El desarrollo sostenible: ¿el nuevo paradigma? Y criterios operativos para el desarrollo sostenible



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Esto es, lo que a mi modo de ver, caracteriza el momento actual con relación al Desarrollo Sostenible: Diferentes interpretaciones del concepto, varias comunidades científicas que admiten el concepto pero aceptan una u otra interpretación y comunidades científicas inscritas en la tradición de la ciencia normal, que se resisten a aceptar el nuevo paradigma y, por tanto, siguen buscando respuestas a las anomalías en la disciplina en la que se formaron.
Haciendo relación al objetivo de mi participación en este evento, que consiste en plantear el modelo económico del desarrollo sostenible, quiero señalar que en la ciencia económica al momento se puede hablar de tres escuelas de pensamiento que abordan la relación economía medio ambiente y cuyo desarrollo se ha dado, precisamente en torno a la interpretación del desarrollo sostenible. Estas escuelas de pensamiento son:
La economía ambiental, de corte más tradicional, y que centra su atención en los efectos externos de las actividades productivas y la necesidad de internalizar dichos efectos en el precio de los bienes como mecanismo de valoración de los servicios que presta la naturaleza a la humanidad.
La economía ecológica, que trata de integrar la economía con la ecología en la toma de decisiones a todos los niveles. Para esta escuela de pensamiento, la economía no tiene viabilidad si es que no garantiza la sostenibilidad de la base de recursos y servicios del medio ambiente. Además, considera que tampoco es posible una gestión sostenible de los recursos y servicios ambientales si no hay una racionalidad económica en la asignación de la escasez de la biosfera. Por ello, plantea la necesidad de una síntesis entre la economía y la ecología que conduzca a la solución de los problemas de la interrelación entre los sistemas humanos y los sistemas ambientales.
La economía del desarrollo sostenible que plantea la necesidad de contar con nuevos principios económicos que se complementen con otros principios metaeconómicos de tipo ético, social y políticos. Esta escuela de pensamiento considera que la dimensión del cambio global y el largo plazo, conjuntamente con el capital natural, son los que llevarán definitivamente a conformar un nuevo sentido estratégico de la adaptación de los sistemas humanos por la vía de la integración Medio Ambiente – Desarrollo que implica, al mismo tiempo, la integración Ecología-Economía en una síntesis operativa. Para esta nueva visión, la salida de la crisis global tendrá que hacerse a través de un hilo conductor eminentemente económico-ecológico. La fase de transición pasa necesariamente por la ecologización de la economía y por la economización de la ecología.
Señalado estos aspectos, quiero centrarme en las propuestas básicas de la Economía del Desarrollo Sostenible. Para el efecto, voy a valerme de los planteamientos que al respecto hace Luis Jiménez Herrero, Investigador y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, a quien se le considera uno de los profesionales más completos en materia de economía ambiental y desarrollo sostenible de España. La obra que sirve de base para esta presentación es “Desarrollo Sostenible y Economía Ecológica: Integración Medio Ambiente – Desarrollo y Economía – Ecología”.
Jiménez Herrero nos dice que estamos ante un fenómeno que se puede expresar mediante un conjunto de síndromes multidimensionales de las transformaciones ambientales y de los procesos de desarrollo, los cuales han coadyuvado a que se tome conciencia de la insostenibilidad de los modelos de desarrollo humano en relación con el medio ambiente. Estos síndromes son:


  • El síndrome de la amenaza a la seguridad global que se deriva de la destrucción del sistema ambiental y pone en peligro la viabilidad del sistema económico mundial y la propia supervivencia humana.




  • El síndrome de los límites del crecimiento con el reconocimiento de la imposibilidad del crecimiento material indefinido dentro de un sistema terrestre finito.




  • El síndrome de la interdependencia entre pobreza y riqueza ante la inextrincable interrelación entre medio ambiente y desarrollo humano.

Lo anterior significa que tanto los modos de producción y consumo de los modelos depredadores de la riqueza (consumo opulento), como los de la pobreza (subsistencia de población creciente), así como las interdependencias y relaciones asimétricas, generan un entramado de tensiones ambientales y sociales insostenibles. Surge así la imperiosa necesidad de mantener el tamaño de la economía mundial dentro de la capacidad de sustentación del ecosistema global.


