Año: 27, 1985 No. 590 N. D. Este artículo es un fragmento del capítulo 4, ‘Dinero y Crédito del clásico libro «Introducción a la Economía Política»


El ejemplo de Alemania requiere que nos ocupemos un poco más de este singular fenómeno de la inflación reprimida



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El ejemplo de Alemania requiere que nos ocupemos un poco más de este singular fenómeno de la inflación reprimida. Como hemos visto, consiste fundamentalmente en que un Gobierno promueve la inflación, prohibiendo más tarde, sin embargo, su influencia sobre los precios y tipos de cambio y sustituyendo las funciones ordenadora e impulsora de los precios por el bien conocido sistema de la economía de tiempo de guerra, consistente en el racionamiento a precios controlados junto con las medidas coercitivas imprescindibles en esos casos. A medida que el exceso inflacionista de dinero hace subir precios, costes y tipos de cambio, el cada vez más amplio y elaborado aparato de la economía coercitiva intenta contrarrestar esta subida mediante medidas policíacas. La inflación reprimida se convierte así en un sistema de precios coactivos ficticios, que suele estar inseparablemente unido al usual sistema económico del colectivismo, y que se ha establecido en todos aquellos países donde el socialismo ha subido al poder o ejerce influencia en él (Unión Soviética, Alemania, Austria, Gran Bretaña, Suecia y muchos otros países europeos). La completa desintegración de la economía alemana, hasta el momento en que fue restablecida radicalmente la verdad y libertad de los precios mediante una amplia reforma monetaria y económica, ha mostrado con trágico énfasis dónde desemboca esta inflación reprimida (verano de 1948). Cuanto más se prolonga esta política, más ficticios se hacen, en un doble sentido, todos los valores económicos nacionales: primero, porque corresponden cada vez menos a la verdadera relación de escasez, y segundo, porque, como consecuencia de ello, disminuyen, progresivamente las transacciones que se realizan con arreglo a esos precios. La distorsión de todas las relaciones de precios, la coexistencia de mercados «oficiales» y «negros» y el antagonismo entre quienes operan en el mercado y el Estado, que lucha desesperadamente por conservar su autoridad, conducen al fin a una situación caótica, en la que falta prácticamente toda clase de orden, ya sea el propio de la economía social de mercado, ya sea el de tipo colectivista. Queda, pues, demostrado que la inflación reprimida es aún peor que la abierta, ya que el dinero acaba por perder, no sólo la función de ordenar el proceso económico actuando como medio de cambio y módulo de valores, como ocurre en las últimas fases de la inflación abierta, sino también la no menos importante de estimular la óptima producción de bienes y su distribución al mercado. El camino de la inflación reprimida termina, pues, en el caos y la paralización. Cuanto más empuja la inflación los precios hacia arriba, tanto más refuerza el Estado la presión de su aparato represivo; pero, tanto más ficticio se hace el sistema de los precios controlados, tanto mayor es el caos económico y el descontento general y tanto más se debilita la autoridad de Gobierno o su pretensión de seguir ostentando un carácter democrático. Si no se detiene a tiempo la inflación reprimida, se desarrollan cada vez en mayor medida sus fuerzas, que acarrean la disolución de la vida económica e incluso la del Estado mismo. Esta moderna enfermedad de la economía es al propio tiempo una de las más graves, y su peligro es aún mayor, porque suele descubrirse por lo general cuando ya se encuentra en una fase muy avanzada.

La inflación de los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial, en su forma especialmente perniciosa de la inflación reprimida, ha sido superada hoy en la mayoría de los países industriales desarrollados del mundo libre, pero evidentemente no en un gran número de países no desarrollados ni en la zona comunista del mundo, en la que no puede separarse del sistema económico colectivista Claro es que esto no significa que pueda considerarse desterrada la inflación como tal. Allí donde ya no aparece como inflación abierta, adopta el carácter de inflación




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