Crisis y nuevos patrones de consumo: discursos sociales acerca del consumo ecológico en España



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Productos ecológicos.
“…que yo creo que todos estamos muy sensibilizados, el tema de la sostenibilidad, pero todo el tema ecológico es carísimo” (RG5)
Finalmente, los productos ecológicos generan asimismo importantes controversias. Los moderadores de los grupos lanzaron, con mayor o menor éxito en términos de espacio en las discusiones, la pregunta de si los participantes de los distintos grupos consumían productos ecológicos. Las posiciones respecto a los mismos fueron variadas. En primer lugar, cabe destacar la dificultad de definir, por parte de los participantes, los atributos que debía poseer un producto para ser ecológico. Se asociaba así dichos productos a los producidos en huertas de familiares en el campo (“Yo consumo producto ecológico cuando voy al pueblo de mi mujer porque su padre tiene una huertecita, las patatas no tienen ni comparación, las compres donde las compres” (RG1)), el comercio justo o incluso productos que no cumplían las normas sanitarias, aunque afirmaciones como estas eran rápidamente corregidas por otros participantes. Lo ecológico se asociaba generalmente a un alimento, más que a otros productos (apenas hay referencias a otras cosas, salvo bayetas y compresas). Los alimentos, por lo tanto, se situaban en el centro del debate, y normalmente en los grupos se llegaba a un cierto consenso en el que el producto ecológico tenía una serie de características muy concretas: buen sabor, aspecto poco llamativo y, sobre todo, precio elevado.
Existen, dentro de los grupos, algunas voces en favor de un consumo alimentario más responsable, por cuanto se reconocen los problemas derivados del transporte o del excesivo uso de sustancias químicas en los alimentos (conservantes, colorantes, y otros): así, hay una conciencia, sobre todo entre los participantes de edad, de que en la actualidad la comida se ha industrializado peligrosamente: así, alguno afirma que “te compras un filete de doscientos gramos de ternera normal y fríelo a ver qué es lo que salta en la sartén, agua, es asqueroso, pero es que ya viene hasta el cerdo, ahora los filetes de cerdo también te dan esa historia, estamos comiendo porquería” (RG1). Entre los jóvenes las divisiones eran notables, con intensos debates entre críticos de la industria alimentaria: “los piensos que les dan a los animales son terribles, a los pollos les dan restos de otros animales, eso no es natural y al final provoca cáncer” y defensores de cualquier tipo de innovación tecnológica que permita que toda la humanidad tenga acceso a los alimentos, hasta el punto de afirmar algún participante ser defensor de los alimentos transgénicos y la modificación genética, “…pues creo que todo ello puede servir para producir más comida y que la gente que ahora se está muriendo de hambre pueda tener para comer” (RG4).
Pese a estas apasionadas intervenciones, al ser preguntados respecto al consumo real de estos productos la gran mayoría coincidía en consumir poco a nada. Y es que el escepticismo frente a estos productos, salvo en el caso de esporádicos entusiastas, era generalizado, en la mayor parte de los casos debido al elevado precio de los mismos. El compendio de expresiones del tipo “es muy caro, carísimo, no me lo puedo permitir, etc.” es un auténtico mantra que se repite en todos los grupos sin excepción. De este modo, eran habituales discursos como el siguiente:
-En algunas ocasiones sí he consumido de eso.

-Pero a la mayoría de los ciudadanos de a pie no le llega.

-Es más caro.

-Es más caro y eso no se puede consumir en estos momentos.

-Encarece muchísimo.

-Una subida con relación a un producto normal es casi más del cincuenta por ciento.

-Eso es exagerado.” (RG1)

De este modo, al ya de por sí elevado precio se suman los efectos de una crisis económica que contribuye a disciplinar el gasto y sacrificar el acceso a productos que supuestamente cuentan con gran calidad. Otro ejemplo sería el siguiente:


M: eso es un bien de lujo, o sea, la alimentación macrobiótica o biológica es un bien absolutamente de lujo,

H: Que en una época de crisis aún te lo vas a pensar menos”. (RG5)
Sólo bajando significativamente los precios sería posible que los distintos sectores de la población se sintieran más interesados en adquirir estos productos, en este sentido un participante lo expresa de manera clara: “las empresas, en el momento en que vean que hay ahí beneficio, vamos, nos meten la ecología por los ojos y por donde haga falta, pero nosotros a nivel personal no podemos hacer nada, desde luego no vamos a rechazar nada o vamos a aceptar algo porque sea más ecológico, lo vamos a rechazar porque sea más caro o menos caro, eso está muy claro” (RG7). Los beneficios de los productos ecológicos se ponían además bajo sospecha, con referencias de nuevo a oscuros intereses o engaños: “No, y yo muchas veces como cerca de por aquí, trabajo aquí en Paseo de Gracia y hay un restaurante ecológico que comemos muchas veces y muchas veces estamos todos los compañeros diciendo, está buenísimo esto pero, nos lo creemos pero acabas dudando porque, a ver, la ingenuidad está muy bien pero llega un momento que al final acabas dudando” (RG5), “Es que el comercio justo, no nos fiamos del comercio justo” (RG7) o “A mí eso se me escapa pero efectivamente está todo tan podrido que no sabemos…” (RG7).




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