En la figura Nº 1 se representa la dinámica interactiva entre el subsistema económico y el ecosistema planetario. Mientras el subsistema económico es relativamente pequeño en comparación con el sistema ambiental (figura 1A), los límites de fuentes y sumideros planetarios son menos relevantes y se pueden ir desplazando según se expande la economía. Pero cuando la escala de la actividad económica se acerca a la dimensión del ecosistema total (figura 1B), tal como está sucediendo actualmente, las fuentes y sumideros tiene una capacidad limitada para soportar los procesos económicos.



La idea de mantener la dimensión del sistema económico a una escala óptima con relación al sistema ambiental y de acuerdo con sus límites presenta dificultades para su instrumentación, pues, ante todo, se requiere una transformación estructural del sistema económico. Ello, por cuanto entre los objetivos más inmediatos para invertir las tendencias actuales de insostenibilidad se incluyen los de:




  • “Producir más y mejor con menos”, en lo que se refiere a la utilización de recursos y energía.

  • Mejorar la eficiencia de los procesos productivos (reciclado, reutilización); y

  • Reformar la base tecnológica actual para impulsar una actividad económica que no sea ambientalmente destructiva, sino creativa.

Con estas premisas la Economía del Desarrollo Sostenible propone:




  • Unos principios básicos que permitirían que la escala óptima del subsistema económico se ajuste al ecosistema global.

  • Centrar la discusión teórica en aspectos relativos a los valores y funciones del medio ambiente y en el papel del capital natural en la sostenibilidad del desarrollo global.

Los principios básicos que propone la economía del desarrollo sostenible se constituyen en los pilares básicos de la viabilidad de una estrategia de desarrollo sostenible global son:





  • El ritmo o tasa de explotación de los recursos naturales renovables no puede exceder a la tasa de regeneración y su uso debe ajustarse a la capacidad regenerativa del ecosistema suministrador.

  • El ritmo o tasa de explotación de los recursos naturales no renovables no debería exceder a la correspondiente tasa de creación de sustitutos renovables (compensación del agotamiento con alternativas renovables).

  • El ritmo o tasa de emisión de residuos contaminantes no puede exceder a la capacidad de asimilación de los ecosistemas naturales (reciclado, absorción o esterilización por el medio ambiente), ni tampoco disminuir irreversiblemente la capacidad de suministro de servicios ambientales de tales ecosistemas.

  • Observar el principio de precaución debido a:




    • Los cambios ambientales globales de tipo “sistémico” (cambio climático) y “acumulativo” (pérdida de biodiversidad).

    • Los riesgos de fenómenos irreversibles.

La comprensión de las funciones y contribuciones del medio ambiente natural y sociocultural, según la economía del desarrollo sostenible constituyen un aspecto clave para una gestión racional del medio ambiente y un uso sostenible de sus recursos ambientales. Esta comprensión supone:




  • Una mejor evaluación de los diferentes aspectos ambientales en su plena dimensión y sus múltiples funciones tanto cuantitativas como cualitativas, aprendiendo a reconocer el comportamiento dinámico de los sistemas ambientales y sus distintas reacciones a las propias perturbaciones naturales y a las modificaciones originadas por las acciones humanas, en especial la actividad económica.




  • Reconocer los límites del sistema ambiental, que no siempre es extremadamente frágil, pero tampoco es infinitamente resistente y resiliente, teniendo en cuenta su capacidad de asimilación y adaptación para mantener y mejorar la base de recursos naturales sin traspasar los umbrales críticos de la sostenibilidad. Y,




  • Lograr una integración funcional y operativa entre economía y ecología, modificando el tratamiento económico convencional del medio ambiente que se ha centrado exclusivamente en el suministro de materias primas y energía para la actividad productiva sin tener en cuenta otros servicios básicos prestados y otras funciones económicas primarias, como la de receptor de residuos y sustentador de los sistemas vitales.

El conocimiento de las funciones ambientales es un aspecto esencial del análisis de las interrelaciones económico ecológicas.


Las funciones del medio ambiente han sido clasificadas desde principio de los años setenta, aunque su sistematización corresponde a épocas más reciente. Básicamente se distinguen cuatro funciones ambientales. Éstas son:


  • De regulación o sustento de la actividad económica y del bienestar social, tales como regulación del clima.




  • De producción: suministro de recursos básicos materiales, biológicos y energéticos, por ejemplo: agua, medicinas, combustibles, etc.




  • De soporte o carga: proporcionan espacios ambientales y asimilación de impactos, por ejemplo: agricultura, silvicultura, infraestructura.




