Alienación religiosa



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EL PROBLEMA DE DIOS

     


En sus escritos, Marx desarrolló una crítica radical de la religión, siguiendo la línea inaugurada por Feuerbach. El ateísmo marxista es una consecuencia lógica de su interpretación materialista de la realidad (el materialismo histórico…).
Para Marx, la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Su punto de vista es claramente ateo: no existe Dios ni una dimensión humana hacia lo trascendente (por ejemplo, el alma). En realidad, Marx no llevó a cabo una crítica metafísica o teológica de la existencia de Dios que sirviese para fundamentar su ateísmo, pues no se molestó en refutar con detalle los argumentos para la demostración de la existencia de Dios de la filosofía occidental (el argumento ontológico de San Anselmo, las cinco vías tomistas, las pruebas cartesianas etc…). Su crítica a la religión debe enfocarse desde el horizonte de su crítica a la ideología, dado que aquella forma parte de ésta. Como elemento ideológico, la creencia en Dios provoca la alienación religiosa, que, como toda alienación, está al servicio de los intereses de la clase dominante de cada época histórica. Así pues, el análisis de la religión debe poner en relación dicho fenómeno con otras experiencias humanas y, particularmente, con las condiciones económicas y sociales de la sociedad en la que se manifiesta.
La religión es una forma de alienación por tres razones:
1ª. Porque es una experiencia de algo irreal, es una experiencia de algo que no existe. Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que no es Dios quien crea al hombre sino el hombre a Dios. En la religión el hombre toma lo que considera mejor de sí mismo (voluntad, inteligencia, bondad...) y lo proyecta fuera de sí, en el ámbito de lo infinito; a su vez, esta proyección se vive como una realidad que se enfrenta al propio sujeto que la ha creado. Si la religión supone la existencia de Dios como algo infinito, lo hace oponiendo a ella el mundo finito, incluido el hombre mismo, desvalorizando su propio ser y su propio destino, desvalorizando el mundo humano frente a la calidad absoluta de la realidad divina, realidad, meramente inventada por el hombre.
2ª. La religión también es alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano. Al consolar al hombre del sufrimiento que en este mundo le toca vivir, sugiriendo que en el otro mundo le corresponderá la justicia y la felicidad plena, le resta capacidad, energía y determinación para cambiar las situaciones sociales, políticas y económicas que son las realmente culpables de su sufrimiento. En este sentido hay que entender la célebre afirmación de Marx, que define la religión como el “opio del pueblo”. La religión legitima y refuerza la injusticia social al adormecer al pueblo canalizando sus energías hacia un más allá inexistente e imposibilitando la transformación de la realidad.

3ª. Finalmente, su crítica a la religión se extiende también al hecho de que la religión suele tomar partido no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro (pensemos, por ejemplo, en la justificación divina del poder político del emperador medieval o del monarca absoluto del Antiguo Régimen…)   


Por las razones citadas, Marx consideró que era necesaria la superación de la religión que pasa necesariamente por la superación del sistema de clases sociales, que no es un fenómeno natural sino una construcción histórica. Esta construcción tiene su origen en la injustificada apropiación, por parte de unos pocos, de los medios de producción. En las sociedades de clases, la mayoría oprimida y explotada trabaja para la minoría dominante, que le devuelve solo una parte de la riqueza que su trabajo genera (lo mínimo para garantizar su subsistencia y reproducción) y se apropia del resto (la plusvalía). La alienación religiosa es, por consiguiente, una consecuencia de una alineación anterior: la económica. El ser humano necesita creer en Dios, en un mundo irreal y perfecto porque vive a disgusto en su mundo real, necesita huir porque está alienado en su vida cotidiana, por vivir en una sociedad de clases opresora en la que no puede realizarse como ser humano ni ser auténticamente feliz.

A diferencia de Feuerbach, que creía posible una superación intelectual de la religión, Marx creyó siempre que lo fundamental sería la necesaria modificación de las condiciones económicas que han hecho posible la propia religión, es decir, la desaparición del orden social creado a partir de la existencia de la propiedad privada, desaparición que solo será posible si el pueblo oprimido aúna sus fuerzas y se organiza para transformar de manera radical la estructura social del mundo real. En la sociedad comunista no existirá la religión pues en esta sociedad no existirá la alienación, y ya se ha dicho que la religión aparece como consecuencia de la alienación económica. En la sociedad comunista no habrá lugar para la religión, dado que el ser humano será feliz en su vida terrenal y no necesitará ya consuelos ficticios ni esperanzas sobrenaturales para encontrar sentido a su existencia.   



 


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