Arte verbal amazonico, por Dimas Arrieta Espinoza


Discursos terapéuticos o de sanación (ícaros y cantos)



Descargar 122.4 Kb.
Página4/10
Fecha de conversión06.02.2020
Tamaño122.4 Kb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10
1.2. Discursos terapéuticos o de sanación (ícaros y cantos)

Una de las características de esta poética amazónica es la presencia de los discursos terapéuticos o de sanación, pues pone a disposición todo un arte verbal al servicio de la salud espiritual y biológica del ser humano. En este caso las rehabilitaciones y los restablecimientos son una unidad, es decir la armonía humana. A veces no se canta por cantar, los ícaros son directos y ni siquiera en primera persona, sino pensando en el nosotros. Pensando en todos, porque contiene ese nosotros individual. Ahí “todos somos nosotros”. La unidad humana repasa y rebasa los bordes de la existencia. No hay humanidad sin hermandad, ni hermandad sin rebrote constante, perenne a diario de humanización. Ser humano es ser hermano, más aún, en la familia étnica todo esto tiene un soporte y un confort en la comunidad lingüística y cultural. Esto expresan los ícaros shipibos en la voz del maestro mereyá (curandero) Antonio Muñoz. Pero, ¿qué significados tienen los ícaros en una ceremonia ritual? Pues, “la acción de ‘icarar’ implica ‘cargar’ con poder del chamán un objeto o pócima, confiriéndole alguna propiedad específica para ser transmitida al receptor, ya sea limpieza, protección, curación, daño o para influir sobre su voluntad. Esto se hace cantando el ícaro directamente sobre el objeto o sustancia transmisor. El objeto será luego remitido al rezado y la sustancia ingerida en caso del líquido (pócimas) o el humo soplado si se trata del tabaco icarado” (Giove 1993: 7, 8).

En realidad, cuando nos interiorizamos en estos cantos o ícaros, no encontramos nada de bárbaro ni salvaje en las costumbres de los indígenas amazónicos. Lo que pasa que “Las artes shamánicas se encuentran entre las expresiones culturales más difundidas, y menos comprendidas de los pueblos indígenas amazónicos. Ya desde épocas prehispánicas la selva era concebida por el hombre andino como un repositorio de potentes fuerzas sobrenaturales, los cronistas narran cómo algunos de los antiguos Incas se retiraron a esta región para adquirir poderes extraordinarios antes de asumir las riendas de su imperio. Hoy en día la selva sigue siendo famosa por sus medicinas milagrosas y sus especialistas de lo sobrenatural; pero el fenómeno del shamanismo, reducido de manera simplista a la categoría de “brujería”, es aún poco conocido a nivel general” (Santos 1988: 10).

El objetivo de este trabajo no sólo es mostrar el arte verbal de los indígenas amazónicos, sino también escuchar esa voz desde “adentro”, que está en ese aparente silencio de una geografía. Pero cuando se abren las compuertas de otras realidades con los psicotrópicos y sabias milenarias, asoman esos resuellos, esos alientos de “presencias- ausencias” de cuerpo, tanto del mundo de los vivos como de los muertos. Las ausencias visitan, se conglomeran en los nocturnos ceremoniales con sus “sentires” y sus grandes emociones que conmueven y mueven en esos mundos sensitivos y sensoriales: “Si hay algo que distingue a las configuraciones shamánicas de otros tipos de experiencia y saber religioso es su particular forma de concebir la ‘realidad’ y lo ‘real’. La ideología shamánica no sólo distingue entre lo sagrado y lo profano, sino que percibe la ‘realidad’ como un agregado de diversas realidades, algunas visibles y otras no. Dentro de esta concepción no existe, como para la tradición occidental, una realidad única y unificada basada en lo material y lo visible, sino una multiplicidad de ‘mundos’ o planos de existencia tanto o más reales que el mundo concreto e inmediato que puede ser aprehendido a través de los sentidos” (Santos 1988: 10).

