Desarrollo y subdesarrollo del concepto de desarrollo


El concepto de desarrollo cultural: una propuesta integral



Descargar 90.55 Kb.
Página9/13
Fecha de conversión24.09.2019
Tamaño90.55 Kb.
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13
El concepto de desarrollo cultural: una propuesta integral.

En ciertas concepciones de la relación entre cultura y desarrollo, se describe a estas categorías como antagónicas: mientras que el desarrollo es entendido como un proceso deseable e inevitable hacia la modernización y el progreso, la cultura se asimila a la tradición que es necesario conservar y preservar poniéndola al amparo de lo moderno. De esta manera se olvida que todo proceso de desarrollo -incluso los cambios revolucionarios- contiene simultáneamente elementos innovadores y elementos estabilizadores y que toda cultura -incluso la más estática- genera , a la vez, permanencia y transformación. En el marco de las teorías y de las políticas económicas hegemónicas, la cultura -si es que se la contempla- es un derivado de los avances en la esfera económica, una “consecuencia lógica” del bienestar material, un epifenómeno insignificante de la economía o, lo que es peor, un objeto de consumo más. Se trata de una noción vulgarmente materialista del desarrollo con una connotación ideológica específica, pues se sustenta en los valores del lucro, el consumismo y el carácter meramente utilitario de los objetos, y trata de justificar teóricamente el tipo de relaciones sociales que se propone regir en una sociedad determinada. Además, estos planteamientos dejan de lado el contexto histórico en el que el cambio es posible, las estructuras socio-culturales en que se apoya todo cambio, las relaciones de poder que lo alimentan y el carácter hegemónico de aquella cultura que pretende imponer su modelo. [LINARES, CORREA y MORAS (1996): 36-39; CENTRE UNESCO DE CATALUNYA (1998): 23].


Una consecuencia especialmente peligrosa de la globalización que estamos viviendo es el proceso de homogeneización cultural, cuyas fuerzas se manifiestan en tres tendencias principales [M’MWERERIA (1997): 308-309]:

  1. Dan forma, condicionan y controlan los valores de la producción y los gustos, destruyendo la diversidad cultural, inextricablemente ligada a la diversidad biológica y biorregional. Como consecuencia, la capacidad humana para determinar las necesidades y la forma de satisfacerlas está controlada o eliminada.

  2. Determinan los límites precisos del sentido común, en una cultura del silencio y de las mentes conquistadas que corrompe nuestras mentes, nuestro pensamiento y nuestro lenguaje.

  3. “Universalizan” y “cientifican” el conocimiento, sustituyendo y destruyendo los conocimientos biorregionales a los que tachan de primitivos e indeseables.

Lo que parece que no quiere entenderse es que la economía y el desarrollo son parte de la cultura de un pueblo y que ninguna comunidad puede ser liberada si no es a través de su propia gente y de su conciencia. El desarrollo no llega dentro de las maletas de los expertos foráneos. Ante la urgente necesidad de “repensar el desarrollo”, el conjunto de las Naciones Unidas -bajo la dirección de la UNESCO- creó el Programa “Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural 1988-1997”, cuyo principal objetivo ha sido fomentar la toma de conciencia de la relación entre cultura y desarrollo. En el marco de este Programa se creó la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo que, presidida por Javier Pérez de Cuéllar, presentó el Informe Nuestra Diversidad Creativa [UNESCO (1996)]. Así mismo la UNESCO convocó la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo, celebrada en Estocolmo del 30 de marzo al 2 de abril del pasado año [UNESCO (1998)]. A continuación destacaré los aspectos fundamentales de ambos documentos.


