Depresión primaria y depresión secundaria



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Depresión primaria y depresión secundaria. Depresión endógena y exógena-psicógena, niveles de depresión. Subtipos de depresión mayor (con síntomas catatónicos, melancólicos y atípicos). Depresión crónica y depresión enmascarada.

Depresión primaria y secundaria

En el capítulo anterior nos hemos referido a la división diagnóstica primordial entre la depresión primaria y la secundaria. Nos extenderemos ahora un poco más en conceptualizar las características particulares de la denominada depresión secundaria. Al referirnos a ella debemos tener en presente que la depresión como afecto, estado de ánimo o síndrome, puede acompañar o seguir a casi todas las enfermedades médicas o psiquiátricas.

También puede ser la consecuencia de alteraciones bioquímicas temporales, como los efectos de ciertos fármacos, la utilización de alcohol, el cansancio, la falta prolongada de sueño y la nutrición incorrecta. Los síntomas y la fenomenología de las depresiones secundarias son similares, si no idénticos, a los niveles de depresión primaria. Los cambios cognitivos, afectivos, de motivación y vegetativos pueden dominar el panorama clínico, a solas o en combinación, y la depresión secundaria puede parecer una depresión neurótica/reactiva, endógena o crónica tanto en su severidad como en su curso. La presencia de una enfermedad primaria médica o psiquiátrica, de una alteración bioquímica o de una historia de al menos uno de estos precursores es, por tanto, necesaria para establecer un diagnóstico de depresión secundaria.

Algunas depresiones secundarias pueden estar clínica y conceptualmente relacionadas con el grupo de las depresiones neurótico/reactivas y podrían denominarse, con más propiedad, depresiones psicógenas secundarias. Estas depresiones secundarias parecen una consecuencia de la reacción del paciente a, o de la valoración de, su enfermedad. Por ejemplo, el paciente que ha perdido su capacidad física a causa de un accidente, o que se ha desfigurado a raíz de un accidente, puede responder a estos cambios con las cogniciones típicas de la depresión neurótica, provocando, por tanto, el estado de ánimo y las conductas propias de la depresión. En esencia, la enfermedad o el problema físico se convierten en el precipitante de la depresión. Otras depresiones secundarias pueden ser puramente endógenas, en el sentido de que han sido causadas por procesos bioquímicos asociados a un proceso inicial de la enfermedad. Probablemente, muchas depresiones están mezcladas en lo que respecta a las causas reactivas y endógenas. Un trastorno hormonal o neurológico, que produce biológicamente unos síntomas depresivos secundarios, puede provocar en el paciente una respuesta psicológica tanto a la enfermedad original como al trastorno resultante. Esta respuesta puede exacerbar la depresión si se encuentra entre los parámetros de valoración y cognición depresivas, añadiendo con eficacia un elemento reactivo a la depresión secundaria que tuvo su origen en un proceso endógeno.






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