hecho mediático de la mano de Marcelo Tinelli.

De a poco, el voleibol fue quebrando el predominio capitalino para generar una liga que recorra en sus diferentes niveles la geografía nacional. Como ejemplo, se puede destacar que en la temporada 2008/09 participaron de las diferentes competencias (A-1 y A-2 masculinas y Liga Femenina), además de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, unas 14 provincias: Buenos Aires, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Mendoza, Neuquén, San Juan, Santa Fe, Santiago del Estero, Chaco, Salta, Corrientes y Tucumán.

Desde la Liga 1996/97, que marcó el inicio de la nueva era, en la rama masculina también son mayoría los campeones que provienen del interior. El primero fue Peñarol de Mar del Plata y lo siguieron Luz y Fuerza de Necochea, Olympikus de Azul, Rojas Scholem y Swiss Medical Morteros de Tucumán, además del caso de Bolívar. Los que ganaron campeonatos para Capital fueron River, Náutico Hacoaj y Club de Amigos, con apenas un título para cada uno.

La Liga Femenina es otra historia y allí mandan los equipos de la Metro, sin excepción. River, GEBA, Gimnasia de La Plata, Banco Nación y la UBA se repartieron los títulos de las 14 ediciones disputadas hasta 2010, en las que el equipo campeón fue siempre un representante de la Federación Metropolitana.



1 Véase al respecto la página oficial de la Federación del Voleibol Argentino: www.feva.org.ar



2 Las entidades fundadoras fueron las siguientes: Instituto Nacional Superior de Educación Física, Asociación Cristiana de Jóvenes, Federación Argentina de Ligas Juveniles Evangélicas, Asociación de Deportes Racionales, Club Femenino Ima Sumac, Asociación Cristiana Femenina, Club Villa del Parque, Escuela Normal Nº 4 Estanislao S. Zeballos, Liceo Nacional de Señoritas Nº 2, Colegio Guido Spano y Club de Gimnasia y Esgrima La Plata

3 Véase al respecto 75 años de historia (1932-2007), de la Federación Metropolitana de Voleibol.

4 En 1941 había 245 damas y 415 caballeros afiliados. En 1942, las cifras hablaban de 515 damas y 816 caballeros. En uno y otro caso, se observa que la presencia de las mujeres lejos estaba de ser residual ya que superaban al 50 por ciento de los hombres, en un momento de la vida social en las que su participación en actividades sociales era mucho más acotada que la actual.

5 Véase al respecto 75 años de historia (1932-2007), Op Cit.

6 Véase al respecto página oficial de la Federación Internacional de Volleyball: www.fivb.org

7 Fernández Moores, Ezequiel, Breve historia del deporte argentino, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2010.

8 Castellani, Daniel; en Fernández Moores, Ezequiel, Breve historia del deporte argentino, Op. Cit.

9 Véase al respecto “Salud, Los Angeles”, en revista El Gráfico, nº3370, 8 de mayo de 1984.

10 A quienes participan, la FIVB exige un contrato televisivo que garantice la transmisión de todos los partidos y contar con un estadio adecuado, donde entren no menos de 5 mil personas.

11 Kantor, Waldo; “Volver a los 39”, entrevista de López, Alejandro; en revista Mística, 6 de febrero de 1999.

12 Candi, Víctor Hugo; “El eterno conflicto del voley”, en revista El Gráfico, nº 3419, 16 de abril de 1985.

13 De Biase, Pablo; “La pelota no pica”, en revista Mística, 24 de julio de 1999.

14 Fernández Moores, Ezequiel; Op. Cit.

15 Véase al respecto página oficial de la Federación del Voleibol Argentino: www.feva.org.ar

16 Maladesky, Adrián; “El voleibol vive en conflicto”, en revista El Gráfico, nº 3818, 8 de diciembre de 1992.

17 Se habla de la edición 1986/87 del torneo, que disputaron Ferro, Obras Sanitarias, Italiano, GEBA, Boca, River y Náutico Hacoaj por la Federación Metropolitana. Los representantes del resto del país eran Somisa (San Nicolás), Obras Sanitarias (San Juan), Mendoza de Regatas (Mendoza), Banco Provincia (Córdoba), Provincial (Rosario), Social Monteros (Tucumán) y Regatas (Santa Fe).

18 Castellani, Daniel; “Soy el Passarella del voley”, entrevista de Cezer, Marcos y Boccalatte, Julio; en revista Mística, 24 de enero de 1998.

19 Conte, Hugo y Kantor, Waldo; “Hasta que la muerte los separe”; entrevista de LOPEZ, Alejandro; en revista Mística, 23 de mayo de 1998.




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