Capítulo XIV: La mujer verdadera y real



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Capítulo XIV: La mujer más verdadera y más real

Exposición contundente del 12 de noviembre de Clara Bermant con sus precisas puntualizaciones. Si bien Lacan resitúa en los capítulos anteriores la angustia en el campo del goce, en éste lo hace en el campo del deseo. El Otro al cual nos referimos ya sea del lado del amor o del lado del deseo es Otro que encierra el objeto a, no fuera del Edipo ni fuera de la castración, objeto a que incluye el pasaje por la castración.



¿A que castración se refiere?
En el escrito de Lacan referente a Daniel Lagache sitúa el deseo masculino en relación a falo(a) y el deseo femenino en relación A barrada(-fi). La mujer es más libre, puede darse más permiso en la posición que tiene con la contratransferencia. Más libre frente al deseo y al goce.
A partir de la investigación de Tiresias se concluye que el goce de la mujer es mayor que el del hombre, es fundar un mito del lado del goce femenino, es posible su comprobación.
Por otra parte a la mujer no le falta nada. En el hombre hay una negativización del órgano, entendido en el campo sexual. Lo que se juega aquí es el falo erecto y el falo imaginario en la detumescencia. Es el hombre frente a la angustia, orgasmo y detumescencia. Aparece la comprobación del objeto caído en relación al cuerpo. De esta negativización tiene que hablar el hombre. La castración ocurre en concreto en la caída del órgano encontrando el -fi en la detumescencia. En este seminario Lacan pone la función de la detumescencia en el lugar de la castración.
A lo real no le falta nada, no quiere decir que esté lleno. En el campo del vínculo sexual no se requiere el deseo de la mujer para que la vasija esté llena con el órgano. Hay una castración real del lado masculino, tiene que enfrentarse a la falta en la copulación y en cambio a la mujer no le falta nada. Clara, adelanta que en capítulos posteriores se encontrará cual es el objeto perdido para la mujer.
Casi nadie escuchó a Lacan como él hubiera querido, apunta Clara, se creó una confusión sobre la perversión, se entendía mal la idea lacaniana de la perversión. Más adelante precisará esta cuestión. Lacan ilustra su decir con un ejemplo de su clínica, la vasija femenina con una tumescencia en la vagina.
Interroga al deseo del analista que apunta al deseo del Otro. Picar al otro para interesarse por su deseo. Utiliza el sacrificio para provocar hacer advenir el deseo. “El sacrificio esta dirigido a atrapar al otro en las redes del deseo”. El amor esta hecho de la idealización del deseo.
Lacan, luego retoma el masoquismo y dirá que el masoquismo femenino es un fantasma masculino. Don Juan más que una realización masculina es un sueño femenino, como apunta Otto Rank por considerarlo no castrado, por lo tanto sin ninguna perdida y saliendo airoso. Es por procuración que el hombre sostiene su goce a través de su propia angustia. Don Juan acepta su impostura radical, está allí en lugar de otro, no le preocupa ser el objeto y acepta ser el objeto de ella. Es un hombre que no angustia. Hace creer que sabe lo que quiere la mujer.
Los dos hombres, pacientes de Lucy Tower, comentado largamente por Lacan, fue la referencia trabajada por Catherine Galaman desde el texto La Contatransferencia de 1955. “Las mujeres analistas son las que han dicho algo sensato sobre la supuesta contra transferencia” (dice Lacan en este mismo seminario en el capítulo XI) por su mayor facilidad para captar las incidencias del deseo del Otro.
La contra transferencia está relacionada con el deseo del analista. Son afectos sentidos por el analista durante la sesión analítica, o antes o después. Concierne la clínica de los afectos en cuanto ejerce su función de analista. Le dará un valor de instrumento para entender la relación del analizante a su objeto.
Catherine Galaman

19/11/07


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