1.2.1. Siete ícaros shipibos de Antonio Muñoz

El acceso importantísimo que hemos tenido para escuchar en la voz del mismo Antonio Muñoz (Senen Pani), “energía vertical suspendida en el espacio”, en shipibo, nos ha ayudado a transportarnos hasta la misma ceremonia ritual donde se dieron esos ícaros de sanación o “Cantos de sanación del ayahuasca” como han titulado al disco compacto (IKAM Asociación Editorial, 2005). Efectivamente, son discursos terapéuticos, que tienen fundamentalmente grandes irradiaciones en la rehabilitación de los pacientes. Lo importante de esta grabación de los “Cantos de sanación con ayahuasca” es que han seguido una secuencia de esta poética terapéutica. El primer discurso es una abertura y apertura hacia la iniciación de la ceremonia ritual, pues se presenta el maestro curandero y enuncia su filiación a sus entidades que rigen su mundo y cultura. Sin embargo, “El ícaro es parte fundamental del quehacer curanderil de la Amazonía. Resume el conocimiento del shamán, constituyendo su patrimonio curativo, su arma de trabajo y la herencia que deja al aprendiz. Siendo vehículo de su energía, su eficiencia depende en gran medida de la preparación del curandero mediante dietas, ingestión de purgas, régimen de vida e integración de la sabiduría ancestral. Un maestro no transmite a su aprendiz ‘técnicas’ ni instrucción formal sino que acompaña y guía para que capte el conocimiento que le está predestinado. Como parte de esta enseñanza va cediendo ‘sus’ ícaros’” (Giove 1993: 8).

Por otro lado, es muy importante, en el comienzo de la ceremonia ritual, el decir quién es, de dónde viene y quién es su familia étnica, mítica y espiritual. El curandero hace un despliegue de enunciados que sólo son captados y seguidos por quien está atento al proceso ceremonial: “Soy hijo del viejo Mëtsarawa, mi nombre es Senen Pani / y mi mujer es Raipëna. Voy a tomar esta / noche ayahuasca para ver el cuerpo de cada uno / de ustedes; con agua florida les soplaré. / Voy a dirigir el fino rayo de poderosa luz / donde rezando para guiar bien /mi medicina” (Muñoz, 2005).

En un ritual existen muchos espacios textuales, que aparecen en forma virtual pero que sugieren muchas lecturas, almacenan diversos mensajes y significados. Cada persona requiere de su canto, de su ícaro, de su canción no sólo que mueva los afectos del paciente sino que convoque sus disposiciones para la sanación. Cuando se tiene, por ejemplo a un niño, se convoca las ternuras y el amor entrañable como lo apreciamos en el ‘Ícaro para curar a un niño’: “He llegado vestido / con medicina del aire / con plantas sanadoras. / En la punta de mi hermosa / torre de aire estoy. / Hay una campana / en lo alto de la torre, / me he revestido con su aire /para sanar. / Con mi canto hermoso / suena para curar. / Hay un bombo / en lo alto del espacio, / lo he alcanzado con mi vuelo /lo hago resonar, / con su sonido vibrante / voy a curar” (MUÑOZ, 2005).

Como ya lo hemos afirmado, en anteriores fragmentos, una de las características principales de estas poéticas amazónicas son los discursos terapéuticos y de sanación. Pero estos ícaros están motivados por el ayahuasca, que despierta todas las sensibilidades del curandero. Desde estos campos, en la enunciación de esta poética, está la nostalgia por los que se fueron, por los que ya no están, por las entidades míticas y sagradas de sus “anteriores mayores”, de sus “anteriores mejores”: “Triste me siento / pues los antiguos mereyás / que cantaron como yo / ya no existen más. / Así entonaron, así dijeron: / ‘Vivan con tranquilidad / con cuidado, vienen los días / nuevos días distintos, / estén vigilantes” (MUÑOZ CD, 2005).