  • De información: permiten beneficios estéticos, culturales y científicos, por ejemplo: inspiración artística e información cultural

Ahora bien, la economía del desarrollo sostenible reconoce que las funciones ambientales no son independientes unas de otras, sino que son el resultado de estructuras dinámicas y evolutivas, donde se encuadran las propias funciones de los subsistemas ecológicos. Por tanto, es necesario considerar los valores socioeconómicos de estas funciones ambientales y de los ecosistemas, pero sin perder de vista las interrelaciones y los procesos en el conjunto del sistema global. Sólo en el núcleo de la integración económico-ecológica se podría establecer el valor real de las funciones, usos y capacidades del medio ambiente de tal manera que se pueda apreciar el proceso de sostenibilidad global del desarrollo humano.


Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, el valor económico del medio ambiente se determina, al menos hasta el momento, en base a las contribuciones que hace al desarrollo económico, a la calidad de vida y al producto nacional bruto. Desde esta perspectiva, el valor económico del medio ambiente, comprende los siguientes tipos de valores:





    • Funciones de uso directo: Productos que se pueden consumir directamente (alimentos, biomasa, salud, especies) o utilizar de forma tangible (bosques, suelo).




    • Funciones de uso indirecto: Beneficios funcionales que brinda el medio ambiente y que no se pueden apreciar de manera tangible (funciones ecológicas, regulación de las tormentas, protección contra crecidas).




  • De no uso (valor intrínsico): Los individuos no se benefician ni directa ni indirectamente de los beneficios ambientales, pero pueden desear mantener la opción de disfrutar los mismos en el futuro




    • Valor de opción: Valor de uso directo e indirecto en el futuro (espaciamiento, hábitats protegidos, biodiversidad).




    • Valor de existencia: Valor derivado del conocimiento de la existencia permanente basado, por ejemplo, en convicciones morales (hábitats en peligro de extinción, diversidad biológica, especies amenazadas).




    • Valor de legado: Valor de uso y no uso para los descendientes (hábitats, cambios irreversibles).

La estimación de los valores se hace a través de precios de mercado, en el caso de las funciones de uso directo, y de la disposición al pago de las personas por los servicios y bienes ambientales o de la disposición a ser compensada como indemnización por el daño ambiental, para el caso de los otras funciones.


Esta forma de valorar los aportes que hace el medio ambiente al sistema económico presenta dificultades, sobre todo, en lo que tiene que ver con el valor que se le puede asignar al futuro y las repercusiones tanto económicas como ecológicas de largo plazo, así como también con la forma de abordar los efectos irreversibles y la consideración de los límites en las relaciones humanas y los procesos ecológicos.
La economía del desarrollo sostenible considera que estas dificultades podrían abordarse a partir de un tratamiento más integral del capital natural. En tal sentido se busca complementar los principios tradicionales de eficiencia económica con otros principios en donde la asignación óptima está supeditada a principios ligados a valores intrínsecos o de seguridad mínima para el conjunto del sistema terrestre.
Desde esta perspectiva, una economía del desarrollo sostenible que haga viable el proceso de desarrollo sostenible global debe incluir en sus principios operativos:


    1. Los usos del capital y de los recursos naturales dentro de la capacidad asimilativa y regenerativa de los ecosistemas.




    1. La revalorización económica de las funciones, bienes y servicios ambientales, incluyendo los reajustes de precios, la eliminación de los fallos de mercado y la asignación correcta de los derechos de propiedad.




    1. El mantenimiento de la escala de la economía en los límites impuestos por la ecología, dentro de un margen de seguridad amparado en criterios de precaución ante efectos irreversibles.




    1. El aseguramiento de los capitales críticos, natural y cultural, para hacer posible la equidad intergeneracional y fomentar los procesos de sustitución del capital y recursos no renovables en renovables.




    1. Medir, contabilizar e indicar los procesos de desarrollo sostenible, teniendo en cuenta las anteriores consideraciones.




1 Conferencia preparada para el Segundo Simposio “Alexander Von Humboldt”, PUCE, 8-9 de junio de 2000.

2 Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, Nuestro futuro común, Bogotá, Alianza Editorial, 1987.

3 Wolfang Sachs, “La anatomía política del Desarrollo Sostenible”, en: La gallina de los huevos de oro: Debate sobre el concepto de Desarrollo Sostenible, Colombia, Ecofondo-Cerec, 1998, pág. 23.

4 Ibid, pág. 23.

5 Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo,



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