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LO SIENTO, NO ENTIENDO NADA

Creo que fue Charli Brown, aquel monigote que dibujara el señor Schulz, quien una vez dijo algo parecido a: “Cuando me aprendí todas las respuestas de la vida, me cambiaron las preguntas”. Pues lo mismo nos pasa a nosotros. Ahora que, después de medio siglo de coscorrones, ya habíamos aprendido a convivir con la inflación, viene la deflación y nos pilla con estos pelos. La inflación es mala, pero por lo que dice el Gobierno la deflación es peor todavía. A fin de cuentas la inflación, (explicado a lo facilito), es el dinero de más que necesitamos gastar para vivir igual que el año pasado (Hablando técnicamente: madrecita, madrecita, que me quede como estoy). Ejemplo: ganamos cien, nos gastamos cien. Sube la inflación un diez por ciento y aunque seguimos ganando cien, para hacer lo mismo que antes hacíamos, ahora necesitamos ciento diez. Crónica de una muerte anunciada. Y es que la inflación es mala y la única forma de ir capeándola es aprender tanto de economía inflacionista como tuvieron que aprender las amas de casa de Argentina para que cada mes no bajase el número de arvejas que había en el puchero. Pero como es verdad eso de que no hay nada lo suficientemente malo que no pueda empeorar, pues ahora llegan nuestros gobernantes y dicen que ya nos podemos ir atando los machos si viene la deflación. Porque, tal y como está el patio, ganaremos cien pero como los precios están cayendo porque el consumo se está hundiendo, (porque el paro es tremendo, la inseguridad laboral grande y los recortes salariales están a la orden del día), pues no compraremos y como no compraremos bajará el precio de las cosas lo que nos hará creer que no debiéramos de comprar hoy porque mañana es seguro que estará más barato, a los almacenes les saldrán las mercancías por las orejas, las fábricas ralentizarán su producción, la necesidad de mano de obra empezará a ser menor y mayor la fila del paro… y vuelta a empezar. Es decir, que nos frotaremos las manos cuando veamos bajar los precios de las cosas y nos morderemos los puños cuando veamos cerrar las empresas. ¿Ven la diferencia? Con la inflación quien podía echaba a correr a comprar cosas porque mañana iban a estar más caras y con la deflación el que vaya corriendo se parará porque “Espera Manolo, espera. No corras que está bajando”. Y aquí suena el teléfono. Perdonen, ahora vuelvo. Ya estoy aquí… y en qué hora me he ido. He vuelto, he leído en los párrafos anteriores todo eso de que el Gobierno nos avisa de los peligros de la deflación y de la bajada paulatina del precio de las cosas y me ha dado por pensar en… ¿cómo es que el Gobierno avisa del peligro de que bajen los precios, si el recibo de la luz no para de acrecentarse, la gasolina de subir, muchos de los productos de consumo son más caros cada día y el copago sanitario y las autopistas, por poner ejemplos facilotes, no paran de crecer? Visto lo visto no creo yo que esa preocupación de la bajada de los precios debiera de quitar el sueño al Gobierno. No entiendo nada. Por lo que me acabo de dar cuenta de que, si no entiendo nada, cómo es posible que tenga tanta cara como para venir a explicárselo a ustedes. Así que les dejo con esto que dijo Keynes: “La inflación es injusta, la deflación inconveniente” y en lo concerniente a la situación económica actual y futura permítanme un consejo: andémonos con cuidado, aprendamos de quienes nos gobiernan y fiémonos sólo de las estadísticas que nosotros mismos hayamos manipulado. Y con esto no quiero decir nada, ¿eh? Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.




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