Entrar en estos “mundos” de sueños, de espacios siderales y cósmicos abre otras ventanas para mirar desde otros ángulos la vida, sobre todo las vidas que se encuentran en otras fronteras y son percibidas desde otra racionalidad. Por supuesto, no es esa racionalidad europea que viene de la razón, sino es esa racionalidad que emerge humeante desde la experiencia del hombre con el universo que lo rodea. “Así como para los indígenas amazónicos la verdadera esencia de la realidad radica en aquello que no se ve a simple vista, la verdadera esencia del ser está constituida por una de estas entidades espirituales. De esto modo, la concepción dual que establece que existe una realidad superior más allá de lo real visible incluye no sólo al cosmos, sino al ser humano que lo piensa” (Santos 1988: 10).

En una ceremonia ritual el mereyá (o curandero) cierra un círculo sagrado, con sus etapas, con sus niveles de espiritualidad y apropiación de la sabiduría -motivada por los alucinógenos- y que lo conecta con su universo. Por ejemplo, en este “Ícaro de despedida”, cierra ese círculo iniciado con la abertura y apertura de la ceremonia ritual. Como dijimos, cada etapa en la ceremonia tiene su canto, es decir, cada evento o acontecimiento: “Los reyes están llegando / sabios, espíritus sanadores, / shipibos fuimos creados / y aquí estamos / cuando amanece / nuestra canción entonamos, / voy cantando muy bonito / en la ciudad de los sabios / de los reyes / en el mundo entero, / donde Nete Wishtin / -la estrella del amanecer- / está acostada. Una herencia me dio el Creador / es mi canto / voy a hacer bonito, / mi canto / con hermoso diseño. / Recorriendo estoy / río abajo / río arriba, / hermoseando con mi canto / a las mujeres que me escuchan. / Con energía del Creador / los he sanado / con mi fuerza de mereyá / ahora concluyo” (MUÑOZ, 2005).

Para finalizar este comentario de los cantos shipibos del mereyá Antonio Muñoz, de la región de Ucayali, queremos terminar con las palabras que Jeremy Narby, estudioso de las culturas amazónicas, y autor del libro: La serpiente cósmica, el ADN y los orígenes del saber (1997), quien presenta y prologa el disco compacto: “Las palabras que componen estos cantos emiten sonidos de poder. Trabajan en lo profundo, haciendo reflexiones poderosas. Dibujan diseños que pueden sanar, recuperar la armonía, como los diseños laberínticos que aparecen en el arte shipibo. Los cantos se originan en las visiones. Estas entidades son múltiples, semejantes y no semejantes, y no podemos reducirlas a una sola expresión; por eso la metáfora es lo que mejor la describe. Son cantos que vienen desde un mundo sobrenatural, no apartado de la naturaleza. Las palabras del castellano o del inglés no son apropiadas para expresarlos. Su verdadero significado se revela tan solo bajo la influencia de preparados a base de plantas como el ayahuasca. La “mareación” conducida por la toma se convierte en una vía para el conocimiento y es la manera en que se comprende el significado de los cantos. Los seres sobrenaturales que aparecen tras las canciones emiten melodías de forma muy similar a la que respiramos. Los chamanes viajan entre ambos mundos, cruzándolos de ida y vuelta, y obtienen poderes similares a los de aquellos seres cuyas canciones entonan. Y una vez que han recibido el mundo con claridad procuran actuar. El mundo está repleto de peligros: dardos, males… el poder puede ser un arma de doble filo. Los chamanes primero tienen que vencer el lado oscuro que podría dar un impulso letal. Mas los cantos pueden salvar vidas. Si está hundiéndose en sus visiones puede asirse a la melodía del chamán como tabla salvadora. Estos son cantos hechos de conocimiento” (Muñoz, 2005).






Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10


La base de datos está protegida por derechos de autor ©odont.info 2019
enviar mensaje

    Página principal