Del “Cuerpo-Máquina” al “Cuerpo Entramado”


Cuerpo: Configuraciones de lo posible



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Cuerpo: Configuraciones de lo posible

La piel no sólo nos separa de los otros, es por ella, a través de ella, en ella que sentimos el contacto tibio del aliento de un ser querido, el frío de la nieve, la caricia de un amigo, los besos de un amante. Frontera porosa, permeable, vital en permanente recambio.

El cuerpo no es sólo el territorio propio sino el lugar de encuentro. Al salir del hechizo del modelo mecánico tenemos acceso a un ser humano que no se resigna a ser un autómata, que no está hecho de barro y soplo divino, pero tampoco es meramente un conjunto de átomos regidos por leyes eternas que siguen la música del diablillo de Laplace. Nuestro cuerpo se gesta en la biología, se desarrolla en el intercambio permanente de materia y energía con su medio ambiente, se forja en los encuentros afectivos con nuestros congéneres y otros seres, crece en un mundo de sentido, adquiere los hábitos de los juegos relacionales de nuestra peculiar cultura. El cuerpo humano es aquella organización que en su complejidad ha manifestado nuevas opciones en el mundo de la vida: la autoconciencia y el inconsciente, la razón y la imaginación creadora, el lenguaje y la pasión. Dotar de sentido a la experiencia es el eje vertebrante de nuestro devenir en el mundo.

Ahora bien, la filosofía de la escisión arrancó de cuajo a la razón del vientre vivo que la gestó, la sensibilidad fue “cortada” de la racionalidad, la emocionalidad separada del lenguaje, la imaginación arrancada a jirones de la autoconciencia. La concepción mecánica de cuerpo se limitó a las funciones biológicas y no pudo incluir ni a los afectos o a las emociones, ni a nuestra capacidad lingüística de significar, de imaginar y de crear nuestro mundo experiencial. El sujeto moderno fue un sujeto abstracto, pura razón incorpórea: una abstracción lógica.

Se trata entonces de tomar en serio el desafío de generar nuevas articulaciones, de pensar los diversos paisajes vitales en los pueda habitar un sujeto encarnado, profundamente enraizado en su cultura, atravesado por múltiples encuentros (y desencuentros), altamente interactivo, sensible y emotivo, en permanente formación y transformación co-evolutiva con otros sujetos y con el medioambiente.

Desde luego que desde esta perspectiva no se puede esperar –ni ofrecer- una nueva teoría sobre el cuerpo; ya que la concepción misma de “Teoría” nace de la escisión: teórico era aquél que miraba las olimpíadas, el espectador. Desde la perspectiva vincular es posible pensar, y es preciso hacerlo rigurosamente, extremar los recaudos, “encarnizarse en la erudición”, como le gustaba decir a Foucault. Y en este hacer podemos tejer narraciones, intentar comprender, crear hipótesis, componer nuevas configuraciones conceptuales, pero sabiendo que somos nosotros mismo los que le damos sentido en el hacer. No estamos afuera, no tenemos una perspectiva privilegiada, accedemos sólo a lo que nuestra conformación humana en activo intercambio con el entorno nos permite.



En este camino que hemos emprendido para ir más allá del cuerpo mecánico, para atisbar otros paisajes diferentes a los que nos presenta la filosofía de la escisión, nos acecha aún otro peligro: el del “giro lingüístico”. Me refiero a una tendencia importante en la investigación social que tiene a pensarlo todo en términos exclusivamente lingüísticos y a convertir toda la vida humana en mera literatura.




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