Hay que precisar lo que entendemos por el término “cultura”. Aquí no lo utilizamos en su tristemente común acepción “humanística” y elitista que restringe su contenido al “gran” arte o al conocimiento “elevado”. Hablamos de cultura en su sentido integral y holístico -antropológico y sociológico-, que incluye tanto la cultura simbólica como la material, la social y la ambiental. El Informe antes citado la define como el conjunto de rasgos distintivos -espirituales y materiales- que caracterizan el modo de vida de un pueblo o de una sociedad. O, de una forma muy simple, como las maneras de vivir juntos. En este sentido, las dimensiones culturales de la vida humana son más amplias y más esenciales que el crecimiento económico: la cultura no tiene que estar al servicio del crecimiento económico, sino, a la inversa, ser un elemento constitutivo del desarrollo humano. Obsérvese la interrelación, el solapamiento y la complementariedad de los conceptos de desarrollo humano y de desarrollo cultural, que queda especialmente patente en el análisis que hace el Informe de la relación entre cultura y desarrollo: forma en que diferentes maneras de vivir juntos -es decir, diferentes culturas- afectan a la ampliación de las posibilidades y opciones abiertas al ser humano. Hay que entender que la diversidad cultural es una fuente fundamental de energía social y un factor esencial de desarrollo y que las diferencias culturales sólo desencadenan conflictos violentos cuando se movilizan y manipulan con ese fin para los intereses de determinados grupos. Armonía entre cultura y desarrollo, respeto por las identidades y diferencias culturales y equidad socio-económica son precondiciones de una paz justa y duradera. Por ello, el primer objetivo recomendado por la Conferencia a los Estados miembros es convertir las políticas culturales en uno de los componentes clave de las estrategias de desarrollo.
Todas las culturas deben ser respetadas bajo el principio de libertad cultural: una de las libertades más fundamentales consiste en poder definir nuestras necesidades básicas y nuestra manera de vivir. Libertad que está amenazada por la globalización y que despierta la preocupación de que el “desarrollo” se traduzca en pérdida de la identidad cultural, del sentido de pertenencia a la comunidad y del valor personal en un contexto social. Se trata de un proceso de homogeneización cultural fomentado por el papel predominante de los medios de comunicación oligopolísticos –nacionales y transnacionales- cuya influencia debe ser combatida. El Informe hace un llamamiento al compromiso con el pluralismo cultural que implica el respeto y la aceptación de la pluralidad de las culturas, etnias, razas y religiones -entre países y dentro de un mismo país-. Compromiso que va directamente ligado a la recomendación de asumir el carácter multicultural y multiétnico de los Estados y de promover la democratización, la cultura de ciudadanía participativa –fomentando la participación de las minorías culturales y de las mujeres y eliminando su discriminación-, la rendición de cuentas de los funcionarios públicos y la capacidad de la sociedad civil de ejercer control sobre el aparato estatal.
Por lo que respecta a las relaciones entre cultura y medio ambiente, el Informe también insiste en que el desarrollo sostenible tiene un significado que va mucho más allá de conservar el capital medioambiental. Dado que el aspecto cultural de la sostenibilidad es fundamental -pues los valores culturales condicionan las relaciones de una sociedad con la naturaleza-, es necesario un enfoque culturalmente diversificado de las cuestiones de medio ambiente, desarrollo y cultura. Es preciso promover la conciencia de la relación simbiótica existente entre biodiversidad y diversidad cultural, entre hábitat y culturas, entre ecosistemas e identidad cultural; fomentar cambios en los modos de vida consumistas; y reflexionar sobre las repercusiones éticas y sociales de las nuevas tecnologías.
Por supuesto que el Informe también exige asegurar el acceso universal a la educación como derecho humano fundamental, fomentando una educación intercultural que favorezca actitudes de cooperación, solidaridad, participación y reconocimiento de la diversidad cultural. En definitiva una educación para una nueva ética global, entendida como un núcleo de principios y valores éticos -capaces de criticar la injusticia y la falta de equidad vigentes y de evitar una respuesta relativista a la diversidad cultural-, que debe ser alcanzada a través de la tan problemática como desafiante y enriquecedora búsqueda de lo común entre lo diverso, de la unidad en la diversidad. Este tema ha suscitado un amplio debate teórico, pero está falto de investigaciones y de acciones que permitan avanzar en el terreno teórico y en el práctico [CENTRE UNESCO DE CATALUNYA (1998): 250-314]. No es el momento de entrar en tan importante debate, pero sí hay que señalar que esta nueva ética global pretende cimentarse sobre los siguientes cinco pilares: derechos humanos, democracia y participación ciudadana real, equidad, protección de las minorías y resolución pacífica de los conflictos. Y son muchas las voces que reclaman la necesidad de un posicionamiento ético capaz de enfrentar los problemas que afectan a la humanidad. Se trata de una intelección de la globalidad a través de una conciencia de ciudadanía planetaria solidaria y respetuosa de la diversidad entendida como un valor ético y un patrimonio de la humanidad: un sistema de valores o conjunto de ideales éticos y modelos de comportamiento alternativos, procedentes de nuestro acervo común y capaces de influir en nuestra acción. La intensificación de los intercambios a nivel planetario facilitará sin duda el diálogo intercultural y la eclosión de esta nueva ética global en un mundo multicultural. Quizá estamos en los orígenes de un cada vez más necesario contraproyecto global y local, un conjunto de utopías realizables [BLOCH (1978): Tomo I] -diversas y unidas- como proyecto de futuro...






  1. Compartir con tus amigos:
1   ...   5   6   7   8   9   10   11   12   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©odont.info 2019
enviar mensaje

    Página principal